Leonides del C. Fuentes*
*Facultad de Psicología y Psicopedagogía, Pontificia Universidad Católica Argentina. Corresponden- cia: Arcos 1786 1º A, (1426) CABA. Correo electrónico: [email protected]
Fecha de recepción: 15 de junio de 2018 - Fecha de Aceptación: 18 de octubre de 2018
Resumen
La distinción conceptual entre espiritualidad y religiosidad es muy compleja, ya que tienen características que se superponen, sin embar-
go, su significado último es diferente.
Ambas variables no son conceptos excluyen- tes y pueden solaparse o existir separadamen- te, por lo tanto, deben ser cuidadosamente ca- tegorizados e interpretados.
El presente artículo se propone presen-
tar el estado del arte relativo de las definicio- nes de los términos espiritualidad y religio- sidad en el campo de la psicología como así también, indicar similitudes y diferencias.
Palabras claves: Espiritualidad, psicolo- gía, religión, religiosidad, salud mental.
Abstract
The conceptual distinction between spiritua- lity and religiosity is very complex since they have overlapping characteristics. However,
their ultimate meaning is different. These
variables are not mutually exclusive and can either overlap or exist separately; therefore, they must be carefully categorized and inter- preted.
The article presents a conceptual review
of the definitions of the terms spirituality and religiosity in the field of psychology indi-
cating similarities and differences between
them.
Key words: Spirituality, religiosity, reli- gion, psychology, mental health.
Introducción
Dado que todas las religiones intentan pro- mover la espiritualidad a través de sus prin- cipios, existe una gran confusión acerca del dominio de las variables religiosidad y espi- ritualidad.
Ambas no son conceptos excluyentes y pueden solaparse o existir separadamente, por lo tanto, deben ser cuidadosamente cate- gorizados e interpretados.
Inicialmente se equiparó espiritualidad a la práctica de la religión, entendida ésta como el conjunto de instituciones que for- mulan, organizan, administran o coordinan el instrumental de teorías, doctrinas, dogmas, preceptos, normas, signos, ritos, símbolos, celebraciones o devociones, en torno a una creencia trascendental y a través de las cuales se conservan, cultivan o expresan colectiva- mente las experiencias espirituales persona- les (Richards y Bergin, 2005; Rodríguez,
Fernández, Pérez & Noriega, 2011).
A principios del siglo XX, la psicología
da un carácter científico a los fenómenos del
comportamiento espiritual-religioso con lo cual surge la llamada psicología de la reli- gión, que tuvo aportaciones de todas las co- rrientes psicológicas en su desarrollo, como el conductismo, el psicoanálisis, la psicolo- gía humanista y transpersonal. Especialmen- te en Europa y Estados Unidos surge como un área de la psicología propiamente (Koen- ning 2009).
La psicología de la religión es la rama de la psicología aplicada y de la ciencia de la religión, que abarca las manifestaciones psi- cológicas vinculadas a la práctica religiosa. El centro de estudio son las creencias, activi- dades y experiencias religiosas desde el pun- to de vista psicológico; las creencias religio-
sas tienden a ser codificadas y se refieren más
a las ideas que a las prácticas (Font, 1999)
Ambos conceptos presentan dificultades a la hora de ser definidos. Durante la mayor parte
del siglo XX, los principales expertos de la psicología social de la religión: Starbuck, Ja-
mes, Durkheim y Leuba (Rohrbaugh & Jes- sor, 1975) estaban de acuerdo en que el ele- mento clave de la religiosidad era la creencia personal en una realidad trascendente como
Dios, en el mundo del espíritu, o en un cierto orden no visible.
Se fue configurando una visión multi- dimensional de la religiosidad que, si bien reconocía la centralidad de las creencias re- ligiosas, abarcaba también otros aspectos como: la experiencia afectiva que implica, y la participación en rituales como rezar o acu-
dir a la iglesia o al templo (Glock & Starck,
1965).
El presente artículo se propone presentar
el estado del arte relativo de las definiciones
de los términos espiritualidad y religiosidad en el campo de la psicología como así tam- bién, indicar sus similitudes y diferencias.
Religiosidad. Definiciones desde la Psi- cología de la Religión.
