Resulta claro que lo que hemos llamado aquí el punto de vista objetivista del color calza bien con la sensibilidad del entendimiento y la percepción como una forma de procesamiento de la infor- mación: la luz golpeando la retina y dando lugar a señales que surgen de un estado dado de las cosas en el mundo. Una debilidad de esta posición es que, aun si pone un gran énfasis en el procesamiento interno, el punto de referencia fundamental es un medio ambiente dado. Esto descuida completamente la observación fundamental de que el medio ambiente para un sistema viviente no es pre-dado sino especificado y formado junto con su historia evolutiva, La visión
17 R. Menzel, "Spectral Sensitivity and Color Vision in Invertebrates" en H. Antrum, ed. Handbook of Sensory Physiology, vol. VII/6a, Berlin, Springer, 1979.
no es una recuperación de características dadas previamente, sino el ordenamiento de un mundo posible. Un mundo visual no es ni encontrado ni inventado, sino ordenado. Huelga decir que una explicación más acabada de este punto excede los límites de este trabajo, pero me referiré a él en relación con el tema de la visión del color18.
La tentación desde nuestra inercia de ver la percepción como la representación de un mundo pre-dado equivale a decir: "Quizás deberíamos concluir, como ustedes argumentan, que el color no puede ser identificado con la reflectancia de la superficie, pero la visión del color es aún una forma más o menos perfeccionada de recuperar la reflectancia de la superficie". Existen varios problemas con este punto de vista. En primer lugar, como mencionamos antes, el color aparece en varios tipos de nichos. Los peces de aguas profundas tienden a ser dicromatos, en tanto que aquellos que viven cerca de la superficie tienden a ser tricromatos y tetracromatos19. ¿Cuál es la
norma para juzgar aquí cuál es la reflectancia adecuada por recuperar? Uno podría decir nuevamente que esto sólo muestra que diferentes nichos representan a diferentes regularidades en el mundo externo que son optimizadas, como pensaba Marr20. La debilidad de esta
posición (y es una gran debilidad) es que esa dependencia en los modelos de optimicidad de la relación organismo-medio ambiente nos conducen a la espesura de los debates acerca de la validez de la optimicidad como un argumento evolucionista21.
Sin embargo, nos gustaría volver a un punto mencionado al final de la primera Sección. La reflectancia de la superficie no es
18 Para mayores detalles de esta argumentación, ver F. Varela, Connaître: les sciences cognitives, Paris, Seuil, 1988; H. Maturana, F. Varela, The Tree of Knowledge, Boston, New Science Library, 1987.
" E. Macnichol, The Ecology of Vision, Nueva York, Oxford University Press, 1982. 20 D. Marr, Vision, San Francisco, Freeman, 1982. Ver también P. Kitcher, "Marr's
Computational Theory ofVision", Philosophy of Science, T. 55, 1988, páginas 1-24. 21 Para mayor información a este respecto, ver J. Dupré, ed. The Latest on the Best, Cambridge,
algo que esté dado en la naturaleza. ¿Cómo ha de especificar uno lo que es un borde, un límite y orientación, excepto en referencia a algún sistema visual para el cual estas distinciones sean relevantes? ¿Cuáles son las áreas y límites relevantes que separan el brillo del lustre? ¿Cuántos canales cromáticos se activarán para especificar un dominio cromático? Como lo indican las investi- gaciones recientes en A.I., estas son preguntas difíciles y espi- nudas. No hay solución, salvo a través de una finalización relativa
a un sistema de percepción estándar. Este observador estándar resulta
claro para el ingeniero A.I. pero no para el biólogo comparativista, para quien los alcances de la naturaleza son más amplios. El punto no es que las superficies/color/dimensiones sean subjetivas, sino que los objetos/colores/bordes suponen simultáneamente la existencia de un perceptor para quien algo cuenta como una sola cosa, y estos vienen en distintas variedades.
Postulamos que en la historia, las redes entrelazadas de las especies han ido danzando en un juego evolutivo.Tal danza, en la cual la superficie y el color han desempeñado un papel central, ha producido, además, varias maneras de colorear y no resulta posible definir un estándar universal. Las maneras de colorear se definen a sí mismas como las parejas que bailan. De hecho, la historia natural de esta estética con valor policentrista está aún por escribirse.
De este modo llegamos a la conclusión de este artículo, en el que hemos tratado de mostrar de que manera el color y su dimensión comparativa en particular pueden verse como un caso de estudio en las bases de la ciencia cognitiva. Nuestra conclusión es que proporciona evidencia para lo que hemos llamado una visión enactiva de la cognición que evita dos extremos:
- En primer lugar, el extremo de la cognición como referida a (representando) un mundo que es pre-dado, incluso considerando dicho procesamiento interno y estado incompleto.
- En segundo lugar, el extremo de la cognición entendida como una variante del constructivismo que desconoce la incrustación ecológica del organismo y sus coacciones.
Nuestra posición es que ia cognición es enacción, un mutuo pliegue/despliegue natural del organismo y el mundo revelado a través de las regularidades que se dan a la luz, tal como el color. Las diversas maneras de colorear son un excelente ejemplo: nosotros, animales de esta tierra, vivimos en nuestros diversos espacios de color y por ende nuestros cerebros y nuestros universos se en- cuentran. A Cézanne probablemente le hubiera encantado esto.