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3.2 Experimental Design

3.2.5 Probe Alignment

Las prácticas de comunicación e información comprendieron las acciones colectivas enfocadas a la difusión sobre las responsabilidades institucionales y la sensibilización a la población para actuar frente a las manifestaciones de la violencia familiar; aquí se inscribieron programas en medios masivos de comunicación, estrategias de movilización social, experiencias de comunicación popular, producción y publicación de materiales informativos.

5.3.1 Formas de participación

En la primera etapa, se encontraron pocas referencias sobre las prácticas de información y comunicación propias de la red. Solo se hizo mención al manejo de herramientas de difusión y convocatoria para los procesos de capacitación de líderes afectivos y de acompañamiento a la conformación de redes del buen trato a nivel local. Buena parte de los productos comunicativos utilizados en el nacimiento de la organización estuvieron orientados a dar soporte a la motivación y desarrollo de las jornadas de vacunación contra el maltrato infantil.

En la etapa organizativa de la RBT, los equipos intersectoriales conformados en las diferentes comunas para la promoción de la convivencia familiar empezaron a construir herramientas comunicativas y materiales informativos como apoyo al trabajo educativo con la comunidad. Se destacaron experiencias de elaboración de carteleras y murales en las

diferentes escuelas y colegios intervenidos, así como el diseño de plegables y folletos sobre los servicios institucionales y las rutas de atención al maltrato infantil y la violencia familiar.

Con el apoyo de los recursos provenientes del programa de convivencia impulsado por el BID, las redes locales participantes diseñaron y publicaron cartillas sobre prevención de la violencia y promoción de la convivencia familiar (comunas 1, 8, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 18, 20); de igual manera, construyeron y produjeron distintivos de las organizaciones como logotipos, portafolios, pendones, pasacalles, camisetas, gorras y botones que buscaban visibilizar el trabajo de la RBT.

Simultáneamente, los integrantes de las redes locales participaron en procesos de difusión y divulgación de experiencias sobre convivencia y violencia familiar realizadas por instituciones competentes de la ciudad. Entre estos se destacaron la socialización de los resultados de la encuesta activa y el boletín “Mejor hablemos” de Cisalva, y la divulgación de una cartilla resumen sobre los siete módulos de la política Haz Paz realizada por el ICBF.

En particular, se destacó la realización de la EXPOCONVIVENCIA, en noviembre de 2004, donde todas las redes locales expusieron una amplia muestra de materiales y productos comunicativos que servían de apoyo en la tarea de promover la convivencia y prevenir la violencia familiar en la ciudad. El objetivo principal del evento era compartir experiencias e intercambiar aprendizajes sobre el trabajo de las redes locales con el fin de organizar un centro de documentación que sirviera de apoyo a los agentes comunitarios e institucionales interesados en el tema.

Una vez legalizada la Política Pública, se llevaron a cabo acciones de difusión y promoción de los lineamientos técnicos mediante la publicación del documento en una versión completa y una versión resumida (libro de bolsillo). Como una forma de hacer más asequible la información de la Política se creó una estrategia comunicativa conocida como “las llaves del buen trato” y se complementó con un video, un comercial de televisión y una cuña de radio. Estos productos altamente costosos tuvieron una difusión muy limitada y luego fueron archivados en los anaqueles de la Administración Municipal.

Más adelante, en el marco de un proyecto ejecutado por la Fundación Recurso Humano Positivo se abrió un programa de radio para la difusión de la Política Pública y la orientación de la comunidad frente a los problemas de la violencia familiar. También se grabaron dos canciones, una sobre el buen trato y otra sobre la convivencia familiar, y se difundieron

nuevas propagandas de radio que hablaban sobre la Política Pública y su importancia para la ciudad, las cuales circularon en programas y horarios de alta audiencia. Esta experiencia duró aproximadamente dos meses mientras se terminó de ejecutar el proyecto y luego los mensajes se dejaron de escuchar.

Desde la Secretaría de Salud Municipal se promovió la creación de la Revista Visor Familia cuyo primer número estuvo dedicado a la divulgación del reporte institucional del maltrato infantil y la violencia familiar en el Municipio de Cali entre 1999 y 2005 (ASC, 2006), y el segundo número ofreció una serie de ensayos sobre el tema de la convivencia familiar y su relación con otras problemáticas sociales (ASC, 2007a). A finales del 2010, salió el número tres orientado a la difusión de una propuesta de protocolo para la vigilancia de la violencia familiar (ASC, 2007b).

