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New Approach for Analysis and Assessment of MOGP performance in Dynamic

Quiero, en primer lugar, agradecer que me hayan dado la oportunidad de po- der intercambiar con todos vosotros y vosotras cuáles son las ideas y los retos que la nueva cooperación española tiene delante de nosotros y sobre todo, decir que como sabes tenía mucho interés en venir a este curso, a este seminario. Entre otras cosas porque creo que es uno de los espacios fundamentales para este nuevo reto, que es precisamente el papel que tienen los medios de comunicación en la cooperación al desarrollo al que luego me referiré, como parte fundamental de la sensibilización en materia de desarrollo. Y también porque entendemos que este reto es un reto compartido, no sólo por el gobierno, por la sociedad civil, por dis- tintas instituciones que son verdaderos agentes de la cooperación al desarrollo, sino que debemos hacer cómplice a la ciudadanía en un salto cualitativo y cuan- titativo sin precedentes de los que no podríamos hacerlo sin contar con esa com- plicidad. Por eso, creo que el papel de los medios de comunicación es trascen- dental, como ahora me referiré. Y creo que cursos como este, van a contribuir mucho a que eso sea así.

Como decía Miguel con la claridad que le caracteriza, estamos en este mo- mento ante un reto, quizás sin precedentes en la cooperación española. Como sa- béis, España es un país que pasó en un tiempo muy corto de ser un país receptor de ayuda oficial al desarrollo por parte de otros países, a ser un país donante. Por tanto, en realidad somos un país relativamente nuevo en lo que supone nuestro papel en el mundo como donante de ayuda oficial al desarrollo. Eso ha hecho que hayamos consolidado en estos últimos 25 años, una cooperación que ha ido cre- ciendo en volumen de recursos, que ha ido creciendo también en experiencia, pero que tiene a mi modo de ver en este momento, el reto de dar un salto cuali- tativo y cuantitativo en sus políticas. Por eso, el primer reto que teníamos ante no- sotros, cuando llegamos al Gobierno, era precisamente elevar la política de coo- peración al desarrollo al corazón de la agenda, de la política internacional, y de la agenda del gobierno. Para ello, estuvimos planteando y reflexionando con mu- chos sectores de la sociedad, la nueva estructura de la cooperación al desarrollo y decidimos que era importante que el Ministerio de Asuntos Exteriores tuviera una nueva denominación. Por eso, hoy se llama Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, que no significa sólo un cambio de nombre sino que significaba que pretendemos elevar la política de cooperación a rango del Consejo de Ministros. Era fundamental que la política de cooperación apareciera como uno de los com- promisos firmes y como una parte fundamental de la acción exterior de España. En estos días, en estas últimas horas, entre ayer y hoy en que tiene lugar en el Congreso de los Diputados el debate más importante del año sobre el estado ac- tual de las cosas, el debate del Estado de la Nación, de lo que leíamos antes de ve- nir aquí en los medios de comunicación sobre el debate de ayer, y más allá de las valoraciones y de los comentarios sobre las posiciones de cada uno, me quedo con un primer mensaje. Es la primera vez en mucho tiempo que aparece, destacado en los medios de comunicación, el compromiso en materia de cooperación y se des-

taca entre otras políticas no sólo lo que ha supuesto este año, sino los compromi- sos futuros en esta materia. Por tanto, hemos conseguido al menos que empiecen a entrar en la agenda mediática y en la agenda de gobierno, las políticas de coo- peración como una de las más importantes en esta nueva etapa. Dentro de este nuevo objetivo de elevar a la agenda política y a la acción exterior la cooperación al desarrollo, sin lugar a dudas el objetivo fundamental de la cooperación al desa- rrollo es la lucha contra la pobreza en el marco de los compromisos adoptados por la Declaración del Milenio de Naciones Unidas y por los Objetivos de Desarrollo. Esto que puede parecer una obviedad no ha sido así en muchos ocasiones y por tanto, nos parecía muy importante que estuviera nítido cual era el objetivo fun- damental de las políticas de cooperación al desarrollo cuando luego describa nues- tro plan director. Además hemos querido entender la pobreza como la carencia de oportunidades capacidades y opciones para disfrutar una vida digna. Esto quiere decir que nuestro objetivo primordial de luchar contra la pobreza implica en sí mismo una serie de objetivos plurales, en los que trabajar para intentar conseguir que los ciudadanos y ciudadanas de aquellos rincones del mundo que están en es- tos momentos excluidos de los servicios sociales más básicos y de los derechos más básicos de ciudadanía, puedan acceder a ellos con una serie de conjunto de ins- trumentos que hagan posible que desarrollen sus propias capacidades. Además y para ello, este compromiso responde a un concepto y a una convicción profunda de que esa es la obligación moral de los gobiernos, que además nos comprometi- mos hace ya muchos años con la ciudadanía española.

