Independientemente de qué tan complejamente articuladas se vuelvan las sociedades, con la transnacionalización de los flujos económicos, políticos y culturales, según Smith y Guarnizo, (1998), la construcción social del ‘lugar’ “todavía es un proceso local de elaboración de significados, especificidad territorial, control judicial, y desarrollo económico” independientemente (Smith y Guarnizo, 1998:12).
A lo largo de este apartado teórico hemos definidos algunos elementos propios de la configuración actual de las sociedades globalizadas, que sirven para distinguir la figura del espacio respecto del lugar, desde el ámbito de las ciencias sociales. Interesa particularmente enfatizar en cómo este el espacio deviene en lugar por efecto de su apropiación.
La definición kantiana de espacio, resulta pertinente e ilustrativa para distinguirlo, de las condiciones de estabilidad y de univocidad más propias del lugar, entendido como espacio practicado por los sujetos (Delgado, 2007). En palabras de Kant (1978) ”El espacio es pues, considerado como condición de posibilidad de los fenómenos, no como una determinación dependiente de ellos, y es una representación a priori en la que se basan necesariamente los fenómenos externos” (pp.68)
A diferencia de esta definición más abstracta y pura del espacio a priori, y externo (Kant, 1978), es de interés profundizar en la figura del espacio urbano, como forma radical de espacio social, como “escenario y producto de lo colectivo” a través de los usos y experiencias de quienes lo transitan. El espacio urbano, existe producto de un determinado sistema de relaciones sociales, protagonizadas por individuos que no necesariamente se identifican con el mismo. Más bien se trata de un espacio que requiere ser llenado por la acción constante de sus usuarios que reinterpretan una y otra vez la forma urbana en cuanto acceden a ella y la caminan, “como experiencia masiva de dislocación y del extrañamiento” (Delgado 2007).
Lo urbano como “obra perpetua de los habitantes, a su vez móviles y movilizados por y para esa obra” (Lefebvre, 1978), tiene lugar en la ciudad, entendida “como un asentamiento humano en el que los extraños tienen probabilidades de conocerse”,(Sennet, 1977 en Bauman, 2002: 102). El espacio urbano se presenta como un tener lugar de los cuerpos que lo ocupan en extensión, y en
tiempo” (Delgado, 2007:13), como relaciones entre objetos, desprovisto del sentido de pertenencia y de la construcción social del mismo producto de las prácticas sociales.
Por su parte el lugar, a diferencia del espacio socio-urbano, adquiere cualidades de estabilidad, estancia y especificidad (De Certeau, 1999), lleva implícito un carácter simbólico que alude a un sentido de pertenencia y propiedad, como producto de la subjetivación del objeto.
En este punto conviene precisar los conceptos de barrio, espacio público socio-urbano y
apropiación, a partir de los cuales se posiciona esta investigación referida a las formas de apropiación del espacio público socio-urbano por parte de la población migrante en barrios multiculturales.
Ante la fluidez e inestabilidad de las interacciones sociales características de la modernidad liquida como representación de cambios y transitoriedad en la realidad social (Bauman, 2000), la noción de barrio adquiere relevancia no solo desde su acepción espacial como “variable más tangible que comprende los limites e identificaciones de lugares concretos” (Gravano, 2003:255), sino también, a partir de su acepción social, referida al carácter significante de éste, a las representaciones que los sujetos se hacen del espacio y al tipo de relaciones sociales que se establecen entre sí. (Gravano, 2005)
Desde los estudios urbanos de la Escuela de Chicago, Lynch (1985) señala al barrio “como un espacio que habitualmente se define y al que se le da un nombre, y en cuyo interior la gente encuentra relativamente fácil el cerrar filas cuando la cosas se ponen feas. Esta comunidades vecinales existen en las mentes de los habitantes de la ciudad, y a menudo, todo el mundo está bastante de acuerdo sobre cuáles son sus frontera y sus características estereotipadas” (Lynch, 1985:178) En este sentido, el concepto de barrio se comprenderá a partir de los imaginarios sociales y las delimitaciones subjetivas propias de quienes lo habitan: población migrante y autóctona.
Por su parte, entenderemos al espacio público socio-urbano “como el espacio físico socialmente conformado por ser accesible a todos, susceptible de diversos usos, y que implica una Copresencia entre desconocidos”, referida a una interacción “superficial, ocasional y banal”. (Torres, 2008:369). Los espacios públicos como la calle, la esquina y la plaza, son propicios para “socialización en la diferencia y la relación con extraños”, favorecen los intercambios y la interacción social entre los diversos grupos que confluyen en estos y así mismos las limitan, pues “todo espacio expresa jerarquías y distancias sociales” (Bourdieu, 1999). Una serie de normas tacitas constitutivas de la urbanidad, regulan el cuadro de interacciones posibles en este, a partir de formas adecuadas de gestión de la proximidad-distancia con desconocidos, dependiendo de los contextos, usos y situaciones (Torres, 2008:370).
En palabras de Torres (2008) “Los inmigrantes llegan a unos espacios ya conformados socialmente, con unos códigos de uso, significados y conductas. Sin embargo, no son simples usuarios pasivos sino que desarrollan estrategias, un conjunto de actuaciones y prácticas para conseguir un uso y apropiación de los espacios públicos adecuados a sus necesidades” (pp. 373) El concepto de apropiación del espacio, ha sido ampliamente desarrollado (Lefebvre, 1971; Sansot, 1976, Pol, 1996; Castles y Davidson; 2000), a partir de las diversas acepciones otorgadas al mismo, podríamos definirlo en primera instancia como una acción de transformación a partir de la práctica del espacio en el ámbito cotidiano, que en ocasiones se traduce en procesos de identificación, de significación interactiva, y sentido de pertenencia para los sujetos que lo practican. La apropiación del espacio público, entendida según Pol (1996) es “la causa de nuevas acciones y transformaciones sobre el espacio, y al mismo tiempo el efecto de las modificaciones en los procesos de identificación”