Chapter 6 Initial Release of RankSQL
6.2 The Architecture of RankSQL
6.2.2 An Example of Runtime Scenario
Precisamente esta combinación de cualidades lingüísticas y cognitivas condujeron, y conducen a muchos estudios de investigación, dentro del marco de la joven disciplina llamada lingüística cognitiva que Antonio Barcelona (2003: 2) considera muy adecuadamente, como el lado lingüístico de todos los campos de la ciencia cognitiva.
La lingüística cognitiva nace, por tanto, por la inquietud de muchos lingüistas de ‘ampliar miras’ en el estudio de la lengua, por la intuición de que existía ‘algo más allá’ de lo conocido hasta entonces. El significado lingüístico, incluso entendido en su más amplio sentido, requería de nuevas dimensiones, tanto en pragmática (incluyendo la relación entre todos los participantes del discurso y las circunstancias de la comunicación) como en semántica (y gramática), con su característico análisis de componentes75.
Todo aquello implicaba necesariamente la ampliación tanto desde dentro de las tradicionales áreas de estudio lingüístico: gramática, semántica, pragmática, etc., como fuera de ellas, añadiendo áreas extralingüísticas de cognición humana.
Asimismo requería el intento de integración de las distintas áreas de estudio lingüístico entre sí y vistas habitualmente por separado, pasando, en consecuencia, por la revisión y evaluación de los enfoques y resultados clásicos. Además, significaba el intento de integrar las áreas de cognición consideradas no-lingüísticas y relacionarlas con las anteriores, para contribuir a satisfacer así una parte, concretamente la parte denominada lingüística cognitiva, de la siempre imperiosa necesidad del hombre de investigar y de profundizar en el conocimiento del funcionamiento del ser humano en todos sus aspectos. Antonio Barcelona (2003: 2) lo expresa así:
“The general approach to the study of language known today as cognitive linguistics has evolved as an essential part of a broader quest for a more satisfying account of the nature of human cognition in general and of linguistic meaning in particular”.
74 Para un estudio muy interesante y revelador de cómo se utilizó el sistema metafórico para
justificar la Guerra del Golfo, léase “Metaphor and War” de Lakoff (1991: 59-72). Para ver el impacto manipulador de la metáfora y sus posibles consecuencias en situaciones, problemas y políticas sociales, véase Schön (1993: 137-163), Reddy (1993: 164-201) o Sternberg et al. (1993: 277-303).
75 Hilferty (1993: 29) resume las razones del nacimiento de la lingüística cognitiva y el
nuevo significado lingüístico dentro de ella de la siguiente manera: “Lo que comenzó
originariamente como una ruptura con la gramática generativa se ha convertido luego en una rebelión contra aquellas tradiciones que tratan la semántica lingüística en términos de condiciones de verdad y de rasgos binarios discretos. En el marco de la lingüística cognitiva (y de la semántica cognitiva en particular), el significado lingüístico corresponde específicamente a la conceptualización, a la interpretación y a estructuras de conocimiento subyacentes. El lenguaje natural se vale, entonces, de capacidades cognitivas generales”.
5.LA METÁFORA
Este intento ‘herculino’ de unión ha estimulado una discusión apasionada y apasionante ―no siempre ajena a la polémica76, cuyo resultado ha sido la abundante proliferación de discursos escritos y orales tan llenos de hipótesis y contra-hipótesis como numerosos son sus autores.
Un efecto secundario ―y no tan positivo aunque muchas veces comprensible― de este inmenso esfuerzo creativo es el empleo, en muchos casos, de variados y variables términos destinados a los mismos fenómenos estudiados que a menudo hace que ‘no se vea el bosque por tanto árbol’. Dentro de lo comprensible de esta situación está la dificultad de delimitar y definir, de manera unívoca, lo que cada especialista entiende por significado de un término en las distintas áreas y sub-áreas de conocimiento ―dificultad que se ha apuntado anteriormente en el apartado de la terminología―.
