Chapter 2 Literature Review: Phasor and Frequency Estimation Methods
2.2 Phasor and Frequency Estimation Methods
2.2.2 Discrete Fourier Transform
Las distribuciones internacionales no ponderadas y ponderadas de espe- ranza de vida al nacer (ignorando la distribución de la esperanza de vida al nacer, dentro de los países) muestran ambas “picos gemelos” claros en 1960.7 Los datos muestran que 50 países tenían una esperanza de vida de entre 35 y 45 años, 41 países tenían una esperanza de vida de entre 65 y 75 años, y en el medio de la distribución había una masa relativa- mente pequeña.
Para 1980, el modo de distribución de izquierda se había reducido considerablemente en tamaño. Las distribuciones empezaron a verse más inclinadas hacia la derecha, más unimodales, especialmente en la distri- bución internacional ponderada: 73 países tenían una esperanza de vida de entre 65 y 75, en comparación con 31 países entre 55 y 65 años, y 35 países entre 45 y 55. Pero para 2000, las dos modalidades volvieron a ser evidentes, especialmente en la distribución no ponderada, si bien la masa es mayor en la modalidad derecha de la distribución.
En 1980, en cuatro regiones –Medio Oriente y África septentrional, Asia oriental (excluidos China y Japón), Asia meridional, y África sub- sahariana– la esperanza de vida estaba por debajo del promedio mun- dial.8 Entre 1980 y 2000, incrementos rápidos en la esperanza de vida en las tres primeras de estas regiones redujeron la desigualdad global, en tanto que el descenso de la esperanza de vida en África subsahariana en los años noventa impulsaron la desigualdad ensanchando la cola in- ferior de la distribución. Para 2000, solamente Asia meridional y África subsahariana estaban por debajo del promedio mundial y la diferencia en la esperanza de vida al nacer entre estas dos regiones se había incrementado de 5,8 años a 15,6. La desigualdad entre países declinó hasta principios de la década de 1990 y luego, para el año 2000, se volvió a incrementar a su nivel de 1980. El gran descenso en la esperan- za de vida al nacer en África subsahariana contrarrestó sobradamente el efecto reductor de la desigualdad generado por el crecimiento en Asia meridional en los años 1990.
Durante un período más largo (1820–1992) Bourguignon, Levin y Rosenblatt (2004a) muestran enormes ganancias en la esperanza de vida al nacer (al subir de aproximadamente 27 años a 61), al principio de- sigualmente distribuidas y luego más niveladas en tres olas entre finales del siglo XIX y 1990. Las décadas de mejora persistente en la esperanza de vida al nacer se detuvieron pasmosamente en la década de 1990 (cua- dro 3.1). La desigualdad entre los países en desarrollo es tan alta como no lo fue nunca desde 1960.
Entonces, hay cierta convergencia de un largo período con respecto a la esperanza de vida al nacer, aunque en los años noventa hay pérdidas
significativas en África subsahariana, causadas principalmente por el SIDA, y en algunos países de Europa y Asia central.9 Al estar los países desarrollados llegando a un límite biológico en la cima de la distribución, y muchas regiones poniéndose a la par con ellos, la desigualdad de espe- ranza de vida en el mundo vendrá a ser más una función de los cambios en salud y crecimiento demográfico en África subsahariana –salvo una catástrofe de primer orden en salud en cualquier otra parte del mundo. (Al final de capítulo volvemos sobre este tema). Pero por ahora sigue habiendo dos mundos que tienen esperanzas de vida significativamente diferentes: la brecha entre África subsahariana y Europa y Norteamérica en 2000 es mayor de lo que era en 1950.10
Los resultados finales en salud, incluso de los ciudadanos ricos de los países pobres, continúan muy por debajo del promedio de los países de la OCDE. Por ejemplo, para todos los países cuyo PIB per cápita pro- medio está por debajo del umbral de US$2 diarios, la tasa de mortali- dad del 20% más rico de la población es más de 10 veces el promedio de 6 años de la OCDE.11 Aunque ciertamente esto mismo sucede con muchos otros indicadores es difícil hacer afirmaciones sobre qué tan gran- des son las diferencias entre países en comparación con las desigualda- des dentro de los países. A diferencia de la literatura sobre desigualdad de ingresos, no existen prácticas aceptadas para descomponer las de- sigualdades en salud en los componentes de dentro de los países y entre países.12
No obstante, consideremos un simple ejercicio mental. En los 45 países en desarrollo de los cuales se tenía una encuesta demográfica y de salud en 2000, 4,9 millones de muertes infantiles pudieron haberse evi- tado de haber elevado sus niveles de mortalidad infantil al promedio de la OCDE. Pero si se hubiera eliminado la brecha de mortalidad infantil entre los ricos y los pobres dentro de cada uno de los mismos países, reduciendo la tasa de mortalidad infantil para todos al nivel del decil más alto, se habrían evitado 3,1 millones de muertes infantiles.13 Mien- tras que la tasa promedio de mortalidad infantil para los ricos de estos países pobres es casi 5 veces mayor que el promedio de la OCDE, parece que eliminar las diferencias entre los ricos y los pobres dentro de los países (mejorando la salud de los pobres), por lo menos en este caso particular, nos adelantaría dos tercios del camino hacia el número total de muertes evitables (moviendo a toda la gente hacia el promedio de la OCDE).