Uno de los temas que más se abordó desde las prácticas comunicativas y la producción de materiales informativos fue el de las competencias institucionales y la ruta de atención a la violencia familiar. Entre las experiencias más recordadas por los integrantes de la RBT fue el recorrido pedagógico por las instituciones competentes de la ciudad conocido como “la chiva del buen trato”, donde se realizó la difusión de los servicios prestados por las Comisarias de Familia y el lanzamiento de los portafolios de servicios ofrecidos por las redes locales del buen trato.

En estas prácticas comunicativas se destacó el desarrollo de múltiples acciones encaminadas a la generación de procesos de movilización y la producción de materiales informativos, especialmente en la etapa II con la ejecución del proyecto apoyado por el BID y en la etapa III con los proyectos articulados a la implementación de la Política Pública. Como resultado de estos esfuerzos, la red diseñó un paquete de herramientas educativas y comunicativas que llevaron a realizar la Expoconvivencia, como estrategia para su socialización y recopilación, buscando impulsar la organización de un Centro Municipal de Documentación sobre el tema; sin embargo esta iniciativa se descartó porque los materiales recogidos por la RBT se perdieron del lugar que se había seleccionado para su almacenamiento y exhibición.

Precisamente uno de los problemas identificados en las prácticas comunicativas se refirió a la ausencia de un archivo o centro de acopio que permitiera organizar los materiales comunicativos y los productos informativos que se habían construido en el marco de la

experiencia de la RBT. Aun cuando, los integrantes de la Red, en ocasiones, reconocieron las instalaciones de la Secretaría de Salud Municipal como su “sede oficial”, lo cierto era que allí la organización no contaba con espacios propios ni siquiera para llevar a cabo sus reuniones ordinarias y menos para guardar los documentos y materiales que requería en el cumplimiento de sus funciones habituales.

En los planes operativos de las redes locales se incluyeron de manera reiterada acciones de difusión y divulgación del documento de Política Pública, bajo el supuesto de que a mayor conocimiento de su contenido habría mayores garantías para su ejecución. Pero, en el fondo, todos sabían que no bastaba con que la gente se informara sobre los planteamientos de la política sino que se requería una estrategia de análisis y apropiación de los lineamientos políticos que contribuyera a su articulación con las actividades cotidianas de la comunidad. En este sentido, se observaba el predominio de un enfoque de la comunicación basado en la entrega permanente y nutrida de información, carente de una mirada reflexiva y crítica, que buscaba saturar de mensajes a las personas como estrategia de sensibilización individual y colectiva.

El plan operativo de la Política Pública definió un programa de movilización social por la convivencia familiar y un programa de producción y publicación de materiales educativos (CSC, 2007), señalando la importancia de las prácticas de comunicación e información en la construcción de una cultura del buen trato y la convivencia familiar en la ciudad; sin embargo, después de seis años de que la Política Pública fuera legalizada solo se reconocieron dos iniciativas de trabajo en este sentido, una de ellas eran las carpas itinerantes lideradas por la red local de la comuna 15 y otra la divulgación de los resultados del Observatorio Municipal de Violencia Familiar.

En particular, el diseño y la producción de materiales informativos no habían contribuido significativamente a la difusión y ejecución de los lineamientos operativos de la política pública. La Administración Municipal se había quedado corta en el cumplimiento de las obligaciones que ella misma había decretado para la divulgación de la Política Pública donde asumía “la responsabilidad de diseñar e implementar un programa de difusión de la política que contemple el conocimiento de la comunidad, de los funcionarios de las

dependencias del sector social y colectivo y de los funcionarios y actores responsables de su implementación”19

.

A nivel cualitativo, el balance de los objetivos planteados en la normatividad de la Política Pública, señalaba el desarrollo de labores aisladas de comunicación que no habían logrado articularse a procesos de movilización social por la convivencia familiar y cuyo impacto había sido mínimo en términos de cambio cultural. Se evidenciaba una tendencia a instrumentalizar las acciones comunicativas hacia la circulación masiva de información tratando de captar el interés de la ciudadanía y de instaurar mensajes llamativos con poca profundidad en su significado.

En términos generales, era notorio un contraste entre lo que había sucedido antes de legalizar la Política Pública y lo acontecido después de su formalización. En un comienzo, las prácticas comunicativas estaban orientadas a resolver las necesidades propias de las redes locales, como la necesidad de identidad a través de los distintivos organizacionales o la necesidad de entendimiento mediante la socialización de los reportes del Observatorio de Violencia Familiar. Después de formalizar la Política Pública, las acciones de comunicación se orientaron a resolver las urgencias institucionales en términos de difusión de la oferta de servicios y divulgación de las rutas de atención a la violencia familiar. Este hallazgo evidenciaba que la Política Pública se estaba distanciando de las prácticas cotidianas de las redes locales y se estaba convirtiendo en un instrumento para validar los programas institucionales y justificar los saberes especializados en la temática.

