Key findings
Appendix 8. 5 Factor analyses of survey data
El periodismo judicial en España, conocido como sucesos, también se ve influenciado por las publicaciones de los otros países europeos. A pesar de eso España presenta un proceso interesante en cuanto a la presencia del género en los periódicos.
Rosa Rodríguez (2011), catedrática de la Universidad de Sevilla, asegura que los periodistas de sucesos cubren acontecimientos que se salen de lo habitual, como los homicidios, los robos, los siniestros y los hechos delictivos de cualquier naturaleza. Al mismo tiempo advierte que el índice de delincuencia elevado hace que publicar un periódico sin páginas que contengan este tipo de información especializada resulte actualmente imposible e inimaginable.
Así que el género, más allá de la apreciación sobre la calidad, ha ganado un espacio en las publicaciones españolas. Aunque esa posibilidad de narrar se haya entremezclado con secciones y haya terminado por desdibujarse. “Las noticias de sucesos han dejado de contar con una sección propia y aparecen dispersas en otras secciones. No obstante, la presencia de los sucesos en los periódicos es inevitable y, por ello, la prensa escrita continúa publicándolos, pero mezclados e incluso enmascarados en otras secciones periodísticas, siendo las más comunes las de ‘Sociedad’, ‘Nacional’ o ‘Local’, según el lugar donde haya acontecido el hecho” (Rodríguez, 2011, p 2).
Aún con esa problemática de identidad del género que este trabajo pretende reivindicar, se debe reconocer que como en los demás países la crónica roja o policial tuvo un momento de esplendor.
El diario “El Resumen”, fundado en 1885 se considera el primero en preocuparse por la investigación de los temas del periodismo judicial. Allí contaba con secciones como ‘Sucesos de Madrid’: las noticias diarias de criminalidad y policía en la forma más a propósito para esta clase de lectura de la que desgraciadamente no puede prescindir ningún periódico.
Pero sería un acontecimiento criminal de gran impacto, al igual que en el Reino Unido, el detonante entre la relación crimen y periodismo en España. El 2 de julio
45 de 1888 en el número 109 de la calle Fuencarral es encontrada la señora Luciana Borcino cubierta con unos trapos e incinerada.
De esta manera el país queda conmocionado y con la atención puesta en el asesinato, provocando un clima ideal para el periodismo judicial: “durante varias semanas los periódicos populares dedicaron un amplio espacio a las incidencias del caso. Alimentaron la curiosidad ciudadana con cualquier detalle (…) En su afán por la primicia, los periodistas transgredieron el secreto procesal. Interrogaban a vecinos, comerciantes y cualquier persona relacionada con el caso…” (Klahr y Barata, 2009 p 39).
Benito Pérez Galdós, escritor y cronista español, escribió a través del género epistolar (correspondencia con un diario argentino) sobre el asesinato. Envió durante más de un mes una narración del crimen y detalles sobre los procesos posteriores que concluyeron con el fallo del juzgado, en un precedente importante para el periodismo judicial.
No obstante se quejó frente a la relevancia que llegó a tener el tema en el país: “Estamos ahora los españoles bajo la influencia de un signo trágico. Los grandes crímenes menudean. En vano se buscarían en la prensa acontecimientos políticos o literarios. Los periódicos llenan las columnas con relatos del crimen de la calle de Fuencarral, del crimen de Valencia, del crimen de Málaga, los reporteros y noticieros, en vez de pasarse la vida en el salón de conferencias, visitan los juzgados a todas horas, acometen a los curiales atosigándoles a preguntas, y con los datos que adquieren, construyen luego la historia más o menos fantaseada y novelesca del espantoso drama” (De la Cruz, 2009).
El acontecimiento terminó cuando se declaró culpable a la criada. De igual manera en los países de Europa se creó una atmósfera de violencia e inseguridad ya que “en todos los países apareció la figura del gran criminal, del asesinato múltiple” (Barata, 1999). Mientras en Inglaterra sufrían con la aparición de Jack el Destripador en España todos comentaban el caso de Fuencarral. Una época de violencia urbana que desencadenó la propagación de las publicaciones de nota roja.
Mucho tiempo después durante la Guerra Civil Española que se dio entre 1936 y 1939, el periodismo en España tomó un rumbo diferente “la adopción de un modelo en el que la información se identificó con la propaganda y se convirtió, por tanto, en un arma más de combate” (Barrera, 2004 P. 292).
46 Dio origen a lo que Carlos Barrera (2004) denominó prensa miliciana: organizaciones y sindicatos que oponían resistencia; el periodismo se fragmentó en las dos opciones de gobierno.
La aparición de un periodismo de guerra que tuviera cercanía con la crónica roja no fue tan clara porque aunque existieron casos como el de El Alcázar, diario creado durante el asedio de las tropas republicanas a la fortaleza toledana, la intención ideológica junto a la censura militar previa no permitían una prensa popular independiente, sino que se enorgullecían de sus principios políticos y sus victorias en los enfrentamientos.
Finalmente, el panorama europeo que construye una tradición de crónica roja queda representado en estos tres países. No obstante es necesario centrar la atención en otro de los lugares fundamentales para la crónica roja: Estados Unidos, incluso allí recibiría el nombre de prensa amarilla.