La evaluación sistemática del fenómeno de la
religiosidad se inicia a fines de la década del
60 del siglo pasado con los estudios realiza- dos por Allport y Ross (1967) quienes indi- can dos tipos de religiosidad: a) religiosidad intrínseca (o personalizada) cuya caracterís- tica principal sería la interiorización de la creencia religiosa, y b) religiosidad extrínse- ca (o sociodependiente) orientada al cumpli- miento de las normas.
Fehring, Miller y Shaw (citado en Mar-
tínez, Méndez & Ballesteros, 2004) conside- ran que la religiosidad intrínseca, concierne a la espiritualidad como tal. Probablemente esta sea una de las bases para entender por qué muchas veces se superponen ambos con- ceptos, ya que el centro de ambos es la rela- ción con una divinidad.
Una manifestación particular de la reli- giosidad intrínseca es la oración, actividad de
influencia positiva que ejerce en el manteni- miento y restitución de la salud, o en la pro- longación de la vida de quienes la emplean (González, 2004).
Almanza Muñoz, J., Monroy Puente, M.
Bimbela, A.& Holland, J. C. (1999) definen a
la religiosidad como la experiencia espiritual
que manifiesta conductas de una determina- da religión formal mediante unas creencias,
prácticas y rituales específicos.
Rivera-Ledesma & Montero-López
Lena (2007) consideran que el concepto de Religiosidad se contrapone al de Espiritua- lidad, conceptualizando a la Religiosidad como una dimensión que se vive en lo social, siguiendo ritos, normas, comportamientos, conocimientos y valores que pautan la vida de los creyentes interesados en la búsqueda de lo divino, aunque no necesariamente en búsqueda de la experiencia de lo divino. Me- diante estos ritos, normas y comportamien- tos, la religiosidad adoctrina y congrega a las
personas, confiriendo a los creyentes conoci- mientos que les facilitaría la búsqueda de lo divino.
Shafranske & Sperry (2005) señalan que las definiciones de Espiritualidad y re- ligiosidad que obtienen mayor consenso son
aquellas que se refieren a la Espiritualidad
como una realidad “incorpórea” orientada a la trascendencia, y referida a la experiencia religiosa personal, y en la que la religiosidad es entendida como una entidad social que po- see una teología, un conjunto de tradiciones,
normas y rituales definible
Los investigadores Zwingmann, Müller,
Körber & Murken (2008), refieren que la re- ligiosidad consiste en una serie de actitudes, valores o prácticas vinculadas con un poder divino o “trascendente, que se basa o no ex-
plícitamente en el sistema de creencias de una tradición religiosa. Realizaron un estudio que investigó la relación entre religiosidad y ajuste psicosocial, distinguiendo entre com- promiso religioso disposicional (entendido como la importancia de la religiosidad en la vida propia) y el afrontamiento religioso en
una situación específica (entendido como la
manera en que se apoyan los “pacientes” en su fe religiosa en una situación crítica).
Nervi Vidal (2011) postula que la reli-
giosidad se refiere al sistema de creencias to- madas con valor de verdad absoluta que per- miten y marcan una forma concreta de vivir la Espiritualidad. Es un camino concreto de relacionarse con Dios y, por lo tanto, debería llevar implícito el carácter espiritual
Piedmont & Friedman (2012) formulan
que la religiosidad no es considerada como un constructo motivacional o rasgo de la
personalidad, sino que se define como un
sentimiento, concepto que toman de autores clásicos de la psicología como Ruckmick
(1920 en Piedmont & Friedman 2012) y Woodworth (1940 en Piedmont & Friedman 2012), para quienes estos sentimientos refle- jan tendencias emocionales que se desarro- llan a partir de las tradiciones sociales y de las experiencias educativas.
Para Wnuk & Marcinkowski, (2014) la
religiosidad y la Espiritualidad otorgan un
sentido a la vida e influyen de manera positi- va en el bienestar psicológico y satisfacción con su vida en una persona.
García Alandete (2002) señala que reli- giosidad también puede entenderse mediante la expresión en la conducta personal de la re- lación del hombre con Dios, en términos de experiencia religiosa, insertada en un contex- to histórico, social y cultural determinado.
