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Un problema muy frecuente en el Sáhara Occidental es que las víctimas de graves viola- ciones de derechos humanos con secuelas importantes, no han tenido en general atención en salud adecuada por parte del Estado que es además responsable de las mismas. Según los testimonios de las víctimas entrevistadas para este estudio, los problemas de esta falta de atención son básicamente:

1. Costo de los tratamientos que debe ser sufragado como cualquier otra persona en el país. Cuando la atención a las víctimas se ha hecho a través del sistema de salud, como hospitales, etc. tiene que llevarse a cabo con el pago de medicamentos y otras pruebas, por lo que muchas víctimas no han podido acceder al tratamiento de sus heridas por la tortura o enfermedades de diferente tipo. A pesar de que la causa de los problemas de salud está directamente ligada a la responsabilidad del Estado, las víctimas tienen que proporcionar sus propios recursos para recuperarse de la tortura. El siguiente ejemplo es el de una víctima de torturas después del desmantelamiento del campamento de Gdem Izik con graves limitaciones funcionales para su autonomía personal, debido a fracturas producidas por las golpizas.

En un hospital en Rabat, mi sobrina me ha llevado y allí me miraron el brazo, me dijeron que tenía que hacer rehabilitación durante dos meses y que mi oído estaba afectado, me dieron unas gotas, me dijeron que tenía un agujero. Me dieron los papeles para hacerme dos radiografías y me informaron que volviera a los dos meses. No pude hacer todo eso porque no tenía dinero para pagarlo, cuesta mu- cho dinero. Mohamed Elayoubi Uld Salem.

2. La inexistencia de personal de confianza de las víctimas saharauis. No existen médicos saharauis en el Sáhara Occidental, mientras existen muchos que se han formado a partir del refugio en otros países y están ejerciendo en Europa su profesión. Los únicos profe- sionales de salud saharauis son varios enfermeros que atienden frecuentemente en sus casas a las víctimas. Si bien el criterio de procedencia del personal de salud no debería ser un problema en la atención, en la práctica existe una enorme desconfianza por expe- riencias acumuladas en las que el comportamiento de algunos directivos de salud o del propio personal, refleja el control militar o policial que se da en los casos de víctimas saharauis de violaciones de derechos humanos.

Intenté curarme los problemas estomacales. Pasé a ver un médico marroquí en los Territorios Ocupados y me dijo que tenía que tomar medicamentos para tranqui- lizarme, pero no confié y no tomé nada. Mohamed Salem Buamud.

El problema de dicha falta de confianza es que condiciona el normal desarrollo de la atención en salud, y tiene consecuencias negativas para las víctimas. Por ejemplo, la mayor parte de las víctimas saharauis de tortura o malos tratos en manifestaciones no refieren el origen de las lesiones cuando llegan a un hospital a tratar sus heridas por miedo y desconfianza. Tampoco los médicos suelen indagar el origen de las afeccio- nes. Muchas víctimas esconden deliberadamente los hechos porque refieren que, en caso contrario, corren el riesgo de no ser atendidas.

En la época estuve desaparecida no puede tocar esa parte, me hacía daño. Si cogía una cosa se me caía de la mano, no podía llevar cosas. Después de años tenía un bulto, cuando visité un doctor especialista me dijo que necesitaba una operación. Cuando comenzó a operar me dijo que no era lo que creía, me puso otra vez anestesia. Esto me lo hicieron en El Aaiún.

-¿El médico te preguntó qué te había pasado?

- No, pero tampoco yo le conté. Cuando hago el trabajo de casa, por ejemplo cuando hago el té me molesta. A veces cuando hay mucho dolor se me duerme y no puedo llevar pesos. Fadah Aghala.

3. Falta de atención en casos que son consecuencia de malos tratos o bajo control policial. Varias de las víctimas recientes de golpizas tras manifestaciones o lesiones por torturas en comisaría señalan que no fueron atendidas cuando refirieron que las lesiones que padecían eran producto de actuaciones de la policía. En otros casos las propias fuerzas de seguridad impidieron a las víctimas acercarse al hospital para su tratamiento o controlaron a la persona mientras se encontraba ingresada en el hospital.

Vino el médico me mandó hacer una radiografía y luego me operaron. Me cosieron la herida que tenía en la cabeza, estuve ingresado dos días bajo la vigilancia de los dos policías. Cuando salí del hospital me fui a casa. Mi mano me duele aún y más donde tengo el hierro. Cuando volví al médico el día que me citó, me recomendó repetir la operación. Mi mano me sigue doliendo y mi madre suele ponerme henna con la grasa de cabra que me calma un poco el dolor. Mohamed Sabeg.

En este caso, el joven Lefkir Kaziza llegó a dar su testimonio sobre sus varias de- tenciones con el brazo en cabestrillo y una luxación de la cabeza del húmero que llevaba fuera de su sitio desde hacía más de un año sin tratamiento, y con grave riesgo de perder su brazo.

Hice una formación de carpintero, antes de Gdem Izik. Me han quitado todo el poder de hacer muchas cosas, por ejemplo cuando quiero cambiarme la ropa. Me han roto el futuro, ya no puedo trabajar. Lefkrir Kaziza

4. Ausencia de documentación médica de los casos. Respecto la realización de informes médicos la mayor parte de las víctimas refieren que incluso tras solicitarlo reiterada- mente no consiguieron que se les proporcionaran informes sobre las lesiones. Tras la insistencia y las denuncias planteadas por numerosas víctimas, en los casos más recientes existen certificados que muestran al menos las lesiones que tenían los afec- tados, aunque dichos informes no son específicos ni siguen un estándar de informe como el Protocolo de Estambul para los casos de tortura. Son más bien certificados de lesiones en los que no se hace casi nunca referencia al origen de las lesiones, más allá de una fórmula genérica como “traumatismo”, y no hay un análisis de la relación entre el testimonio de la víctima, los síntomas y los hallazgos que analicen la relación causal entre los hechos denunciados y los hallazgos médicos. En ninguno de los casos analizados en este estudio se proporcionó nunca un informe psicológico sobre las afectaciones, por otra parte muy frecuentes.

Desde que salí de la cárcel en el año 1991, he tenido el lado izquierdo del cuerpo paralizado, pero no tengo ningún certificado médico. De hecho, fui a un médico en Agadir y le pedí que hiciera un informe, pero cuando le dije que había estado en la cárcel como preso político, el médico se lavó las manos y me dijo que lo único que podía hacer era conseguirme medicamentos, básicamente inyecciones porque el médico tenía miedo. También sufro de dolores en el pecho, de la espalda, pérdida de visión. Sidi Mohamed Ali Brahim.

5. Atención en el marco familiar y terapéuticas tradicionales. La mayor parte de las víctimas entrevistadas, tanto de la época de la liberación de las personas ex detenidas desaparecidas como en la actualidad habían recibido la atención en salud a través de cuidados en el marco familiar y terapéuticas tradicionales. También fueron las fami- lias las que tuvieron que buscar recursos para hacer frente a las enfermedades a través de profesionales de salud.

Físicamente todavía padezco el problema inflamatorio en mi mano y mis dedos de vez en cuando, pero eso me lo curan mis hermanas. No me ha visto ningún médico. Omar N’Dour.

Un programa de salud para las víctimas de violaciones

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