No creemos en nosotros mismo hasta que alguien nos revela que en lo más profundo de nuestro ser hay algo valioso, digno de ser escuchado, merecedor de nuestra confianza, sagrado para nosotros. Una vez que creemos en nosotros mismos, podemos arriesgarnos a ser curiosos, a maravillarnos y a deleitarnos espontáneamente o a cualquier experiencia que revele el espíritu humano.
E.E. Cummings
El nacimiento del yo es una lucha arquetípica que nos aguarda a todo. Debemos emprender solos nuestro viaje heroico a fin de descubrir nuestros propios recursos espirituales. Pero a veces necesitamos inspiración y apoyo, sobre todo al principio de nuestro viaje. En muchas de las cartas que recibí, las personas compartían experiencias del tercer chakra que sentían que les habían fortalecido. Algunas habían acontecido hacía años, pero sus efectos sanadores y transformacionales seguían siendo profundos. Estas cartas son preciosos testimonios de lo poco que cuesta fortalecer el espíritu de alguien.
Lisa M. explicó: «Mi compañera de piso es toda una princesita, y ella lo admite, cuando hay que hacer algo, casi siempre soy yo la que tengo que arrimar el hombro. Es despistada, está muy centrada en sí misma y no le interesa lo que me pasa en mi vida. Pero yo la quiero con locura y es mi mejor amiga. Y, cuando realmente la necesito, siempre está ahí para ayudarme. A principios de este año, yo estaba especialmente triste y deprimida a consecuencia de la ruptura de una relación. Todas mis pertenencias estaban en un guardamuebles y yo estaba viviendo con mi amiga hasta que decidiera qué camino quería tomar. Fue el peor invierno de mi vida, con toneladas de
nieve por todas partes. Yo tenía siete rastrillos para quitar la nieve, pero estaban en el trastero y yo estaba lo bastante deprimida como para ponerme testaruda al respecto. Me empeñaba en sacar la nieve de mi coche directamente con las manos. Pero un día en que estaba todo lo baja de ánimos que se puede estar fui a coger el coche y comprobé que alguien le había quitado toda la nieve. ¡Había sido la princesita! Cada día le limpiaba el coche antes de que yo saliera para el trabajo. Aquello fue una sensación desconocida y milagrosa para mí. Mi amiga me convenció de que fuera a su psiquiatra y pensara en tomar antidepresivos. Fui al doctor y, sin necesidad de fármacos, aquel terapeuta me hizo un regalo muy sencillo, una forma de ver las cosas que cambió radicalmente la forma en que me sentía conmigo misma y mi situación. En tono de guasa, llamé a mi amiga “la princesita Marilyn limpiadora de la nieve”, a lo que ella me contestó: “Bueno, cuando veas que la nieve sigue en su coche por la mañana, lo más probable es que estés mejorando.” Y, sin vacilaciones, conforme iban pasando las semanas, la princesita se limitó primero a dejar el rastrillo sobre el coche, después junto al coche y más adelante a no dejar ningún rastrillo. Ya estaba curada. Aquello fue lo mejor que nadie ha hecho por mí.»
A veces, para fortalecer a otra persona es preciso actuar con cierta dureza, lo que no está reñido con el amor. Cuando el deseo de ayudar es auténtico, las elecciones duras ayudan tanto al dador como al receptor, como describió sucintamente Haven I. en su carta: «Cuando tenía veintitantos años y me había vuelto a involucrar sentimentalmente con un hombre inadecuado, me encontré una vez más en un estado de “drama total” y llamé a Lyn, mi mejor amiga y, sin lugar a dudas, la más sabia. Ella siempre había estado ahí para consolarme, pero esta vez me dijo: “Estoy ocupada. Tengo muchas cosas entre manos. No tengo tiempo para ti.” Puso límites. Aquella noche lloré y lloré hasta que logré conciliar el sueño. ¿Dónde estaban las respuestas? ¿Dónde estaba el consejo que necesitaba? Ahora me siento bastante ridícula cuando pienso en toda aquella historia con aquel hombre. Las respuestas que buscaba y el consuelo que necesitaba estaban en mi interior. Lyn no podía haberme mostrado más amor de ninguna otra forma. Fue el mayor empujón que jamás me ha dado nadie para aprender a escucharme y a entenderme.»
