2.4 Conclusion
3.2.3 Event classification
La mayor parte de las familias saharauis se encuentran divididas desde la invasión marro- quí y mauritana del territorio del Sáhara Occidental en 1975 y el éxodo posterior especial- mente hacia Tinduf. Mientras algunas familias saharauis vivían en esa época en la zona sur de Marruecos que fue devuelta a ese país en 1959, la invasión y posterior ocupación militar del Sáhara Occidental generaron un desplazamiento masivo con separaciones fa- miliares forzadas que llegan hasta la actualidad. La práctica totalidad de las personas entrevistadas tenían familiares a los dos lados de la frontera.
Mi madre y mi hermano se quedaron en los campamentos. Tengo una hermana que está en Territorios Ocupados. Con mis hermanos aquí estoy a salvo, junto con mi hijo. Faudi Mohamed.
Yo estoy en el Sáhara ocupado. De mis hermanos puedo decir que uno se fue con el resto de hermanos a los campamentos de refugiados con el Frente POLISARIO y el otro sigue en paradero desconocido. Safia Moubarak.
Dicha separación se dio de forma súbita desde el momento de la salida de los refugiados en la época de los grandes operativos militares. Muchos niños y niñas quedaron al cui- dado de las abuelas cuando sus padres fueron desaparecidos, otras personas huyeron al refugio o, en el caso de los hombres especialmente, se fueron al Frente POLISARIO para defender su territorio.
Cuando vino Marruecos yo fui separado de mi madre. Un día mí madre ya no estaba, se fue a los campamentos. Me quedé en El Aaiún, estaba en la escuela y
cuando volví a la casa, vivía con mi abuela, me dijo: “Tu madre se fue porque hay problemas, hay problemas y hay gente que va a la cárcel, la gente tiene que huir al desierto”. Hassana Duihi.
En la urgencia de la huida, parte de los familiares tuvieron que separarse, quedarse para proteger sus propiedades o huir hacia diferentes lugares.
Mi abuelo quedó en Yderia, se quedó con cuatro tiendas y cuatro casas. Fue el único que se quedó allí, no podía caminar, se quedó con todos los medios materia- les. Mohamed Larosi Ali Salem.
Mientras muchos hombres y mujeres fueron detenidos y desaparecidos, otros muchos, especialmente hombres jóvenes, pasaron a formar parte de la resistencia armada del Fren- te POLISARIO, y la gran mayoría de la población, sobre todo la población infantil, las mujeres y los mayores huyeron al refugio en Argelia, se escondieron en otras ciudades o se quedaron atrapados por la situación. Esas separaciones familiares se consolidaron en la mayor parte de los casos hasta hoy en día.
Me enteré a través de la familia que se quedó allí, mis hermanas me grabaron una cinta y me la mandaron. Yo estaba en Mauritania y me dijeron que mi padre había salido de la cárcel en 1978. Sukenina Bachir Mohamed.
Éramos seis y con nuestra hermana siete. En el camino éramos cinco. Uno se que- dó en los Territorios Ocupados en El Aaiún, porque los marroquíes entraron a la ciudad y ya no encontró vehículo para salir. Estaban trabajando cuando nosotras salimos. El otro, con los combatientes. Mohamed Feadel Abdalahe Ramdan. La separación forzada en medio de la situación de emergencia que se dio en los años 1975-76 supuso una ruptura brusca de las familias, dilemas éticos y una sensación de impotencia y dolor por la pérdida de seres queridos en los sobrevivientes.
Me duele mi abuela, que prácticamente es mi madre, la dejé a las puertas de la muerte y se quedó con mi madre y mi hermana en El Aaiún. Aichatu Vadadi Brahim. En la cultura saharaui tiene un enorme valor la familia grande y extensa. Se tienen lazos estrechos con tíos, primos o abuelos, aunque la división de tareas y relaciones se hace más entre los miembros del mismo sexo, hombres y mujeres como en otras culturas islámicas, dichas relaciones familiares son un fuerte soporte de apoyo y de sentido colectivo. La separación familiar es en este caso un enorme factor de estrés para los refugiados y las poblaciones que se quedaron en el territorio. Un tipo de sufrimiento social dado su carác-
ter y su significado colectivo. Además, frecuentemente se ha dado también un desplaza- miento interno debido a las condiciones de control de la población y militarización. En las últimas tres décadas numerosas personas tuvieron que salir a Marruecos para evitar la presión, tener oportunidades de estudio y trabajo, o por las políticas de traslados forzosos llevadas a cabo especialmente por el régimen de Hassan II.
En cuanto a la separación de la familia, tengo dos hermanas: una vive en el campa- mento del POLISARIO con una tía y la otra vive en la ciudad de Dajla con otra tía mía, y es de las cosas que pesan más en mi corazón. Mahmud Sidahmed Babih Bheya. Toda la familia separada, yo creo que no hace falta decir más. Perder un hijo o una familia es mucho sufrimiento. Mulay Ali Adjil Ali.
