CHAPTER 5: ANALYSIS OF ARCHITECTURE PARTICIPANTS‘ 3D MENTAL
5.1 Forms of Visualization
5.1.2 Forms of Visualizations within Tasks
La inclusión de la cultura en las políticas públicas y del desarrollo ha estado muy unida al contexto histórico y social en el que se han desarrollado estas polí- ticas. Después de la Segunda Guerra Mundial, en noviembre de 1945 se crea la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(UNESCO), que va a coordinar y marcar estándares para establecer acuerdos a ni- vel mundial en materia de educación, ciencia y cultura. En los años cincuenta el interés por la cultura se relaciona con el diálogo intercultural y con la misión de la paz. En los años sesenta, en la época de la descolonización, la importancia de la cultura adquiere una nueva dimensión y fuerza. Con la emancipación política de los pueblos y con la toma de conciencia respecto a su identidad cultural apa- recen voces críticas que cuestionan la idea de que la modernización deba suponer necesariamente una occidentalización y se reivindica el derecho a contribuir a la modernidad conforme a las propias tradiciones. A los conflictos de la descoloni- zación se suman la guerra fría y las contradicciones entre los bloques del Este y del Oeste, lo que conduce a un clima poco proclive a la cooperación en materia de
Evolución del concepto de cultura en las políticas de UNESCO.
Prioridades internacionales
Acción normativa: cultura y desarrollo, género. UNESCO y tendencias globales
´90
1995: IV Conferencia Mundial sobre la Mu-
jer en Beijing. Declaración. Plataforma de
Acción de Beijing. Enfoque Género en el De- sarrollo (GED).
1999: Protocolo Facultativo de la CEDAW.
2000-2008
2001: Declaración Universal sobre la Diversi- dad Cultural
2003: Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial.
2005: Convención sobre la protección y la
promoción de la diversidad de las expresiones culturales.
2000: Declaración y Objetivos de Desarrollo del Milenio.
2004: Informe PNUD sobre desarrollo hu- mano: Desarrollo humano y libertad cultural.
2005: Declaración de París sobre eficacia de la ayuda al desarrollo.
2007: Declaración de las Naciones Unidas so- bre los derechos de los pueblos indígenas. • La diversidad cultural como parte del «pa-
trimonio común de la humanidad» (2001). • Patrimonio mundial inmaterial (2003). • Políticas culturales y cooperación cultural
para el desarrollo. Cultura en la lucha contra la pobreza. Objetivos del Milenio.
cultura. A pesar de estos obstáculos, la UNESCO decide dar una nueva vuelta de tuerca a la paz a través de la cultura y proclama en 1966 la «Declaración de los
Principios de la Cooperación Cultural Internacional». Según este documento, «toda cultura tiene su dignidad y un valor que deben ser respetados y protegidos; todo pue- blo tiene el derecho y el deber de desarrollar su cultura; en su fecunda variedad, en su diversidad y por la influencia recíproca que ejercen unas sobre otras, todas las culturas forman parte del patrimonio común de la humanidad» (art. I). La cooperación cul-
tural en esta declaración se entiende como un instrumento para difundir los co- nocimientos; desarrollar relaciones pacíficas y de amistad entre los pueblos; con- tribuir a la aplicación de los principios de las Naciones Unidas; mejorar en todas las regiones del mundo las condiciones de la vida espiritual del ser humano y las de su existencia material; hacer que todos las personas tengan acceso al saber, dis- fruten de las artes y de las letras de los diferentes pueblos, se beneficien de los pro- gresos logrados por la ciencia, y que puedan contribuir también por su parte al en- riquecimiento de la vida cultural (art. IV). Estos principios de la cooperación cultural se centran en valores culturales que promocionan la amistad y la paz en- tre los pueblos. La cuestión de la igualdad entre hombres y mujeres todavía no era una prioridad en la agenda.