Otro modelo llamado de comprensión moderna aborda el concepto de la religiosi- dad como un subconjunto de la Espirituali-
dad y finalmente otros investigadores utili- zan un modelo más abarcativo, que recibe el nombre de comprensión moderno-tautológi- co que toma en consideración aspectos de la salud mental y del bienestar en general en su
definición de Espiritualidad (Koenig, 2008).
Según Milanesi y Aletti (en Gallego-Pé-
rez, García-Alandete & Pérez- Delgado,
2007) la religiosidad se enmarca dentro de
la tentativa de “dar un significado” al hom- bre, al mundo y a la relación entre ambos, de modo que la experiencia religiosa se halla íntimamente vinculada al fenómeno humano
de la búsqueda de significado de la realidad,
en su sentido más amplio, y, de manera espe- cial, de la existencia personal.
Es de destacar que con el aumento de las prácticas espirituales no-religiosas, la se- cularización de instituciones y el desinterés en los elementos sobrenaturales las investi- gaciones se van centrando más en el estudio de la Espiritualidad que en la religiosidad. Por otra parte, ambos conceptos han variado
en su definición y es posible identificar di- versos modelos que intentan describirlas, por un lado, el modelo llamado de comprensión tradicional histórica en la cual la Espiritua- lidad es concebida como subconjunto de la religiosidad y como un estado avanzado del ser religioso (Rizzuto, 2005).
Espiritualidad
Etimológicamente la palabra Espíritu, en he- breo Ruah, como en latín Spiritus, como en
griego Pneuma, significa soplo de aire o so-
plo animador (Grün, 2005).
La palabra espiritualidad proviene del occidente cristiano, Spiritualis que es una traducción de la palabra griega pneumatikos (según el espíritu o lleno de espíritu), de ahí
que significaría vivir desde el espíritu, vivir
a partir de la fuente del espíritu (Rodríguez et al., 2011).
El concepto de espiritualidad ha ido cobrando cada vez más importancia, sobre- pasa los límites de la religión y de la moral, especialmente en el mundo occidental o ju- deo-cristiano, hasta convertirse en un cons- tructo estudiado ampliamente por el campo de la salud (Koenig, 2008).
El Instituto Nacional de Investigaciones en el Cuidado de la Salud (NIHR National Institute for Health Research, 1997 citado
en Koening, 2000), definió la espiritualidad
como la búsqueda de lo sacro o lo divino a través de cualquier experiencia de vida. En este mismo período de tiempo la Asociación Americana de Consejeros (1995) señala que,
en cualquier caso, afirmada la independencia
entre el desarrollo espiritual y el hecho de ser o no religioso, la dimensión espiritual se des- cubre como una más, entre otras, inherentes a la evolución humana desde el nacimiento hasta la muerte.
Chochinov & Cann (en Beca, 2008) in- dican que se han referido más de 90 intentos
de definiciones de espiritualidad, las que in- cluyen conceptos tan variados como la rela- ción con Dios o un ser espiritual, algo supe-
rior a uno mismo, trascendencia, significados y fines de la vida, fuerza vital de la perso- na, vida interior, paz interior, comunión con otros, contacto con la naturaleza, relaciones con familiares y amigos, entre otras caracte- rísticas.
Pinto (2007) la define como un sistema
de guía interna, básico para el bienestar hu-
mano, que influye en la vida, la conducta y la salud, sin importar la filosofía, las creencias o
las prácticas religiosas de la persona.
Al definir la espiritualidad, los investi- gadores remarcan en el carácter individual o personal de la búsqueda de respuestas para interrogantes existenciales sobre la vida y
la muerte (Koenig, McCullough & Larson,
2001; Smith, 2007) y la búsqueda de relación con lo sagrado o trascendente (Pargament, 1999; Koenig, 2001; Nelson, 2009).
El término sagrado se utiliza para refe- rirse no sólo a conceptos como Dios o poder superior, sino también a otros aspectos de la vida que se perciben como manifestaciones de la divinidad o de la trascendencia (Parga-
ment & Mahoney, 2005).
