1. Chapter 1: Benchmark Models of the PTM and ERPT
1.5 Non-linear models of PTM and ERPT
Después de aparecido este libro, se sucedieron una serie de hechos y medi- das de gobierno en un proceso de gravedad extrema, que marca una nueva loma de retorno al coloniaje y sirve a los planes de la Trilateral Comission y, consecuentemente, a la estrategia geopolítica de las empresas transnacio- nales y de los centros mundiales del poder financiero.
No podía dejar de incluir, en este "prólogo" de la segunda edición, la re- ferencia a algunos aspectos del proceso abierto por el gobierno de Menem, aliado a los sectores más representativos de los intereses antinacionales y antipopulares. Constituido el gobierno en la más eficaz herramienta del De- partamento de Estado, los Estados Unidos -juntamente con los países que integran la Trilateral, con la incorporación última de la Unión Soviética- ad- vierten en Menem la mejor garantía para frustrar la amenaza de una Ar- gentina líder en la construcción de la patria grande de América Latina. Y, ob- viamente, la neutralización de nuestro país como convocante o adherente a una política de unidad estratégica de los pueblos latinoamericanos para en- frentar el problema de la deuda.
La deuda externa -el tema de este libro— no es una mera cuestión con- table de equilibrio económico o financiero. Es un problema clave en la defi- nición política del destino nacional. Y no sólo del destino argentino sino de todos los pueblos atados al grillo de una deuda instrumentada por la voraci- dad de unos y la venalidad de otros.
Esa definición política de un destino nacional supone, obviamente, una definición global que incluye un ordenamiento jurídico, un perfil del rol del Estado, un sistema económico, una cultura y, en definitiva, una comunidad organizada. Con raíces históricas, es un presente a superar y un futuro a construir.
Todo esto está sometido, hoy, a los designios de quienes imponen los con- dicionamientos de la deuda externa para establecer un sistema económico tributario de los centros internacionales del poder. Al servicio de esos desig- nios están los gobernantes y funcionarios perduélicos^ que siguen negocian- do —hoy mismo— con los banqueros del fraude y con los profesionales de la
2 En la Antigua Roma se llamaba "perduellis" a los enemigos internos de la patria, a dife- rencia de los "hostis" que eran los enemigos externos. El delito de "perduellio" se castigaba más allá de la muerte, con una condena de indignidad que llegaba hasta la privación de sepultura.
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trampa. Cobrando, en dinero de Judas, los dividendos de la prevaricación y del saqueo.
Cuántas veces se me ha preguntado cuál era mi opinión o mi posición respecto del problema concreto del pago o no pago de la deuda externa, he contestado -invariablemente— que no somos nosotros, los argentinos,
los que debemos rendir cuentas ante nuestros acreedores. Son ellos
-esos mismos acreedores- quienes deben rendir cuentas ante nosotros, los argentinos, por el negocio financiero montado con la complicidad solidaria de los traficantes del dinero y de los amanuenses corruptos trepados a las fun- ciones del Estado.
No es ésta una definición caprichosa, ni una declaración retórica, ni la bravata de una ideología. No es, tampoco, un alarde de soberbia o una apo- logía de la trampa. Es una afirmación racional sustentada en pruebas docu- mentales y en principios de legitimidad que fundan el derecho a revisar el problema de la deuda, desde una perspectiva distinta a la que manejan los poderosos, los "economistas" y los delincuentes. Y, por encararse desde otra perspectiva, esa revisión supone deslindar lo lícito de lo ilícito, lo legítimo de lo ilegítimo. Conceptos éstos de los que no puede prescindirse, so pena de ser alcanzados por la misma responsabilidad de la estafa.
Y si dicha revisión supone deslindar lo lícito o lo legítimo, de lo que no lo es, también supone revisar conductas en un largo proceso que arranca en marzo de 1976 y que se extiende hasta nuestros días. Porque el fraude de la deuda externa no termina en diciembre de 1983, con la restauración del ré- gimen constitucional. Continuó durante el gobierno de Alfonsín y se perpe- túa en el gobierno de Menem.
He dicho que son los acreedores externos los que deben rendir cuentas ante nosotros, los argentinos, por el fraude de esta deuda. Y ello está in- cuestionablemente respaldado por las pruebas acumuladas en el juicio penal donde se investiga la deuda externa y que este libro pone al alcance de los argentinos. Con la restricción del tribunal federal que limitó la investigación al período comprendido entre 1976 y 1982, año en que promoví esa investi- gación ante dicho tribunal.
Cuando sostengo que existen evidencias documentales de la responsa-
bilidad de los acreedores en el fraude de la deuda, me afirmo en las prue-
bas judiciales. Ellas tienen un valor de alta relevancia. Señalaré algunas to- madas de las declaraciones prestadas, ante el juez federal, por Martínez de Hoz y algunos de los gerentes y directores del Banco Central. Dichos testi- monios demuestran:
1 Que la Argentina se endeudó como consecuencia de las soluciones arbi- tradas por el Banco Mundial y otros organismos, a fin de evitar el riesgo de graves perturbaciones en el sistema financiero internacional como consecuencia del enorme exceso de petrodólares en el mundo. Nuestro pa- ís fue uno de los elegidos para evitar -mediante la toma de dólares- el peligro de una crisis financiera mundial;
^ el Fondo Monetario Internacional designó un ejecutivo para que -cum- pliendo funciones en el Banco Central- tomara a su cargo el seguimien-
to del proceso de endeudamiento argentino, midiendo hasta qué punto podía la Argentina endeudarse considerando los límites de peligo. Vale decir, el Fondo Monetario tenía plena responsabilidad en la deuda ex-
terna a que fue obligada la Argentina -y otros países- para resolver
los problemas de los prestamistas internacionales. Transferían a los paí- ses periféricos su deuda con los países productores de petróleo; lucrando con la riqueza de unos y con la dominación de otros;
3 las empresas públicas argentinas fueron endeudadas, sin necesidad, en el marco de una política financiera destinada a satisfacer la presión de la banca. La deuda privada se manejó en el mismo marco, con el aval del Es- tado exigido por los prestamistas. Todo ello con el respaldo del Estudio profesional de Guillermo Walter Klein que cumplía la doble función de secretario de Estado y de representante de los bancos que se constituye- ron en acreedores.