Muchos autores hacen referencia a este problema, entre ellos, por ejemplo, Faber y Mairal (1999: 67) desde la semántica: “Undoubtedly, one of the main problems in establishing valid areas of meaning has been the vagueness of the concept itself”. Aquella evidencia, por otra parte, parece forzar un proceso en dirección contraria, es decir, muchos autores optan por reestructurar y redefinir los términos, las áreas y sub-áreas de forma empírica e individual, lo que produce situaciones de confusión, solapamiento no deseado etc., y podría interpretarse, según Faber y Mairal, como una falta de voluntad por llegar a un posible consenso: “None of the solutions proposed up to the present has been generally accepted because agreement on this question would mean reaching a consensus of opinion on issues such as the possibility of semantic primitives and the structure of conceptual categories” (ibid).
Otro efecto que, a veces, se produce es el consciente o inconsciente olvido que se practica con algunas de estas áreas o sub-áreas, como así lo constatan Ruiz de Mendoza y Otal (2002: 160): “Cognitive linguists have not made many serious attempts to deal with questions of language use, nor have most pragmaticists taken the experiential approach to language too seriously”. Otra posible fuente de confusión es la evitación, por plurivalencia, en el uso de ciertos términos, muchas veces importantísimos dentro de la lingüística como, por ejemplo, ‘concepto’, ‘categoría’ o, incluso ‘sinónimo’ lo que, a la vez, puede producir denominaciones diferentes o nuevas para llenar estos huecos, por lo que ‘la pescadilla se muerde la cola’77.
El enfoque principal de la lingüística cognitiva es, por tanto, poner de manifiesto que la lengua o la facultad lingüística no es una entidad
76 Constata Hilferty (1993: 30, nota de pie 2) que las críticas más duras a la semántica
cognitiva provienen de Coseriu (1990) “quien la censura bajo el pretexto de que es una “semántica de cosas”. A esta crítica corresponde Hilferty (idem) con vehemencia: “En el estado actual del enfoque, esta interpretación resulta totalmente errónea: la semántica cognitiva es una semántica conceptual o bien, si uno quiere, una semántica de los
conceptos”. [comillas y cursiva del autor]
A algunas críticas, especialmente las relacionadas con los estudios de Lakoff —tanto las hechas por él como las en su contra—, se hará mención más adelante en este capítulo cuando se analizan los trabajos de Lakoff en profundidad.
77 José Luis Otal (2006) hizo mención expresa de este problema durante su ponencia
“Discourse Strategies and Cognition”, cuando exclamó apasionadamente y varias veces seguidas “we don’t need more names”, añadiendo “if the meaning is the same”.
abstracta, arrinconada en algún espacio mental, ni disociada del cuerpo o la experiencia sociocultural, con una visión del mundo real en general, y particular de cada persona, sino que existe un continuum entre todos los elementos que la componen78.
Respecto a este continuum, aplicable a todas las áreas lingüísticas, se halla un consenso razonable entre los lingüistas cognitivos. Relativo a la gramática por ejemplo, Ronald W. Langacker (1991: 1) lo expresa de la siguiente manera:
“[...] cognitive grammar does consider language to be indissociable from other facets of human cognition. Only arbitrarily can language be sharply delimited and distinguished from other kinds of knowledge and ability. Rather, it emerges organically from the interaction of varied inherent and experiential factors―physical, biological, behavioral, psychological, social, cultural, and communicative―[...]”.
Estas ideas subrayan la importancia del continuum, también en este campo, tan marcado por la gramática generativa, donde el significado lingüístico se reducía al de la palabra y sólo con relación a la sintaxis.
Relativo a la semántica, Hilferty (1993: 41) lo enlaza así: “En el marco de la lingüística cognitiva, la semántica forma parte del estudio de la conceptualización humana y el estudio del lenguaje en general forma parte del estudio de los procesos cognitivos del individuo”.
Para la comprobación de esta teoría del continuum, se necesitaba establecer, por tanto, como sucede en cualquier otra teoría, modelos de estructuración y clasificación consistentes. Todo esto supone un reto por la multitud de áreas de cognición y lingüística que había que tener en cuenta.
