• No results found

2. Commuting to Work: Definitions, Concepts, Trends and Patterns

2.3 Commuting Theory: Explanations and Modelling

2.3.5 Modelling commuting behaviour

Apurad que allí os espero si queréis venir pues cae la noche y ya se van nuestras miserias a dormir.

Vamos subiendo la cuesta que arriba mi calle se vistió de fiesta.

Joan Manuel Serrat, Fiesta

Dos fiestas son las más esperadas, las que movilizan, reúnen y convocan masivamente: el Corso Barrial y la fiesta del Día del niño. Eventos que nacen del barrio para el barrio, del barrio para los más chiquitos, del barrio para sus familias. Ambas se viven con gran entusiasmo y son ansiadas por la gente, pero sobre todo por los niños, según los chicos el evento más esperado del barrio. Ellos los días previos preguntan por la festividad. Se genera mucha curiosidad y expectativa en cuanto a qué va a haber y, si es el día del niño, qué les van a regalar. Eventos que comienzan con su preparación logística cerca de las dos de la tarde y terminan cerca de las diez de la noche. Los vecinos y las instituciones planifican, organizan proyectan mejoras año a año.

3.1. El Día del Niño:

El barrio se viste de fiesta: pegatina de carteles y banderines colgando. Se comparte el mate, se mezclan los olores de pastafrolas, tortas y chocolate caliente. Cuando llegan las familias, los niños se dispersan en la plaza, entre los juegos, el escenario, encontrando de esta manera, su lugar de recreación. Las mamás (que en general son las que acompañan) se ubican en rondas a tomar mate, a charlar.

Esta fiesta es “histórica”, organizada por distintas instituciones y vecinos que participan de la mesa de gestión barrial de El Tropezón y Maggiori (Centro de Salud, Sociedad de Fomento, CC, Las Pulgas, Atrapasueños, Biblioteca y practicantes de la carrera de Trabajo Social). Se llevan adelante acciones colectivas como: pensar el día y horario del festejo, los juegos, organizar la venta de rifas para poder comprar un juguete a

52

cada niño, niña y bebé que esté presente. Se calcula que el número de niños en este último año supero las 500 personas -habían 500 regalos para dar y faltaron-. Los chicos más grandes del barrio arman los juegos y les explican cómo se juega y acompañan a los más chiquitos.

Con la música a todo volumen, los globos, los banderines y payasos, se da comienzo al festejo y de esta forma aparecen los primeros niños. La gente llega con una sonrisa dibujada en sus rostros. Grupos de amigos, madres jóvenes con niños pequeños, las familias completas se sienten convocadas. Pero también se ven hermanas o hermanos mayores a cargo de los más pequeños, otras veces simplemente niños entre 5 y 8 años solos disfrutan corriendo bajo la mirada de todos los presentes. Los más grandecitos, preadolescentes y adolescentes hacen lo mismo, algunas veces van en bici, otras en motos. Y se juntan con sus pares a disfrutar del espectáculo.

Cuando llegan las murga de “Atrapasueños” y “Tropezón de Pulgas”, la gente se acerca a recibirlos. Automáticamente dejan los juegos y van a donde están ellos. Una vez que llegan al centro del playón muchos de los niños y algunos adultos se encuentran y comienza el baile. Las murgas cautivan la atención del barrio y llenan de calidez al evento. Baile murguero que se continúa en otros géneros. Siempre que la música lo proponga, notamos como los más chicos y los más grandes se predisponen al baile, con sus cuerpos libres, flojos, distendidos, relajados. No parecen estar pendientes de cómo bailan, si otros los miran. En oportunidades, si se trata de reggaetón se arman rondas, bailan todos juntos, menean, perrean. De golpe se organizan en una ronda, algunas chicas se ubican en el centro y de a poco van saliendo de la misma, solo quedan dos enfrentadas. Una de ellas dice “duelo de baile.” Gana solo una, la que mejor meneó, perreó. Todas las chicas parecen conocer las reglas, que no son dichas en ningún momento.

