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5.7 Evaluation of the NOX Language

5.7.1 Extension of the Project Method

Pronto para Beethoven las cosas se tornarían un poco desesperantes, a causa de algunas enfermedades que le aquejaban, desde los dolores abdominales, diarreas y la temible sordera que estaba iniciando como un pequeño sonido que no le dejaba descansar por las noches,

enfermedades que quizá contrajo al frecuentar prostíbulos, se le relaciona una sífilis, todo esto se lo confiesa a su amigo Franz Wegeler en el famoso Testamento de Heiligenstadt en Junio de 1801.

(…)"A mis hermanos Kaspar y Johann van Beethoven. ¡Ustedes que me consideran y declaran hostil, obstinado o misántropo, cuan injustos son conmigo! No conocen las causas secretas que me hacen aparecer así. Mi corazón y mi mente, desde mi niñez, me instaban a los tiernos sentimientos del cariño y el afecto. Siempre me sentí llamado a realizar grandes obras, pero piensen solamente que durante los últimos seis años me he visto atacado por un mal incurable, agravado por la incompetencia de los médicos, defraudado de año en año en unas ilusorias esperanzas de mejoría; y finalmente obligado a admitir la potencia de mi mal, cuya cura puede acaso durar años, si es que aún cabe remedio. Nacido con un temperamento ardiente y vivaz, sensible a los goces de la sociedad, pronto tuve que renunciar a ellos para vivir una vida de reclusión. En ocasiones he tratado de olvidarlo todo, ¡cuán cruelmente, sin embargo, he sido repelido por la dolorosa experiencia de mi oído defectuoso! Y no me era posible decir a las gentes ¡hablen más alto, griten, porque estoy sordo! ¿Cómo podía yo proclamar la falta de un sentido que debería poseer en más alto grado que ningún otro, un sentido que en un tiempo poseí con más agudeza que cualquiera de mis colegas? ¡Ciertamente, no puedo! Perdónenme, por tanto, si me ven retraído, cuando de buen grado estaría entre ustedes. Mi desgracia me mortifica doblemente, porque me hace objeto de la incomprensión. Estoy alejado de la diversión en la

sociedad de las demás criaturas, de los placeres de la conversación, de las efusiones de la amistad. Casi solo en el mundo, no me atrevo a aventurarme en la sociedad más que lo absolutamente necesario. Me veo obligado a vivir en un exilio. Si obtengo compañía, una dolorosa ansiedad me posee porque me aterra la idea de que mi mal sea descubierto. Tal ha sido mi estado, también, durante este medio año que he pasado en el campo. Impulsado por un inteligente médico a economizar mi oído tanto como me fuera posible, a menudo me he visto casi animado dada mi buena disposición natural, aunque alejado de las personas a las que aprecio. ¡Pero qué humillante resultaba el que alguien, a mi lado, escuchara el eco distante de una flauta y yo no pudiera distinguirlo, o se me avisara del canto de un pastor y nuevamente me hallara yo privado de sentir sonido alguno! Tales circunstancias me han llevado al borde de la desesperación y en más de una ocasión he pensado en poner fin a mi vida: nada, sino mi arte, detuvo mi mano. ¡Me parecía imposible abandonar este mundo hasta no haber producido todo lo que en mi interior sentía que debía realizar! Por ello he continuado esta vida miserable, miserable en verdad y he soportado este cuerpo irritable que con una facilidad increíble puede cambiar de la mejor a la peor disposición. Paciencia, así se me ha dicho; ésta debe ser mi guía. Lo he hecho. La firmeza será mi resolución para perseverar hasta que a los hados inexorables les plazca cortar el hilo de mi vida. Quizá mi condición mejore, quizá no. Estoy contento. Llegar a ser un filósofo a mi edad, veintiocho años, no es sencillo, y para un artista es más difícil que para ningún otro ser. ¡Oh Dios! Tú contemplas desde lo alto mi miseria. Tú sabes que va acompañada de amor a las demás criaturas humanas y de disposición hacia las obras buenas. ¡Oh, hombres!, cuando algún día lean esto, piensen que han sido injustos conmigo; y dejen que el afligido se consuele si puede encontrar a uno igual que él, que, a pesar de todos los impedimentos de la naturaleza, hizo cuanto sus facultades le permitieron para ser admitido en las filas de los artistas meritorios y de

