Chapter 5 Beyond Ranking: Inverse Ranking Queries
5.3 Implementation Methods
5.4.2 Experimental Results
La palabra metáfora viene del griego metapherein50 y significa,
según el DRAE ‘traslación’51. Su definición, según el DUE (1990), es “Tropo que consiste en usar las palabras con sentido distinto del que tienen propiamente, pero que guarda con éste una relación descubierta por la imaginación [...]”; el DRAE (2001) ofrece dos acepciones: 1. f. Ret. Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita; [...] y 2. Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión; [...]52.
Es evidente que la metáfora no es un fenómeno nuevo. Aristóteles ya hace mención expresa de ella tanto en su Retórica como en su Poética; en esta última la define así: “Metáfora es la transposición de un nombre a una cosa distinta; transposición que puede ser del género a la especie, de la especie al género, de la especie a la especie o por una relación analógica” (1998: 58). Después de dar ejemplos ilustrativos para las primeras tres transposiciones, explica lo que para él es una relación analógica:
“Llamo analogía a la relación siguiente: el segundo término es al primero como el cuarto al tercero. En este caso se empleará el cuarto en vez del segundo y el segundo en vez del cuarto. A veces se añade también el nombre relacionado con el que se ha sustituido al hacerse la metáfora. Por ejemplo, considero que la copa es a Dioniso como el escudo es a Ares:
50 Véase Wahrig, Deutsches Wörterbuch (1979): „metapherein“: anderswohin tragen,
übertragen.
51 En el mismo diccionario, la definición de “meta” es: elem. compos. significa ‘junto a’,
‘después de’, ‘entre’ y ‘con’. En el DDDLE, de M. Seco (1997): “meta”: ‘más allá’ y ‘después’.
52 Las definiciones dadas por ambos diccionarios, más que definir, parecen buscar una
5.LA METÁFORA
entonces, llamaré a la copa, escudo de Dioniso, y, al escudo, copa de Ares. O bien: la vejez es a la vida como la tarde es al día. Entonces llamaré a la tarde, vejez del día; a la vejez, tarde de la vida, o, como hace Empédocles, ocaso de la vida” (1998: 59).
Puntualiza, además, que “a veces no existe un nombre para establecer la relación analógica; pero no por ello dejará de expresarse tal relación” y, retomando un ejemplo suyo anterior, amplía el empleo de esta clase de metáforas a “cuando se niega algo específico de una cosa cuyo nombre se usa para designar otra: [...] en vez de llamar copa de Ares al escudo, llamarle copa sin vino.” (idem: 59).
Obviamente, cuando Aristóteles hace referencia a la metáfora, se refiere a ella en el contexto retórico-poético, concentrándose más bien en palabras o nombres solitarios al mencionar la conexión entre ambos significados, en la pura tradición de los ‘tropos’, sin considerar, todavía, los llamados “campos asociativos” a los que todas las palabras pertenecen. Sus consejos sobre el uso adecuado de la metáfora están al servicio de lo que él llama la Claridad y nobleza de la dicción, por lo que desaconseja un uso exclusivo de ellas ya que darían paso, como resultado, a un enigma, por utilización de términos inconciliables por parte del hablante o, incluso, al ridículo (idem: 61 y 63). No obstante, se decanta, más adelante, claramente por la metáfora de entre todos los demás modos de expresión que cita: “pero lo más importante es usar metáforas, porque esto es lo único que no puede tomarse prestado de otro53, y es por tanto indicio de talento. Porque concebir bien las metáforas significa saber contemplar las relaciones de semejanza” (idem: 65).
Precisamente una de sus formas de investigación más queridas era la de paralelismo y analogía, como explica Alberto Bernabé en la Introducción a la Retórica de Aristóteles (1998: 20-21): “la experiencia en un campo del saber es aplicable a otros, analógicamente, mutatis mutandis, si se sabe advertir la diferencia”, por lo que centraba y basaba el estudio de la metáfora en aquello. Así concebía y entendía a la metáfora desde la comparación, la analogía, la semejanza y la similitud, y, por tanto, únicamente como instrumento léxico para embellecer y refinar algo que bien se pudiera sustituir por unidades léxicas de “nombres normales” pero que carecería de creatividad y adorno, mientras que “la desviación de la expresión normal la hace parecer más majestuosa [...]” (idem: Libro III,2: 241).
Aunque se podría ver esta ‘desviación’ en el sentido despectivo, personalmente no creo que Aristóteles se haya referido a ella de este modo, sino simplemente para marcar la diferencia clara entre la metáfora y el léxico ‘normal’, diferencia que no pone en duda. Únicamente no quita a la primera su merecida importancia, tanto en poesía como en prosa54 aunque advertía a menudo de su uso apropiado55.
53 Frase que repite en la Retórica (Libro III,2: 243) y se aclara con una nota de pie (17): “Es
decir, la capacidad de hallar una metáfora distingue a un autor, por lo que nadie puede tomarlas de otro.”
54 Otro ejemplo claro para desechar el sentido despectivo atribuido a Aristóteles al referirse
a la metáfora como “desviación del lenguaje normal”, se aprecia en el mismo apartado del mismo libro: “Pero en la prosa hay que esmerarse tanto más en ellas [las metáforas] cuanto
En resumen, Aristóteles reconocía plenamente la importancia de la metáfora y, aunque la veía de modo muy diferente al que, mayoritariamente, hoy nos ocupa, ya por entonces estudiaba y contestaba las preguntas clave de ¿qué es, cómo es y para qué sirve la metáfora?, como se ha apuntado anteriormente.
Al tipo de metáfora aristotélica llamaríamos probablemente hoy, dentro de las propuestas de Lakoff, ‘one-shot metaphor’, es decir, una ‘metáfora de imagen’ de una sola proyección que no se repite56.