5.3.2 Los saberes en juego

A partir de la legalización de la Política Pública de Convivencia Familiar, en las prácticas de comunicación e información de la RBT se observó con mayor evidencia una supremacía de los saberes formales (institucionales) sobre los saberes informales (comunitarios).

La mirada institucional concebía la comunicación como una estrategia para dar a conocer lo que hacían las instituciones y visibilizar los resultados alcanzados, asumiendo lo comunicativo esencialmente como un medio que buscaba construir o fortalecer una imagen positiva de la organización ante el público en términos de mercadeo y de posicionamiento de

19 Artículo 19 del decreto reglamentario 0206 del 31 de marzo de 2008, expedido por la Alcaldía de Santiago de Cali, mediante el cual se reglamenta la operación de la Política Pública de Convivencia Familiar

la marca. En este sentido, el diseño de materiales informativos estaba encaminado a exaltar las actividades de los proyectos realizados y el trabajo de los funcionarios encargados. El lema comunicativo era concreto: entre más se difunda la presencia de las instituciones en la comunidad, más aumenta la buena percepción de estas y la necesidad de sus servicios. No importaba tanto que el quehacer institucional realmente ayudara a resolver los problemas de la población, sino que se hiciera sentir la presencia de la institución.

Desde la institucionalidad se adoptaba un enfoque de la comunicación orientado por la lógica del mercado cuya misión principal era vender una imagen favorable y crear la sensación en la gente de que estaba siendo beneficiada por el trabajo realizado; así se fundamentaban las consignas de algunas instituciones cuando planteaban que lo más importante no era hacer mucho sino que con poco había que hacer el ruido suficiente para mostrarse y alimentar una buena reputación.

Bajo el influjo de esta lógica mercantilista, a medida que la RBT desarrollaba mayores conocimientos sobre la problemática de violencia familiar y mejoraba sus estrategias de intervención y articulación intersectorial, se alimentaba la necesidad de mostrar a la ciudad sus avances y sus aprendizajes como una forma de posicionarse y ganar reconocimiento público. Las redes locales, las instituciones públicas y las ONG’s comenzaron a reconocer y aprovechar los saberes de los comunicadores y los gestores sociales con el fin de visibilizar sus experiencias y divulgar los proyectos ejecutados.

Las estrategias de comunicación e información eran pensadas esencialmente como mecanismos de proyección hacia el exterior y de darse a conocer por los otros. En menor medida, se pensaban como acciones hacia el interior de la organización y de mejoramiento de las relaciones entre los integrantes de la Red. A la hora de pensar en los proyectos comunicativos, la tendencia a institucionalizar la convivencia, reforzada por la necesidad de mejorar los procesos de atención a la violencia familiar, tenía mayor peso que las necesidades comunitarias de promover la convivencia familiar y fortalecer una cultura del buen trato.

La segunda etapa en la historia de la RBT representó un momento de gran auge para las estrategias de comunicación y producción de materiales informativos debido a que las redes locales contaron con recursos económicos para desarrollar sus iniciativas. Aquí se destacaron las campañas masivas de sensibilización y el diseño y publicación de plegables, cartillas y

manuales sobre convivencia familiar que reflejaron los aprendizajes del trabajo en red por parte de los nodos locales.

Las experiencias más ilustrativas que mostraron la incidencia de los discursos institucionales en las acciones comunicativas de la Red se presentaron en la tercera etapa. Allí dieron lugar a la creación de productos orientados a los medios masivos de comunicación (televisión, radio y prensa) buscando un mayor impacto en la opinión pública desde el protagonismo de la Administración Municipal en la implementación de la Política Pública de Convivencia Familiar. Desde esta perspectiva, la comunicación fue asumida como difusión y transmisión de información donde se privilegiaban las coberturas masivas en lugar de los impactos locales.

En reiteradas ocasiones, las redes locales adoptaron una concepción utilitarista de la comunicación y el diseño de materiales informativos, atendiendo a los saberes institucionales que proclamaban la necesidad de mostrarse públicamente como una estrategia de mejorar la imagen corporativa. En las reuniones cotidianas de la organización se escuchaba con gran insistencia y acogida la sugerencia de hacer ruido en la ciudad sobre todo lo que hacían las redes locales como una forma de hacerse notar y lograr mayores apoyos por parte de los actores políticos y las entidades responsables.

