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THE PRACTICAL PERSPECTIVES OF EMPLOYEE WELLNESS PROGRAMMES

4.4 Employee Assistance Programmes (EAPs)

La gran esperanza para reducir el consu- mo de carbón y derivados del petróleo son las energías renovables. Las desventajas de los combustibles fósiles proceden de que su disponibilidad es limitada, no se re- nuevan y contaminan la atmósfera como consecuencia de la emisión de partículas nocivas y gases, muy en especial de dió- xido de carbono, que es el más peligroso de los llamados gases de efecto inverna- dero (GEI). La ilusión social y económica por las energías renovables parte de que no tienen esas desventajas: son fuentes au- tóctonas, su materia prima es aparente- mente inagotable y, por lo tanto, garanti- zan la sostenibilidad económica y am- biental. Además, las energías renovables generan empleo local, una tecnología que puede ser exportada y constituyen un dinamizador de sectores industriales con futuro. Las renovables que pueden es- tar en la base de una mayor generación de

energía comercial son la hidroeléctrica, aprovechada casi exhaustivamente en Es- paña, la eólica, la solar y la biomasa.

Pero también tienen inconvenientes que pueden agruparse en dos categorías: las aso- ciadas a su precio comparativamente alto y la intermitencia en la generación. Ni el viento ni el sol aparecen de forma regular y controlable dispuestos para producir ener- gía en perfecta simultaneidad con las ne- cesidades de consumo. Las energías reno- vables son, en estos momentos, más caras que las de origen convencional. Por un lado, porque son más difusas, es decir, que su gra- do de concentración energética es muy in- ferior de la que presentan los combusti- bles fósiles. Además, necesitan por lo ge- neral grandes superficies. Pero también se debe a que las tecnologías que permi- ten convertirla en energía comercial están en un estadio todavía poco avanzado. Es de esperar que, cuando avancen las mejo- ras tecnológicas, disminuirán los precios unitarios. Finalmente, la ausencia de un mercado global de suficiente dimensión im- pide que se pongan en marcha los meca- nismos de producción en serie de compo- nentes e instalaciones y mejora de procesos industriales asociados a la competencia en- tre empresas. Sobre estos factores puede y debe actuar la administración pública con- tribuyendo a crear ese mercado masivo y apoyando las primeras etapas del desarro- llo tecnológico que, de otra forma, se con- vertirían en un obstáculo infranqueable para su desarrollo.

La sociedad española ha entendido la necesidad de invertir por este tipo de ener- gías. El Gobierno las ha incorporado como una parte esencial de la política energé-

tica y las empresas –Iberdrola, Acciona, Endesa, Sener, entre otras– las consideran como una parte decisiva del mix energé- tico y, desde luego, como una fuente de negocio que depende en gran parte de la regulación. Porque en términos econó- micos las renovables no pueden subsistir por el momento sin ayudas públicas. Ni siquiera la energía eólica, la que más ha progresado por integración en la red eléc- trica y desarrollo comercial, ha superado el umbral de rentabilidad sin aportación pública. Los sistemas que el sector pú- blico tiene para apoyar el desarrollo de las energías renovables son muy variados y cada país ha escogido el que más le con- viene. En España, siguiendo el modelo ale- mán, para la producción de electricidad en régimen especial se ha optado por un sistema, que consiste en el pago de una prima (feed-in-tariff) a los productores de energías renovables por encima del precio de mercado fijado en cada mo- mento para cada kilovatio hora produci- do. Al mismo tiempo se facilita la multi- plicación de agentes productores de elec- tricidad, se les asegura la compra de la energía producida y se garantiza la cuan- tía de las primas por un largo periodo de tiempo, del orden de la vida útil de las instalaciones, de forma que el retor- no de las inversiones realizadas no quede al albur de cambios de normativa duran- te el proceso de explotación. Este siste- ma de subsidios a la generación renova- ble de electricidad presenta ventajas in- dudables para los productores; pero para el conjunto del sector también es favora- ble, puesto que permite modular las pri- mas en función de cada tecnología e ir

modificándolas en el tiempo conforme ésta se vaya perfeccionando y los precios de la electricidad renovable vayan apro- ximándose a los kilowatios procedentes de fuentes convencionales. Quede claro que la paulatina disminución de la cuan- tía de las primas es una condición bási- ca en el modelo y, como se ha compro- bado recientemente en el caso de la fo- tovoltaica, se entiende y se acepta con reticencias por los sectores aceptados.

