3. Chapter 3: Does Currency Volatility Generate Time Variation in the PTM?
3.2 The effect of exchange rate volatility on the PTM
En materia de deuda externa, la Argentina tiene otra historia: la que olvidan los prestamistas de afuera y la que, tal vez, ignoran los cipayos6 de adentro.
Pero esa otra historia existe y debería pesar en la mesa de las negociaciones cuando se discute la deuda actual. Desde luego que, en el mundo de los mer- caderes, las obligaciones morales no tienen valor de cambio, pero los negocia- dores argentinos no pueden ser cómplices de la amnesia.
Por nuestra parte, queremos recordar esa otra historia, para que la co- nozcan los que no la saben, y para ayudar a la memoria de los que no la ig- noran.
"Cipayo" era el soldado hindú al servicio de los ingleses. Por analogía, se llama así al nativo de un país que sirve a intereses extranjeros.
Primera historia
El primer episodio de esa otra historia es la "crisis de Baring" y sus efec- tos en la Argentina al comenzar los años 90 del siglo XIX. También en la In- glaterra de los piratas y los bancos las crisis amenazan y conmueven. Y así fue cuando los desequilibrios de sus recursos colocaron a Baring Brothers - u n a casa británica de préstamos- al borde mismo de la quiebra.
La casa Baring inició a la Argentina en la historia de la deuda externa, con el préstamo de 1.000.000 de libras esterlinas al gobierno de Rivadavia7
en 1824, cuando las versiones de la riqueza de estas tierras de América des- pertaron la codicia de los banqueros de Londres.
La crisis de Baring tuvo una honda repercusión económica y política en la Argentina y define, para algunos autores ingleses, una de las etapas de la historia económica del país. Pues bien, enfrentada la Casa Baring a su pro- pia bancarrota, la solución habría de darla el gobierno de Buenos Aires.
En 1890, la situación económica del país era de extrema gravedad. Sin recursos los Bancos Nacional y Provincial, Pellegrini -que había asumido la Presidencia de la Nación en reemplazo de Juárez Celman- convocó a una suscripción de fondos. Se reunieron así 50 millones de pesos oro en un em- préstito para sostener la posición del Banco Nacional, del Hipotecario Na- cional y de la Municipalidad de la Capital. No obstante la finalidad del em- préstito, Pellegrini giró esos fondos a la Casa Baring para impedir su
quiebra. El Dr. Ricardo M. Ortiz, en su Historia Económica de la Argentina
dice al respecto: "Nuevamente tocaría a los trabajadores argentinos ahorrar sobre el hambre y la sed para salvar el crédito de la Nación".
Segunda historia
El segundo episodio de esa otra historia que algunos olvidan y otros ig- noran se refiere a las maniobras de Inglaterra y los Estados Unidos defrau- dando como naciones deudoras a la Argentina que, entonces, era acree-
dora de esas dos grandes potencias. Y se dio en la posguerra de la Segunda
Guerra Mundial.
En 1946, la deuda con la Argentina de los Estados Unidos y de Gran Bretaña era de 2.000 y 3.500 millones de dólares, respectivamente. En valo- res de 1983 esa deuda global equivalía, aproximadamente, a 40.000 millones de dólares, lo que representaba la deuda externa argentina al iniciarse el go- bierno de Alfonsín.
Ya en 1945, los Estados Unidos habían bloqueado los créditos de que podía disponer la Argentina por la deuda de dicho país, negándose no sólo a pagar, si- no a cubrir interés alguno. Inglaterra, por su parte, había bloqueado las libras que correspondían al pago del abastecimiento argentino durante la Guerra.
7 Dice el historiador inglés H. S. Ferns, en su libro La Argentina (pág. 94): "Entre 1822 y 1827, los intereses mercantiles británicos y el gobierno inglés creyeron que, estableciendo vínculos comerciales y relaciones políticas pacíficas con las Provincias Unidas del Río de la Plata, estaban abriendo una nueva frontera de expansión y desarrollo".
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para resolver este problema, Perón llevó a cabo arduas negociaciones o"n Londres que culminaron con la firma de los convenios que, aparente- mente, ponían punto final al conflicto. Se estableció, así, un acuerdo trian- gular por el cual la Argentina podía hacer uso de las libras inglesas com- ando en ei mercado de los Estados Unidos. Con relación al crédito que el
naís tenía en los Estados Unidos, éste se fue liberando sobre la base de com- pras en el mismo mercado.
Las adquisiciones de los importadores argentinos —en una época de eran reactivación económica de la Argentina- excedieron el monto de los cré- ditos existentes en los Estados Unidos. Correspondía, entonces, apelar a las libras inglesas para pagar las compras en los Estados Unidos.
Pero aquí se produjo la gran estafa de Gran Bretaña en acuerdo con Washington. Por una decisión unilateral del gobierno inglés, se declaró la "inconvertibilidad de la libra", lo que implicaba la imposibilidad de pagar con libras en el país del dólar.
Fue así que se acumuló una deuda argentina, comercial y bancaria, an- te la imposibilidad de pagar a los exportadores de Estados Unidos por no contar con la libre disponibilidad de las libras que, en la práctica, había vuel- to a bloquear Gran Bretaña a pesar de los tratados que firmó y en los cua- les creyó nuestro gobierno.