La separación forzada por el exilio, asociado a las desapariciones forzadas llevadas a cabo por el régimen, hicieron que durante más de dos décadas muchos familiares de víctimas, y por extensión muchas familias saharauis, desconocieran qué había pasado con los suyos. La familia de mi padre no supo de nosotros después de la salida de Guelta en 1975, hasta que llegó la MINURSO y había intercambio de información. Cuando los chiuj preparaban las listas del referéndum, en ese momento trajeron cartas escritas por ellos, en 1997 o 1998. Durante mucho tiempo no tuvimos información de ellos. Entonces nos escribieron y nos daban información de que estaban perse- guidos. Salka Mohamed Ahmed.
También en los casos de detenciones arbitrarias más recientemente, la separación familiar entre el Sáhara Occidental y los Campamentos supone un mayor sufrimiento debido a la imposibilidad de realizar visitas, tener información directa o proporcionar apoyo a la persona detenida o la familia.
Un hermano separado de otro hermano… más allá de la separación, saber que está encarcelado y la imagen que se pone delante de mí, me siento mal y lloro. Mohamed Lamin Abdala Alal.
En esas condiciones, los contactos entre familiares separados entre el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos y los campamentos de refugiados en Argelia han sido práctica- mente inexistentes durante casi tres décadas
A mi madre, la he visto una vez en el 2003 y durante quince días. En todos estos veinticuatro años, la he visto solamente una vez. Fue a partir del 2003, cuando se creó skype que empezamos a hablar. Hasta entonces no teníamos capacidad económica para las llamadas que eran carísimas. A mi hermana pequeña no la vi desde 1987. A mi padre lo he visto dos veces. Mohamed Ahmed Laabeid.
Cuando los presos que se encontraban desaparecidos fueron liberados en 1991, las fuer- zas de seguridad del Estado siguieron vigilando sus pasos, controlando sus movimientos y hostigando a ellos y sus familias en un contexto de clima de miedo y control social. Muchos ex desaparecidos optaron por huir de su propia tierra para poder tener un poco de tranquilidad. La liberación no trajo para ellos condiciones de vida dignas o un compro- miso del Estado de respetar sus vidas, sino que continuaron sometidos a la presión y el miedo. El siguiente caso muestra el proceso de uno de estos ex detenidos desaparecidos que se refugió después en los campamentos de Tinduf.
Volví a la casa de mi madre, porque mi padre falleció en 1985. Nos llamaban in-
filtrados. Le dije a mi madre “No puedo quedarme aquí, me tengo que ir”. Le pedí
la bendición a mi madre y me vine aquí. Salí el 6 septiembre de El Aaiún, dirección Smara, de allí a Tan Tan de allí a Guelmin, Agadir, Marrakech, Casablanca, co- gimos el tren a Usda. En ese momento no preguntaban por la tarjeta de identidad porque pone Sáhara Occidental, porque es como un negro en la nieve, blanco per- fecto. Vine con cinco chicos más, amigos de mi tío materno. Llegamos cuatro días después. En campamentos tengo familia por parte de padre y madre. Farayi Sidi. Pero desde el inicio, para quienes se quedaron en el Sáhara Occidental, el exilio de algu- nos miembros de la familia ha sido considerado por el régimen de Marruecos como un signo de sospecha frente a sus familiares, cuando no de marginación en su propia tierra.
Mi madre contaba que mi padre estaba aquí para tranquilizarnos, y luego con el tiempo, me di cuenta que se había ido con los demás hombres exiliados a los cam- pamentos del Frente POLISARIO. Como familiares de aquellos hombres exiliados nos tocaba sufrir más porque Marruecos muchas veces nos negaba la alimenta- ción y puestos de trabajo y decían que quien se iba era para hacer algo malo. Said Salma Abdalahi.
La separación familiar forzada conllevó también para muchos niños una toma de con- ciencia de la situación más allá de sus propias experiencias individuales. Pasando de la vivencia de la pérdida y el cuestionamiento por dicha separación, a la toma de conciencia
del conflicto del Sáhara Occidental y las implicaciones para sus padres y otras muchas
familias. También a dar sentido a las consecuencias que los niños y niñas saharauis han seguido viviendo en el Sáhara Occidental.
