3.3 Optimal Policy
3.3.2 Extension: Non-regular Case
mismo, como la zona de piedemonte conformada por las vertientes de las dos cordilleras entre las cuales transcurre (ver Ilustración 4 e Ilustración 6). Siguiendo a Rodríguez y Cifuentes (2004) podemos clasificar la región en tres tipos de paisajes a esta altura del río, los cuales presentan diferente geomorfología, altitud, clima y cobertura vegetal:
El primero de estos tres paisajes está constituido por planicies aluviales recientes, remanentes de las grandes terrazas pliopleistocénicas; se encuentra aproximadamente entre los 50 y 200 m.s.n.m. (es decir en el entorno inmediato del río en la parte de menor altitud del valle), allí se encuentran planicies de sedimentación con suelos de textura gruesa y ricas en nutrientes aptos para la agricultura. El relieve se caracteriza por un entorno plano que conforma la actual llanura de inundación del río Magdalena; generalmente se trata de una terraza baja con pendiente inferior al 3% que en algunos sectores presenta dos niveles. Asociado a este paisaje también se pueden identificar geoformas colinadas y remanentes a media ladera, que guardan una diferencia de alturas variables entre 5 y 10 metros, y que generalmente se interpreta como la “paleollanura de inundación del río Magdalena” (López 1999: 34).
El segundo tipo de paisaje corresponde a las colinas aledañas del Terciario Superior
(geológicamente conocido como Formación Honda) y se encuentra a continuación de las planicies aluviales desde los 200 hasta los 600 m.s.n.m. Esta unidad se origina en los ciclos de erosión y sedimentación desarrollados a partir del levantamiento de los Andes. El basamento ígneo de la cuenca sedimentaria terciaria está modelado en una serie de colinas, mientras que remanentes de los sedimentos terciarios conforman un relieve muy
114
disectado que cubre parcialmente los materiales ígneos. De esta forma, se encuentran
colinas altas y bajas y valles aluviales estrechos (López 1999: 34). En este paisaje la vegetación achaparrada empieza a dar paso a los bosques de maderas duras y vegetación de mayor tamaño, constituyéndose en un bosque denso rico en árboles frutales y con alta presencia de fauna diversa asociada al mismo (Rodríguez y Cifuentes 2004).
Mientras que estos dos primeros tipos de paisaje se enmarcan en el clima cálido propiamente dicho y geográficamente se ubican en el área adyacente al cauce del río Magalena,el tercero presenta temperaturas más frescas y se enmarca más en el piso térmico templado, correspondiendo a las partes altas cordilleranas que presentan pendientes abruptas, o piedemonte cordillerano propiamente dicho. En este último paisaje encontramos un entorno más variado, con presencia tanto de zonas planas como de cordillera, con alturas que oscilan desde 600 hasta 2200 m.s.n.m. Es en este paisaje donde encontramos las principales cuencas de los tributarios del río Magdalena.
Esta primera aproximación al sector medio del valle del río Magdalena nos permite establecer una diferenciación fisiográfica entre las tierras altas cordilleranas (piedemonte cordillerano) y la parte de menor altitud alrededor del cauce del río (planicie aluvial reciente y colinas aledañas del Terciario Superior): mientras que en la parte alta de las cuencas de los afluentes se registra un alto nivel de precipitación que llega a valores superiores a los 1600 mm anuales, en la parte baja la precipitación desciende hasta los 1000 mm anuales. Igualmente la temperatura también presenta valores contrastantes, pues mientras en la parte alta oscila alrededor de los 190 C (enmarcándose en el clima templado), en las partes bajas supera los 240 C (caracterizándose como clima cálido).