los hombres de bien. Ustedes, mis hermanos Kaspar y Johann, tan pronto como yo esté muerto, si el profesor Schmidt todavía vive, ruéguenle, en mi nombre, que escriba una detallada

descripción de mi enfermedad y que a tal descripción añada como apéndice este papel, para que después de mi muerte le sea posible al mundo reconciliarse conmigo. Al mismo tiempo, los declaro a ambos herederos de mi pequeña propiedad (si así puede llamarse). Divídanla fraternalmente; que haya acuerdo entre ustedes y ayúdense mutuamente. Lo que hayan hecho para herirme, lo saben bien, ha sido perdonado hace tiempo. A ti, hermano Kaspar, te agradezco en particular el afecto que me has mostrado en los últimos tiempos. Mi deseo es que puedas vivir más felizmente, alejado de las preocupaciones que yo he padecido. Recomienda la virtud a tus hijos; solo ello, no las riquezas, puede darles la felicidad. Les hablo desde mi experiencia. Fue la virtud la que me sostuvo en la aflicción; es ella, en convivencia con mi arte, la que me ha

impedido que terminara mis días con el suicidio. Adiós, y reciban mi amor tanto uno como otro. Doy las gracias a mis amigos, especialmente al príncipe Lichnowsky y al profesor Schmidt. Deseo que los instrumentos del príncipe Lichnowsky puedan quedar en posesión de uno de ustedes; pero no disputen a causa de ello. En cualquier caso; sin embargo, si les pueden ser más útiles de alguna otra manera, dispongan de ellos. ¡Qué contento estoy de pensar que puedan serles útiles, aunque yo esté en la tumba! ¡Así sea! Deseo ir a la muerte con alegría. Si se presenta antes de que haya tenido ocasión de desarrollar mis habilidades profesionales, habrá venido demasiado pronto; a pesar de mi duro destino, desearía que hubiera retrasado su llegada. Pero aun entonces me sentiré feliz porque me liberará de un estado de infinito sufrimiento. Ven, pues, cuando quieras, ¡oh, muerte!, te recibiré con firmeza. Adiós y no me olviden del todo cuando haya fallecido. Creo que lo merezco porque durante mi vida pensé a menudo en ustedes y

deseé hacerlos felices. ¡Ojalá lo sean siempre! Ludwig van Beethoven. Heiligenstadt, 6 de octubre de 1802". (Mayr, 2008).

En la parte externa del documento, Beethoven anotó lo siguiente:

"A mis hermanos Kaspar y Johann, con la finalidad de que se lea y ejecute después de mi tránsito. Heiligenstadt, 10 de octubre de 1802. Por tanto, me despido de ustedes y lo hago con tristeza. Sí, esa remota esperanza que traje conmigo de una posible mejoría, al menos hasta cierto punto, se ha alejado de mí por completo. Como las hojas del otoño caen heridas a la tierra, así la esperanza me ha abandonado definitivamente. Casi como llegué, debo marchar; incluso el arrogante coraje que frecuentemente me animaba en los cálidos días del verano se ha alejado de mí. ¡Oh, Providencia, garantízame al menos un solo día de sincera alegría! ¡Hace ya tanto tiempo que soy un extraño a los deliciosos sones de la alegría! ¡Cuándo, oh Dios, cuándo sentiré de nuevo esa alegría en el templo de la naturaleza y de los hombres? ¿Nunca? ¡No, eso sería demasiado duro!". (Mayr, 2008).

La enfermedad lo estaba aquejando demasiado, se cree a causa de una sífilis, la

enfermedad de su sordera como también a una laberintitis, una infección al oído producida por los intestinos.