Entonces, aunque sigue habiendo grandes diferencias en los resulta- dos finales de salud entre los países y dentro de ellos, no es posible hacer afirmaciones definitivas sobre el peso relativo de estos componentes en las desigualdades globales de salud. Sin embargo, puede decirse que no existe ninguna presunción clara de que las desigualdades entre países empequeñezcan las que hay dentro de ellos. Este descubrimiento, como lo veremos más adelante en este capítulo, contrasta agudamente con el relativo a ingresos, pero es congruente con el que se refiere a educación.
Cuadro 3.1 Los incrementos en la esperanza de vida al nacer se ralentizaron muy sensiblemente en los años noventa
1960 1970 1980 1990 2000 Media 53,4 57,4 61,0 64,0 64,8 Coeficiente de variación 0,233 0,203 0,183 0,173 0,194 Theil-T 0,027 0,021 0,017 0,016 0,020 Theil-L 0,028 0,022 0,018 0,017 0,021 Fuente: Schady, 2005.
Nota: Theil-L y Theil-T son dos medidas de desigualdad que pertenecen a la clase entropía general, con parámetros 0 y 1, respectivamente (no ponderados).
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La equidad desde una perspectiva global
RECUADRO 3.1 Tres conceptos de desigualdad en competencia: global, internacional e interpaíses
Con respecto a las ganancias en bienestar derivadas de la globalización, los dos lados del debate suelen hacer afirmaciones que son diametralmente opuestas al examinar los mismos datos. Si bien hay diferencias y problemas con los datos, la discrepancia general de las visiones sobre el tema parece emanar del hecho de que los dos lados no comparten los mismos valores acerca de lo que constituye una distribución justa de las ganancias de la globalización.
Contemplamos aquí tres conceptos diferentes de desigualdad, con base en Milanovic (2005) y Ravallion (2004a). Ambos autores, lo mismo que el debate sobre globalización en general, discuten estos “conceptos en competencia” en el dominio de los ingresos. Pero tales conceptos pueden extenderse a otras dimensiones, como salud y educación (especialmente al tratarse de desigualdad entre países). Las conclusiones que se saquen en cada una de estas dimensiones del bienestar dependen entonces del concepto de desigualdad adoptado. Es imposible que los dos lados se comuniquen sin aclarar primero estos conceptos.
¿Se ha incrementado la desigualdad global de ingresos, o no? Antes de poder contestar esto, tenemos que definir lo que queremos decir con desigualdad global y cómo difiere de lo que llamaremos desigualdad internacional e interpaíses.
Desigualdad global: olvida las fronteras nacionales; cada persona tiene su ingreso real
La desigualdad global es fácil de definir: olvide sencillamente los países, alinee todos los ciudadanos del mundo y calcule la desigualdad en la distribución de sus ingresos reales, ajustada por paridad de poder adquisitivo.5 Las medidas de desigualdad global que
pertenecen a la clase general de entropía, como una desviación logarítmica de la media o índice de Theil, pueden descomponerse nítidamente en desigualdad atribuible a desigualdades entre personas dentro de cada país y las diferencias medias de ingresos entre países (Shorrocks 1980).
La desigualdad dentro de los países es lo que sería la desigualdad general si no hubiera diferencias de consumo promedio entre países, sino que cada país tuviera su nivel real de desigualdad. La desigualdad entre países puede interpretarse que mide lo que sería el nivel de desigualdad en el mundo si toda la gente dentro de cada país tuviera el mismo nivel de consumo (el promedio del país). La desigualdad total en el mundo es la suma de estas dos partes, y las razones de las respectivas partes a la desigualdad total constituyen una medida de la contribución porcentual de la desigualdad entre países y dentro de los países a la desigualdad total.
Desigualdad internacional: cada persona tiene el ingreso medio de su país
A todo lo largo del resto del informe, a esta desigualdad entre países la denominamos desigualdad internacional; esto es, la desigualdad en la distribución de todos los ciudadanos del mundo, pero en la que a cada persona se le asigna el ingreso promedio de su país y no su propio ingreso.
La desigualdad global se calcula sencillamente sumando la desigualdad internacional a la desigualdad dentro de los países.