Definiciones de Espiritualidad desde di- ferentes enfoques teóricos en el campo de la psicología.
James (1919 en Mytko & Knight, 1999)
conceptualizó lo espiritual como el conjunto de sentimientos, actos y experiencias de los hombres individuales en su soledad, cuando se perciben a sí mismos en relación con lo que consideran lo divino.
Algunos psicólogos, como Jung (Jaffé,
2005), describieron la espiritualidad como un proceso mental que no surge instintivamente
de la fisiología humana y mediante el cual el
sí mismo o centro de la psique emerge a la conciencia, en un movimiento continuo que la persona lleva a cabo para lograr su propio desarrollo, crecimiento, auto liberación o realización.
Se viene observando que la mayoría de
las investigaciones publicadas que refieren de
alguna manera a la dimensión espiritualidad,
la definen desde el modelo teórico de Frankl
(1965), enmarcado en la llamada psicología existencial, que motiva la búsqueda personal
de sentido, propósito y significado de la vida.
Para Frankl (1965 en Rodríguez-Fernández, 2011) una persona es categorizada como es- piritual en la medida que trata de encontrar, o relacionarse con aquello que percibe como sagrado (Rodríguez-Fernández, 2011).
Desde este enfoque se puede citar la
definición de Ross (1995) concibiendo la
espiritualidad sobre la base de tres aspectos
primordiales: significado y propósito, la vo- luntad de vivir, y la fe en uno, en los demás o en Dios. Por lo tanto, la espiritualidad puede
influenciar la recuperación física y mental, a
través de una profunda comprensión del pro-
pósito o significado de la vida o por un deseo
intenso de vivir. En esta misma línea, Rodrí-
guez, Fernández, Pérez & Noriega (2011)
describen a la espiritualidad como la cualidad que impulsa al ser humano a trascender y a darle un propósito a su existencia, buscando los medios necesarios para lograr estos obje-
tivos mediante una vinculación significativa
con Dios, sea cual fuere la concepción que se tenga de él, con los demás, dentro o fuera de las instituciones religiosas.
A partir del modelo cognitivo-conduc- tual, Beck (1992) indica que la espiritualidad
llegó a definirse en ausencia de referencias a
lo sagrado o a la trascendencia, únicamente desde cualidades humanas indicando que en
las definiciones actuales no se excluyen ele- mentos religiosos de sus contenidos
Lenoir también desde el mismo enfoque (2005 en Rodríguez et al., 2011) entiende a
la espiritualidad, como una experiencia esen- cialmente personal y subjetiva, que incluye tanto elementos de la religión, como de lo mágico y lo secular o no sagrado, para lo- grar la armonización con uno mismo, con los demás, con la naturaleza y el cosmos, de posiciones amplias y abiertas que respetan la autonomía individual y permiten un vasto
sincretismo filosófico y teológico. La espiri- tualidad es la manera como la gente entiende
y vive su vida, en la búsqueda de su signifi- cado y valor, incluyendo un estado de paz y armonía
Desde otras líneas de investigación, Se- ligman (1999) en su asunción como presiden- te de la Asociación Americana de Psicología, inicia uno de los más recientes modelos teó- ricos denominado Psicología Positiva, que tiene como objetivo dar una nueva mirada a las potencialidades y virtudes humanas, es- tudiando las condiciones y los procesos que contribuyen para la prosperidad de los indivi- duos y comunidades.
Peterson y Seligman (2004) no diferen- cian entre espiritualidad y religiosidad, en- tendiéndolas como el conjunto de creencias y prácticas basadas en la convicción de que existe una dimensión trascendente, no física, de la vida. Estas creencias son persuasivas, abarcadoras, y estables, y brindan informa- ción acerca de las atribuciones que realizan
las personas, los significados que construyen
y las formas en que se interrelacionan con otros.
Para Valiente-Barroso & García-García
(2010) la espiritualidad supone una relación poliédrica con lo trascendente y experimen- table tanto desde la religiosidad y sus expre- siones (doctrinal, celebrativa y/o moral-com- portamental), como a través de vivencias
asociadas al arte, la filosofía y la naturaleza.
