4.7. DATA ANALYISIS AND INTERPRETATION
4.7.3. THEME 2: Practices in teaching Environmental Education
Para establecer criterios válidos para la definición de expresión referencial desde el punto de vista lingüístico es necesario tener presente que las posibles interpretaciones semánticas de las expresiones referenciales pueden no coincidir con las interpretaciones que los filósofos han propuesto, pues filósofos y lingüistas difieren en los fundamentos disciplinares, los objetivos y los métodos de análisis que emplean. Por ello, en primer lugar
reflexionaremos sobre las relaciones y, sobretodo, diferencias entre filosofía y lingüística (apartado 2.2.1). Veremos que, mientras la filosofía contrasta el lenguaje con el mundo real, a la lingüística le interesa el lenguaje en cuanto que codifica lo que el hablante quiere comunicar, lo que no siempre coincide con lo real. Por otra parte, la lingüística se interesa por las relaciones entre distintas expresiones referenciales que, en un mismo discurso, refieren a una misma entidad.
A continuación estudiaremos los fenómenos de referencia (apartado 2.2.2) y correferencia (apartado 2.2.3) desde el punto de vista lingüístico y, más específicamente, pragmático, como una estrategia comunicativa que usan los hablantes para codificar y decodificar las expresiones referenciales que usan.
2.2.1. Filosofía frente a lingüística
La referencia ha sido motivo de reflexión y estudio en semántica filosófica y lingüística. Los diferentes estudios han permitido avanzar en la investigación sobre la naturaleza de la referencia y cada uno de ellos constituye una pieza que contribuye a completar el puzzle hacia una teoría completa sobre la referencia. Las aportaciones desde los distintos campos no deben ser tomadas, pues, como compartimentos estancos. Cada una de ellas debe ser tenida en cuenta por las restantes, en la medida que cada una de ellas contribuye a explicar el fenómeno referencial. Ahora bien, puesto que filosofía y lingüística persiguen distintos fines y, en consecuencia, aplican distintos criterios, conviene no perder de vista cuáles son los objetivos y las perspectivas que adopta cada una de ellas para que no se produzcan errores en la consideración de los conceptos.
puntos de vista. Como señala Leech (1974:13):
(...) la semántica ha sido el punto donde han confluido varias corrientes contrapuestas del pensamiento y diversas disciplinas de estudio: tanto la filosofía como la psicología y la lingüística afirman que tienen un gran interés por el tema; pero sus intereses en realidad son diversos a causa de sus distintos puntos de partida: para la psicología será el comprender la mente; para la lingüística, el lenguaje y las diversas lenguas; y para la filosofía, cómo sabemos lo que efectivamente sabemos, las reglas del razonamiento correcto y la evaluación de la verdad y la falsedad.
El estudio semántico de la referencia se originó, como hemos visto, en el seno de la filosofía del lenguaje y la filosofía analítica. La lingüística se hará eco de estas investigaciones y retomará los hallazgos hechos por filosófos y lógicos, sin tener en cuenta, en muchas ocasiones, los diferentes objetivos que interesan a unos y otros. Por ello, es necesario examinar cuáles son los objetivos propios de la lingüística para poder dejar al margen los principios o criterios que no interesan bajo nuestro punto de vista. Como señala Lyons (1977:176):
El problema fundamental para el lingüista, en lo que concierne a la referencia, consiste en elucidar y describir la manera como utilizamos la lengua para llamar la atención sobre lo que estamos diciendo. En muchas situaciones, no está claro –sin presentar, por lo demás, graves consecuencias– saber si un hablante queda implícitamente comprometido, por las palabras que enuncia, a creer en la verdad de determinadas proposiciones existenciales; más aun, el hablante raramente usa una expresión de referencia con el propósito de comprometerse ontológicamente. Sin duda la filosofía y la lingüística convergen en el estudio de la referencia y cada cual puede beneficiarse de la discusión conjunta sobre las nociones afectadas. Pero sus intereses primordiales permanecen separados y hay que contar, pues, con que una disciplina considere crucial lo que para la otra es secundario, y viceversa.
En su capítulo “Referencia, sentido y denotación”, se plantean los principales conflictos entre filosofía y lingüística, que analizamos en los siguientes puntos:
a) LAS CONDICIONES DE VERDAD Y LA REFERENCIA: REFERENCIA
CORRECTA Y REFERENCIA ACERTADA. Los filósofos están
interesados en la verdad de las descripciones respecto de los objetos que representan. El referente debe satisfacer la descripción que se da de él para que se produzca referencia. Los lingüistas, sin embargo, entienden que hay referencia aún cuando la descripción no sea verdadera del referente. Por ejemplo, el hablante y el oyente pueden creer erróneamente que cierta persona es el cartero cuando, en realidad, no lo es. Sin embargo, puesto que comparten esta creencia, pueden referir efectivamente a ese individuo mediante la expresión el cartero y producirse efectivamente la referencia. Lyons distingue ambos casos con las denominaciones de «referencia correcta» y «referencia acertada», respectivamente. De este modo, se rechaza la noción de “satisfacción” utilizada por los lógicos, que presupone o implica verdad, y se sostiene que “la noción más básica y general que gobierna el uso de las descripciones definidas consiste en suponer al oyente capaz de identificar el referente por las propiedades que se le adscriben, correctamente o no, en la descripción” (Lyons, 1977:174).
b) LA CONDICIÓN DE EXISTENCIA. Los filósofos entienden que un
hablante, al usar una descripción definida, afirma o presupone la existencia de cierto referente. Lyons opina que la existencia es un concepto engañoso y que “hay que prever distintos tipos para referentes ficticios o abstractos (o, de otro modo, hay que demostrar cómo se relacionan estos tipos de existencia aparentemente diferentes con la existencia física del continuo espacio-temporal y de los objetos discretos)” (Lyons, 1977:175).
por los lógicos en la referencia definida singular, debe entenderse desde el punto de vista lingüístico en un sentido restringido y dependiente del contexto. Si decimos El gato no
ha estado en casa en todo el día, eso no nos compromete a
creer que sólo existe un gato en el mundo y sólo a él puedo referirme con esa expresión. Más bien, lo que se desprende es que la descripción junto con las características del contexto permitirán a mi interlocutor identificar al objeto específico al que me refiero.
Kronfeld (1990) destaca el interés lingüístico por la
comunicación, frente al interés de la filosofía por establecer
relaciones entre el lenguaje y el mundo real. Por otra parte, señala la importancia que tiene para el lingüista el análisis de los textos, frente a la filosofía que tan sólo utiliza oraciones aisladas del sistema y se ocupa de sus significados potenciales. En consecuencia, a los lingüistas no interesa sólo la referencia, o relación entre las expresiones y los referentes, sino también la
correferencia, relación entre distintas expresiones que refieren
al mismo referente en un determinado texto.
Así pues, desde el punto de vista lingüístico debemos:
1) Rechazar la distinción expresión referencial vs. expresión no referencial basada en el criterio de existencia de los referentes en la realidad extralingüística y admitir la posibilidad de que las expresiones referenciales refieran a entidades ficticias.
2) Rechazar el criterio de la satisfacción de las descripciones, sustituyéndolo por un criterio que tenga en cuenta la satisfacción de la comunicación, y distinguir entre referencia correcta y referencia acertada.
3) Tener en cuenta el contexto lingüístico y la situación enunciativa para evaluar el referente al que alude una expresión.