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Hierarchies Examples

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Beethoven tenía una dicotomía en cuanto a su música y su salud, por un lado era sumamente cuidadoso a la hora de componer, perfeccionista y libre de seguir reglas que disminuyan su creatividad, esta actitud de rebeldía quizá fue también llevada a su vida en general, que luego afectaría en su salud, el poco cuidado que le daba a su cuerpo le provocaba crisis que tardaban meses en mejorar e incluso algunas enfermedades le acompañaron toda su vida llevándolo a la muerte.

Beethoven era, por naturaleza, fuerte físicamente, pero cuidó muy poco de su salud: por ejemplo, cuando se hallaba sudoroso gustaba de rociarse con agua fría y, sin secarse, se exponía a corrientes de aire. Padeció, por ello, desde el comienzo de su edad adulta, enfermedades y

crisis que fueron agravándose con el paso del tiempo. Así, tras los frecuentes desarreglos intestinales que sufrió desde su juventud, en 1815 experimentó disfunciones hepáticas y, pese a ello, siguió bebiendo sin moderación. (Carrascosa Almazán, 1995, p. 80).

A pesar de los síntomas de su enfermedad Beethoven llevaba una vida con excesos en la bebida, este estilo de vida del gran compositor será el tormento para alejarlo de Viena por algún tiempo a causa de un catarro mal curado, se instalaría todo un verano en Mödling en contacto de la naturaleza.

En 1820 le da una bronquitis, tiempo después, antes de terminar recuperarse le

diagnostican una ictericia, una enfermedad producida por transtornos hepáticos que le pone la piel y los ojos de color amarillo.

(…) Entre marzo y mayo de 1825 presenta un “cuadro patológico” complejo, pulmonar e intestinal. Al restablecerse, escribe el “Molto adagio” del Cuarteto opus 132, que titula “canto de acción de gracias a la Divinidad de un convaleciente”. Al estrenarse en privado este Cuarteto (el 9 de setiembre de 1825), algunos presentes lloran escuchando ese episodio. Nuevos dolores, ahora también de ojos, se le presentan los dos primeros meses de 1826. (Carrascosa Almazán, 1995, p. 81).

Cuando el compositor regresaba a Viena de la casa de campo de su hermano Nikolus, lugar donde estaba su sobrino Karl, el frío de aquel viaje le deja a Beethoven con pulmonía, notivo por el cual al llegar a Viena no saldrá de su habitación. Se acusó a su sobrino Karl de olvidar avisar al médico, pero este incidente fue desmentido puesto que Schindler abría acusado falsamente a joven Karl. Por mucho tiempo atacó Schindler a Karl con calumnias sin que este se defendiera.

Beethoven se quejaba de la frialdad y el distanciamiento del médico que lo atendía, el muy competente doctor Wawruch. Un cambio temporal de médico resultó a la postre

contraproducente. Tras una pasajera y breve mejoría, el 10 de diciembre se le presenta una ictericia generalizada, consecuencia de la cirrosis. La hidropesía le ha hinchado su vientre hasta tal punto que hubo que practicarle punciones cuatro veces (la primera el 20 de diciembre y la última el 27 de febrero de 1827), que le alivian por muy pocos días. (Carrascosa Almazán, 1995, p. 82).

Se cree que estas punciones que le practicaron a Beethoven se habrían contaminado con plomo, lo que luego le causaría una nefermedad que hoy se la conoce como Saturnismo.

El plomo presente en los medicamentos para tratar una pulmonía fue la causa de la muerte del genio alemán (…). Esa fue la conclusión de una investigación basada en un análisis de cabellos de Beethoven efectuada por el médico forense vienés Chistian Reiter en cooperación con la Universidad de Edafología de Viena (…) explicó que los rizos del célebre compositor constituyen “una especie de regla en el tiempo”, pues permiten una visión médica de los últimos 400 días de su vida. (…) se pudo determinar que la intoxicación con plomo comenzó 111 días antes de la fecha de su fallecimiento en Viena, el 26 de marzo de 1827. (…) fue en ese momento cuando el médico Andreas Wawruch comenzó a tratar la pulmonía de Beethoven con unas sales expectorales que contenían plomo (…) como efecto secundario el paciente sufrió la hidropesía del vientre, y el médico tuvo que hacerle cuatro punciones para que pueda liberarse parte del líquido retenido (…). El caso es que luego el médico cerró las punciones usando jabón de plomo, ya que éste desinfecta y tiene la ventaja de impedir que las bacterias se aniden en la herida o entren en el organismo. (El Universal, 2007).