Partiendo de los diversos modelos lingüísticos conocidos de estructuras y sistemas de clasificación, estos ‘nuevos’ lingüistas cognitivos hicieron incursión en modelos psicológicos y neurofisiológicos sobre todo, para encontrar los puntos de conexión entre la representación mental y el lenguaje. El problema era ―y sigue siéndolo― que la psicología y la neurofisiología, aunque consideradas ciencias, no se encuentran dentro de las llamadas ciencias exactas debido a que gran parte de sus conocimientos están basados en estudios y resultados empíricos y experimentales. Por ello tuvieron que enfrentarse ―disputa que sigue vigente― a un sinfín de críticas acusándoles de falta de rigor científico, relativismo absoluto, subjetividad individual, etc.79
Partiendo de las categorías cognitivas en el campo de la psicología cognitiva experimental, esto es, niveles superordinados, básicos y subordinados, llegó con E. Rosch80, finalmente, una primera teoría a través
78 Para Hilferty (1993: 41) este continuum se expresa así: “la lingüística cognitiva difiere de
otros movimientos lingüísticos actuales en que rechaza la pretendida autonomía del lenguaje. [... en el lenguaje] intervienen capacidades cognitivas generales, [...] hasta la destreza de poder entender un dominio de experiencia en términos de otro.”
79 Críticas que, probablemente, tienen su razón de ser si seguimos pretendiendo aplicar, de
manera exclusiva, los criterios y modelos epistemológicos de las ciencias exactas y de las matemáticas, en particular, al análisis lingüístico-cognitivo.
80 Para seguir el proceso evolutivo de análisis que emprende Rosch, desde el análisis de la
estructura interna de las categorías semánticas y de percepción, hasta la categorización humana y los principios de categorización, véase, por ejemplo, Rosch (1973: 111-144; 1977: 1-19 y 1978: 27-48, respectivamente).
5.LA METÁFORA
de la psicología experimental, que prometía servir como modelo de categorización: la teoría del prototipo (Prototype Theory)81. Según esta teoría, no todos los miembros pertenecientes a una misma categoría gozan del mismo nivel de pertenencia. Hay miembros salientes, es decir, que ‘se salen’, en el sentido cognitivo, del supuesto nivel homogéneo de la categoría a la que pertenecen porque sobresalen o destacan como mejores ejemplos o mejores representantes (prototipos) de su categoría. En su estudio sobre categorías de percepción de colores y formas, propone esta hipótesis:
“[...] there are colors and forms which are more perceptually salient than other stimuli in their domains. […] salient colors are those areas of the color space previously found to be most exemplary of basic color names in many different languages […] and that salient forms are the “good forms” of Gestalt psychology (circle, square, etc.). […] When category names are learned, they tend to become attached first to the salient stimuli […], and by this means “natural prototypes” become foci of organization for categories” (1973: 113-114).
A asimetrías de este tipo se les llama ‘efecto prototipo’ (prototype effect). Uno de los más clásicos ejemplos es el de la categoría pájaro a la que pertenecen búhos, pingüinos, petirrojos, gorriones etc., por igual y sin embargo, preguntados por nombrar un pájaro, la mayoría de la gente diría preferentemente ‘gorrión’ o ‘petirrojo’ y no ‘búho’ o ‘pingüino’, lo que hace pensar que existen diferentes grados de pertenencia a una categoría82. A
81 Geeraerts (1989: 589-592) se explica la importancia y el atractivo de esta Teoría del
Prototipo para una buena parte de la comunidad lingüística no solamente por la insuficiencia del modelo analítico generativo o su aplicabilidad a la semántica de las categorías de las lenguas naturales sino, también, por los requisitos metodológicos que ofrece y cumple: la adecuación descriptiva, la profundidad explicatoria, la productividad y la formalización (aunque admite que este último requisito se cumple menos que en los modelos de axiomas y atributivos). Asimismo, este autor cree que un atractivo adicional de esta teoría es la firmeza de su interdisciplinaridad: “It is probably one of the reasons for the appeal of prototype theory that its interdisciplinary connections hold the promise of linking linguistics to the most important development that the human sciences are currently witnessing”.