Desigualdad interpaíses: cada país tiene un ingreso representativo como su ingreso promedio
Pero estos dos conceptos no son suficientes para establecer la base de datos. Pensemos en la siguiente afirmación en apoyo del argumento de que la desigualdad ha venido creciendo en el mundo: “El PIB per cápita del país más rico del mundo era más o menos 9 veces el del más pobre alrededor de 1870, mientras que en 1990 era 45 veces”.6 Obsérvese que,
aunque esta afirmación parece referirse a algo afín con la desigualdad internacional, hay una diferencia sutil pero muy importante: ni el tamaño del país más rico ni el del más pobre juegan ningún papel en esta afirmación. La afirmación sigue siendo la misma sea que el país más rico sea Palau y el más pobre Jamaica, o que sean China e India.
Es por esto que se necesita un tercer concepto. En éste, todos los países del mundo (en vez de los ciudadanos) se alinean y a cada uno de ellos se le asigna su ingreso medio. A la desigualdad en esta distribución (de aproximadamente 200 países del mundo) la llamaremos desigualdad interpaíses. Milanovic (2005) se refiere a nuestros conceptos de desigualdad interpaíses, internacional y global como desigualdad Concepto 1, Concepto 2 y Concepto 3, respectivamente (ver la figura).
Por qué usar la desigualdad interpaíses
El juicio implícito de valor al usar desigualdad interpaíses en vez de desigualdad internacional es que los países, no la gente, deberían tener igual peso al evaluar la justicia de la división de las ganancias obtenidas de la globalización. Las medidas que citan
más generalmente los críticos de la globalización, tratan cada país como una observación, en tanto que las descomposiciones de la desigualdad mundial en los componentes entre países y dentro de los países, descritos antes, dan igual peso a las personas, sea que vivan en China o en Chad.
Nótese que en el debate sobre globalización la escogencia de la medida de desigualdad también puede depender de la pregunta que se esté tratando de contestar. Si a uno le interesa el impacto de ciertas políticas “globalizadoras” sobre el crecimiento o sobre los resultados distributivos finales a nivel de país, quizá sea preferible usar una medida de desigualdad interpaíses.
¿Por qué usar desigualdad internacional, como lo hacemos en este informe?
Como alternativa, si estamos tratando de determinar si la pobreza o la desigualdad mundial decreció como resultado de políticas “globalizadoras”, entonces podríamos inclinarnos más por examinar medidas de desigualdad internacional.
No existe elección correcta ni errada
Al evaluar las tendencias de la desigualdad entre países, pueden darse argumentos a favor de uno y otro de estos conceptos. La escogencia no es cuestión de qué es correcto o errado. Cuando se trata de juzgar la desigualdad, la gente inteligente puede disentir acerca de si deben ponderarse igualmente los países o las personas –cosa que Ravallion (2004a) argumenta en detalle. El punto es: los juicios (o las cuestiones de interés) que afectan la elección del concepto de desigualdad empleado en el trabajo empírico, pesan muchísimo en la evaluación que pueda hacerse de la justicia distributiva de los actuales procesos de globalización.
Fuente: Milanovic, 2005 y Ravallion, 2004a. Tres conceptos de desigualdad ilustrados
Desigualdad interpaíses: Tres países y tres representantes con ingresos medios (altura)
Desigualdad internacional: La población entera incluida, pero con ingresos medios
Desigualdad global: Todos los individuos con sus ingresos reales
Si bien el cambio técnico en conocimiento sobre salud privada y pú- blica puede ser más importante para explicar la mejor salud en gene- ral,14 el ingreso puede ser importante en los países más pobres, por su impacto sobre la adopción de técnicas incluso económicas, nutrición adecuada e infraestructura de agua y sanidad. Entre los países más po- bres, la esperanza de vida aumenta verticalmente con el ingreso (gráfico 3.2).15
Pero las diferencias en crecimiento del ingreso explican menos de un sexto de la variación en incrementos de la esperanza de vida al nacer. Agua potable, sistemas de salud, demanda de sistemas de salud debida- mente operados y equipados, y conocimiento sanitario básico, son de- terminantes más importantes, y los dos últimos tienen mucho que ver con educación, particularmente con la educación de la mujer.16
Aunque la esperanza de vida al nacer continuó creciendo y las tasas de mortalidad infantil decreciendo, la última década del siglo XX vio una divergencia entre países ricos y países pobres.17 Las dificultades enfrentadas por los países de Europa y Asia Central durante la transi- ción, y la diseminación del VIH/SIDA y los conflictos civiles, fueron factores de primer orden en esto, pero no son los únicos responsa- bles.18 Cornia y Menchini (2005) citan cambios en gasto en salud, pro- gramas de salud pública, y la estructura y estabilidad de los hogares como posibles razones de la desaceleración del progreso en salud en los países en desarrollo.