En diciembre de 1827 el rey de Prusia, le hace un regalo a Beethoven. Esto debido a que el compositor le había dedicado su Novena Sinfonía, se esperaba una condecoración por tal dedicatoria pero la carta no anunciaba ningún evento parecido, por el contrario se le enviaba de regalo un anillo como muestra de su agradecimiento. Al saber que el anillo estaba valorizado en solo ciento sesenta florines, se enoja y anuncia a su secretario Holz que venderá el regalo. Este le replica que no haga tal cosa ya que es el regalo de un rey y convendría conservarlo.

Después de que su sobrino Karl ingresara al ejército el dos de enero de 1827, para no ser encarcelado por atentar contra su vida, en ese mismo año Beethoven redacta su testamento.

(…) “Karl van Beethoven, mi bien amado sobrino, es el único heredero de todas mis tenencias”. Ya no volverían a verse. El 23 de marzo, sin embargo, añadió un condicilo al

testamento: “Mi sobrino Karl será mi único heredero, pero el capital de mi propiedad irá a manos de sus herederos naturales o testamentarios”: fueron sus últimas letras, pues , para reconciliarse con su cuñada Johanna, heredera de Karl por ser éste soltero. Al terminar esto, Beethoven exclamó: “¡Ya está! ¡Ya no escribiré ni una sola palabra más!” Pese a ello. Se siente liberado de un gran peso, se anima y comienza a hablar de proyectos que pretende realizar. (Carrascosa Almazán, 1995, p. 83).

Beethoven en sus últimos días confesó al amigo de su sobrino Karl, Gerhard von

Breuning quien es también el hijo su amigo Stephan von Breuning, que acompañó al compositor en sus últimos días, confesó que quería escribir aun su Décima Sinfonía, un Réquiem, la música para Fausto y lo más importante que hubiera dejado como maestro de música, su método para piano, quería hacerlo distinto a lo que hasta entonces se había escrito.

El 22 de febrero, inquieto todavía por su situación económica, escribe al pianista y compositor Moscheles para que intente organizar un concierto. Moscheles comunica a la

Sociedad Filarmónica de Londres la apurada situación de Beethoven y le envían cien libras (…). El 15 o el 16 de marzo se presenta un banquero en su casa para hacerle entrega del dinero. “Partía el corazón ver a Beethoven con las manos juntas, deshecho en lágrimas de alegría y agradecimiento”, escribió el banquero. (Carrascosa Almazán, 1995, pág. 84).

El 18 de marzo redacta una carta para agradecer a la Sociedad Filarmónica londinense por el enorme gesto de poyarlo económicamente, recalca que cuando Dios le devuelva la salud les compondrá lo que ellos deseen, ya para el 23 el doctor le comunica a Beethoven que su fin estaría cerca, para ello mandó a llamar al cura y se confesó con una piadosa resignación y un gesto de agradecimiento que se dejó notar en su entristecido semblante.

El 24 le llegaron unas botellas de vino que un mes antes había encargado. Al verlas exclamó: “¡Lástima!... ¡Demasiado tarde!” Fue lo último que pronunció. A continuación, entró en agonía. Entre las 4 y las 5 de la tarde del 26 de marzo de 1827 se produjo en Viena una fortísima tormenta de nieve y granizo. A las seis menos cuarto “un relámpago iluminó la habitación (…) Beethoven abrió los ojos, levantó la mano derecha y, con el puño cerrado, con aspecto feroz y amenazante, fijó durante unos segundos su mirada en lo alto (…) Cuando su mano cayó sobre el lecho (…) su corazón había dejado de latir” (relata Anselm Hüttenbrenner, el único presente en el momento de la muerte, junto a Johanna, la antes odiada cuñada de

Beethoven. Ésta cortó un mechón del pelo del compositor “como sagrado recuerdo de la última hora de Beethoven”). (Carrascosa Almazán, 1995, p. 86).

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