(…) en 1814 fue penoso su intento de intervenir en la ejecución del trío “Archiduque”: apenas podía escuchar el violín y al violonchelo. En 1816 empezó a usar la trompetilla que “amplificaba” lo que le decían, y a partir de 1818 fue necesario que la mayoría de sus

interlocutores le escribiesen sus preguntas en los llamados “cuadernos de conversación” (en los que, por desgracia para nosotros, Beethoven no necesitaba escribir sus respuestas). (Carrascosa Almazán, 1995, p. 35).

Aun que los animos de Beethoven no se habían perdido del todo, ya que su sordera lo aisló y le ayudo a concentrarse mejor, pero debió ser frustante no poder escuchar y disfrutar de sus propias composiciones, poco a poco superó la crisis que plasmó en el testameto de

Heiligenstadt ya que después tuvo una etapa intensa de composición hasta 1813.

Pronto las composicones de Beehoven alcanzarían una gran aceptación internacional, siendo conciente de lo que estaba pasando el compositor osaba en reiteradas ocasiones reaccionar de forma airada y desprecitiva con los detractores de su música.

(…) ante la afirmación del violinista Radicati de que los Cuartetos opus 59 “no son música”, Beethoven sin alterarse, le respondió: “¡Oh, no es música para usted, es para los tiempos venideros!” Más elocuente es todavía lo que le echó en cara en una ocasión a

Lichnowsky: “Príncipe, lo que vos sois lo sois por azar del nacimiento. Lo que yo soy lo soy por mi propio mérito. Príncipes los hay y los habrá a millares. Beethoven no hay más que uno”. (Carrascosa Almazán, 1995, p. 36).

La actitud que tomaba Beethoven era la de alguien que se protegia de la burla de sus obras y de su escondida sordera, al tener un carácter reactivo y ser directo con sus pensamientos. Le molestaba la falsa adulación que le hacían y reaccionaba con violencia, incluso con sus amigos, claro que después de reflexionar consideraba que había sido muy injusto y pedía perdón por su actitud. Su amor por la naturaleza se evidenciaba en sus constantes paseos por el bosque, ellos nutrían el alma, la inspiración y la creatividad en Beethoven, sería descrita por él mismo en una confesión al joven compositor Ludwig Schlösser en 1823.

(…)En lo que respecta a su proceso creador, el propio Beethoven revelaría en 1823 al joven compositor Ludwig Schlösser algunos de sus “secretos”: «Llevo mis ideas conmigo mucho

tiempo, a veces demasiado, antes de escribirlas. Tengo una memoria tan buena que estoy seguro de no olvidar nunca, aunque pasen años, una idea que se me haya ocurrido (...). Modifico muchas cosas, las desecho y vuelvo a empezar cuantas veces sea necesario, hasta quedar satisfecho. Entonces empieza en mi cabeza la elaboración a lo largo y a lo ancho, en altura y en

profundidad, y como tengo una idea clara de lo que persigo, la idea que surge y se desarrolla no me abandona jamás (...). Se alza ante mí alma como en una fundición, y ya no me queda más que la tarea de escribirla, lo que transcurre muy aprisa (...). A menudo trabajo en varias obras a la vez, pero estoy seguro de no enredar unas con otras (...). [Mis ideas] surgen sin ser llamadas, de inmediato o por etapas. Podría atraparlas con las manos en la naturaleza, en el bosque, paseando, en el silencio de la noche, al amanecer (...). Lo que las suscita es una cierta disposición de ánimo que en los poetas se expresa mediante sonidos; resonando, bulliciosas e impulsivas, hasta que al fin se concretan en música en mí». (Villasevil, 2011).

En su trabajo era ordenado, y creaba un ambiente de verdadera concentración, con un horario estricto de mañana completa. Si salía, era siempre con su cuaderno de notas para escribir aquello que, de pronto, sentía que podía concretarse en papel. (Villasevil, 2011).