Este sistema ha permitido el especta- cular despliegue de la energía eólica en mu- chos países y muy particularmente en Es- paña. Hace apenas treinta años el coste uni- tario de la energía eólica era del orden de unos 35 a 40 céntimos de euro por kilova- tio hora (c€Kw/h) con aerogeneradores de unos pocos kilovatios de potencia y pa- las de apenas 4 ó 5 metros de longitud. Hoy, el coste medio es del orden de 5 a 7 cénti- mos de euro, los aerogeneradores que se instalan tienen una potencia de 2 a 3 me- gavatios (MW) cada uno –se ha construido alguno de 7 megavatios– y con palas de más de cincuenta metros de longitud. Este avan- ce se ha logrado gracias a la aparición de un verdadero mercado global que ha alcan- zado, a finales de 2008, los 121.000 MW de potencia eólica instalada, a comparar con los 374.000 MW de potencia nuclear ins- talada en todo el mundo, y con un consi- derable ritmo de crecimiento. En España, en particular, estaban operativos en esas fe- chas 16.700 MW eólicos, lo que la sitúa en tercera posición tras Estados Unidos y Alemania.

La envergadura eólica en España es indiscutible. Según los datos de Red Eléc- trica Española, durante 2007 la electricidad

de origen eólico supuso un 9,1% de la elec- tricidad total producida en nuestro país, con puntas de producción de hasta el 28% para un día completo en días especialmente ven- tosos. La cifra del 9,1% coloca a nuestro país en el segundo lugar del mundo, tras Di- namarca. Al mismo tiempo, se ha gene- rado un potente sector industrial que cubre todos los subsectores, desde la fabrica- ción de aerogeneradores hasta la explota- ción de instalaciones eólicas, conformán- dose como uno de los más potentes del mundo. Los aerogeneradores fabricados por algunas empresas españolas, con Ga- mesa a la cabeza, se venden en todo el mun- do, mientras que Iberdrola es hoy, y de le- jos, la primera empresa del mundo que promueve y explota parques eólicos con ins- talaciones en muchos países, principal- mente en Estados Unidos y España.

Según un reciente estudio de Deloitte para la Asociación Empresarial Eólica, el sector de la energía eólica representa hoy el 0,35% del PIB español, que es del orden del doble de sectores como el calzado o la pesca, exportó 2.550 M euros en 2007 –está por encima, por ejemplo, de la ex- portación de vinos– contribuyó con 189 M euros en impuestos y generó 38.000 em- pleos. La prima para la producción eólica es de unos 3 céntimos de euro por kilo- vatio hora. El coste total de las primas des- embolsadas al sector eólico en 2007 fue de 990 M euros. Sin pretender una compa- ración directa, dado que se trata de mag- nitudes distintas, es interesante observar que la importación de combustibles fósi- les necesarios para cubrir la producción eléctrica de origen eólico habría supues- to un coste de 1.000 M euros.

El desarrollo del sector eólico ha sido tan rápido que los objetivos fijados en los sucesivos planes gubernamentales de energía renovables han sido desbordados. Actualmente en el Plan de Energías Re- novables 2005-2010 en vigor el objetivo es- tablecido está en 20.000 MW de potencia instalada a finales de 2010, planteándose ya duplicar esta cifra para 2020. Este cre- cimiento contribuye a la seguridad del su- ministro eléctrico y reduce nuestra de- pendencia exterior, al tiempo que propicia la aparición de un sólido sector indus- trial y tecnológico bien asentado en el mundo y con una reconocida capacidad ex- portadora. No hay duda de que la sociedad española percibe las energías renovables como una fuente de beneficios y una apor- tación imprescindible para satisfacer el consumo de energía.

El freno más importante a la expansión del sector eólico en España, en lo que a pro- ducción de electricidad se refiere, podría ser el carácter intermitente que comparte con el resto de las energías renovables. La cur- va de demanda eléctrica tiene una forma característica, igual cada día excepto pe- queñas variaciones estacionales, y res- ponde a los ciclos de actividad social y eco- nómica. Pero la generación de electrici- dad a partir del viento sigue pautas completamente distintas hasta el punto de que, a pesar de tener prioridad en la in- corporación a la red, ya se han presenta- do ocasiones en que ha sido preciso des- conectar aerogeneradores por exceso de ge- neración en momentos de demanda mínima. Lo contrario, ausencia de viento cuando la demanda es alta, ocurre con frecuencia. El almacenamiento de ener-

gía emerge, por tanto, como un proble- ma básico en la utilización de las fuentes renovables. La tecnología más extendida ac- tualmente, y prácticamente la única con po- sibilidades de ser utilizada masivamente en estos momentos, es el bombeo en plan- tas hidroeléctricas de doble vaso. Existen en nuestro país actualmente unos 2.700 MW de bombeo puro en distintos embalses, una cantidad a todas luces insuficiente para cu- brir ya la variabilidad asociada al sector eólico, y lo será más todavía a medida que éste se expanda y se incorporen a nuestra estructura de producción nuevas fuentes renovables. Urge, como primera medida, aumentar la capacidad de almacenamien- to por bombeo.