Ya es de noche cuando comienzan a disgregarse los presentes y el barrio vuelve a la calma que antecede a un lunes de escuela y trabajo.

53

3.2. El Carnaval:

De sus calles, de sus instituciones nacen murgas, brotan canciones y cánticos alusivos, con alegría, con entusiasmo y entre muchos. La música amplificada invade todo el espacio barrial y se mezcla con los toques de bombo con platillo. Se asoman los primeros vecinos, los que están en conocimiento de la fiesta, los que caen de curiosos, los que desfilan en el carnaval, los que alguna vez desfilaron, los que van a acompañar y disfrutar del espectáculo. El sonido alto convoca al baile: cumbias, reggaetones, folclore que pasa por las manos de “el Coco”, el DJ oficial del barrio. A medida que anochece, comienzan a brillar las bombitas de colores. El espacio social se abre a otros grupos murgueros y carnavaleros de la ciudad.

Aparecen los estandartes, las levitas de colores, bailarines, malabaristas, caras pintadas, banderas. Niños, jóvenes y madres representando al Tropezón de Pulgas (Las Pulgas) y Murga Soñada (Atrapasueños), las dos murgas barriales. Muestran en el barrio y para el barrio, el trabajo realizado durante todo el año. Las horas de baile, de toque, de escritura y ensayo de canciones, también de costura, de bordado, maquillaje. Es en estos espacios donde se desdibujan las diferencias entre vecinos, los que venimos de afuera y también entre las instituciones. Chicos y grandes se encuentran, bailan, se divierten, comparten momentos, se disfrazan, se vuelven murgueros. Las madres también disfrutan del baile9. Se

produce allí una identidad grupal que es propia de ese ámbito, de ese momento preciso. Se está de fiesta, se está contento, se está con otros y coquetos, se está diferente al día a día.

Como canta el Tropezón de Pulgas en relación a las problemáticas diarias, “los problemas ya no cuentan acá les decimos a todos, que se sumen a la fiesta.” El carnaval se conforma como la extensión de una práctica cultural frecuente en este sector: el baile, el disfrute del cuerpo como manifestación de emoción. Además, cada murga lleva la “voz del barrio”, para que sea cada vez más escuchada y masiva. Como la nombran algunos de sus

9Lo hacen en esta fiesta y saliendo “al baile” -se le dice así al concurrir a la bailanta tropical- los fines de semana; en ocasiones se encuentran allí madres e hijos mayores de 18 años.

54

integrantes: “La murga es alegría” (Amanda y Valeria, 10 y 11 años) “Un espacio donde todos aprendemos de todos” (Laura, 12 años) “Somos una gran familia” (Ayelén, 14 años)

Al caer la noche, los diferentes grupos carnavaleros tocan y bailan alrededor del Rey Momo, que se va consumiendo de a poco por el fuego. Se suman al baile niños, jóvenes, madres, padres. Para este momento de la noche, entre las 21 y 22 horas, ya son pocos los vecinos que permanecen y los niños que lo hacen sólo es en compañía de un familiar o vecino.

La vidas social todavía aquí descansa sobre el arraigo y el anclaje a un territorio. La calle, las plazas, las esquinas, el almacén, las instituciones, la escuela, son espacios intermediarios entre la vida privada y la vida pública de la comunidad, donde se despliegan lazos de solidaridad y comunicación entre sus pobladores constituyéndose en reductos de convivencia e interacción. Momento de encuentro donde emoción y atención conjuntas generan una realidad temporalmente compartida.

El espacio íntimo familiar es un espacio separado del exterior, un lugar secreto con asuntos privados y separados de lo público, oculto de la mirada del extraño. Tanto los juicios, los mensajes, las sanciones, sus mandatos y contradicciones contribuyen a la constitución de la identidad individual y familiar.

Realidad de familias, niños y jóvenes con una cotidianidad de goces y temores que no se distinguen del resto de los sectores sociales con el dramatismo en que es presentado comúnmente. Y otra realidad paralela en la cual chicos y jóvenes se encuentran en situación de riesgo, pero que no llegan a estar en un estado de abandono total. En ellos sus hogares – con su carga de conflictividad - actúan como referentes de identidad. No son la mayoría de los niños y jóvenes del barrio, pero son realidades que forman parte y conviven en el cotidiano. Y en ese convivir generan tensiones.