Sin embargo para relizar otras tareas era descuidado, mal cocinero y pésimo vecino, de hecho tuvo que mudarse a muchos apartamentos por lo molesto que era y desordenado los dueños no lo querían, no tenía cuidado de su aspecto personal, tanto así que le creían un loco cuando deambulaba por las calles. Fue detenido en ocasiones por la policía creyéndole un

vagabundo, conocido también como el sabio distraído por los jóvenes que le observaban desde la calle cuando se afeitaba en su ventana. Lo cierto es que se enamoró y pidió matrimonio a

diversas jóvenes de la noblesa pero con ninguna de ellas llegó a concretarse nada serio. Extrañas cartas con exagerado afecto escribiría Beethoven a sus amigos, se cree que estos textos son más

de amor que de amistad, de ahí supuestamente se desprende su oculta homosexialidad, la otra parte de su bisexualidad.

(…) cuando Beethoven marchó a Viena, K. A. von Malchus le escribió: “El firmamento de mi profundo amor une nuestros corazones con lazos que no pueden desatarse y que sólo la muerte destruirá. Extiende tu mano, mi bienamado, y sea así hasta la muerte. Tú Malchus” (Carrascosa Almazán, 1995, p. 40).

Otra de las cartas que darían luz a su supuesta homosexualidad fue la que le entrego a Karl Amenda un teólogo y violinista germánico - báltico amigo de Beethoven.

(…) Beethoven le entregó su Cuarteto opus 18/1: “¡Querido Amenda! Acepta este

Cuarteto como un pequeño testimonio de nuestra amistad; siempre que lo toques acuérdate de los días que pasamos juntos, y también de cómo era y será siempre para ti Beethoven”. (Carrascosa Almazán, 1995, p. 40).

De cualquier forma Beethoven tuvo que ser muy sutil con su supuesta homosexualiad, ya que en aquellas épocas no eran vistas muy bien este tipo de preferencias carnales, menos para alguien que vive de la aceptación de los demás, lo que sí era abiertamente aceptado eran sus amorío con varias mujeres jovenes a quienes incluso propuso matrimonio sin llegar a concretarse nada con ninguna de ellas. Era quizá esta desventura en su amorío que le inclinó más a la música, la soledad y a frecuentar los prostíbulos donde se cree contrajo la sífilis, que luego con el tiempo sería la causa de su muerte. En 1804 cuando Josephine Brunsvik enviuda, Beethoven intenta conquistarla.

(…) tras la muerte del marido trata de conquistar el amor de Josephine y ella; sin embargo, parece que no le dio precisamente facilidades. Se escribirán con frecuencia y se han

conservado hasta quince cartas de amor escritas por Ludwig y dirigidas a Josephine mientras que de ella no se conserva ninguna respuesta excepto algunos borradores incompletos. En una de aquellas cartas Ludwig muestra su pasión por Josephine y la escribe "Que nuestro amor sea de larga duración; es tan noble , está tan fundado en el mutuo respeto y amistad , incluso en como coincidimos en algunas cosas , en el pensar y sentir. Ay , déjeme confiar en que su corazón palpitará por mi durante largo tiempo, el mío sólo puede cesar de palpitar por usted cuando deje totalmente de hacerlo. Adiós, querida Josephine. Confío en que también usted pueda ser, por mí , algo más feliz, si no , yo sería tan egoísta". (Mielost, 2014).

El amor no correspondido hacia Beethoven, nunca se llegaban a concretarse se debía al poco interés o casi nada que despertaba en ellas, incluso se sabía que Josephine le era infiel en reiteradas ocasiones a su marido, pero en ninguna de ellas estaba Ludwig, eso demostraba que no estaba interesada en lo absoluto por el compositor, ya en sus últimos años Bethoven deja de engañarse con las mujeres y no se ve evidencia de nuevas féminas ni de ficciones amorosas que lo inquieten, aunque aún siga frecuentando los prostibulos.