Yo soy el menor de mis hermanos y al crecer empecé a preguntar a mi madre por el paradero de mi padre, y ella siempre me decía que estaba aquí y no me podía decir más porque en aquel contexto de guerra y represión por Marruecos no se podía discutir nada. Pero al crecer nos dimos cuenta de lo que pasaba en Smara, nos dimos cuenta de que se había ido. Al escuchar a la gente mayor, que oía la radio saharaui a escondidas, nos dimos cuenta de todo lo que pasaba era algo raro y que merecía pensar sobre ello. Y que lo que me pasaba a mí como niño, también les pasaba a otros niños que también tenían padres exiliados. Nos lo contábamos entre todos los niños, nos agrupamos por las características que nos unían. Una de esas características era que vivíamos sin padre, nuestros padres se habían exiliado o muerto y con el tiempo también nos dimos cuenta que pertenecíamos a otro tipo de gente que no era el marroquí. Said Salma Abdalahi.
Además del enorme sufrimiento producido por la separación forzada durante más de treinta años, las edades y ciclos vitales de la gente y las condiciones de represión que su- frieron, han hecho que muchos familiares hayan ido envejeciendo y muriendo, ya sea en el Sáhara Occidental o en los campamentos de refugiados en Argelia, sin poder siquiera comunicarse con sus hijos.
Mi padre murió sin ver a sus hijos, porque tenemos la familia separada, unos hermanos en el exilio, y él murió sin ver a todos sus hijos. No solo sufres tú, sufre toda la familia, hermanos, padres, todos. Ahmed Hamad.
Para los familiares de personas desaparecidas, la existencia de numerosos afectados su- puso también un enorme impacto colectivo. Sin embargo, también hizo que las familias afectadas buscaran el apoyo entre sí, y una visión más amplia del problema a que se enfrentaban los saharauis.
Yo sufría mucho la amenaza de muerte y mi madre lo sufría como madre. La pri- vación de alimentos, la pobreza, encargarse de la educación de nueve niños, no tenía hijos varones, solo yo, y mi hermana estaba encarcelada. Pero Dios es gene- roso, no era la única, en cada jaima había viudas, huérfanos, como consecuencia de todo lo anterior. Mohjouba Mint Benaissa.
La mayor parte de las mujeres eran jóvenes con hijos e hijas a su cargo y tuvieron que hacer frente al impacto psicológico de la pérdida y la persecución de que fueron objeto, pero también a las consecuencias económicas y sociales para ellas y sus familias.
Mi padre dejó a mi madre con diecinueve años y yo apenas con dos años, a su pa- dre Omar Emahjub Bleila y mis tíos pequeños. Para hablar de las consecuencias psicológicas, materiales y la ausencia del padre como principal sustentador de la familia… todo eso no nos permitió tener un buen nivel escolar ni económico, no te puedes imaginar el dolor y el sufrimiento de mi madre. Era joven y pobre, el impacto le causó muchas enfermedades crónicas que fueron la causa de su falle- cimiento. Mi abuelo sufrió muchísimo. Limam Bleila Omar.
Dicho empeoramiento de las condiciones de vida no fue solo consecuencia de la pérdida, sino que se dio en condiciones de hostigamiento y estigma social para las familias afecta- das. La separación forzada privó a muchas de ellas de los mecanismos de apoyo, cuidado y resistencia frente a dichos impactos.
Se encargó la madre de la educación de mis hijos que eran pobres. En el año 1981 se trasladaron de Tan Tan hacia Smara, en aquéllos tiempos nadie podía hablar, preguntar ni investigar por el miedo que imperaba. El motivo era político. En el
conflicto del Sáhara Occidental queríamos un juicio legal, pero ellos siempre lo
han rechazado vergonzosamente. Hosein Mohamed Malainin.
Sí, estaba casado, dejé mi niña pequeña y mi mujer embarazada. Mi mujer lo pasó muy mal, no tuvo ningún apoyo y desde entonces sufre trastornos. Mohamed Ali Mohamed Lamin Hamma.
La separación familiar forzada produce un gran sufrimiento psicológico, además enormes consecuencias en la cohesión social, en las posibilidades de desarrollo de las familias e incluso en la atención a problemas de salud. Numerosas personas, especialmente en el
Sáhara Occidental ocupado, no han tenido la oportunidad de ser atendidas en sus necesi- dades de salud, especialmente en los casos en que se trata de secuelas de violaciones de
derechos humanos. El siguiente caso se refiere a una mujer que había sido secuestrada
por fuerzas armadas marroquíes, cuando fue liberada estaba bastante afectada debido a la tortura. Se casó y después de dar a luz quedó discapacitada. Tuvo que ser llevada vía Mauritania con un enorme esfuerzo de su familia para poder reagruparse con sus familia- res en los campamentos de refugiados, su fuente fundamental de apoyo y cuidados.
Desde finales de 1990. Los suegros de ella encargaron a una persona para que la tras-
ladaran a Dajla y luego a otra persona para que la trasladara a Mauritania. Y yo la fui a recoger a una región de Mauritana. Vino en tren, trasladada en un manta sin camilla. Necesita todo, tiene una infección. La familia tiene que hacer un sobre gasto mayor. Ahora ya no pensamos en eso sino estamos contentas de tenerla con nosotros. Enzatta Hamadi Luali.