A partir de los años setenta, con el fracaso cada vez más evidente de los pro- yectos implementados de la cooperación, se plantea que el desarrollo no es sinó- nimo de progreso económico. El valor de la cultura debe considerarse como un componente estratégico para lograr el desarrollo integral, con lo cual las diferen- cias culturales dejan de ser consideradas como un obstáculo para ser apreciadas como oportunidades para el desarrollo. En aquella época la UNESCO reforzó sus trabajos en este tema y organizó una serie de conferencias sobre las políticas cul- turales, en las que se profundizó la conexión entre la cultura y el desarrollo. Di- cha serie empieza en Venecia en 1970, donde se celebra la Conferencia Intergu-
bernamental sobre los Aspectos Institucionales, Administrativos y Financieros en las Políticas Públicas, y culmina en México en 1982, con la Conferencia Mundial so- bre las Políticas Culturales (Mondiacult). La tendencia es identificar la cultura con
el desarrollo y el desarrollo con la cultura. En la Conferencia de México se aprueba una nueva definición de cultura, que entiende la cultura no sólo desde el enfoque de las bellas artes y del patrimonio, sino también desde una visión más antropológica, de las ciencias sociales y de los derechos humanos. «La cultura
puede considerarse como un conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, in- telectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser hu- mano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias» (UNESCO, 1982:1). En
la Declaración de México, en la sección dedicada a la cultura y la democracia, se inscribe un párrafo que reconoce la necesidad de eliminar las desigualdades basa- das en el sexo, en el origen, en la posición social, la educación, la nacionalidad, la edad, la lengua, la religión o la pertenencia a grupos étnicos, minoritarios o mar- ginales, a fin de garantizar la participación de todos los individuos en la vida cul- tural (art. 22).
El principio de la no-discriminación y de la igualdad de género adquirió re- levancia en las políticas culturales sobre todo a partir de los años noventa. Este he- cho tiene que ver con la inclusión de la perspectiva de género en la agenda inter- nacional y con los logros de las conferencias internacionales sobre las mujeres, sobre todo de la Conferencia de Beijing de 1995. Tres años después del Decenio
de las Naciones Unidas para la Mujer (1975-1985), la UNESCO declara la década
1988-1997 como el Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural. En este marco se crea la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo, y se intensifican las refle- xiones internacionales en torno al rol de la cultura en el desarrollo y a la necesi- dad de la inclusión de la dimensión cultural en las políticas de la cooperación. El Consejo de Europa contribuye a este debate con la publicación: In from the Mar-
gins. A Contribution to the Debate on Culture and Development in Europe (1997).
Este informe reconoce la necesidad de explorar el papel de la cultura en el desa- rrollo sostenible, tanto en términos económicos como en los vinculados a la inte- gración y al bienestar social. Según el documento, la política cultural necesita precisar sus objetivos y redefinir sus estrategias para adaptarse a las realidades de- mocráticas cambiantes y a las nuevas tendencias marcadas por la globalización. En 1996 la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo concluye su trabajo con el in- forme: Nuestra Diversidad Creativa; un documento que marca un giro en las po- líticas culturales, señalando al valor de la diversidad creativa y de la libertad cul- tural como dimensiones fundamentales del pluralismo cultural. El informe visibiliza también la importancia de la cuestión del género y de los derechos de las mujeres en materia de cultura. Según el documento, «cuando la cultura se consi-
dera como base del desarrollo, la noción misma de ‹política cultural› debe ampliarse. Toda política de desarrollo debe ser profundamente sensible e inspirarse en la cultura (…). Ello implica promover la creatividad (…). Además, supone adoptar una pers- pectiva de género que tenga en cuenta las preocupaciones, necesidades e intereses de las mujeres y un esfuerzo por redistribuir más equitativamente los recursos y el poder en- tre los hombres y las mujeres. Supone igualmente una diversificación significativa de la noción de ‹patrimonio cultural› en el proceso de transformación social (…) y exige un nuevo tipo de investigación» (UNESCO, 1996:155).
En Nuestra Diversidad Creativa se dedica un capítulo a las cuestiones relacio- nadas con las mujeres, el género y la cultura. Se reconoce que últimamente género y cultura se han politizado de manera significativa, y que esto afecta decisiva- mente a los derechos de las mujeres así como al lugar que ocupa la cultura en el desarrollo. En este contexto se considera especialmente importante tratar de evi- tar la doble trampa del etnocentrismo y del eurocentrismo por un lado, y por otro, las formas de relativismo cultural radicalizadas, que en nombre de la «dife- rencia» niegan a las mujeres sus derechos humanos elementales. Se observa tam- bién que para alcanzar una verdadera diversidad cultural hay que reconocer ple- namente la riqueza que supone el talento y la labor de las mujeres. Se hace hincapié en la importancia y la necesidad de un inventario del patrimonio cultu- ral femenino. Se considera que la práctica del pluralismo cultural debe basarse en el principio de igualdad y que en el proceso de la transversalidad de género debe
incorporarse la variable de la interseccionalidad, reconociendo que la experiencia humana es diversa en dependencia a diferentes factores vinculados a la identidad étnica, la opción sexual, la edad, la religión, etc. Respecto a los derechos cultura- les colectivos, el informe establece que éstos no pueden contradecirse con los de- rechos individuales, en particular con los derechos de las mujeres. Por último, el documento establece diez líneas de acción de la agenda internacional entre las cuales se encuentra un plan para promover la igualdad de género. En este plan se reconoce plenamente a la Plataforma de Acción de Beijing, y se insta en la nece- sidad de la adopción de la perspectiva de género y la eliminación de las desigual- dades entre mujeres y hombres como un elemento esencial en las políticas cultu- rales y en la planificación del desarrollo. Se enfatiza el empoderamiento de las mujeres y se rechaza la cultura de la violencia. Aparte de las recomendaciones res- pecto a la política internacional, la legislación y la actividad empresarial de las mu- jeres y su acceso a los micocréditos, se considera necesario promover estrategias es- pecíficas para movilizar a las mujeres y permitir que tomen conciencia de sus opciones como creadoras y productoras de cultura. En este marco se recomienda: la recopilación y la transmisión del conocimiento de las mujeres en todos los cam- pos; la contribución cultural de las mujeres a las artes, la artesanía, la poesía y la tradición oral; las iniciativas de las mujeres en los medios de comunicación y las artes; la celebración de la labor de las pioneras, así como de las innovaciones y contribuciones de las mujeres en la ciencia, la educación y la cultura; la promo- ción y el apoyo a los grupos de mujeres que trabajan en áreas donde la cultura y el desarrollo se entrecruzan; la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones; en la cultura de la salud; en la actividad empresarial; y la le- gitimación de los modelos culturales femeninos que favorecen el espíritu de lide- razgo y otras acciones dirigidas por mujeres (acción 5).
