2. Commuting to Work: Definitions, Concepts, Trends and Patterns
2.3 Commuting Theory: Explanations and Modelling
2.3.3 Explaining commuting patterns
Sus pobladores más pequeños, los niños, van y vienen solos (sin una persona mayor que los mire), en grupos, en bici, caminando. “Andan todo el día. De las 8 de la mañana a las 10 de la noche andan en la calle. Andan en barrita, o jugando a la pelota”. (Emiliano, 19) Para los niños, niñas y jóvenes de El Tropezón y Maggiori “la calle” es un espacio inmediato, que esta pronta y accesible. En la calle se camina, se corre, se anda en bici, en moto, en carting, en la calle se juega, se pelea, se hacen parejas. Es un lugar de encuentro con amigos. Es un espacio de libertad. Un espacio conocido. En el barrio, “podes hacer amigas con alguien que no pensás que iba a ser amiga tuya (...) tengo muchos amigos en el barrio”. (Nadia, 9 años)
Como nos cuenta Emiliano, “en el barrio se ve mucha soltura en los chicos. (…) acá andan todo el día. De las 8 de la mañana a las 10 de la noche andan en la calle. Andan en barrita, o jugando a la pelota…. Andan dando vueltas con el hermano más grande (...) se juntan a andar en bici, a joder y eso (…) Joden ente ellos…. Saltar en la bicicleta y eso”.
La esquina de Las Pulgas, al igual que la plaza y su canchita son los lugares más frecuentados. Cuando un taller está por comenzar, chicos de todas las edades revolotean cerca. Justamente estos son los espacios que brindan talleres para niños. Si pasamos fuera de horarios establecidos, siempre nos encontramos con chicos. Se juntan a charlar, pasan a mirar los carteles, o simplemente andan en bici o moto por ahí.
Los y las jóvenes van y vienen. Se juntan en las esquinas. Hacen canchitas para jugar al futbol. En las vacaciones comparten prácticamente toda la tarde. En tiempos de clases se reúnen a la salida de la escuela (van a escuelas diferentes). Participan de los espacios que las distintas instituciones barriales ofrecen. Se juntan en el patio de Las Pulgas
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o en su entrada a tomar sol, a conversar. Los varones de 14/15 años, ya tienen sus motos, van y vienen en ellas.
Es común pasar por afuera de las casas y escuchar música a todo volumen: cumbia, reggaetón, cuarteto. Niños, niñas, jóvenes, adultos, escuchan los mismos géneros musicales. También suenan como ringstones de teléfonos. Los jóvenes la escuchan en sus teléfonos con auriculares o en altavoz. Si se pone radio, se sintoniza Radio del Sol (radio de Sol Disco, bailanta tropical).
La calle se vive de día y también se vive de noche, volviéndose espacios diferentes. Al anochecer en este mismo escenario las cosas parecen cambiar. Se vuelve oscuro, desolado, poco transitado. La gente circula acompañada, en autos, motos, bici. Las madres encargan a sus hijas jóvenes que no anden solas por la calle, que sean acompañadas si se hace tarde. Los varones acompañan a las mujeres. Podríamos pensar que la calle de noche carga con connotaciones de peligro, donde hay zonas no recomendadas para transitar. “Al principio cuando recién llegamos al barrio, nos daba mucho miedo volver del carnaval de noche, era muy feo, las nenas se me prendían de las piernas como garrapatas. Después ya nos acostumbramos.” (Irma, 32años) “Yo ando a la tardecita, noche sola, pero sin los nenes”. (Norma, 40).
Cuando los jóvenes entre 13 y 16 años salen a bailar (Matiné del Club Unión y Progreso de Villa Italia y cumpleaños de 15); - espacios donde no se consume alcohol- el regreso al barrio lo hacen en remises o los busca un papá que deja a cada uno en su casa. El barrio de noche, tarde, no se transita caminando. Durante la semana conversan lo vivido: “quien se agarró a quien”, “quien se agarro a piñas con quién,” “a quien se lo llevo la policía.”
Si bien no hay destacamentos policiales, la policía, “la cana”, “la gorra”, “los milicos”, “los azules”, “los pitufos” “la yuta” son parte del paisaje del barrio porque es frecuente que circulen, que se acerquen a las casas a dejar citaciones que provienen del juzgado de familia, que recorran la Av. Lunghi a toda velocidad con la sirena prendida
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irrumpiendo el tránsito y la calma. Recorran las calles de los barrios circulando a toda velocidad, “sarandeados” entre los pozos de la calle sin reparar en la gente que la transita. Niños, jóvenes y adultos, están familiarizados con su presencia. Los jóvenes comentan el “cacheo” a que son sometidos a la salida de la matiné.
Por otra parte, el hablar de “la calle” también funciona como categoría para diferenciar, por parte de las Instituciones; por quienes deben preocuparse. Así, Las Pulgas, Centro Comunitario, Sala de Salud, Escuela se preocupan por la “situación de calle” que atraviesan los chicos. Es decir, por aquellos chicos y jóvenes que no “son de la calle” pero si “están en la calle” gran parte de su tiempo. Que se van muy temprano de sus casas y sus padres no saben dónde se encuentran, que no están escolarizados. Chicos que van y vienen de la casa de la madre a la del padre y que relatan como algo común estar involucrados en robos. Hablamos de chicos y jóvenes que van desde los 8, 10, 12, 14 hasta los 16 años. Si son varones, participan de robos y peleas callejeras. Las chicas, 13 -15 años, se ausentan de sus casas, pasan días o semanas con hombres mayores. En general, hay un intercambio sexual por dinero o ropa.
Conversando con una adolescente del barrio nos comenta que “nos levantamos temprano, cerca de las 7 de la mañana, y mi hermano 6 ó 7 de la mañana ya está en la calle. Sale a buscar a los amigos”. El niño –de 9 años-, a su lado, afirma con la cabeza y se ríe. Su papá comenta al respecto “la calle es tentadora, (…) la calle también ensucia” y “no quiero que mis hijos hagan lo mismo que hice yo”.
La periferia comienza a diversificarse frente a nuestros ojos, no es un todo homogéneo, tiene sus matices: una calle con libertades y peligros, con polvillo, pozos y charcos, que se transita y queda desolada. En este encuadre los vecinos viven su cotidianeidad, las buenas y las malas, sin perder la oportunidad de participar en los encuentros especiales: las fiestas.
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