Cuando las prácticas de comunicación estaban puestas al servicio de los intereses y necesidades del colectivo, se priorizaban las voces de la comunidad y los mecanismos alternativos de información; el contacto físico y las invitaciones personales eran privilegiadas en las labores de convocatoria, por encima de los mensajes virtuales o las llamadas telefónicas. Desde los saberes comunitarios, las estrategias de comunicación eran más pensadas como herramientas de movilización de ideas, de recursos y de personas alrededor de un proyecto común donde el alcance estaba orientado a la incidencia local y a influir en la vida cotidiana de la gente.

La EXPOCONVIVENCIA se convirtió en una iniciativa comunitaria donde se pusieron en juego las experiencias de las redes locales y se aprovecharon las prácticas de comunicación alternativa, logrando que los participantes movilizaran todos sus recursos en torno a la necesidad de organizar y convocar la participación de los diferentes actores en el evento municipal. Las prácticas de comunicación se enfocaron en las expectativas y las capacidades

de los participantes buscando construir colectivamente las estrategias necesarias para llevar a cabo un proyecto común y sacar el máximo beneficio para la organización.

Para esta experiencia en red se asumió una mirada diferente de la comunicación, orientada hacia la potenciación de los recursos propios y la construcción de vínculos solidarios, es decir enfocada hacia el interior de la organización y hacia el reconocimiento de los saberes populares, buscando consolidar el proceso organizativo y la resignificación del horizonte común. Allí no tuvo mayor cabida aquella visión hegemónica de la comunicación que buscaba a toda costa alimentar imágenes positivas ante la ciudadanía a partir de la implementación de los saberes especializados y la inversión de grandes capitales en la producción y difusión de materiales comunicativos fastuosos y sugestivos.

En términos generales, la experiencia de la RBT mostraba un choque entre prácticas comunicativas orientadas a obedecer la lógica del mercado, respondiendo a intereses particulares y economicistas, y prácticas comunicativas orientadas por la necesidad de recrear y afianzar la convivencia humana atendiendo a los intereses comunes y al desarrollo colectivo. Una lucha cultural encarnada en las propuestas institucionales que buscaban con grandes inversiones en comunicación ser más visibles y más competitivas en una sociedad altamente mercantilizada, y las propuestas comunitarias que pretendían con recursos propios fortalecer el trabajo en red y aportar al desarrollo de una cultura del buen trato en la ciudad.

A nivel central, esta tensión se resolvía a favor de atender las preocupaciones institucionales por dar a conocer la organización hacia el exterior, mostrando lo que hacía la Red en la ciudad y visibilizando el trabajo por la convivencia familiar a través de los medios masivos de comunicación. Pero, en pocas ocasiones, se pensaba en la necesidad de mejorar las prácticas de comunicación al interior de la organización y sobre todo teniendo en cuenta que la RBT era una organización abierta y dinámica donde permanentemente estaban llegando integrantes nuevos.

En los últimos cinco años, la RBT se había venido renovando y la mayoría de sus integrantes eran nuevos; se calculaba que el 80% de las personas que hacían parte de la Red no tenían más de dos años de pertenecer a la organización. De igual manera, las instituciones públicas cambiaban permanentemente a sus funcionarios y estos escuchaban hablar de la RBT pero no conocían nada de lo que hacía la organización ni de quienes la integraban. La

situación era más crítica frente al conocimiento de la Política Pública de Convivencia Familiar porque no sabían qué contenía, cuáles eran sus objetivos y qué propuestas incluía.

Por lo tanto, se reconoce la imperiosa necesidad de fortalecer las prácticas de información y divulgación de la Red y la Política Pública, hacia el interior de la organización, buscando operar en forma rápida y efectiva. Se requiere formalizar una estrategia de información permanente con las instituciones que tienen la obligación de hacer parte de la RBT donde conozcan lo que hacen los diferentes nodos locales a través de actas, boletines de prensa o folletos de promoción. De igual manera, es necesario crear un mecanismo periódico de inducción a los nuevos integrantes de la Red, tanto funcionarios institucionales como agentes comunitarios, que incluya un acompañamiento afectivo por parte de los integrantes antiguos.

Por otro lado, se plantea la importancia de evaluar las estrategias comunicativas producidas en el marco del proyecto apoyado por el BID y los productos informativos creados en la etapa III para la difusión de la Política Pública, con el fin de retomar y potenciar aquellos que sirvan para visibilizar el trabajo de la RBT y posicionar el tema de la convivencia familiar en la ciudad. La organización cuenta con un acumulado de saberes y experiencias comunicativas que deben ser recuperadas y resignificadas en la vía de cualificar y potenciar el trabajo de promoción de la convivencia familiar.

En esta perspectiva, la RBT debe asumir una posición crítica frente a la concepción mercantilista de las prácticas comunicativas que lleva a las instituciones a desperdiciar cuantiosos recursos en campañas de imagen para difundir sus servicios y programas,