Pero también nos hemos comprometido en el ámbito internacional ante Na- ciones Unidas y este año en septiembre en la Asamblea de Naciones Unidas sobre los Objetivos del Milenio, va a ser un buen espejo donde mirarnos todos los go- biernos, para saber si estamos cumpliendo con los compromisos que adquirimos en el año 2000 y que tenemos que reforzar y redoblar para cumplir o para inten- tar cumplir en el año 2015, que se reduzca a la mitad la pobreza mundial, que se consiga el acceso al agua potable por parte de los ciudadanos y ciudadanas, que se consiga la igualdad de niños y niñas en el acceso a la educación y todos los obje- tivos del milenio que ya conocéis. En ese sentido, era y es muy importante un compromiso cuantitativo de la ayuda oficial al desarrollo. Para que os hagáis una idea en el año 2003, la ayuda oficial al desarrollo en términos porcentuales supo- nía el 0,23% del PIB, muy alejada del compromiso que todos los partidos políti- cos adquirimos con la ciudadanía hace ya algunos años y uno de los retos funda- mentales, por tanto, que teníamos era comprometernos con el aumento cuantitativo de estos fondos.

Sabéis que el compromiso de este gobierno es duplicar la ayuda oficial al de- sarrollo, lo que supone alcanzar el 0,5% del PIB al final de la legislatura y por tanto, situar el compromiso del 0,7% el en una segunda legislatura. Aumentar hasta el 0,5% en esta legislatura, como decía, supone duplicar los fondos y su- pone además superar unas metas intermedias. Este año nos habíamos planteado en los primeros presupuestos generales del Estado para el 2005, alcanzar el 0,30% del PIB, lo que supone un salto cuantitativo sin precedentes respecto al

año anterior. Para que os hagáis una idea, eso supone aproximadamente 2.600 millones de euros, que tienen una complejidad en su gestión, a la que luego me referiré, que también hay que tener en cuenta. Y eso nos obliga, además, a que en los presupuestos del año que viene del año 2006 alcancemos al menos el 0.33%, que era un compromiso adquirido en la Cumbre de Monterrey por parte de todos los países. Por tanto, hay un escenario de cuatro años, pero también hay escenarios intermedios que tenemos que ir cumpliendo. En ese sentido, quiero deciros que ese aumento cuantitativo debe ir acompañado obligatoriamente de un aumento en la calidad de la ayuda. Nuestro compromiso siempre ha sido cantidad y calidad, no pueden ir separados y para ello, hemos puesto en marcha una serie de reformas institucionales y de instrumentos que nos garanticen que la gestión de ese aumento de fondos al que vamos, pueda ser y deba ser una ges- tión eficaz, transparente y sobre todo que tenga impacto en los países donde tra- bajamos. En ese sentido, estamos trabajando ya en la reforma de la Agencia Es- pañola de Cooperación Internacional (AECI), que es fruto de la evolución que la cooperación española ha tenido en los últimos años y que al día de hoy está al límite del colapso, a la hora de gestionar, porque tiene limitaciones. Por eso en- tendemos que este aumento claro de fondos requiere una reforma de la AECI, para que tenga un instrumento mucho más ágil a la hora de poder gestionar los fondos y que además haga hincapié en una de las carencias que tenemos como instrumento de la cooperación española que es reforzar el aspecto horizontal de las políticas de cooperación.