Esta diferencia en temperatura y altitud lleva a que la cobertura vegetal al interior de estos tres tipos de paisaje también sea diferente. Así, tenemos un tipo de vegetación xerofítica, más arbustiva y espinosa para los dos primeros tipos de paisaje (bs-T), mientras que en el piedemonte cordillerano encontramos las zonas de vida de bosque húmedo premontano (bh-P) y bosque húmedo montano bajo (bh-MB). Siguiendo el sistema de zonas de vida propuesto por Holdridge (1947), el cual clasifica las diferentes áreas terrestres según su comportamiento global bioclimático, encontramos que para
115
esta zona del valle medio del río Magdalena y para los pisos climáticos anteriormente referidos, los tipos de cobertura vegetal también se encuentran muy bien diferenciados:
El Bosque seco Tropical (bs-T) está definido como una formación vegetal que presenta una cobertura boscosa continua y que se distribuye entre los 0-1000 metros de altitud; presenta temperaturas superiores a los 240 C (piso térmico cálido) y precipitaciones entre los 700 y 2000 mm anuales, con uno o dos periodos marcados de sequía al año (Espinal 1985, Murphy & Lugo 1986, IAVH 1997), encontrando vegetación muy verde y exuberante durante la época de lluvias, mientras que adquiere un aspecto muy seco en los meses de sequía.
Por encima de los 1000 m.s.n.m. el tipo de bosque cambia dando paso al bosque andino, que suele dividirse en tres subtipos (Van der Hammen 1992), de los cuales encontramos el subtipo de bosque subandino por encima del bs-T, caracterizado por un clima más templado y coberturas arbóreas más densas. Según Rudas et al. (2007: 37), este es el tipo de bosque que encontraríamos en la vertiente occidental de la cordillera Oriental entre 1050 y 2400 m.s.n.m., con climas húmedos, muy húmedos y pluviales, que en condiciones de no intervención favorecen el establecimiento de coberturas boscosas densas y de porte alto (Rodríguez et al. 2006). Para esta región geográfica, dentro del bosque subandino encontramos las zonas de vida de bosque húmedo premontano (bh-P) y bosque húmedo montano bajo (bh-MB), caracterizadas por una temperatura media anual de 120 C a 240 C y una precipitación promedio de 1000 a 2000 mm anuales.
El relieve también refleja las diferencias entre estos dos tipos de paisaje, pues la parte alta de la vertiente presenta un sistema quebrado en el que sobresalen las montañas con cimas estrechas y laderas abruptas con frecuentes afloramientos rocosos, reflejando un paisaje de laderas de montaña con influencia coluvial en el cual es frecuente identificar varios niveles de terrazas ubicados sobre algunas laderas próximas a afluentes como el río Bogotá, así como algunas de mesetas de superficie inclinada. Este relieve ha propiciado una red hidrográfica reducida en la que por lo general el lecho de sus corrientes es profundo, formando valles en “V” y ríos con valles estrechos (Peña 1991: 20). Por el contrario, para la parte baja de estas cuencas, en cercanías al río Magdalena, el paisaje es menos complejo, conformado principalmente por un amplio valle, limitado
116
por sistemas montañosos. En este sector las cuencas de los afluentes del Magdalena pierden velocidad y profundidad, dando la apariencia de cursos más apacibles, rodeados por suaves colinas cuyas alturas oscilan entre los 200 y los 400 m.s.n.m.
(Peña 1991: 19).
Fotografía 1. Paisaje y cobertura vegetal típicos del bosque subandino (bh-P y bh-MB), de la vertiente occidental de la cordillera Oriental.
117
Fotografía 2. Paisaje y cobertura vegetal típicos del bosque seco tropical (bs-T) en las planicies aluviales del río Magdalena.
En la Fotografía 1 y Fotografía 2 podemos apreciar la diferencia entre los dos tipos de cobertura vegetal para los dos tipos de paisaje referidos anteriormente. Aunque ambas fotografías fueron tomadas en la misma época del año, se aprecian las condiciones secas y la vegetación arbustiva y xerofítica para el paisaje de planicies aluviales (ver Fotografía 2) en contraste con la densa vegetación boscosa del paisaje más húmedo del piedemonte cordillerano (verFotografía 1). Este es un claro ejemplo de como a diferentes niveles altitudinales varían condiciones medioambientales como la humedad, la temperatura y la cobertura vegetal.
En conclusión, podemos decir que para el sector del valle medio del río Magdalena en el cual se encontraban asentadas los segmentos panches para el siglo XVI, encontramos dos grandes unidades paisajísticas diferentes: la primera en las tierras bajas alrededor de la misma ribera del río Magdalena con un clima cálido, bajos niveles de precipitación, cobertura vegetal de bosque seco y un relieve ondulado a plano. Por el contrario, el piedemonte cordillerano se caracteriza por presentar temperaturas más bajas a lo largo
118
del año, un relieve mucho más quebrado y mayores niveles de precipitación, lo que genera una vegetación más densa típica de bosque húmedo tropical.
