4.7. DATA ANALYISIS AND INTERPRETATION
4.7.4. THEME 3: Influence of Environmental Education
4.7.4.1. Shaping learners’ behaviour and the influence of EE on individuals
La filosofía del lenguaje, en su dimensión ontológica, se plantea qué tipos de objetos constituyen la realidad: concretos, abstractos, etc. y qué hacer con las expresiones que nombran objetos que no existen, como el círculo cuadrado.
En su dimensión lógica, el interés sobre la referencia se centra en conocer las relaciones entre el lenguaje y la realidad, dado que aquél es el medio usual para llevar a cabo los razonamientos lógicos y filosóficos. Ciertas paradojas y contradicciones que el lenguaje permitía deducir pusieron en guardia a los filósofos acerca de la ligereza con la que se utilizaba el lenguaje para probar ciertos axiomas. Los filósofos se han preocupado especialmente de las causas por las que, en ocasiones, las expresiones del lenguaje pierden su conexión con la realidad (expresiones que carecen de referentes en el mundo real) o de que ciertas leyes lógicas, especialmente la sustitución de idénticos o la generalización existencial, puedan dar lugar a deducciones incorrectas. Este interés ha sido el motor de gran parte de los estudios y reflexiones sobre la referencia. El objetivo primordial de la lógica, en el estudio de la referencia, consiste en averiguar la referencia de las expresiones para conocer cuál es el valor de verdad que aportan a la proposición de la que forman parte. Si el referente al que una expresión alude no existe, la proposición será falsa o carecerá de valor de verdad, por lo que las deducciones que se puedan establecer a partir de ella también serán falsas. Si una proposición contiene una expresión que dé lugar a ambigüedad, de modo que alguna de las lecturas
pueda carecer de referencia, habrá que tener especial cuidado en cómo se usa para no incurrir en errores.
El objetivo de la lingüística, sin embargo, es estudiar el valor comunicativo que aportan las expresiones referenciales a la comunicación, en general, y a cualquier acto de habla en particular. De ahí que, en los estudios lingüísticos se haya rechazado el problema de los vacíos referenciales. No importa que los unicornios, los fantasmas o el primer bebé que nazca en el
año 2100 sean o no entidades que existan en el mundo real. Lo
que importa, desde el punto de vista comunicativo, es el hecho de que los hablantes pueden referirse a ellos y que su interlocutor comprenda esta referencia. De este modo, los conceptos lógicos de verdad y existencia carecen de interés. Volvamos a la clásica proposición:
57. El rey de Francia es calvo.
Desde el punto de vista lógico, puesto que no existe ningún individuo del que se pueda predicar que es ‘el rey de Francia’, el uso de esa expresión en el contexto actual carecería de referente, por lo que la proposición sería falsa o carecería de sentido.
Desde el punto de vista comunicativo, las conclusiones son bastante diferentes. Pensemos en la siguiente situación: dos personas están viendo las noticias en la televisión y dan una noticia sobre algún asunto de la política en Francia y aparece Chirac en las imágenes. Una de las personas que está viendo la televisión, podría decir El rey de Francia es calvo. Dado este contexto, resulta difícil interpretar que la expresión el rey de
Francia carece de referente. Podemos decir que ha utilizado una
descripción incorrecta, y así se lo puede hacer ver su interlocutor, si es que él sabe que en Francia no hay rey puesto que se rige por una república, o podemos pensar que el hablante
ha querido establecer un paralelismo entre el rey, como figura monárquica, y el presidente, como figura de la república, o podrán darse otras interpretaciones. Pero lo cierto es la expresión sigue siendo referencial aunque no exista nada en el mundo que sea el rey de Francia. Lo que debe importarnos, desde un punto de vista comunicativo, es que el hablante
pretende referir a algo y ha dispuesto su discurso de tal forma que su interlocutor sabe que debe identificar un referente.
La filosofía y la lógica se interesan en definitiva por la realidad, mientras que a la lingüística interesa conocer cómo el estado de hechos que los hablantes comunican y cómo llegan a comunicarlo, independientemente de que ese estado de hechos se corresponda o no con la realidad.
El objetivo filosófico-lógico es confrontar lenguaje y realidad, lo que interesa es averiguar la existencia en el mundo del objeto al que correspondería una determinada expresión. Para determinar el valor verdadero o falso de la proposición es necesario verificar la existencia en el mundo de un objeto o individuo que reúna las características mencionadas en el contenido descriptivo de la expresión referencial. El objetivo lingüístico es, por el contrario, comunicativo. Lo que interesa es si una determinada expresión tiene capacidad para introducir en el discurso una entidad de la que los interlocutores puedan hablar.
El lenguaje es un instrumento de comunicación y el objeto de esa comunicación lo constituye la propia realidad, pero también los hechos o eventos que pueden ocurrir en el futuro o los que podrían haber ocurrido en lugar de otros reales. Como ha señalado Roberts (1993) la existencia del referente, la verdad de la descripción usada para referir a cierto objeto son importantes para aprender a referir, pero una vez se ha
aprendido a usar la estrategia referencial, se puede utilizar para referir a objetos inexistentes o para referir a objetos con una descripción que no es verdadera de ese referente. Los errores en la descripción de un referente, o la combinación de la función referencial con otras funciones del lenguaje, como la poética, el empleo irónico de una determinada descripción, las metáforas, personificaciones, etc., deberán ser analizados después de establecer las reglas que rigen el uso normal, lo que constituye la “norma” en el uso de expresiones referenciales.