4.6 Notes on Design and Implementation of Experiments
4.6.5 GP Diversity
Me gustaría comenzar con un refrán anónimo africano y os voy a explicar por qué. Viene a decir este refrán: «mucha gente pequeña, en lugares pequeños, ha- ciendo pequeñas cosas pueden cambiar el mundo». Es un refrán que lo tiene como lema una ONG. Lo conocí hace tiempo y decidí adoptarlo como lema para mi programa hace ya 9 años. Y es que, creemos en la fuerza de lo pequeño y cre- emos que desde los medios de comunicación o desde un programa de radio se puede hacer esa pequeña cosa que puede ir cambiando el mundo. Como puede serlo también este seminario que estamos haciendo hoy aquí, esas pequeñas cosas que pueden ir cambiando el mundo.
Me vais a permitir citar a uno de los escritores y periodistas que más admiro que es Ryszard Kapusci´nski que sabe mucho de esto y viene a decir mucho de esto. Él dice que el verdadero periodismo es el intencional, aquel que se fija un ob- jetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio. No hay otro periodismo po- sible; habla obviamente del buen periodismo. Y por supuesto, nos referimos a un cambio positivo y este sería una de las claves que a mí me mueven a la hora de ha- cer este tipo de programas. Creer en la fuerza de lo pequeño, en las grandes ac- ciones, en las pequeñas y en ese periodismo intencional. Son dos ideas que tengo presentes normalmente en el trabajo que hago.
En el año 1996 empezaba el programa Sin Fronteras. Entonces, no había muchos medios de comunicación especializados, ni muchos espacios en periódi- cos, ni en televisión, ni en radio. Sin embargo había un movimiento emergente de la sociedad muy grande. Mucha gente involucrada en ONG, en voluntariado que empezaba a sentir que había que hacer algo. Casi de forma personal quería participar en ese movimiento y no me quería quedar al margen, pero pensé que más que participar de forma voluntaria en alguna ONG, que después también lo haría, sería bueno contar en un programa de radio todo lo que hacían esas perso- nas. Además como trabajaba en la radio lo tenía fácil. Así empezamos a hacer ese programa. Había mucha gente interesada, gente comprometida, sensibilizados con el tema de la solidaridad, voluntarios, cooperantes que pensamos serían bue- nos oyentes de este tipo de programa.
Sin fronteras empezó con otro lema: «informarte es ayudar a solidarizarte» porque creemos que a través de la información se pueden mover esas actitudes. Posteriormente y de forma paralela a Sin Fronteras, empecé a hacer otro pro- grama en Radio Exterior Corresponsables del Sur, con un grupo de jóvenes, de
estudiantes del Sur que estaban viviendo en Valencia y que hacían algún tipo de voluntariado social. No eran periodistas, pero colaboraban muy bien porque nos daban su aportación del Sur para contar la realidad del Sur pero en el Norte. Y era un programa en el que los protagonistas eran los cooperantes que estaban en el Sur y nos contaban los proyectos de cooperación al desarrollo. Desde sep- tiembre, desde hace solamente unos meses estamos haciendo otro programa en Radio 5 que se llama Solidaridad. Lo hacemos de forma descentralizada, creo que es uno de los pocos casos, porque lo hacemos desde Madrid y Valencia. Ha- blamos todos los sábados de solidaridad. Hablamos de todo tipo de noticias re- lacionadas con la solidaridad, con protagonistas del Norte que van al Sur, prota- gonistas del Sur que vienen al Norte y nos dan su visión. Y todo tipo de iniciativas del Norte y del Sur, de todo tipo de asociaciones, ONG grandes o pe- queñas, instituciones o acciones particulares sobre derechos humanos, defensa de la paz, denuncia de la injusticia social, racismo, violencia de género, inequidad, cooperación al desarrollo, voluntariado, interculturalidad, ayuda de emergencia, sensibilización, infancia, mujeres, exclusión, etc. Son muchos los temas, pero en definitiva, entra cualquier iniciativa grande o pequeña que contribuya a mejorar el mundo, a contribuir como decimos en el programa Solidaridad a una socie- dad más justa e igualitaria. Y lo enfocamos, o tratamos de enfocarlo siempre, po- sitivizando lo negativo. Esa sería otra de las claves que me gustaría apuntar ha- blando de periodismo solidario.