Todo esto está plenamente demostrado en el juicio penal de la deuda; por las pruebas documentales y por los testimonios de ministros, secretarios de Estado, directores y gerentes del Banco Central y de las empresas públi- cas. El propio Dr. Portnoy —siendo vicepresidente del Banco Central— decla- ró que sólo podía considerarse como "legítimo" un 20% de la deuda externa privada.
El Banco Central
3Como puede verse en el capítulo correspondiente, el Banco Central no tenía
registrada la deuda externa. Así surge de su respuesta al Juez cuando éste
le intimaba a fines de 1982 un informe completo respecto de la deuda exter- na. Todo lo que disponía el Banco Central eran "datos estadísticos sin valor contable". Lo que determinó al Juez Federal -el Dr. Anzoátegui, entonces- a ordenar al Banco Central el relevamiento de la deuda externa; tanto de la pú- blica como de la privada.
Hacia el año 1985 -el Io de julio— se estatizó formalmente la deuda ex-
terna del sector privado. Gobernaba Alfonsín y Sourrouille era su ministro de Economía. Machinea había asumido la presidencia del Banco Central, de- biendo destacarse que -durante todo el proceso de endeudamiento en el go- bierno militar- Machinea se desempeñaba como gerente de Finanzas Públi- cas de dicho Banco.
Cuando Machinea declaró ante el Juez de la deuda, le endosó la mayor responsabilidad a Entique Folcini, que había actuado como director del Ban- co Central en el mismo período que Machinea, durante el "proceso".
Como un siniestro designio fijado para la Argentina, un hilo conductor vincula a todos los responsables del manejo de la economía, alternándose los
3 Este tema, y los que siguen, corresponden a la advertencia a que se refiere la nota 1 de página 61, explicando la introducción actualizada de esta Segunda Edición.
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isnios hombres y los mismos intereses en la política que se pretende fijar ara la vida y la fortuna de los argentinos. Los nombres son más que elo- uentes, y señalo algunos como ejemplo. Machinea, como gerente del Banco Central durante el proceso de endeudamiento (1976-1983), fue, durante el gobierno de Alfonsín, presidente del mismo Banco. Egidio Gianella, gerente general del BCRA durante el mismo proceso de endeudamiento, asumió co- mo presidente del mismo Banco durante el actual gobierno de Menem. Lo mismo ha ocurrido con Enrique Folcini, uno de los dos principales directores en la responsabilidad de la deuda externa, que también ejerció durante el ac- tual gobierno de Menem la presidencia del mismo Banco.
En síntesis, los responsables del fraude de la deuda externa han segui- do manejando los resortes oficiales de la economía del país a través de los distintos gobiernos. No al servicio del país, por supuesto, sino al servicio de los acreedores. Compartiendo los procedimientos de ayer —ilícitos según el dictamen de los peritos judiciales- y compartiendo los procedimientos de hoy en los supuestos "arreglos" de la deuda externa.
Con posterioridad a la estatización formal de la deuda (1985), el Banco Central, al margen de la investigación que llevaba a cabo el Juzgado Fede- ral -primero a cargo del Dr. Anzoátegui y después a cargo del Dr. del Casti- llo- inició su "propia" investigación con relación a la deuda "privada".
Fue así que se constituyó una oficina específica y se contrató una vein- tena de profesionales (contadores públicos) que se abocaron a la tarea. Al- gunos lo hicieron con un celo que merece destacarse, y ello hizo posible que se constataran los ilícitos de este sector de la deuda. Se confirmaba, sin du- da, la declaración de Portnoy como vicepresidente del Banco. Tales ilícitos dieron lugar a la formación de distintos expedientes (Cogasco, Renault, Pé- rez Companc, Grupo Bridas, Fiat, Cargill, etc.) que debieron culminar con las correspondientes sanciones sin dejar de comunicar al Juzgado Federal por su competencia penal todo lo relativo a la deuda externa.
Al asumir Menem la titularidad del Poder Ejecutivo, como consecuencia del triunfo electoral del 14 de mayo, entregó a Javier González Fraga la con- ducción del Banco Central. González Fraga había alcanzado posiciones como consultor del Banco Mundial, del Fondo Monetario y como asesor de los acre- edores del país. Precedió, así, a Gianella y a Folcini. Estos, responsables de la deuda; aquél, asesor de los acreedores. En todos los casos, los enemigos
del interés nacional al frente de la conducción económica.
Uno de los actos iniciales de González Fraga fue disolver, en el Banco Central, el organismo que se había creado para investigar, en el ámbito de dicho Banco, lo relativo al sector privado de la deuda externa. Como siem- pre, el triunfo de la impunidad. Poco tiempo después, el mismo González Fraga volvería al comando del Banco Central. Lo sucedió a Folcini y sigue hasta hoy4.
Estando en prensa este libro, "caía" Gonzáles Fraga como consecuencia de una nueva "crisis" del dólar, al terminar enero de 1991.