Estas unidades geomorfológicas y paisajísticas las encontramos de igual manera en ambas márgenes del río Magdalena, no obstante y teniendo en cuenta que la presente investigación se centra en el análisis de la margen oriental por las razones expuestas en capítulos anteriores, la información geográfica que a continuación desarrollamos está haciendo referencia solamente a esta vertiente (ver Ilustración 5).
Ilustración 5. Territorio cultural ocupado por los panches de la banda oriental del río Magdalena (en el cual el mismo se presenta como límite natural en el extremo occidental del mismo).
Así, concentrándonos en la margen oriental del Magdalena, encontramos que la llanura aluvial se presenta a lo largo de un eje sur-norte en cercanías del curso actual del río y
119
se extiende un poco más en dirección oriental hacia la parte sur del territorio ocupado por los panches en esta banda del río; en cuanto al piedemonte cordillerano, este se extiende también en un eje sur-norte en el extremo occidental del territorio panche y presenta una ampliación en la parte norte (ver Ilustración 6).
Ilustración 6. Espacio fisio-geográfico ocupado por los panches en el siglo XVI enmarcado en el relieve general presente en la zona de estudio (discriminando zonas altitudinales y clima). Los tonos
más oscuros corresponden a espacios con mayor elevación altitudinal y por consiguiente con menores temperaturas a lo largo del año.
De esta manera, encontramos que aunque la parte oriental de este sector del territorio corresponde obviamente a las zonas más montañosas y la occidental a las más bajas y planas, también podemos acotar que el norte de dicha área corresponde a un espacio más montañoso, mientras que en la parte sur encontramos una mayor cantidad de tierras bajas, lo cual se puede percibir con mayor claridad al contextualizar la ubicación y límites aproximados del territorio ocupado por los panches para el siglo XVI en el relieve registrado para el valle medio del Magdalena.
120
Como mencionamos brevemente en el Capítulo 3, la delimitación territorial que seguimos en la presente investigación ha partido de las descripciones de Fernández de Piedrahita, el cual es el cronista que presenta la más rica descripción en cuanto a este tema. Aunque autores recientes como Carranza 1934, Herrera 1972, O´neil 1973, Diez 1982, Rozo 1989, Cifuentes 2004, comparten la postura de Fernández Piedrahita, no se ha llegado a un consenso en cuanto a la delimitación territorial de los panches para el sector occidental del territorio.
En resumen, todas estas investigaciones que toman como base de partida las fuentes escritas por los españoles al momento del contacto refieren que los grupos panches encontrados en el siglo XVI se encontraban ocupando un territorio que incluía la vertiente media del río Magdalena, incluyendo tanto las tierras bajas de las riberas del río, como las laderas del piedemonte cordillerano a ambas márgenes del mismo.
En cuanto a las diferencias de opinión con respecto a los límites occidentales de los panches, autores como O´neil 1973 y otros (Carranza 1934, Herrera 1972, Diez 1982, Rozo 1989, Cifuentes 2004) dan por hecho la presencia de grupos panches tanto en la Cordillera Oriental como en la Central aunque sin especificar la extensión de tal ocupación. Otros autores que abordan más puntualmente el tema de la delimitación territorial, como Arango, afirman que “del lado occidental del río Magdalena, el
territorio panche debió alcanzar partes de la vertiente oriental de la cordillera central pero hasta poca altura, pues las montañas se hallaban ocupadas por otros grupos”
(Arango 1974: 25); en contraparte, Rodríguez y Cifuentes extienden los límites occidentales hasta las tierras altas de la cordillera Central, donde limitarían con grupos que ocupaban los alrededores del Nevado del Ruiz (2004: 14).
Autores como Martínez (2005) incluso han llegado a sugerir la existencia de una frontera entre panches y pijaos en algún lugar entre las actuales poblaciones de Ibagué y Cajamarca, estando esta última en territorio ancestral pijao y la primera en tierras ocupadas por los panches. Por el contrario, otras investigaciones que sólo han tenido en cuenta las descripciones de Fernández de Oviedo, han dado por hecho que el límite occidental panche coincidía con el río Magdalena (Bernal 1946, Hincapié 1952).