Es importante no dar la imagen victimista, ni morbosa, ni paternalista, ni tan negativa de las situaciones. Estamos cansados además, de ver imágenes sensacio- nalistas y creemos que no se puede hacer nada, la imagen típica del niño descalzo con los mocos y decimos: «qué pena, el mundo esta cada vez peor y no se puede hacer nada». Ya conocemos esa realidad, lo que hace falta es aportar soluciones, la protesta pero la propuesta también. Aportar esas soluciones, el mundo está así, la situación es así, pero ¿qué podemos hacer para cambiarlo? Muchas veces esas so- luciones las aportan los mismos protagonistas o promotores de la noticia, que vie- nen a contarnos esas realidades. Ellos mismos nos dicen cómo se puede solucio- nar o cómo se puede aportar esa solución, porque no vale sólo con mostrar la pobreza, hay que mostrar esa otra realidad. Y además se trata de involucrar e im- plicar a los oyentes, que no sean solamente oyentes pasivos. Sin que de alguna ma- nera también ellos sean protagonistas de esa solidaridad y que colaboren en la consecución de esas soluciones.
En la mayoría de los casos, cuando vienen invitados al programa, les pre- guntan: «¿qué se puede hacer desde aquí?» Porque nos planteáis esta situación, falta de derechos humanos o falta de riqueza o mala distribución de la riqueza, ¿qué se puede hacer desde aquí? Casi todos coinciden en sus respuestas, nos ha- blan de que desde aquí podemos aportar un poco de nuestro tiempo, aportar un poco de nuestro dinero en algunos casos, pero sobre todo, en lo que todos coin- ciden es en el cambio de actitud de las personas. El cambio de que se puede ha- cer algo, de que la acción es importante. Nosotros creemos que las ideas son bá- sicas, porque estas llevan a la acción y la acción es lo que produce el cambio. Es
importante también, para comprender toda esta realidad analizar las causas: ¿por qué se producen estas situaciones? El desigual reparto de la riqueza, la corrupción de gobernantes en muchos casos, la falta de medios, la falta de educación, los in- tereses económicos y muchos otros se encuentran entre esas causas y al explicar- las los invitados, los protagonistas, los que hacen las entrevistas, a la hora de que ellos explican esas causas, entendemos mejor el por qué se produce eso. Recuerdo que en una de las entrevistas de uno de los programas que hicimos, venía un grupo de mujeres de Nicaragua con un programa que se llamaba Globalicemos la solidaridad. Me decían muy enfadadas que en uno de los encuentros con la gente, se habían encontrado con que les habían dicho que allí eran pobres porque no les gustaba trabajar, que eran vagos. Y se preguntaban que cómo podían pensar eso. Ellas les contaron todo lo que hacían, además de toda su involucración social, per- sonal, familiar y profesional. Les dieron una lección, evidentemente. Pero siem- pre sigue habiendo gente que piensa que por su forma de vida, por una cuestión cultural, no trabajan, que son vagos. Por eso hay que seguir explicando siempre porque se produce eso, para que podamos entender mejor las causas y por su- puesto las alternativas y las soluciones.
Hay que tener cuidado también en la forma de contar las cosas, sobre todo con el hecho de que una utilización sensacionalista de los medios de comunica- ción, puede contribuir a desviar la acción humanitaria de sus objetivos. Por ejem- plo, obviar las causas de una hambruna y concentrarse solo en llamadas de soco- rro, pues puede tener repercusiones negativas para las propias víctimas. Hace unos meses se celebraba en Valencia el Foro Social Mundial sobre la Reforma Agraria, un foro derivado del Foro Social de Porto Alegre. Además era el primero que se celebraba en España. Vinieron campesinos de todo el mundo y contaron –ellos lo tenían muy claro– por qué hay pobreza en el mundo y cómo se puede solucionar. Ellos conocían las causas y también las soluciones y querían aportarlas. Nos ense- ñaron a comprender también un poco por qué y eso pudieron contarlo en los pro- gramas de radio en Solidaridad y en Sin Fronteras, pero desafortunadamente esa noticia no tuvo mucho eco en los medios de comunicación. Se lo preguntaba el otro día al presidente de aquel Foro y dijo: «a nivel internacional sí que tuvo más repercusión pero, aquí en España no la hubo».
