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En este caso, lo que nos resulta más interesante en esta ilustración acerca del color es el hecho de preguntarnos ¿Por qué debemos sentir que nos encontramos ante algo sorprendente? ¿Por qué pensamos que estamos obligados a describir las sombras de color como ilusorias y nos sentimos intranquilos por no encontrar una correspondencia entre longitud de onda y color?

La sorpresa e intranquilidad sólo pueden venir de una fuente: un hábito inveterado de nuestro pensamiento, tanto en las ciencias como en otras áreas. Queremos cuestionar este hábito inveterado, como se manifiesta explícitamente en los estudiantes de la neuro- ciencia. Lo llamamos el programa representacionista. Tiene sus raíces en un complejo de ideas que se tornaron visibles en su actual forma con el surgimiento de la ingeniería de las comunicaciones y la ciencia computacional, pero que es una herencia mucho más antigua en las preferencias anglosajonas. "El sistema nervioso captura caracterís- ticas del entorno y construye representaciones del mundo en el que vive el animal con el fin de utilizarlas como acciones de adap- tación del organismo". Este programa considera a las características del medio ambiente que van a representarse tan poderosas y centrales como para constituir las pautas principales para el estudio de las formas y comportamiento neural.

Un análisis representacionista comienza aislando ya sea una mo- dalidad de actividad particular de un componente neural (digamos,

una respuesta cromática en una célula ganglionar retiniana) o su desempeño en relación con un comportamiento particular (digamos, discriminación de colores), convirtiéndolos en una única caracterís- tica. Luego, la característica aislada se explica en términos de alguna forma de adequatio reí ad cerebrum (adecuación de las cosas en el cerebro), ya sea a través de una descripción funcional a través de la cual se asume que encarna el objeto por su referencia a su supuesto valor biológico (digamos, el reconocimiento de los colores es adaptativo para los encuentros sexuales) o bien a través del aná- lisis de los componentes neurales en términos de como supuesta- mente contiene la característica ambiental (la manera en que se codifica y procesa el rojo luego de que golpea sobre las superficies de recepción).

Una modalidad extrema de este punto de vista es propor- cionada por la llamada doctrina de la célula única de la percepción sensorial6, en la que la correspondencia cerebro-mundo es media-

tizada a través de una actividad única de las células. Esta teoría ha sido criticada sistemáticamente en años recientes; sin embargo, los ítemes conceptuales que se proponen en la actualidad en su reemplazo, por ejemplo los canales sintonizados en base a frecuen- cias7 son igualmente representativos. La actitud fundamental es

todavía la misma: existe un mundo exterior que debemos conocer y la tarea del sistema nervioso es hacerlo mediante la aprehensión de sus características.

Los neurocientistas con seguridad alegarán que estamos distor- sionando sus puntos de vista. ¿Acaso no es aceptada la noción de que existe un rol para modificaciones internas tales como el control eficiente de la percepción sensorial?¿Acaso no es ampliamente

6 Ver Barlow (1972). Las siguientes citas de libros conocidos también dan el sabor fundamental. "El cerebro es un conjunto de células que no descansan, que continuamente recibe información, la elabora, la percibe y toma decisiones" (Kuffler y Nicholls, 1976, página 3). "He encontrado necesario el suponer que el ente que percibe tiene ciertas estructuras cognitivas que funcionan para recoger la información que ofrece el medio ambiente" (Neisser, 1976).

utilizada la idea de los generadores centrales de patrones? O, dicho en términos generales (y más cerca de la versión del psicólogo cognitivo) ¿no es claro acaso el hecho que uno necesita alguna forma de programa interno para la integración sensorial/motora?

El punto al que queremos llegar aquí es, sin embargo, algo diferente. Las personas frecuentemente evitan una confrontación directa con una teoría rival no a través de la negación del punto del oponente, sino evitando su lógica interna y estética apremiante. En términos concretos, esto implica la siguiente movida interesante: reconocer el punto de vista rival, pero circunscribir su dominio de acción a un ámbito tan específico que no tenga ninguna importancia real en la explicación que buscamos. En el caso de la eferencia sensorial, digamos, el abandono se produce aproximadamente de la siguiente manera: Importará solamente en aquellas circunstancias en las que exista una necesidad de ajustar la sensibilidad del animal a un nuevo nivel de estímulos del medio ambiente; por lo tanto, es irrelevante la mayor parte del tiempo.

La aceptación de alternativas en principio no necesariamente significa que van a llegar al laboratorio. La mayoría de los neurocientistas está dispuesta a aceptar que no todo es una representación. Sin embargo, enfrentados con un comportamiento o pieza de sinaptología, buscan actividades que correspondan a un comportamiento adaptativo en el mundo. Este es un hábito conceptual muy arraigado alrededor del cual se ha dado forma a toda la neurociencia moderna. Es el hábito de tomar la descripción de las interacciones que experimenta el organismo como la pauta principal en la búsqueda de una explicación para sus consecuencias. Equivale a tratar a cada interacción como instructiva de la misma manera, de tal manera que sus consecuencias deben ser represen- taciones sobre las cuales opera el sistema nervioso para generar un comportamiento adaptativo. Y el hábito parece completamente reforzado por su éxito en el diseño de dispositivos de ingeniería y computadores. Pero sería una actitud simplemente descuidada de nuestra parte si usáramos tal estrategia en nuestros intentos de comprender lo vivo y el entendimiento sin mas examen.