La Agencia Española de Cooperación se vertebra fundamentalmente por áreas geográficas. Hay dos direcciones generales: la de cooperación con América Latina y la de cooperación con África, Asia y el Este de Europa y una dirección general de Cooperación cultural, pero se echa en falta una mayor fortaleza ins- titucional en lo que son las políticas transversales. Sobre todo teniendo en cuenta que este plan director apuesta de forma muy clara por objetivos trans- versales como es la igualdad de oportunidades y la equidad de género, la diver- sidad cultural, los derechos humanos, el desarrollo sostenible, etc. Por lo tanto, tenemos que ir encaminados en esa dirección. Otra parte que hay que reforzar, sin lugar a dudas es otra de las asignaturas pendientes de la cooperación espa- ñola es la parte de planificación y evaluación de políticas. Seguramente, quizás el mayor escollo que nos hemos encontrado cuando hemos llegado, es no tener un mapa de la cooperación española, suficientemente auditado, suficiente- mente evaluado que nos permitiera hoy, en este cambio profundo de filosofía que estamos haciendo, poder cambiar los instrumentos y las estrategias con una mayor celeridad y sobre todo con una mayor precisión de los instrumentos. Por eso, al mismo tiempo que cambiamos la filosofía de fondo, (ahora me referiré al plan director) tenemos que estar construyendo nuevos instrumentos y nue- vos indicadores que nos permitan medir en los países cual es el impacto que es- tán teniendo nuestras políticas. Con esa vocación, realizamos el nuevo Plan Di- rector de la Cooperación Española, que es el instrumento y la filosofía marco que va a orientar las políticas de cooperación en los próximos cuatro años. Es

un plan para la legislatura, un plan que acabará en el año 2008 y que lo que pre- tendía fundamentalmente eran dos objetivos.

El primero, recuperar el consenso que toda política de cooperación a nuestro modo de ver, debe tener. Miguel se refería al desencuentro que habíamos vivido en los últimos años, y más allá de la convicción profunda de que la cooperación debe ser compartida y de que tenemos que hacerla contando con todos los agen- tes, también hay una cuestión de eficacia. No tendría ningún sentido hacer la co- operación de espaldas a los agentes que luego la gestionan, porque más allá de la convicción de que debe ser compartida, sencillamente sería ineficaz. Por eso, he- mos intentado desde el primer momento, que el Plan Director de la Cooperación Española, no fuera el Plan Director de la Secretaría de Estado de Cooperación, sino el plan director de todos y cada uno de los agentes de la cooperación. Por ello, pusimos en marcha desde el principio, una serie de talleres y de encuentros donde han participado numerosos expertos, de universidades, de sindicatos, de organizaciones no gubernamentales, de empresas, de instituciones y sobre todo de comunidades autónomas y de ayuntamientos, que en nuestro país son agentes fundamentales que gestionan un tanto por ciento muy elevado de nuestra ayuda oficial al desarrollo y que además están haciendo y realizando proyectos y progra- mas en muchos países, muchas veces sin que los unos y los otros sepamos que es- tamos haciendo en cada país. Otro de los retos fundamentales que tenemos, ade- más de compartir la filosofía, paso previo para lo segundo, es compartir instrumentos, estrategias y poder realizar un verdadero mapa de la cooperación es- pañola que nos permita coordinar mejor nuestras acciones en el terreno, comple- mentarlas y por lo tanto, optimizar mejor los instrumentos que la cooperación al desarrollo tiene en muchas partes del mundo. Este plan director, como digo, es fruto de la participación de todos estos agentes. Fue debatido, discutido y apro- bado en el Consejo Interterritorial donde están las comunidades autónomas y los ayuntamientos, en la Comisión Interministerial, donde están todos los ministe- rios de la Administración General del Estado y en el consejo de cooperación donde están representadas la sociedad civil, la economía social, las empresas, los sindicatos y las expertas y expertos en materia de cooperación al desarrollo. El úl- timo trámite de este plan director fue la comisión de cooperación del parlamento, que también lo dictaminó con un gran consenso y hoy podemos decir que, aun- que es un plan director por supuesto mejorable como todo, es un plan que ha ob- tenido el consenso prácticamente unánime de todos los actores y que eso nos va a permitir seguir avanzando en esta línea de coordinación y complementariedad. Después del siguiente paso concreto que teníamos era el elaborar el Plan Anual de Cooperación Internacional para el año 2005. Ese plan tiene que desa- rrollar todos los objetivos y los instrumentos que tenemos con el presupuesto en- cima de la mesa, que ya está aprobado para el año 2005 en los países donde tra- bajamos. Este es un plan anual que ha tenido también un gran consenso (que ha sido muy participado), pero es un plan anual de transición. ¿Por qué es de transi- ción? Porque muchos de los proyectos y programas que aparecen en este plan anual, son todavía heredados de la etapa anterior, puesto que hay muchos pro-