Sin embargo, las posibilidades de superar dicha separación forzada están ligadas a la
salida política al conflicto. En las condiciones actuales, los esfuerzos de las familias por
verse o los intentos por retomar su vida juntas, en el caso de víctimas de violaciones de derechos humanos, han estado limitadas por el hostigamiento y la presión que se sigue dando en el Sáhara Occidental.
El trato de mi padre desde mi detención ha cambiado mucho. Me dice mi madre que es porque me quiere y está preocupado, pero no quiere vivir la misma expe- riencia. Él tuvo problemas con las autoridades por mi culpa. Mi madre es la que está muy delicada, yo cuando estoy en los Territorios Ocupados no disfruto de estar con mi gente, en mi tierra, porque mi madre sigue como si yo fuera un niño porque está preocupada. Mrabbih Battah.
En algunos casos, para poder unirse con la familia, las víctimas de violaciones de de- rechos humanos han tenido que exiliarse años después. Especialmente en los casos de personas que estuvieron desaparecidas hasta 1991, y posteriormente en varios casos ana- lizados de detención arbitraria y torturas, se han dado nuevos exilios debido a las condi- ciones de inseguridad o control social sobre las víctimas después de su liberación, lo que ha llevado a buscar el apoyo familiar en el refugio de Argelia. El siguiente caso es el de un hijo de desaparecido, que tuvo que salir posteriormente al exilio debido a la presión en la escuela y el miedo.
Desde que me marché a los campamentos he vuelto a ver a la familia que se quedó allí en el Sáhara Occidental solamente una vez. Desde el 89 hasta 98 no pude vol- ver a verlos. Cuando las Naciones Unidas realizaron el censo, yo fui a encontrar a mis hermanos, pero mi madre había muerto en el 95. Omar Hiba Meyara. En otros casos, la salida al exilio reuniéndose con sus familias en los campamentos de refugiados se ha dado añadida a la ausencia de trabajo y de posibilidades de desarrollo en el Sáhara Occidental. Un exilio que se mezcla con un fenómeno de migración económica,
pero que parte de las condiciones de exclusión social y de las repercusiones en el nivel de pobreza que han tenido las violaciones de derechos humanos.
Siempre quise venir a los campamentos, estar con mis hermanos y reunirme con el POLISARIO, pero yo tenía mucha responsabilidad por mi familia. Tuve que trabajar para que mi tercer hermano pudiera estudiar, ya que hacerlo en Erbaïb que era donde vivíamos, era muy caro; además, allí los saharauis lo teníamos muy complicado para trabajar, pues los pocos puestos de trabajo que había se los dan a los marroquíes… Fui objeto de discriminación, vejaciones, detención, malos tratos en los territorios ocupados. Allí hasta respirar cuesta dinero. Estás privado de tus derechos, ves constantemente graves violaciones de derechos humanos y no puedes hacer nada. Allí, el saharaui es un extranjero en su propia tierra. Final- mente, en 1994 pude venir a los campamentos para aportar mi grano de arena. Said Elhufud Hama Embarek.
Sin embargo, en ninguno de los casos analizados o conocidos para esta investigación se
dio la vuelta del exilio para reunificarse en el territorio ocupado del Sáhara Occidental.
El gobierno de Marruecos ha dado publicidad a algún caso de migración o retorno indi- vidual, pero lo que es más frecuente es el miedo debido a las condiciones de inseguridad para una buena parte de la población saharaui en dicha zona.
Tuve que dejar la escuela y buscar trabajo en la construcción o en cualquier otro sitio para ayudar a mi familia. En 1978, mi hermano mayor Mohamed Salem, empezó a ejercer de maestro en la ciudad de Smara, pero aun así, la vida era imposible y mi madre decidió emigrar a El Aaiún. Me animaron a volver a la escuela, cosa que hice hasta 1987. Durante todos estos años, las intimidaciones, hostigamientos y amenazas contra mi familia fueron constantes. Estudié siete u ocho años en El Aaiún y luego fui al interior de Marruecos para hacer estudios de topografía y después me fui a los campamentos de refugiados. Omar Hiba Meyara. Algunas familias que tenían miembros desaparecidos tuvieron que salir del Sáhara Oc- cidental hacia el exilio como una forma de buscar protección en un contexto de pobreza
y hostilidad. Este exilio que se fue dando desde finales de la década de los años 70 en
adelante ha ido produciéndose en diferentes momentos cuando las condiciones de vida o la persecución en otros casos se hacían más evidentes.
Mi marido trabajaba de ingeniero para una compañía española, yo vivía con mi marido, teníamos una vida feliz, no me hacía falta de nada y era feliz. ¿Qué efecto produjo el exilio y la pérdida de su marido? Yo estaba antes muy feliz, teníamos