• No results found

Software Hazard Criticality Matrix For Example Purposes Only

HAZARD CONTROL RECORD PAGE

4.4 Software Safety Testing & Risk Assessment

4.4.2 Software Safety Test Analysis

El Verismo, y muy especialmente las aportaciones de Verga en los años 80 del siglo XIX, resultan capitales en el surgimiento de la novela moderna italiana. En este sentido, cabe recordar innovaciones como el abandono del punto de vista omnisciente propuesto por Manzoni en I

promessi sposi, persiguiendo con ello una imparcialidad

en el análisis de la sociedad que aspira a ofrecer una foto- grafía literaria del conjunto social. Dicha realización de los presupuestos naturalistas tendrá varias consecuencias estilísticas y lingüísticas concretas. Por ejemplo, se obser-

va el eclipsamiento del autor, la coincidencia entre punto de vista del narrador y de los personajes (que comparten una misma visión del mundo), de tal modo que se puede hablar de una manera de narrar «desde abajo» que supone la renuncia a la visión del autor-Verga, y a la posición de preeminencia ideológica que la función autoral le otorga tradicionalmente. Por esta vía, desaparecen los comenta- rios de autor y la perspectiva paternalista en el tratamiento del personaje (particularmente, en el caso de personajes de ambientes rurales, con una mentalidad preindustrial y arcaica, muy lejana a la del autor) y del pueblo en general. El horizonte cultural y lingüístico de la narración se tras- lada del autor a los personajes. Este hecho tendrá una enorme importancia, pues comporta una serie de innova- ciones. En primer lugar, irrumpe en la novela una temáti- ca humilde y rural, muy ligada a aspectos de la vida coti- diana. En segundo lugar, el criterio de verosimilitud ar- tística llevará a Verga a introducir no sólo elementos dia- lectales (sería inconcebible ver hablar a ciertos persona- jes de su producción más vinculada con la Sicilia rural de la época en un italiano culto o incluso estándard y neu- tro), sino a reproducir los modos del habla de dichos per- sonajes, con resultados gramaticalmente incorrectos o muy marcadamente coloquiales.

Verga es el narrador por excelencia de esa Sicilia preindustrial, una Sicilia ya tocada de muerte en los años en que compone su obra principal, I Malavoglia, amenaza- da por el progreso industrial y la consolidación del capita- lismo en Italia a finales del siglo XIX. Dicho mundo prein- dustrial aparece reproducido en su obra con sus contra- dicciones internas, con la minucia y el rigor propios de un documento científico. De ahí que en ese Verga resulten capitales ciertos conceptos clave, como la «roba» o los bie- nes materiales, la «familia» (que comporta el «ideal de la ostra» y connota negativamente todo lo que es ajeno al re-

ducido núcleo familiar y el pueblo nativo, como un terreno amenazador y propio de lo Ignoto), la discusión en torno al progreso y su alcance real en los tiempos modernos, dominados por una lucha feroz por la vida, etc. Éste es precisamente el origen del llamado pesimismo verguiano, que cuestiona la verdadera dimensión positiva del progreso en el ámbito del individuo. Tal visión pesimista del pro- greso tendrá, por otra parte, consecuencias importantes en el plano narrativo. Se traduce, por ejemplo, en una al- teración de la linealidad temporal, con un retroceso hacia una visión del tiempo anclada en la circularidad, sin evo- lución efectiva, más propia de la visión arcaica y prein- dustrial del mundo. El tratamiento del tiempo narrativo en I Malavoglia está sujeto a esta concepción en varias ocasiones. Del mismo modo, la capacidad crítica y en ge- neral desmitificadora del progreso se hará completamen- te evidente en la segunda novela de Verga, Mastro-don

Gesualdo.

Ciertos aspectos característicos de la narrativa de Verga lo diferencian sensiblemente de los modelos natu- ralistas. La misma predilección por la temática rural (no así en el ámbito programático, sin embargo, pues su ciclo narrativo de I vinti incluía otras clases sociales, aunque sí en sus realizaciones efectivas, como sabemos) lo conduce hacia un tipo de experimentaciones muy alejadas de la temática zoliana, orientada a la descripción del subprole- tariado urbano. En Verga resulta muy relevante su capa- cidad para representar alusivamente los estados de áni- mo de los personajes, así como destacan las cualidades al- tamente líricas de su prosa, que acaba confiriendo valores simbólicos a la naturaleza, por ejemplo. De este modo, la crítica ha hablado de una mezcla de realismo y simbolis- mo en la narrativa verguiana (muy especialmente en su primera novela), combinación que estaba destinada a te- ner continuidad en la prosa del s. XX.