Nuestra Diversidad Creativa constituye un punto de partida para la Confe- rencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el Desarrollo celebrada en
1998 en Estocolmo. En esta conferencia patrocinada por la UNESCO se refuer- zan y se estimulan las tendencias que reconocen la importancia de la dimensión cultural en el desarrollo, y de la perspectiva de género como un campo multisec- torial que debe abordarse continuamente en las políticas culturales y en los deba- tes internacionales. Se considera que pese a los logros legislativos encaminados a la igualdad de género, en la práctica se han conseguido pocos resultados concre- tos, y que las oportunidades brindadas a las mujeres en el campo de la cultural si- guen siendo escasas. En este marco la Conferencia de Estocolmo afirma que las políticas culturales han de promover la creatividad en todas sus formas, facili- tando el acceso a las prácticas y experiencias culturales para las mujeres en igual medida que para los hombres (afirmación 5). Además: «las políticas culturales han
de respetar la igualdad entre los sexos, reconocer plenamente los derechos de la mujer en iguales términos que los de los hombres, su libertad de expresión, garantizando el acceso de mujeres a puestos de responsabilidad» (afirmación 8).
A finales de los años noventa y a comienzos del siglo XXI hay un cambio per- ceptible en las políticas internacionales relacionado con la integración de la cul-
tura como una dimensión fundamental en las estrategias internacionales del de- sarrollo puestas en práctica por la Naciones Unidas. Se considera un logro con- signar la cultura como un derecho inalienable, indispensable para desarrollo de las personas y de los países. La cultura, reconocida social y políticamente, se entiende como un elemento de expansión de la creatividad, de la imaginación y de la ca- pacidad transformadora de la realidad. En el actual paradigma la cultura es del pueblo y no de una clase social privilegiada. No debe por tanto representar los in- tereses de un grupo reducido, sino reflejar la diversidad y la pluralidad de las vo- ces, basándose en la participación ciudadana, en el dialogo, en el reconocimiento y en el intercambio de las experiencias culturales diversas. La cultura debe tras- mitir los valores de la igualdad y de la creatividad. Se requiere garantizar el acceso universal a la cultura, así como superar constantemente las tendencias a la desi- gualdad y a la jerarquización. Se trata de crear oportunidades reales para el enri- quecimiento humano y el acceso al conocimiento y a la información. La cons- trucción de la nueva ciudadanía basada en estos valores debe pasar obligatoriamente por un proceso de reestructuración cultural, lo que implica la potenciación de la creatividad y la garantización de las condiciones en las que ésta se pueda desarrollar sin perjuicios sociales. En este sentido es importante que la gente se pueda expresar sin temer que sea estigmatizada por su pensamiento o su identidad cultural. Estos avances en las políticas culturales no pueden darse sino con la toma de conciencia ciudadana sobre los derechos humanos y sobre los principios de la igualdad de género. Si hablamos de la democratización de la cul- tura no podemos excluir a la mitad de la población, por lo que las mujeres deben participar activamente en estos procesos. Es también una responsabilidad de los poderes públicos y de los medios de comunicación que los estereotipos de género dejen de ser reproducidos, y que el interés y la voluntad se pongan en la transmi- sión de los valores de la igualdad. No debemos olvidar que la creatividad ciu- dadana sobre la cual se habla en las políticas culturales implica una transforma- ción de la cultura y de los modelos de género dominantes.