Y con este argumento paso a otro punto, como es el hecho de que no en to- dos los medios hay espacios especiales o programas especiales para hablar o escri- bir de este tipo de noticias sociales o noticias solidarias, ni periodistas dedicados a ello. Muchos de los invitados que vienen al programa Sin Fronteras o a Solida- ridad, se marchan realmente agradecidos porque dicen que tampoco encuentran muchos medios donde puedan hablar de esto, donde les hagan caso, aunque sean unos pocos minutos. ¿Cómo en una entrevista de cinco minutos podemos contar toda una realidad? Hablar, por ejemplo, de los derechos humanos o de la viola- ción de los derechos humanos en Colombia, gente que está perseguida, gente que ha tenido que escapar, ¿cómo en cinco minutos puede explicar esto? Esto es im- posible, o por ejemplo la importancia de la educación de niños y niñas en países del Sur como forma de desarrollo, ¿cómo explicas eso en cinco minutos? O por
ejemplo, lo que están haciendo las petroleras en Ecuador y la resistencia que es- tán ofreciendo grupos de indígenas o cómo contribuir al desarrollo de un país a través de un turismo justo, o cómo hablar de la campaña Pobreza Cero que acaba de presentar la coordinadora de ONG para el Desarrollo en España, o los con- flictos olvidados en el mundo. Todo eso hace falta explicarlo con detalle, porque además los detalles, en muchos casos, son esenciales para comprender y eso evi- dentemente en una noticia de dos minutos no se puede contar, hacen falta esos programas especializados y esas personas también especializadas. Pero también hay que incluir esas noticias solidarias en los informativos diarios para que no se transformen en un ghetto informativo, en programas especiales, únicamente. Y hablar de ello en los informativos, en los boletines, en las páginas del periódico, no solamente en las de sociedad, si no también en las páginas de economía, o en las páginas de política internacional.
Hacer esto no siempre es fácil. Todos estamos de acuerdo que todo depende de los jefes de informativo o de los redactores jefe y de la sensibilidad que puedan tener más o menos para hacer caso y para dejarse convencer y se pueda publicar esa información. Nosotros podemos tener muy buena voluntad y mucho interés en sacar esa información, pero si luego no la quieren publicar ya tenemos un pro- blema. Hay algunos que consideran este tipo de información como de segunda, dando prioridad a otro tipo de informaciones. Es importante, también yo creo, y aquí entra la parte personal, la implicación de los periodistas en este tipo de in- formación, su componente vocacional.
Kapu´sci´nsky, en su libro Los cínicos no sirven para este oficio dice que no hay periodismo posible al margen de la relación con los otros seres humanos. Dice que para ejercer el periodismo ante todo hay que ser un buen hombre o una buena mujer, buenos seres humanos y las malas personas no pueden ser buenos perio- distas. A mí personalmente me gustaría creer esto y lo comparto, pero creo que la realidad no siempre es así. También faltan personas que puedan estar dedicadas o especializadas en ello.
Desde mi pequeña parcela de responsabilidad con la información solidaria y tratando de entender y comprender de lo que estoy hablando y con el fin de po- der hacer mejor mi trabajo, también trato de profundizar un poco más en esta re- alidad. Me voy a detener en unos matices, en unos detalles que me gustaría con- tar. Cada año, en mi mes de vacaciones, me cojo además de la mochila el micrófono y siempre viajo a algún país del Sur a conocer proyectos de ONG, del trabajo de cooperantes, o visitar comunidades o pequeñas aldeas o simplemente conocer esas realidades de las que hablo todas las semanas. Incluso en alguna oca- sión, también he estado varias veces o varios meses como cooperante en una ONG en el Sur, para vivirlo y sentirlo. Cuando se ve, se pisa y se huele la pobreza se entiende mucho mejor y de otra manera esa realidad. Aunque por supuesto no digo que sea imprescindible hacer estos viajes para poder hablar sobre la solidari- dad, aunque si que ayuda a entender mejor muchas cosas.