55

Habitantes de un sector estigmatizado, han hecho suyos discursos elaborados en otros sectores, otras clases y, en la actualidad, por una fuerte preeminencia de los medios de comunicación, generando marcas en/entre los vecinos que las reproducen y refuerzan. Códigos simbólicos, resumidos algunas veces, en apellidos se establecen como etiquetas y son fortalecidos por la autorotulación. Sujetos que se reconocen en discursos y en prácticas que los naturalizan como “los chorros”, “los violentos”, “los drogadictos,” “los negros”, “los vagos”.

Quienes nos sumamos al barrio dejamos a la luz otras formas de vida que concebimos como “lo mejor” para esos otros dando lugar a procesos no-conscientes (Bourdieu, 2013) de diferenciación. Relación que genera tensión entre el reconocimiento y la descalificación en un ida y vuelta entre los vecinos y quienes nos acercamos.

Territorio plagado de rituales, se destaca el baile como una manifestación de lenguaje y de liberación. También una forma de encuentro con los otros. Estos espacios son posibilitadores de una emoción diferente, de una exaltación del presente. Durante la fiesta, las tensiones, las preocupaciones propias de la vida diaria, se transforman para dar paso a la alegría, gestándose un modo particular de compartir.

La fiesta, constituye un “lugar” que expresa los sentidos más profundos desde los que se habita una condición socio-cultural, en ella podemos “leer” los modos en que son vividos el drama cotidiano y la vida social, permitiendo temporalmente la construcción de un “nosotros”. Estos espacios son posibilitadores de una emoción diferente, de una exaltación del presente. “Encuentros temporales entre cuerpos cargados de emociones y conciencia por efecto de las cadenas de encuentros vividas anteriormente dentro de un flujo espacio y tiempo. Estos encuentros festivos, por fugaces que sean, conforman a quienes les ocurren: los encuentros hacen a quienes se encuentran (Collins; 2009a: 19)

56

Capítulo 5:

¡Piojos no! ¡Pulgas si!

Externalizar el cuidado de los niños, colocarlos en manos de algún tipo de institución y en el espacio público resulta una opción cada vez más apreciada por muchas familias. De modo que la disponibilidad de servicios en el área opera como un umbral material, pero también simbólico de carácter complejo”.

(Faur; 2014: 83)

Las instituciones movilizan representaciones, proveen bases de identificación del sujeto con lo social. Preceden al sujeto encarnadas en rituales y en los agentes que le dan vida. Las instituciones proponen y -la mayor parte de las veces- imponen pautas de identificación, indican límites y transgresiones. Las relaciones que los individuos llevan adelante con/en las instituciones, serán base de la construcción de su identidad social. Nuestro interés aquí no es realizar un análisis institucional, sino dar cuenta de una

57

institución como el lugar donde se desarrolla buena parte de la vida cotidiana de un gran número de chicos, jóvenes y adultos del barrio.

En el barrio hay diversidad de instituciones públicas que atienden a la primera infancia, con disimiles perspectivas y coberturas. Formalmente, el Centro de Referencia Las Pulgas (espacio socioeducativo, recreativo y cultural) es un programa de promoción y protección de los derechos del niño, niña y adolescente. Surge en el año 2005 a partir de un convenio entre la Municipalidad de Tandil y la Secretaria de Niñez y Adolescencia de la Provincia de Buenos Aires. Desde esta fecha a la actualidad trabaja con los vecinos de los barrios El Tropezón y Maggiori (minoritariamente). Forma parte del Sistema de Promoción y Protección Integral de los Derechos del niño de la ciudad de Tandil.

Los temas aquí desarrollados son aquellos que primeramente refieran a la organización interna del Centro de Referencia, analizando luego, como los actores construyen sentidos y significan las acciones que lleva adelante la institución: el taller de apoyo escolar y la escuela misma como principales focos temáticos cargados de expectativas no siempre coincidentes. Se incluye también un tema recurrente dentro de los muros de la institución y que irrumpe en el cotidiano de los habitantes del barrio: la muerte de sus jóvenes.