82 Rosch (1977: 25 y 1978: 39), consciente de que desde la lógica y la psicología [no
experimental], la pertenencia de los miembros de una categoría es afirmativa o negativa y que todos los miembros tienen el mismo grado de pertenencia, hace hincapié en que “[...] natural languages themselves possess linguistic mechanisms for coding and coping with gradients of category membership”, y cita el ejemplo de Lakoff (1972) de que incluso para la gente que considera que ‘el petirrojo es un pájaro’ y ‘el pingüino es un pájaro’ son dos afirmaciones igualmente verdaderas, tendría que reconocer una diferencia en la pertenencia a la categoría ‘pájaro’, es decir, que un pingüino es ‘técnicamente’ un pájaro mientras que un petirrojo es ‘realmente’ un pájaro, un pájaro “por excelencia”. Lakoff (1987) mismo hace hincapié en esta diferencia para evitar confusiones, como asimismo afirma Geeraerts (1989: 596). La existencia de efectos prototípicos en conceptos tan claramente delimitados como en el ejemplo ‘pájaro’ implica la distinción severa entre grado de pertenencia y grado de representatividad. En la categoría ‘pájaro’ algo es o no es un pájaro pero algunos pájaros son ‘más pájaros’ (birdier) que otros; o dicho en palabras de Hilferty (1993: 34): “[...] aunque los ejemplos periféricos [...] se consideran plenamente como ejemplos de BIRDS, varía su representatividad según el grado de parecido familiar [el concepto teórico del ‘parecido familiar’ fue elaborado por el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein y se basa en que todos los miembros de una familia guardan un parecido familiar aunque éste no se pueda definir en términos de atributos necesarios y suficientes que guardan con el prototipo o prototipos [...]”.
estos ejemplos sobresalientes se les llama ‘prototipos’ ya que representan en nuestro razonamiento a toda la categoría.83
Después de este descubrimiento, la pregunta era si estos prototipos podrían reflejar la estructura interna de la categoría en la representación mental. Para las categorías de colores, Rosch (1977: 14) lo formula así: “Of more interest and greater delicacy is the question of whether mental representations of color categories reflect the prototype structure of the category”. Y, aunque en un primer momento la respuesta fue, en principio, positiva84, la autora (1978: 40) se distanció unos años más tarde de la relativa contundencia de estas primeras conclusiones, adjudicando una interpretación equivocada de los resultados de sus experimentos, dejándolas en herramientas de restricción más que determinación:
“[...] For natural-language categories, to speak of a single entity that is the prototype is either a gross misunderstanding of the empirical data or a covert theory of mental representation, [...] the facts about prototypes can only constrain, but do not determine, models of representation” (ibid.).
Sin embargo, como comenta G. Lakoff (1987:45), las categorías tenían que tener alguna estructura interna y que esta estructura interna tenía que formar parte de nuestro concepto de ‘pájaro’, es decir, que estas asimetrías se producían por inferencias85, si no, los prototipos no se hubieran manifestado, argumentando que “the study of human inference is part of the study of human reasoning and conceptual structure; hence, those prototypes used in making inferences must be part of conceptual structure” (ibid.).
Es precisamente este mismo autor, junto con M. Johnson quienes se convierten en los mayores impulsores del estudio en profundidad de esta teoría de la representación mental en conexión con la metáfora. Sus estudios resultan ―junto a los de otros estudiosos de este tema y de temas relacionados—, en una abundante bibliografía que ya constituye toda una obra clásica de referencia y obligado estudio para cualquiera que quiera relacionarse con la lingüística cognitiva en general y la metáfora en particular86.
83 Véase, por ejemplo, Rosch (1977: 36 y 1978: “Prototypes appear to be just those
members of a category which most reflect the redundancy structure of the category as a whole”.
84 Así lo afirma para las categorías de nivel básico, cuando dice (1977: 37): “[…] basic
level objects appear to be the most abstract categories for which an image can be reasonably representative of the class as a whole. Thus, it is through prototypes that the efficiency of basic level categories in providing the most information for the least cognitive effort can be translated into an actual cognitive code”. Para las categorías semánticas, Rosch (1977: 23) es menos contundente: “[...] it appears that prototypes and reliable gradients of category membership do exist for semantic categories in the sense that subjects consider it a meaningful task to rate members of such categories according to how well they fit the subjects’ idea or image of the meaning of the category name and that there is high agreement between subjects concerning these rankings”.
85 Según el DRAE, ‘inferir’ es “sacar una consecuencia o deducir algo de otra cosa”. 86 Entre estos estudiosos, se encuentran, por ejemplo, Mark Turner, cuyas obras en solitario
(1987, 1991) y en co-autoría con Lakoff (1989) o Fauconnier (1995) igualmente tratan el potencial conceptual de las metáforas. Asimismo, entran en esta temática, los aspectos culturales y metafóricos de la estructura semántica de Eve Sweetser (1990), los procesos cognitivos (la aplicación del contraste figura-fondo (stage model): subjetividad y objetividad de la perspectiva lingüística) de Langacker (1991; cap.7), los marcos (el
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