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literatura, el culto de la Verdad, o la noción de la literatura como expresión más cabal de la vida cultural de un pueblo y
de su evolución, es decir, la interrelación entre vida cultu- ral y espiritual de una nación, definen claramente las posi- ciones críticas de De Sanctis, que prevalecerán durante buena parte de la segunda mitad del s. XIX en Italia.
En el pensamiento crítico de Sanctis confluyen tres grandes líneas: a) el pensamiento de Gioberti, especial- mente de Primato, que se orienta al fundamento de la iden- tidad nacional de la literatura y las artes, colocando a ar- tistas e intelectuales en una situación de preeminencia social; b) el historicismo de Hegel, especialmente en la noción del carácter evolutivo del espíritu humano, y de los fenómenos culturales en general (influencia determi- nante en la superación de su formación clasicista); y c) el Resurgimiento y la literatura romántica, o protorománti- ca (con particular interés por Alfieri, Foscolo, Mazzini, Tenca, Manzoni y Leopardi), aspecto importante por el carácter a menudo fuertemente romántico, o de corte ci- vil, que toma su crítica en múltiples ocasiones: una crítica que se presenta como compromiso civil y con clara volun- tad de militancia.
La formación de Francesco De Sanctis está marcada por el legado de la Escuela de Basilio Puoti y del Puris- mo de raíz clásica. El lema de Puoti era: “parole del trecen-
to, stile del cinquecento” (“palabras del siglo XIV, estilo del
siglo XVI”). Se orientaba al estudio de los escritos de los clásicos italianos, un aspecto que retomará sin duda el método desanctisiano, aunque desde un enfoque muy di- ferente. A esta influencia inicial, hay que añadir la impor- tancia que ejerció la Ilustración, punto de partida para la superación de las iniciales posiciones del formalismo pu- rista de De Sanctis. En este sentido, serán relevantes nom- bres como D’Alembert, Diderot, Helvetius, Montes-
quieu, Voltaire y Rousseau. Y entre los italianos, Bec- caria, Cesarotti, Filangeri, Genovesi y Pagano. La fi-
fue determinante en la maduración de un determinado concepto de la historia, con importantes implicaciones para la historia literaria. Lo fue asimismo en la concreción de sus ideas estéticas. Por ejemplo, en la noción de indepen- dencia de la obra de arte, y de su carácter no subordinado a otras disciplinas, como la filosofía. En el mismo sentido, en cuanto a la imposibilidad de distinción entre belleza “clásica” y “romántica”, y sobre todo en lo referente a la persistencia de la Belleza ante la irrupción del progreso y de las innovaciones tecnológicas. La polémica respecto a los románticos italianos (Foscolo, Mazzini, Gioberti…), una muestra más de la célebre “querelle” entre clásicos y mo- dernos, influyó en las tomas de posición de De Sanctis y en su aceptación de una noción evolutiva y continuada del progreso, que aplicará también a los valores estéticos y, por tanto, a la literatura. En otro sentido, la lectura de
Scalvini será relevante para su método crítico, pues apor-
tará el complemento de un interés por el plano psicológi- co del autor, que se halla un eco en la obra literaria.
De dichos tres grandes bloques que condicionan sus posiciones, se derivan los ejes de su crítica, los cuales se empiezan a manifestar plenamente en La critica del Pe-
trarca (1868). Su labor crítica se desarrolla fundamental-
mente de modo antitético. La primera gran antítesis que nos presenta es entre forma y contenido, ante la cual De Sanctis rechazará tanto una valoración exclusiva de los aspectos formales (como se da en el clasicismo de su for- mación purista), como del contenido ideológico (en el sen- tido que se manifiesta en la escuela hegeliana). Su pro- puesta se orienta, antes bien, a una síntesis que compren- de la adecuación de la forma al contenido. La segunda an- títesis de su obra es entre lo ideal y lo real. En su pensa- miento se resuelve a favor de la síntesis, postulando un equilibrio, que dará lugar a su célebre fórmula “l’ideale
mo artístico. Esta síntesis resulta fundamental en su mé- todo, pues comporta para De Sanctis la plenitud del artis- ta o del poeta, y en última instancia, la plenitud del hom- bre. De ahí procede la tercera gran antítesis de De Sanc- tis: entre el poeta y el artista. Así, por ejemplo, mientras que Dante es “poeta” porque en él realiza aquel ideal de la segunda síntesis, Petrarca será tan sólo “artista”, dado que en su obra la forma no se adecua al contenido, y no realiza, por tanto, aquel concepto de plenitud humana que presi- de las grandes obras artísticas y literarias que son expre- sión por entero de una época.
Ni que decir tiene que tales principios determinan, como podemos comprobar, el rechazo de De Sanctis a la crítica formal tanto como a la estrictamente ideológica y de contenidos. Su propuesta parte del análisis de la si- tuación histórica y personal del autor, al cual sigue el es- tudio de su poética y de su programa estético (que depen- de de dicho “ideal” que comentábamos más arriba), con atención por los contenidos ideológicos. Así pues, el estu- dio de la relación entre “intención” del autor y su realiza- ción poética efectiva será uno de los aspectos centrales del método crítico desanctisiano.