gramas que todavía no han acabado en el año 2005 y que acabarán en el año 2006. Y también porque demuestra la complejidad de los cambios, que tiene sus plazos y que son a veces más lentos de lo que nos gustaría, en el sentido de que al mismo tiempo que cambiamos la filosofía, tenemos que construir instrumentos que no existían. Pongo un ejemplo muy claro: el plan director anterior y el actual, nos capacitan para hacer planes país, planes anuales y estrategias país por cada uno de los países prioritarios. ¿Qué significa esto? Cada uno de los países prioritarios de la cooperación española donde se va a concentrar el 70% de nuestra ayuda ofi- cial al desarrollo, deben tener una estrategia país que desarrolle los instrumentos concretos que vamos a desarrollar en cada uno de los países. Es decir, que cada persona que lea, de forma aunque sea efímera esta estrategia país, pueda hacerse una idea de qué está haciendo la cooperación española en ese país, en el conjunto de sus instrumentos. Estas estrategias deberían estar hechas y nos hubiera sido muy útil que las tuvieran para saber, si realmente estaban teniendo el impacto que deseábamos o modificar aquello que no servía o que realmente no estaba teniendo el impacto que debía. Desgraciadamente esto no fue así, no hubo ni una sola es- trategia país que se realizara hasta la fecha y por tanto, como decía, al mismo tiempo que cambiamos la filosofía, tenemos que construir las estrategias del país. Por eso los cambios son más lentos de lo que nos gustaría y la época de transición la estamos viviendo en este año.

Calculamos que el año 2006, será un año en el que ya podamos empezar a ver un plan anual que responda más a la nueva filosofía del plan director y la que- remos compartir con las comunidades autónomas y con los ayuntamientos, por- que entendemos que en estas estrategias país deben ya al menos conocerse los pro- yectos y programas que también las comunidades y ayuntamientos tienen previstos para estos países, para ser un mapa completo de la cooperación española. Por eso, les hemos ofrecido también, que aquel personal contratado por las auto- nomías y municipios que trabajan en el terreno, puedan estar y trabajar en las ofi- cinas técnicas de cooperación para poder coordinar mejor esas actuaciones.

Además de esto, es muy importante revisar o formular en su caso, en las que no existían, las nuevas estrategias sectoriales. El plan director tiene cinco estrate- gias trasversales de las que deben beber todas y cada una de sus actuaciones. Como decía al principio, la equidad de género, que es una estrategia trasversal y sectorial, la hemos querido blindar en estos dos aspectos porque la experiencia nos demuestra que en demasiadas ocasiones la perspectiva de género se ha reducido simplemente a ver cuántas mujeres se beneficiaban de nuestros proyectos, cuando realmente lo que estamos buscando es hacer a las mujeres verdaderas protago- nistas de su propio desarrollo y empoderar a las mujeres para que formen parte de la toma de decisiones, del desarrollo y del liderazgo del desarrollo de sus socieda- des. Además, en la estrategia de acceso a la diversidad cultural, donde hay una apuesta también muy clara por nuestra cooperación con los pueblos indígenas, es una novedad que tiene una importancia muy clara, y la que deben beber todos nuestros planes de actuación. El desarrollo sostenible y las políticas medioam- bientales son otro eje transversal fundamental en la política de cooperación. Las

políticas relacionadas con los derechos humanos, que en mi opinión no pueden separarse en ningún caso de las políticas de desarrollo internacional, también son un eje transversal y además de esto queremos desarrollar otras estrategias secto- riales que van relacionadas con los derechos sociales básicos: la educación, parte fundamental del desarrollo, es evidente que sin educación no hay desarrollo in- ternacional. El acceso al agua potable, estrategia concreta, clara y medible en el tiempo. La soberanía alimentaria, aquí hemos dado un paso bastante claro, hasta pasar de la ayuda alimentaria a la soberanía alimentaria. Esto quiere decir no sólo garantizar el acceso a los alimentos, sino el acceso a la producción de estos ali- mentos. Queremos construir también y renovar la estrategia relacionada con el desarrollo sostenible y las políticas medioambientales, que en mi opinión eran to- talmente insuficientes, entre otras cosas porque no tenía indicadores que nos per- mitiera medir su impacto. Y quizás una de las más novedosas y las más impor- tantes, es la estrategia relacionada con la prevención de conflictos y la lucha contra la vulnerabilidad.

Aquí quiero detenerme un minuto, porque si hay otro reto importante que tiene la cooperación española, es la relacionada con la ayuda humanitaria y de emergencia. La cooperación española, no sólo tiene un reto en lo que se refiere al aumento presupuestario de esta materia, nuestro compromiso es alcanzar el 7% de la orden bilateral de la ayuda humanitaria y de emergencia, sobre todo te-