Simultáneamente con esta situación, se puso en marcha el Plan Marshall que habría de servir a la rehabilitación de Europa. La Embajada de los Esta- dos Unidos, en la persona de su titular Mr. Bruce, comprometió ante nuestro gobierno la colocación en la Argentina de importantes órdenes de compras con destino al abastecimiento del Plan Marshall, solicitando -al mismo tiempo— la reserva de toda nuestra producción para atender tal demanda.
Posteriormente, arribó a Buenos Aires Mr. Hensel como representante del gobierno norteamericano en la ejecución del Plan Marshall. Ante la sor- presa del gobierno argentino y del propio embajador de los Estados Unidos, el emisario expresó que tal plan era solamente financiero y que en la Ar-
gentina no se compraría nada. Había quedado consumado un nuevo
fraude contra el país, a pesar de los tratados y de los compromisos del go- bierno inglés y del gobierno norteamericano. El objetivo era claro: generar una imagen de desprestigio del gobierno argentino (Perón) presentándolo co- mo moroso en sus compromisos internacionales y bloquear todo programa de desarrollo en el país. No obstante las libras depositadas que cubrían la tota- lidad de las compras argentinas (!).
Perón puso, entonces, el 30% de sus reservas en divisas a disposición de los bancos y las firmas privadas del país para que atendieron los pagos de la deuda" en los Estados Unidos. Los intereses privados buscaron la solución; se constituyó un consorcio bancario argentino, se acordaron todos los arre- glos y se cancelaron todas las cuentas. La Argentina pagó, incluso, intereses Por una "deuda" fabricada por yanquis y británicos, mientras los Estados Unidos negaban a la Argentina el pago de los intereses por su deuda real.
Esa es la otra historia de la Argentina. La que no "recuerdan" los deudo- res de ayer, convertidos en los prestamistas de hoy. Carlos Escudé, el gran apo- logista de una Argentina colonial -británica o norteamericana- expresa que "la
inconvertibilídad de la libra violaba los términos del acuerdo y, de hecho, constituía una negativa ilegal, por parte del Reino Unido, a pagar su deuda ex- terna, a no ser que esta deuda se pagara con productos que ese país quería ven- derles. Esta violación se llevó a cabo con el visto bueno del más poderoso de los países, Estados Unidos, y la primera moralina de esta historia es que tales ma-
niobras sólo tienen éxito cuando es el fuerte quien delinque"^. Tercera historia
Esta debe ser de especial recordación para quienes recuerdan con nos- talgia, como el Sr. Neustadt, los tiempos de nuestra próspera "sociedad" con Gran Bretaña gracias al patriotismo de nuestra clase dirigente que, hacia fi- nes de los años 30, había resuelto que quedaran depositadas en el Banco de Inglaterra las libras que dicho país debía pagarnos por nuestras expor- taciones a Gran Bretaña. Dichas libras se convertían en oro, y volvían a con- vertirse en libras cuando nuestro país lo necesitaba. Eso consta en la Me- moria del Banco Central de 1939.
Como se ve, las divisas que la Argentina debía percibir en pago de la pro- ducción enviada a Gran Bretaña, quedaban allí, en una cuenta especial que el Banco Central de la República Argentina tenía en el Banco de Inglaterra.
Por ese dinero -millones de libras esterlinas- el banco inglés no paga- ba interés alguno a la Argentina.
Era en tiempos del Banco Central creado por Sir Otto Niemeyer, finan- cista inglés y Director del Banco de Inglaterra contratado por el gobierno "argentino". En aquel entonces el Banco Central respondía a los intereses de nuestra "socia" Gran Bretaña; su Directorio estaba integrado por represen- tantes de los distintos bancos y el Estado no tenía fuerza de decisión algu- na. Cuando necesitaba dinero, incluso, el Estado debía pedirlo al Banco Cen- tral gobernado por los bancos privados.
La situación de las libras depositadas en Inglaterra y, posteriormente, bloqueadas, dio lugar a la emisión, en la Argentina, de unos "bonos de con- gelación" para evitar la emisión de moneda. Dichos bonos devengaban un in- terés que la Argentina debía pagar. Esto hizo decir a Miguel Miranda, en una reunión del Consejo Económico durante la primera presidencia de Pe- rón: "Sobre el dinero bloqueado el país no cobraba un solo centavo de inte- rés, pero para disimular su emisión se emitían 'bonos de congelación' y se pa- gaba interés. Yo he sacado como consecuencia que los ingleses, con gran
habilidad, nos cobraban interés por el dinero que nos debían".
8 La Argentina vs. las grandes potencias, pág. 30. El autor sostiene en su obra que los males argentinos tienen por origen el haber querido construir un destino autónomo desafiando la ley no escrita de las grandes potencias. Afirma que los planes de industrialización, en la polí- tica de desarrollo de Perón, afectaba al proceso de recuperación europea, a los intereses bri- tánicos, norteamericanos y europeos. "La Argentina -dice- no tenía derecho a desafiar ese orden internacional que establecía la precedencia de la industrialización europea respecto a la Argentina".
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