1. Las Pulgas: reconstruyendo sentidos

Expresado en primera persona, yo Dina, llevé adelante dos años de trabajo en este espacio antes de compartir con Araceli el proyecto de investigación que aquí estamos desarrollando. Hoy, con la ayuda de la mirada de mi compañera y el necesario distanciamiento que requirió el cambiar de un espacio de intervención a un espacio de investigación, puedo reconstruir lo que fue nuestro ideario al iniciar el trabajo en el barrio sometiéndolo a un análisis que se propone alcanzar niveles de criticidad creciente.

58

Decimos que es un centro de Referencia, dado que en estos 10 años de vida se ha convertido en un espacio de y para los vecinos del barrio. Espacio que es tenido cuenta, vivido, que forma parte de la cotidianeidad de su gente. Los niños, jóvenes, madres, pasan un rato a saludar, a tomar un mate, a participar de alguna propuesta. Comparten una alegría, una tristeza, una preocupación, hacen alguna consulta, se sacan dudas. Se sienten parte.

El nombre, el logo (piezas de rompecabezas) y los colores azul y rojo, fueron elegidos en el 2005 por los niños y jóvenes que participaban en ese momento de la institución que estaba naciendo. Cuentan que en un inicio asistían a las actividades “más perros que chicos” de ahí que eligieron llamarse “Las Pulgas”. Y en verano, su lema era ¡Piojos no! ¡Pulgas sí!

Si bien el programa está pensado para niños, niñas y jóvenes entre 6 y 18 años, amplía la franja etaria desde el momento en que jóvenes “egresados” siguen vinculados. Algunos se acercan a las fiestas, pasan a saludar, a consultar cómo hacer para anotarse en un Plan FinEs, resolver alguna actividad escolar, otra joven trabaja como tallerista en varios espacios. Son muchas las madres que frecuentan el espacio, consultan, colaboran, participan de la murga u otros talleres.

Reconstruyendo lo que fueron nuestros propósitos, a Las Pulgas la pensábamos basada en los intereses de quienes participaran en ella; en las necesidades que como referentes de la institución creíamos que la gente del barrio tenía, centrando siempre la mirada en los niños y jóvenes. Generando un espacio para los dos géneros, chicos, chicas, jóvenes (y a veces madres) pudiendo todos participar por igual. Entendíamos que para poder trabajar con el niño era necesario trabajar con la familia, sobre todo con la mamá dado que en general es el máximo referente familiar.

1.1. Organización institucional.

Desde sus inicios contemplo un equipo de trabajo permanente, con la figura de 4 ó 5 personas bajo el rol de “referentes”, una referente - coordinadora y un número elevado y

59

cambiante de “talleristas” (alrededor de 10 personas, dependiendo la necesidad de la institución). Los referentes respondieron por la institución: resolvieron cuestiones organizativas, económicas y de recursos, pensaron las propuestas, planificaron junto al tallerista acompañándolo en el desarrollo de la actividad e intentando que sea viable, entablaron el vínculo con los vecinos e instituciones barriales. Les correspondió garantizar la permanencia de la institución en el tiempo. La coordinadora, resolvió tareas específicas relacionadas con las altas y bajas del seguro, rendiciones económicas, listados de presentes, informes mensuales, pago de sueldos, reuniones con el Director de Juventud. Al interior de la institución, presentaciones formales a los nuevos talleristas, seguimiento de los diferentes talleres, facilitando la búsqueda de acuerdos y el dialogo, entre otros.

Cada referente contó con aproximadamente cuatro horas de trabajo diarias en la semana, a lo que se sumó horarios especiales en reuniones, visitas, eventos barriales algunos sábados o domingos. El “tallerista” fue entendido como el portador de un saber específico a cargo de una planificación y de llevar adelante la propuesta; con una carga horaria de trabajo reducida (hora y media por semana). Se lo invitó a participar en eventos por fuera del horario de trabajo. Cada una de las propuestas fueron llevadas a cabo por un referente y un tallerista.