Uno de los primeros objetivos de Verga a partir de la recepción de los postulados naturalistas será la elabora- ción de su teoría de «la forma inherente al tema». Ello com- porta el propósito de hallar una forma narrativa que sea adecuación, y derivación incluso, del tema analizado por la novela o narración. De ahí la continuidad evidente en- tre la Inchiesta in Sicilia, que mencionamos más arriba, y los contenidos de Vita dei campi (muy especialmente en

Rosso Malpelo, verdadera transposición literaria de los

resultados de la encuesta sociológica). En este sentido, podemos considerar la estética verista como heredera del Positivismo filosófico, al presuponer una verdad objetiva y postular la posibilidad de una aproximación científica a la realidad social desde la literatura. Esta posición com- portará, por otra parte, un determinismo de corte mate- rialista, que se orienta sobre todo al estudio del tema de «la roba», pero que incide también en el análisis de la sa- tisfacción de los instintos más elementales del individuo en la primera novela del ciclo, negando cualquier posibili- dad de libre albedrío o de superación de las estrictas le- yes de la herencia (en lo biológico) y de la economía (en lo social). Tales planteamientos traducen la aplicación al ámbito literario de la teoría darwiniana de la lucha por la vida, que preside para Verga toda evolución humana y so- cial, estructurando narrativamente su ciclo de I vinti.

El posicionamiento en la corriente del Positivismo filosófico y de la recepción del Naturalismo aleja a Verga de los residuos de estética romántica aún presentes en su etapa de narrador mundano. Este hecho se observará es- pecialmente en su contundente defensa de la imparciali- dad del autor, en el rechazo a la expresión subjetiva de la personalidad, en la presentación de hechos y personajes desde fuera (es decir, a través de sus modos de hablar, de sus actuaciones, de sus actitudes), sin comentarios auto- rales sobre el personaje. Muy al contrario, el personaje se

presenta a sí mismo de un modo no explícito, o bien se muestra a través de las opiniones de los demás personajes que le rodean. El autor se convierte en un científico que da voz a la realidad humana y social que observa y presen- ta, sin interpretarla; se preocupa tan sólo de mostrar los vínculos de causa-efecto presentes en esta realidad, así como los condicionantes deterministas naturales y/o am- bientales que rigen dichas vidas.

La crítica ha visto por momentos, detrás del eclipsa- miento del autor, un atisbo de la conciencia de la pérdida de rol social del escritor en esta etapa histórica. Desde este punto de vista, Verga y el Verismo, con dicha renun- cia, se muestran como sintomáticos de la crisis histórica a partir de los años 80 del siglo XIX, que se hará mucho más evidente con el Decadentismo y las Vanguardias de prin- cipios del siglo XX.

La teoría de Verga «la forma inherente al tema» es la base a partir de la cual se desarrolla su importante expe- rimentalismo narrativo, que determina el surgimiento de la novela moderna italiana. En efecto, si toda narración debe asumir el punto de vista de los personajes represen- tados, su cultura, su lengua, su visión del mundo, necesa- riamente cada ambiente social sujeto al análisis del escri- tor exigirá el uso de sus propias imágenes culturales, su perspectiva del mundo, su realidad lingüística (a nivel del léxico y de los modos sintácticos), etc. El estilo varía subs- tancialmente en la obra de Verga, de un modo que adquie- re una fuerte componente ideológica: se orienta a mostrar de manera verosímil los modos de la realidad. Así, por ejemplo, la descripción del mundo rural y de los estratos sociales más humildes conllevará necesariamente el aban- dono de un lenguaje literario y culto, y el empleo de for- mas dialectales no con el valor de simples pinceladas fo- lkloristas, sino como reflejo de una entera visión del mun- do, arcaica y preindustrail (por ejemplo, en I Malavoglia,

o bien en las llamadas «novelle rusticane»). En Verga cabe hablar de una dialectalidad inherente a la mentalidad de sus personajes, con traducción en el plano léxico (en el uso de términos del mundo cotidiano de la Sicilia rural) y sintáctico (en la construcción mimética del periodo sin- táctico de uso popular, con sus incorrecciones gramatica- les, las peculiaridades propias de la oralidad, etc.). Del mismo modo, en etapas sucesivas de su ciclo narrativo, Verga postulaba la necesidad de recurrir a otros estile- mas y modos de expresión, que sólo llegaron a concretar- se, como sabemos, en el ambiente provinciano que consti- tuye el escenario para Mastro-don Gesualdo.

Esta opción estilística (véase también el apartado 3.3.3. del presente capítulo), que deriva de la elección pre- liminar de defensa del «eclipsamiento del autor», en sin- tonía con el Naturalismo, constituye la verdadera innova- ción de Verga en el terreno de la narrativa italiana, y se consolida como núcleo esencial de la estética verista. En este punto se cifra la superación de la tradición narrativa manzoniana, realizada desde un cuestionamiento ideoló- gico de la idea de progreso, como observamos en los prota- gonistas de su ciclo narrativo, I vinti, todos ellos marca- dos por el fracaso personal, que según Verga se deriva de la misma lucha por la vida a la que se ven ineludiblemente conducidos.