El momento álgido de su actividad crítica se sitúa en la redacción de una obra que hoy pasa por ser un clásico de la literatura crítica italiana: La storia della letteratura
italiana, publicada en dos volúmenes, entre 1870 y 1871.
En ella, De Sanctis se distancia de las dos tendencias que presidían la historiografía literaria en Italia, la línea ca- tólica de Cesare Cantú, y la escuela laica de Luigi Sett-
embrini. El momento de aparición de dicha obra no es en
modo alguno casual, pues coincide con el final del proceso político iniciado con el resurgimiento italiano. De ahí el carácter innegablemente civil y el alcance nacional que manifiesta esta obra, en la cual la evolución literaria se contempla como indisolublemente ligada a la manifesta-
ción del espíritu de todo un pueblo. La historia literaria de De Sanctis muestra un carácter orgánico, rasgo inno- vador en Italia y en el conjunto del panorama crítico del siglo XIX. De tal modo que en su método se observa como se privilegian en todo momento los aspectos de la evolu- ción histórica de los fenómenos literarios, antes que el análisis parcial, de un autor o una obra, de tipo ideológico o formal. La influencia de Hegel en tal concepción articu- lará la evolución histórica en grandes momentos, movidos por una dialéctica muy clara. Tesis, antítesis y síntesis articulan, así pues, su presentación del hecho literario. De este modo, vemos como en la Edad Media predominan los contenidos morales y religiosos (presentados como te- sis). Le sucede una etapa, con Boccaccio y Petrarca, donde se impone la experimentación formal, que va degeneran- do con la influencia de las tendencias extranjerizantes o antítesis (tendencias alienantes, para De Sanctis, pues distorsionan la verdadera identidad cultural italiana). El ciclo se cierra con el momento de recuperación, iniciado para De Sanctis con la Ilustración, donde se imponen los valores civiles en autores como Parini y más tarde Alfieri. Este ciclo culmina para él con el Resurgimiento, vincula- do al Romanticismo, con autores como Foscolo, Manzoni o Leopardi. Desde este punto de vista, el momento de la Unificación será interpretado como la etapa de culmina- ción del proceso, o síntesis en la que se concreta el creci- miento nacional de un pueblo, e individual de las perso- nas que lo componen, un momento que para De Sanctis lleva a la práctica la realización entre Ideal y Realidad, y la plenitud poética y civil italiana.
Como podemos comprobar, su visión histórica, a te- nor de los grandes momentos de la evolución de un pueblo y su cultura, soslaya las individualidades literarias y los análisis pormenorizados de las obras, para centrarse en las grandes visiones e interpretaciones, al margen de la
verificación empírica de los fenómenos literarios, aplicando en gran medida criterios (como plenitud, decadencia, re- cuperación…) que se derivan en su mayor parte del Ro- manticismo. Su historia literaria adquiere, por tanto, los visos de una gran narración, es decir, presenta una dimen- sión fuertemente ficcional, que comprende e implica al mismo crítico que la formula. Detrás de dicha concepción de la crítica se oculta, naturalmente, aquella idea de la preeminencia (entendida como grado máximo de concien- cia) del intelectual y el artista en la evolución histórica de un pueblo, que hemos visto más arriba. Ello resulta parti- cularmente evidente cuando De Sanctis destaca en cada momento histórico una personalidad artística de relieve, máxima expresión de la “síntesis” del espíritu de su tiem- po. Por su parte, la forma que toma su presentación de la evolución de los fenómenos literarios, de carácter muy marcadamente dramático (incluyendo incluso el diálogo con el lector), junto con la pasión de su argumentación y exposición, confieren a la crítica desanctisiana un cariz patético y una vocación militante inconfundibles, que la distancia, incluso en el tono, de la crítica académica.
Los gustos literarios y los planteamientos críticos de De Sanctis son en gran medida herederos del Romanticis- mo: por la preeminencia otorgada a la fantasía y al mo- mento sentimental, por la historicidad a que se somete la experiencia estética en general (expresión del espíritu del pueblo), por la misma valoración de la componente bio- gráfica del autor, que persiste en De Sanctis. Sin embar- go, los principios historicistas de De Sanctis corrigen di- cho legado idealista aproximándole a las posiciones rea- listas de sus años de madurez y de la culminación de su tarea como crítico. Un realismo, no obstante, que no se orienta a la reivindicación de la mimesis artística (lo cual conllevaría la supresión del Ideal que él defiende), sino que desemboca en una nueva formulación del Positivismo,
como la que se puede hallar en L’uomo di Guicciardini (1869). Con todo, De Sanctis fue uno de los máximos de- fensores del Realismo y el Naturalismo en Italia, tenden- cia que ayudó a difundir en dicho país gracias a ensayos como Studio sopra Emilio Zola (1877) y Zola e
“L’Assommoir” (1879). Su aportación en este sentido será
determinante en la superación de una cierta producción literaria sentimental y tardorromántica que aún seguía estando vigente en Italia en los años inmediatamente pos- teriores a la Unificación del país.
3.2.3. Fortuna crítica de F. De Sanctis en el siglo XX