121
Además de la lectura de las crónicas, un análisis toponímico como el presentado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi - IGAC (1995) permite visualizar una constante en el nombre de los poblados y accidentes geográficos que encontraron los españoles dentro de dicho territorio, los cuales muy frecuentemente presentan una terminación en “aima”. Este hecho ha sido señalado anteriormente por autores como Carlos Cuervo, quien afirma que "Las tribus caribes del alto magdalena introdujeron a esta región el vocablo {ima}, originario de la Guayana, usándolo profusamente en los nombres de casi todos sus pueblos, principalmente entre los panches, los pijaos, los coyaimas y los natagaimas" (Cuervo 1956: 233).
Las descripciones registradas por los cronistas que hacen referencia al territorio panche se han visto reforzadas por otros análisis además del toponímico; tal es el caso del enfoque etnolingüístico abordado por Paul Rivet en su investigación de 1943 en la que establece una serie de elementos que puede rastrear en la cultura material (como las representaciones de deformaciones corporales y la implementación de urnas funerarias) y que estarían directamente vinculadas con los grupos de la familia lingüística karib, para exponer que las áreas donde se encuentran dichos elementos correspondieron en algún momento a territorios ocupados por diversos grupos Caribes. De igual manera, al analizar el territorio ocupado por los panches, encuentra una asociación directa con las terminaciones de los nombres de poblados y ríos citados por los cronistas, lo que le permite hacer una delimitación del territorio que coincide con el reportado por las crónicas.
En conclusión, podemos decir que las investigaciones que han incluido el análisis de restos de cultura material, toponimia y una lectura más global de las fuentes escritas de la conquista, coinciden en establecer que el territorio panche se extendía a ambos lados del Magdalena, aunque no hay claridad sobre los límites del mismo del lado oriental del río. Según esta reconstrucción territorial, los panches limitaban por el norte con otros grupos karib como palenques y pantágoras en el río Gaurinó y con los colimas en el Río Negro (también de filiación karib); al oriente y suroriente con grupos de filiación lingüística chibcha como los muiscas, que tenían sus límites en el río Bogotá o Patí y en algunas poblaciones como Subia, Tibacuy, Ciénaga y Tena; el límite sur del lado occidental del Magdalena lo determinaba el río Coello (límite con los pijaos, también
122
karib), mientras que del lado oriental lo marcaba el río Panche (también llamado Chocho o Fusagasugá) que los separaba de los sutagaos (grupos de filiación chibcha); finalmente, del lado occidental del territorio aún existen dudas sobre este límite entre panches y pijaos (ver Ilustración 1), pues no se encuentran datos claros en las crónicas (Carranza 1934, Rivet 1943, O’neil 1973, Arango 1974, Diez 1982, Rozo 1989, Rodríguez y Cifuentes 2004, Cifuentes 2004). Es importante mencionar que esta delimitación se ha establecido con un objetivo práctico de acotar la ocupación panche para el siglo XVI, pero no la podemos asumir como una frontera impermeable y rígida, sin presencia de relaciones interculturales y físicas de parte de los grupos humanos que ocupaban territorios a uno y otro lado de la misma.
En conclusión, es claro que el valle medio del Magdalena se encontraba habitado por diversos pueblos de la misma familia karib, tales como pijaos, panches y pantágoras, ocupando espacios contiguos, algunos de los cuales compartían aspectos socioculturales muy estrechos como la lengua (Rivet 1943). Todos estos grupos mantenían relaciones de diverso tipo entre sí (algunos como panches y colimas mantenían una situación de constante conflicto, mientras que otros como panches y pijaos parecían mantener una relación más pacífica en la que los nexos se limitaban al intercambio de diversos productos), lo que ha hecho difícil la delimitación de algunas áreas del territorio.
Teniendo en cuenta lo anterior, a lo largo de la presente investigación tomaremos como el territorio ocupado por los panches en el siglo XVI el presentado en la Ilustración 1, dejando en claro que al interior del mismo los españoles encontraron diversos segmentos ocupando espacios diferenciados.