Existen grandes esperanzas en los ve- hículos eléctricos, porque cuentan con considerables desarrollos a nivel prein- dustrial. El reciente Plan Energético del Gobierno ha optado también por alentar las expectativas de los coches eléctricos. El factor esencial en su avance es el del al- macenamiento de electricidad en nue- vas baterías, así como un sistema inteli- gente y amigable de recargarlas utilizan- do los valles de demanda, lo que implica gestionar precios y puntos de carga. Ob- sérvese que la misma existencia de coches eléctricos que puedan cargarse durante el tiempo en el que menos demanda hay para otros fines es ya una forma eficaz de almacenamiento, una de las condi- ciones imprescindibles para el desarro- llo de todas las renovables, permitiendo de forma natural rellenar los valles de la curva de demanda y hacerla más plana. Así, el vehículo eléctrico podría disminuir nuestra dependencia del petróleo y tam-

bién hacer más fácil la gestión de las ener- gías renovables en la red.

Las primas asociadas al régimen es- pecial en el caso de la eólica son relativa- mente modestas y parecen plenamente justificadas, dados los positivos efectos que están teniendo. Siempre con la idea cen- tral de su progresiva disminución a me- dida que los costes de la generación eóli- ca vayan convergiendo con los de las ener- gías convencionales. La fijación correcta de la cuantía de estas primas es de la ma- yor importancia. Tienen que ser lo sufi- cientemente elevadas para estimular la ac- tividad industrial y la aparición de un mer- cado con una dimensión que haga posible que el desarrollo tecnológico y las mejoras en la fabricación de componentes; pero no deben ser tan altas como para desanimar el desarrollo tecnológico y el empeño en disminuir costes.

El desarrollo vertiginoso de las instala- ciones fotovoltaicas durante 2007 y 2008 está ligado a la fijación de una prima alta, de unos 43 céntimos por kilovatio hora, has- ta su modificación a finales de septiem- bre de 2008. La electricidad de origen so- lar fotovoltaico es hoy por hoy la más cara de las renovables con una cierta presen- cia comercial, de ahí la cuantía de la pri- ma asociada a esta tecnología. Hasta 2006 el crecimiento en este sector en España fue del orden del 30%-40% anual, una tasa ya considerable. Pero en 2006 se produjo un aumento del 160% en potencia insta- lada, y cerca de un 300% durante 2007, lle- gándose a los 600 MW instalados desde los 150 MW que existían a finales de 2006. Ha sido una carrera con fecha límite, la de la modificación de la normativa sobre

primas de régimen especial, contenida en los decretos 436/2004 y 661/2007, que ha llevado a más de 2.500 MW instalados a finales de 2008 según la mayoría de las fuentes del sector, aunque no hay datos ofi- ciales todavía al respecto. Los aumentos de 2007 y 2008 no podían mantenerse, esti- mulados por una prima, asegurada durante un tiempo del orden de la vida estimada de la instalación, que lo han convertido en pro- ducto financiero poco relacionado con la in- novación. El mercado de fabricación de cé- lulas y paneles ha crecido en España, pero la mayor parte de la inversión se ha gasta- do en adquirir paneles tan rápido como fue- ra posible, normalmente procedentes de otros países.

En septiembre de 2008 el decreto 1578/2008 ha venido a reducir las primas y a modularlas en razón de criterios dis- tintos de los que figuraban en los decre- tos mencionados anteriormente. Así se ha fijado la prima entre 32 y 34 c€/kWh, dis- tinguiendo entre instalaciones en suelo, las famosas huertas solares, y las que están in- tegradas en edificaciones. La energía fo- tovoltaica es la más modular de entre todas las renovables, susceptible de ser integra- da en multitud de estructuras arquitectó- nicas y de conformarse como generación genuinamente distribuida. Sin embargo, lo que se ha vivido en España es una pro- liferación de instalaciones masivas sin re- lación alguna con esta noción de genera- ción distribuida. No hay todavía datos exac- tos, pero es muy probable que la suma total de los subsidios a la energía fotovoltaica supere ya a la eólica, cuando la cantidad de electricidad generada durante 2008 será del orden de diez a quince veces menor.