Quiero añadir que los hombres también han dado demasiado por razones equivocadas a mujeres equivocadas. Éste es un comportamiento habitual que procede del miedo a estar solo, un miedo del tercer chakra.
Otro regalo de amor administrado con dureza es el que relata en su carta Kathleen K., una enfermera que escribió: «Me encontraba en el momento más bajo de mi vida. Mi matrimonio de diecisiete años había fracasado, mi hijo de diecisiete años había fallecido en un accidente y estaba a punto de perder mi trabajo. La jefa de enfermeras me llamó a su despacho. No tenía ningún motivo para apoyarme o para hacer ninguna otra cosa que despedirme. Me merecía que me despidieran y podía haber perdido el título de enfermera ese mismo día, lo que habría convertido mi vida en la tierra en un completo fracaso. Se presentaron todas las pruebas que había en mi contra y yo no tenía nada que alegar para defenderme. Era culpable y me sentía completamente humillada, como si me hubiera fallada a mí misma y hubiera fallado a mi profesión. Pero ella me miró con una gran compasión y me dijo: “Kathleen, hasta que tú puedas creer en ti, voy a hacerlo yo.” Me dejó que siguiera trabajando. Me facilitó recursos y apoyo. Se convirtió en mi mentora y mi amiga. Nunca supe cómo, por qué o qué le motivó a actuar de aquel modo, pero creo que en aquel momento cambió mi rumbo. Ella me puso en el camino de volver a creer en mí misma.»
Nadie puede hacer que te sientas inferior sin tu consentimiento.
Eleanor Roosevelt
Después de leer todas las enternecedoras historias que me envió la gente, nunca creeré que no hay nada que podamos hacer. Siempre podemos hacer algo por otra persona si rompemos el esquema mental de que el tamaño, la cantidad o el resultado de nuestro acto determinan su valor. Esto es especialmente cierto cuando se trata de elevar la autoestima de otra persona. Para curar heridas emocionales pueden ser necesarios años de terapia y trabajo psicológico. Sin embargo, el acto de bondad más simple puede tener más efecto sobre el bienestar de una persona que meses y meses de terapia. Tal vez esto se deba a que es en las interacciones con
otras personas donde reside el poder. La experiencia descrita en la próxima carta es fundamental para el tercer chakra: seguridad personal y autoestima.
Malynda L. escribió: «Hace nueve años trabajaba como dependienta en una tienda de dietética y estudiaba naturopatía y administración de empresas. Una de mis clientas habituales vino un día y me entregó un sobre grande de papel manila. Me dijo que alguien que ella conocía le había pedido que me lo entregara. Por descontado, yo no ganaba mucho dinero y dependía de las becas universitarias para llegar a fin de mes. Aquella mujer me entregó el sobre y se fue a toda prisa. Lo abrí y dentro encontré una nota recordándome que estaba haciendo un buen trabajo. Decía que había hecho una buena elección al estudiar naturopatía, que tenía mucho que ofrecer y que ella le había sido de gran ayuda en muchas ocasiones. También escribía que estaba orgullosa de mí y quería que supiera que mi esfuerzo no estaba pasando inadvertido. En aquel momento, realmente necesitaba saberlo. Dentro del sobre también había un cheque por valor de cien dólares. Me quedé anonadada. Yo sólo estaba haciendo lo que sé hacer y siendo como soy, pero el efecto de aquella nota de apoyo fue superior a lo que puedo describir con palabras. Fue justo el empujón que necesitaban mi ego, mi mente y mi corazón.»