3.8. DATA COLLECTION METHODS
3.8.1. Focus Group (FG)
Javier “El Falu” Galucio es maestro.
Dos metros de agua se le metieron en la casa hecha a costa de quince años de trabajo.
Su pibe, el Piru, perdió sus juguetes y sus mueblecitos. El Falu escuchó al propio Intendente pedir que se quedaran tranquilos los vecinos del barrio Chalet y los de Santa Rosa de Lima porque el agua no iba a llegar.
La presencia militar pretendía ser naturalizada al igual que la inundación.
El Falu dice que llevará mucho tiempo darse cuenta de que ninguna de estas cosas son naturales.
“Estamos medio preocupados porque quiere llover de vuelta...Tratando de recomponer todo lo que pasó en esta semana y media. De golpe perdimos muchas cosas,
la casa, nuestras cosas, las cosas de nuestros pibes, el barrio, las cosas más cercanas...
Nos quedamos desnudos de mucho esfuerzo, desnudos de mucho laburo que en mi caso son quince años de trabajo o en el caso de otras familias del barrio más de veinte y hasta cuarenta años de trabajo.
Y sin que nadie nos explique, sin que nadie nos avise. Sin que nadie nos diga agua va... De pronto se nos vino una maroma que nos dejó sin nada de todo lo que te contaba...Ver cómo reiniciamos después de este desastre. Vivo en Barrio Chalet, cerca de la cancha de Colón. El penúltimo de los barrios del cordón oeste de Santa Fe. Tuvimos dos metros y medio de agua y hasta tres en algunas casas.
Hay un supermercado mayorista en el ingreso al barrio lo que elevó el olor a podredumbre en el lugar. Los riesgos de epidemia y contaminación siguen creciendo. El agua está estancada desde hace una semana y media.
Tengo un hijo, el Piru, de seis años. Es muy difícil sondear a ver qué les pasa.
Trato de no esconder nada pero sin mostrársela tan cruda como es. Pero la ven en los diarios, en la tele, la escuchan en la radio. Intento explicarlo diciéndole que hubo gente que no hizo los laburos que tenía que hacer, que no nos quiso avisar, que nos hizo perder las cosas que teníamos. Está bastante afectado. No se si por lo que no tiene como sus piezas, sus juguetes, sus mueblecitos, sus libros que se fueron a la miércoles o por lo que ve que les pasa a sus amigos del barrio que sufrieron todo este quilombo. No termino de ver si sufre más por la propia o por lo que ve que están sufriendo los demás. Está en primer grado. Ahora en la escuela hay un número importante de evacuados.
Nos quedamos unos cuantos días en el techo. Como toda la gente. Con muchos vecinos. Lo primero fue tratar de cuidar lo poco que nos quedó. Fue impresionante. La ropa, algunos muebles, la heladera, lo que se pudiera salvar
de todo este desastre. En el primer momento fue algo desolador porque no había nadie que nos garantizara la mínima seguridad. Y nos quedamos con varios vecinos organizando algunos cuidados. En barrios trabajadores como toda la zona oeste de la ciudad fue algo muy fuerte. Tuvimos algunas lanchas, algunas piraguas sacando las pocas pertenencias que se podían.
Quedó al descubierto la desprotección de parte del gobierno.
Y después vino lo contrario.
La presencia de los gendarmes y de los militares fue tan fuerte que nos empezó a preocupar.
Testimonios de otros barrios hablaban que la militarización dejó de ser una simple figura. Apareció el toque de queda a partir de las seis de la tarde y estos muchachos tiraban sin la menor contemplación. Cuando salimos de los techos del barrio allí recién vimos todo esto: cómo el ejército controlaba toda la asistencia. Algo preocupante. Primero la ausencia del estado y después esta presencia fuerte del ejército y otras fuerzas de seguridad. Al tercer día de estar arriba del techo uno se resignaba tener un metro y medio de agua como si fuera algo natural. Un verdadero horror porque acá yo hice mi casa, puse quince años de mi vida, mi lugar, no podía ser que me resignara a tener tanta agua. No podía ser que pasara a ser algo natural. Porque además eso se trata de hacernos creer desde el gobierno y después la presencia militar como otra cosa natural. Son cosas muy fuertes. Te cambian bastante. Rearmar la vida cotidiana será todo un trabajo.
También habrá que pensar esto que se nos impuso, como por ejemplo la militarización y la gente que fue responsable de todo esto.
¿Por qué no nos avisaron? ¿Por qué pusieron en riesgo toda la vida de la zona oeste de Santa Fe? ¿Por qué arriesgaron todo eso?
El gobierno intenta regenerarse después de todo esto a través de la asistencia.
Acá no sabemos de la gente que murió.
Cuando me levantaba estando en el techo no podía creer que dijeran que había veinte muertos. Si desde acá vimos con mis vecinos cómo sacaban tres personas y sabemos que hubo pibes de un carnicero del barrio que se le murieron casi cuatro de ellos. Después otros dos más que sí estaban en las listas oficiales.
Es decir que allí en Barrio Chalet había casi una decena de muertos. ¿De dónde salen, entonces, esas cifras oficiales? En la mañana del martes 29 cuando se vino toda el agua escucho temprano que una directora del barrio Santa Rosa de Lima convoca a todo el barrio para que se llegue a la escuela. Llama a la radio y el intendente dice que la directora de la escuela 1298 se quede tranquila porque el agua no va a estar ahí como tampoco en el barrio Chalet ni en Centenario... nos pidió tranquilidad. Ese fue el intendente Marcelo Álvarez. Yo me quedé ahí y pude subir a un techo porque tengo un poco más de treinta años, pero hay mucha otra gente que no tiene el techo y tiene más años y qué pasó con ellos... quedó atrapada esa gente. En Santa Rosa el agua entró a las cinco de la tarde y les dijeron que no iban a tener problemas. Después el agua llegó a eso de las siete al barrio Chalet. A nadie le importó decir esas cosas...”