Koenig (2010) desde una perspectiva holísti- ca biopsicosocial, indica que la espiritualidad se distingue del humanismo, los valores, la moral y la salud mental, por su conexión con
lo sagrado y con lo trascendente. Define a la
espiritualidad como:
Íntimamente ligada a lo sobrena- tural y a la religión, aunque tam- bién se extiende más allá de la religión. La espiritualidad incluye una búsqueda de lo trascendente, y por ende involucra un viaje a lo largo del sendero que lleva desde
el firme descreimiento al cuestio- namiento, a la creencia, a la devo- ción, a la entrega (p.117).
Desde un enfoque psicodinámico, Schreurs (2004) indica que la espiritualidad, a diferencia de la religión, es la variable más importante en el ámbito de la psicoterapia, dado que esta se ocupa de las relaciones per- sonales del individuo. Esto es así, indepen- dientemente de que la preocupación central del paciente con la trascendencia constituya o no la preocupación central de su vida. La
autora afirma también que los seres humanos
sienten profundamente la religión y la espiri- tualidad, pudiendo llegar a obsesionarse por temores intensos y omnipresentes. Si no son entendidos o respetados, en esta área, sufren irremediablemente y si se sienten atormenta- dos, por dudas espirituales, su propia existen- cia se pone en juego.
Diferencias y consonancias entre reli- giosidad y espiritualidad
De acuerdo con la literatura revisada, la es- piritualidad es una característica individual, que puede o no incluir la creencia en un dios,
y se configura en una búsqueda personal de respuestas acerca del significado de la vida,
el universo y la relación con los demás. En cambio, la religiosidad representa un sistema organizado de creencias y prácticas propues- tas por una religión para el enfoque indivi- dual de lo sagrado y / o trascendente (Dios, Poder Superior, la Realidad Última), estando
conectados, a una doctrina específica com-
partida con un grupo (Faria & Seidl, 2005).
Una diferencia sustancial es que el con- cepto de religiosidad incluye aspectos indi- viduales e institucionales, mientras que la espiritualidad es un fenómeno individual,
identificado con aspectos de trascendencia personal y una fuente de significado para eventos de la vida (Miller & Thoresen, 2003).
Colabora para distinguir ambos conceptos
considerar que muchos sujetos se definen a
sí mismos como religiosos, siguiendo un or-
den institucional; algunos se definen como
espirituales, pero no religiosos, evidenciando una valoración negativa hacia aquello que representa la religiosidad, mientras que otros se presentan como escépticos de cualquier tipo de creencia transcendental (Etchezahar
& Simkin 2013)
Hill & Pargament (2003) destacan que
las dimensiones de religiosidad y espirituali- dad tienen en común que lo sagrado está en el núcleo de ambas
Las investigaciones teóricas tanto como los estudios empíricos señalan que tanto la religiosidad como la espiritualidad son cons- tructos multidimensionales, constituidos por un abanico de pensamientos, sentimientos, conductas, experiencias, relaciones y res-
puestas fisiológicas que están al servicio de
múltiples propósitos e implican diversas con- secuencias (Idler Musick, Ellison, George,
Krause, Ory & Williams 2003).
Koenig, McCullogh & Larson (2001)
presentaron un análisis crítico, sistemático y amplio de más de 1200 estudios empíricos y 400 revisiones que examinaron las relacio- nes entre espiritualidad y religión y variadas condiciones físicas y psíquicas, concluyeron que observaron entre un 60% y un 80% de relación entre mejor salud y religión o espi-
ritualidad. Los beneficios de la espiritualidad
según estos autores son triples: ayudan a la prevención, aceleran la recuperación y pro- mueven la tolerancia frente al padecimiento de enfermedades físicas y mentales.
González (2015) explica que actual- mente existe vasta evidencia empírica sobre
los beneficios que la espiritualidad tiene so- bre la salud, ya que capacita al individuo a hacer cambios positivos en su estilo de vida y a tomar conciencia de como las creencias, actitudes y comportamientos pueden afectar positiva o negativamente su salud
Richards & Bergin (2005) indican que
es necesario que los profesionales de salud mental evalúen las bases espirituales de sus pacientes, así como sus creencias y estilos de vida religiosa: para ser capaces de entender la