Por último, respondieron a las tareas cotidianas: preparar la leche, mantener el espacio ordenado, lavar los utensilios, limpiar pisos, baño, cocina, en caso que la auxiliar no pudiera asistir. Fueron indistintos los roles que “deberían cumplir las mujeres” y los que “deberían cumplir los varones”. Solo si las chicas o las madres lo pedían, referentes mujeres conversan sobre temáticas que a ellas les preocupaban, si no lo hacía también el referente varón.

Si bien quienes formábamos parte de la institución nos auto denominábamos “trabajadores de la infancia”, las condiciones fueron de precarización laboral desde un principio; quedando por fuera de la contemplación de una planta municipal, obra social, aportes jubilatorios, aguinaldo, vacaciones. Con insistencia las condiciones tuvieron alguna

60

mejoría. De todas maneras las “soluciones” brindadas no fueron realmente resolutivas, sino más bien un parche a la situación.

Dicha situación formó parte de un Sistema de Promoción y Protección de los Derechos del niño, la niña y adolescentes, completamente a la deriva y desbordado. Superado en conflictos, reducido en trabajadores y en capacidades de acción. Sus medidas y acciones en muy pocas situaciones pudieron ser resolutivas. Todas las instituciones barriales, en los años que compartimos en el barrio, estuvieron atravesadas por estas mismas condiciones y conflictos.

Las situaciones repercutieron y dificultaron el trabajo al interior de Las Pulgas, lo que le impidió un trabajo al 100 % por parte de sus referentes, que necesitaron otros trabajos para poder mantenerse. El nivel de exigencia en el trabajo diario y las condiciones nombradas dificultaron la permanencia de un equipo de trabajo estable y perdurable en el tiempo.

1.2. El “Tropezón de Pulgas”

Algunas de las propuestas supieron cambiar año a año, de un cuatrimestre a otro: cocina, teatro, guitarra, canto, música, construcción de instrumentos, apoyo escolar, cerámica, comunicación, cine-debate, salidas, taller de género, taller de sexualidad, taller de historias, espacio de arte, juegos, huerta. En el verano se propusieron talleres dedicados a la murga: ensayos, malabares, sancos, baile, percusión; también piletas y viaje a la playa en caso de que fuera viable. Todos los espacios fueron pensados con saberes y contenidos; fomentando el trabajo colectivo, el encuentro con el otro, momentos de enseñanza- aprendizajes.

Ejemplo de este trabajo fue la murga Tropezón de Pulgas que nació hace cinco años desde el Centro de Referencia, propiciando el acercarse desde “otro lado” a los niños, jóvenes, madres y familias. Proyecto que supo nuclear desde los más chiquitos hasta los más viejos. Se propuso que los lazos de compañerismo sean mayores, más fuertes y

61

perdurables en el tiempo. A su interior, intentó que todos los participantes logren una igualdad de condiciones, borrando de esta manera los límites entre profesores, niños, madres. Repartió las responsabilidades y obligaciones: la murga se volvió de todos para todos, cada vecino debió encontrar su lugar de participación.

Tropezón de Pulgas, logró tal magnitud que se volvió el eje vertebrador institucional, atravesando todas las propuestas brindadas, todos sus objetivos. Superó ampliamente las expectativas de quienes la impulsaron. El proyecto dejó de ser simplemente institucional para volverse barrial, la murga se hizo carne en su barrio.

Desde hace cinco años redobla sus esfuerzos y su compromiso; espera que llegue febrero, que llegue cada carnaval para salir por Machado a bailar y tocar, para mostrar cómo viene creciendo, su evolución. Lo cotidiano se hace canción y se canta. “Tropezón rimó con corazón” y llevó como bandera la alegría. Bajo estos lemas, fue creciendo año a año.

2. Un mismo espacio, diferentes sentidos

Ahora bien, toda esa vida dentro de la institución comenzó a ser reflexionada desde un lugar diferente al hacer nuestra una mirada etnográfica en la cual los protagonistas eran