Además, la nueva normativa fija cupos de potencia anuales y bajadas progresivas en la retribución a la electricidad de ori- gen fotovoltaico en función de cómo se cu- bran estos cupos. Hay que confiar en que se produzca una inflexión a partir de la entrada en vigor de la nueva normativa.

Merece una mención especial por su posible largo recorrido en el futuro den- tro de las energías renovables la solar termoeléctrica o de concentración. La energía del sol es la más abundante, con diferencia, aunque presenta la dificultad de que requiere utilizar grandes superfi- cies de terreno. En esta tecnología se con- centra la energía radiante del Sol median- te colectores que la dirigen a un receptor que puede ser compacto en la parte su- perior de una torre o tener forma de tubo. España se encuentra actualmente en una situación privilegiada de liderazgo en este sector. Los países con mayor calidad so- lar, como los situados en el norte de Áfri- ca o el Golfo Pérsico, no tienen un nivel tec- nológico suficiente como para desarro- llar tecnologías o actividad empresarial propias, mientras que los países más des- arrollados, particularmente en Europa, tie- nen un débil grado de irradiación solar. Las únicas excepciones en las que hay coinci- dencia de factores climáticos y tecnológicos son Estados Unidos, Australia, Israel, Ita- lia y España. Y, a pesar de que los prime- ros desarrollos tuvieron lugar en Estados Unidos en la década de los ochenta, es en nuestro país donde se ha trabajado de for- ma más continua en este campo, en con- creto en la Plataforma Solar de Almería, donde las instituciones y empresas ale- manas tienen una presencia notable.

La irrupción de la energía solar ter- moeléctrica planteará con mayor agudeza todavía el problema de la intermitencia de las fuentes renovables y la necesidad de avanzar en el almacenamiento de energía. Por el momento algunas de las plantas en construcción o en proyecto disponen de un almacenamiento térmico (se almacena el calor antes de su transformación en elec- tricidad, no la electricidad generada) de va- rias horas a la potencia máxima que, para acogerse al régimen especial, es de 50 MW por planta. Con este nivel de almacena- miento la instalación se convierte en ges- tionable y desaparecen muchos de los in- convenientes asociados a la intermitencia. El almacenamiento encarece la inversión y, por tanto, el coste de la electricidad pro- ducida, pero permite una gestión más inteligente de las ventas de electricidad en- trando en el sistema cuando la demanda es máxima y el precio más alto.

Actualmente, si añadimos la energía hidroeléctrica a la eólica (la presencia de la solar es insignificante por el momen- to), en España se genera más del 20% de toda la electricidad a partir de fuentes renovables con una rápida tasa de creci- miento que hace verosímil que nos acer- quemos al objetivo del 30% para 2010 marcado en el PER 2005-2010.

Para seguir aumentando la presencia de las energías renovables, la experiencia de- muestra que es necesaria la conjunción de tres factores. El primero es la voluntad de las administraciones públicas, concretada en la definición de los objetivos que hay que alcanzar, las normas que aseguren su in- tegración eficaz y garanticen las inversio- nes y los incentivos que estimulen y re-

muneren adecuadamente a los producto- res. A veces se discute la pertinencia de los incentivos, materializados en nuestro caso en las tarifas del régimen especial. Pero el mercado energético, como otros muchos, funciona mediante estímulos; sin ellos no habrá despegue industrial. Prác- ticamente todos los avances industriales ba- sados en la tecnología han dispuesto de ayu- das públicas, a veces muy cuantiosas, en muchos casos instrumentadas a través de desarrollos militares fuera del mercado, que luego han dado lugar a tecnologías civiles valiosas. El debate sobre la cuantía de las ayudas es obligado y útil, pero la necesidad de las ayudas no es discutible.

El segundo factor es la existencia de un tejido empresarial que aproveche esas ayu- das para abrir nuevas líneas de negocio, mejorar las prestaciones, disminuir los costes y abrirse al mercado global. En Es- paña se ha dado esa circunstancia y hoy el mercado de las renovables es uno de los que mejor posición ocupan internacio- nalmente. El tercer factor es la existencia de un nivel suficiente de desarrollo tec- nológico, de centros de investigación y uni- versidades en los que se realice investi- gación y desarrollo competitivo en el cam- po y transfieran esos conocimientos a las empresas. No es España un ejemplo de país con una actividad investigadora fuer- te y mucho menos con cauces fluidos para la transferencia de tecnología. Sin em- bargo, ha ocurrido que esta tercera cir- cunstancia se ha dado en el sector de las re- novables, aunque todavía es el factor más débil; otros países mejor preparados y más intensivos en generación de conocimien- tos podrían superarnos con gran facilidad.

A veces se discute si el método correc- to, menos oneroso para los consumido-