En 1802 Beethoven tenía compuesta la mayor parte de su tercera sinfonía, la cual

culminará dos años después, se dice que esta sinfonía inicialmente estaba compuesta a Napoleón Bonaparte, el héroe de la Revolución Fancesa; pero según algunos incidentes que ocurrieron decidió quitar la dedicatoria a Napoleón de su sinfonía. Esto comienza quizá con el acuerdo firmado con el Vaticano en 1802 por el que se restablecía el culto católico en Francia, luego en 1804 Napoleón se autoproclamó y autocoronó emperador. Este sería el motivo para que

(…). En un principio, Beethoven la tituló “Bonaparte”, personaje a quien el compositor admiraba… hasta que éste se autoproclamó y auto coronó, en mayo de 1804, emperador. Al enterarse, rompió la dedicatoria de la Sinfonía y gritó: “Entonces ¿no es más que un ser humano vulgar? Ahora también él pisoteará los derechos humanos y se limitará a satisfacer su ambición (…) ¡Se convertirá en un tirano!” Abandonó asimismo la idea _que últimamente, descontento de Viena y de los vieneses, venía acariciando_ de trasladarse a París. (Carrascosa Almazán, 1995, p. 42, 43).

Quizá Beethoven pretendía presentar esta sinfonía en su viaje a Francia, pero no ocurrieron las cosas como él las pretendía, su héroe se volvió un tirano, en cuanto a la propia sinfonía “La Heroica” resultó una novedad para sus oyentes, era más larga que las de Mozart y Haydn y su estilo traía algo nuevo propio del compositor pero no acorde a lo que el público estaba acostumbrado.

La sinfonía «Heroica» nace de una profunda crisis en Beethoven, deprimido por sus problemas de salud y su sordera, que le lleva a cuestionarse el futuro en la música y hasta sopesar en el suicidio. En 1802 se retira a la tranquila ciudad de Heiligenstadt, cercana a Viena, con su mente todavía tomada por los más fúnebres pensamientos. Pero emerge de la crisis con la voluntad de seguir adelante e imprimirle un gran giro a su arte. La nueva sinfonía rompe moldes de todo tipo. De entrada, con sus 45 minutos dura el doble que sus primeras composiciones. Pero además refleja la palpitación del nuevo espíritu romántico y es mucho más compleja que las obras usuales. La crítica, una vez más, no se enteró de nada, y la tachó en su momento de

«pesada, interminable y deslavazada». Pronto será saludada como un triunfo absoluto. (Ventoso, 2016).

Con la sinfonía la Heroica Beethoven pasa a su segundo periodo de composición. Esta será el inicio o el nacimiento del periodo Romántico, aunque no fue muy bien recibida por su público, esta obra será representativa en años posteriores. Después de quitar la dedicatoria a Bonaparte se considerará a Beethoven defensor de los derechos del hombre y admirador de la Revolución Francesa. Como todas las sinfonías de aquel tiempo esta tiene cuatro movimientos, el primer movimiento en Allegro, 3/4 en Mi bemol, el segundo movimeto Marcha Funebre (Adagio) será la más resaltante de la tercera sinfonía, escrita en 2/4 Do menor, el tercer movimiento Scherzo (Allegro) 3/4 Mi bemol mayor con el estilo típico de las sinfonías

románticas de Alemania, el cuarto movimiento Finale (Allegro molto–Poco andante–Presto) en español equivaldría a (Muy rápido - lento - muy rápido).

Pero con esta sinfonía Beethoven no pudo lograr un éxito significativo, aunque para 1806 las circuntancias políticas habian mejorado, la calma había llegado y ello permitió tener una mejor aceptación de sus obras; pero no fue como el compositor lo esperaba, hasta los años 1812 - 1813 Beethoven estaba en el mejor momento de su popularidad en Austria, en ese año compuso su obra orquestal “La victoria de Wellington” que sería interpretada en un panarmónico, un instrumento derivado del piano, inventado por Mäzel, obra que alcanzó gran populariad y le generó considerables ingresos a Beethoven.

En 1814 termina su Séptima y Octava sinfonía, y le piden que reforme la ópera Fidelio. Las dudas e indecisiones sobre ella se prolongan hasta el último momento, hasta la víspera misma de la primera presentación: la obertura definitiva, la cuarta de las que escribió para su ópera, fue compuesta el día anterior al del estreno, en un restaurante, y orquestada esa misma noche, por lo que no hubo tiempo de ensayarla: la primera ejecución de la versión

definitiva estaba programada para el 23 de mayo de 1814; pero la obertura no pudo tocarse por

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