Me traigo siempre testimonios magníficos de personas a las que muy posi- blemente no se escucharían nunca en la radio; mujeres pescadoras de Madagascar
que trabajan mucho y ganan poco, mujeres indígenas de Oaxaca en México, que se reúnen porque quieren aprender y unir sus fuerzas para ocupar el papel que le corresponde en la sociedad. O por ejemplo una menor que ejerce la prostitución en Madagascar, donde el turismo sexual es una vía para sobrevivir de muchas fa- milias y donde las ONG está trabajando para ofrecer una alternativa a estas jóve- nes. O por ejemplo, como han recuperado sus vidas y sus casas los afectados de Santa María Ostuman en El Salvador tras el terrible terremoto, gracias a la so- lidaridad española, o cómo aprenden a hacer cerámica taína algunas mujeres de una comunidad campesina en la República Dominicana que al venderla les faci- lita ingresos para sus familias sin medios y todo gracias al trabajo de una ONG que ha montado allí ese proyecto. O cómo vivían el abandono y el sufrimiento los refugiados de un campo de Montenegro cuando la guerra de Kosovo, a los que lle- vamos ayuda humanitaria con una ONG española. O los cantos de refugiados burundeses en Tanzania subidos en el camión de repatriación a su país, que los trajimos hace poco. O simplemente o grandemente, los sueños que tienen mu- chas de estas personas, porque también sueñan. Aunque aquí me gustaría hacer un pequeño paréntesis, en Madagascar estuve entrevistando a mujeres de distin- tas zonas de este país empobrecido. Casi todas me hablaban de su realidad, pero me hablaban de lo que les gustaría de lo que fuera su vida, me hablaban de sus sueños, de cómo les gustaría que fueran las vidas de sus hijos. Todas excepto una mujer, una mujer muy sencilla que le hice la misma pregunta, ¿cuáles eran sus sueños? La mujer me miró muy extrañada y me dijo que no entendía la pregunta, que no sabía lo que le estaba preguntando. Entonces el amigo que me traducía del malgache, me dijo que ella no sabía lo que le estaba preguntando porque no sa- bía lo que era soñar, nunca había soñado. Ella no podía entender que hubiera otro tipo de vida diferente o mejor a la que ella tenía, esa mujer no soñaba. Esto lo contó en el micrófono de la radio y ese sonido y ese testimonio pudo escucharse en la radio.
Con relación a la formación, además de textos, cursos a los que asistamos, hay otra forma de aprender muchísimo, que es escuchando a todas estas personas, a todos los invitados que vienen a los programas de radio. Escucharlos a ellos o a ellas es como mejor se aprende –al menos yo–, porque ellos me enseñan como es la solidaridad y como hay que contarla sobre todo conociendo sus causas e inten- tando conocer sus razones.
Creo que cada vez más este tipo de informaciones interesan más a los oyen- tes y al principio cuando comenzamos había muchos, ahora creo que hay mu- chos más. Ha aumentado por supuesto el número de voluntarios y de personas involucradas con la solidaridad, gente sensibilizada con la solidaridad, pero ade- más de todo tipo. No sólo los jóvenes que están en ONG y son voluntarios, sino de todo tipo, amas de casa, profesores. Me encuentro, además, con oyentes que son de todo tipo. No existe un perfil único de oyente de este tipo de programas, si no que hay muchísimos. Los temas han ido variando con los años y evi- dentemente adaptándose a las necesidades o a las denuncias que hay ahora. An- tes por ejemplo, se hablaba más de las campañas o del trabajo de las ONG.
Ahora hablamos muchísimo de la pobreza, de las causas de la pobreza, del re- parto desigual de la riqueza, de la globalización, de los problemas económicos, de la violencia contra las mujeres, también y sobre todo de los países del Sur, muchísimos temas de ese tipo.
Hace falta esta información solidaria y por eso hace falta un periodismo so- lidario que no existe como especialidad periodística aún, pero creo que entre al- gunos o muchos, –quiero ser positiva–, estamos tratando de llevar adelante en nuestro trabajo diario. Esas pequeñas cosas, en los lugares pequeños que pueden cambiar el mundo como dice el refrán africano.