Roberts (1993) elabora una teoría explicativa de la estrategia referencial proponiendo un modelo perceptivo figura-fondo, en el que las descripciones tienen la función de proporcionar una figura que facilita que el oyente escoja el referente por contraste con el fondo.
A. El modelo figura-fondo
En este modelo, la estrategia referencial consta de tres fases:
1) El contexto del discurso determina el fondo que contiene el referente.
2) Los gestos o acciones que acompañan el uso de la expresión referencial sirven para estrechar los alrededores físicos a una subsección que contiene el referente.
3) El contenido descriptivo asociado con la expresión referencial funciona como una figura que destaca al referente en virtud de un contraste con el segmento señalado del entorno físico.
Los pasos primero y segundo estrechan el fondo del cual debe ser escogido el referente, a diferencia del modelo predicativo tradicional en el que el referente es escogido en un dominio muy amplio.
En ocasiones, el uso de una expresión puede estrechar adecuadamente el fondo, de modo que no sea necesario utilizar gestos. Por ejemplo, al usar expresiones como ahora o yo no se requiere ningún tipo de estrechamiento si el oyente puede discernir el momento en que se usa ahora o el origen del sonido de yo. En cambio si se usa aquella oveja y hay varias ovejas en el entorno puede que sea necesario señalar para estrechar el fondo.
En cambio, el uso de gestos o acciones no es suficiente para estrechar el fondo y escoger el referente, puesto que podemos tocar a alguien en la espalda o dirigirle nuestra mirada mientras nos dirigimos a él mediante tú, pero podríamos hacer el mismo
gesto y pronunciar términos diferentes como aquel hombre o
nosotros y tendríamos referencias distintas. Por tanto, los gestos
y acciones no funcionan por sí mismos sino en conjunción con el contenido descriptivo de la expresión.
La figura comprendida en la referencia depende de los factores descriptivos del discurso que contiene la expresión referencial. Estos factores descriptivos pueden
1) Estar presentes en la misma expresión referencial, de dos modos:
a) Construido en el mismo elemento indexical; por ejemplo, el pronombre tú, que contiene el factor descriptivo “aquel a quien me dirijo”.
b) Separado del elemento indexical; por ejemplo, la descripción oveja grande en aquella oveja grande.
2) Ser suplidos por el contexto dependiente del discurso fuera de la expresión referencial. Por ejemplo, el contexto cuesta por
lo menos 20 millones limita el número de objetos a los que
podemos referir con la expresión eso en la oración: Eso cuesta
por lo menos 20 millones.
El contraste perceptivo de la figura sobre el fondo es un mecanismo completamente diferente de la predicación de verdad, utilizada por los lógicos. Las figuras no tienen que ser verdad de lo que ellas escogen de un fondo; la verdad puede ayudar, pero no es necesaria ni suficiente, como se muestra en los siguientes ejemplos:
73. Aquel hombre con un solo riñón es amigo mío. 74. Aquel hombre con el martini es amigo mío.
Si ambas oraciones se pronuncian en una fiesta, la primera será inútil desde el punto de vista comunicativo aunque sea verdadera, mientras que la segunda puede ser adecuada para la comunicación aunque en realidad fuera falsa (si en lugar de un martini su vaso contiene solo agua).
Puesto que las expresiones referenciales refieren en relación a un contexto, se hace necesaria una teoría del contexto que clasifique los distintos tipos de contextos que pueden proporcionar fondos para el establecimiento de referentes. Roberts organiza los tipos de contextos en tres grupos:
1) Cosas presentes en el entorno físico. Entrarían tanto cosas perceptibles como aquellas que no son perceptibles en el entorno, pero obviamente conectadas con cosas que están presentes y son perceptibles.
2) Contexto dependiente del discurso. Se trataría de factores verbales (palabras, oraciones, etc.) y acciones y gestos usados por los interlocutores en el discurso, cosas explícitamente mencionadas en el discurso (objetos y situaciones), cosas no mencionadas explícitamente en el discurso pero que se presuponen o infieren en lo que se dice en el discurso.
3) Cosas presentes en las preocupaciones de los
interlocutores, independientes de un discurso y que un
interlocutor sabe que están presentes en las preocupaciones del otro interlocutor.
En definitiva, para cualquier conversación existe un solo contexto inclusivo que está constituido por las personas y su conversación en un lugar espacio temporal. Un contexto incluye una gran variedad de entidades, incluidas en él a través de
modos diferentes en los que intervienen factores relacionados con la localización espacio temporal, con el discurso o con los interlocutores. El modelo figura-fondo es una estrategia general para guiar búsquedas a través de los contextos, de modo que ciertos tipos de rasgos estrechan inmediatamente los contextos. Roberts lo denomina teoría del direccionamiento de la atención.
B. Funciones del acto de referir
En la teoría del direccionamiento de la atención, la extensión es un resultado de la actividad de referir, más que un ingrediente esencial de tal actividad (como lo era en el modelo lógico). Conseguir este resultado es normalmente una meta mayor de los actos de referencia, pero no la única. Desde un punto de vista comunicativo, el acto referencial está constituido por tres funciones básicas:
a) Función especificativa: consiste en dirigir la atención (tanto del hablante como del oyente) hacia una cosa con el propósito de relacionar el resultado de esta función con otras cosas del discurso. La función especificativa expresa dos cosas: un modo de dirigir la atención hacia una cosa y un objeto al que se dirige la atención.
b) Función relacional: consiste en dirigir la atención (tanto del hablante como del oyente) hacia el resultado de la función especificativa como relacionada con otros objetos a los que se dirige la atención.
c) Función identificativa (para la audiencia): consiste en dirigir la atención de los oyentes hacia el referente de modo que puedan identificarlo.
el propósito de hablar de él, el hablante debe también tener la meta de usar medios apropiados (expresiones referenciales, acciones y gestos) para alcanzar esa referencia en el contexto. Otra meta es la de conseguir que el oyente discierna el referente. De hecho, no es condición necesaria tener un referente.
La existencia del referente es importante para aprender a referir y a comprender los actos de referencia. Una vez se ha aprendido a utilizar los mecanismos que subyacen a estos fenómenos, y uno es hábil en este juego, se pueden utilizar las técnicas de direccionamiento de la atención incluso cuando los objetos de referencia están ausentes. Si sabemos cómo referir, podremos usar expresiones referenciales para dirigir la atención a objetos que ni siquiera existen.
Por otra parte, la referencia tiene una base empírica que depende de la experiencia y las creencias humanas y ambas son falibles. Por tanto, la referencia puede contener una conexión equivocada entre el uso de una expresión referencial y un referente. El hablante puede producir conexiones erróneas, pero puesto que aplica el modelo que sustenta el mecanismo referencial, como el de figura-fondo, los oyentes podrán discernir la presencia o ausencia de referente conforme a este modelo.
En conclusión, la teoría del direccionamiento de la atención de Roberts plantea una explicación general de los mecanismos que los hablantes y oyentes hacen valer para expresar su intención de referir a objetos y entidades. En un paradigma comunicativo, no interesa tanto el hecho de que las entidades existan o no, o si la descripción usada por un hablante es o no correcta desde el punto de vista intelectual.
Lo que interesa es que el hablante utilice adecuadamente el mecanismo referencial para: especificar un objeto con el fin de
hablar de él, identificar cierto referente a su audiencia y relacionar ese referente con lo que se dice de él.