• No results found

Software Hazard Criticality Matrix For Example Purposes Only

SOFTWARE SAFETY ASSESSMENT REPORT (SAR)

4.3.5 Preliminary Software Design, Subsystem Hazard Analysis

el predominio del clasicismo.

Mientras que podemos considerar que a mediados del s. XIX en Europa se han superado las tendencias románti- cas y surge un movimiento de renovación poética general, en Italia, en cambio, la situación es algo distinta pues su retraso cultural es notable por entonces. A ello se une un elemento importante, como es el enorme peso que la tra- dición literaria ha tenido siempre en aquel país. Sin em- bargo, fuera de Italia, gracias al Parnasianismo francés, y muy especialmente a Charles Baudelaire, quien publica

Les fleurs du mal en 1857, empieza a tomar relevancia un

nuevo concepto del arte, no ya concebido como mera ex- presión de la subjetividad del artista, ni tampoco impreg-

nado de fuertes tintes heroicos, sino un arte concebido como evasión y mero artificio. Esta nueva visión artística se concretará, a finales de siglo, en la corriente artístico- literaria del Decadentismo-Simbolismo, pero tiene su ori- gen, de hecho, mucho antes, como podemos ver. En este sentido, cabe recordar que el Esteticismo, y especialmen- te su conocida fórmula de «l’art pour l’art» (el arte por el arte), se debe al poeta Théophile Gautier (1811-1872), y siendo ya formulada en 1835. Este principio se constituirá muy pronto en la base de la nueva poética.

En Italia, sin embargo, la actitud romántica y el peso de la tradición se mantendrán muy vivos durante bastan- te tiempo. La figura que domina el panorama literario de esos años es, sin ninguna duda, G. Carducci. Personalidad literaria marcada por un tradicionalismo de corte acadé- mico, y un fuerte cariz humanista y clasicista, se caracte- rizará por la recuperación nostálgica de la antigua digni- dad cultural perdida, en última instancia, de la grandeza italiana de siglos anteriores. Sin duda, la poética parna- siana dejará huella en su obra, y se aprovechará, por ejem- plo, para sustentar el rechazo a toda efusión lírica de ca- rácter romántico, así como en la recuperación de la retóri- ca y los mitos clásicos, muy especialmente en una parte de su producción poética, como son Odi barbare y Rime nuo-

ve. Con todo, sus actitudes clasicistas quedan muy lejos de

la poesía parnasiana, de aquel esteticismo preciosista y de carácter marmóreo que se desprende de la mejor pro- ducción parnasiana, y que es, en general, la tónica de la poesía de Th. Gautier en su célebre Émaux et Camées (1853), verdadero precedente de muchos desarrollos poé- ticos posteriores en el Decadentismo.

Mientras en Europa, en los años comprendidos en- tre 1860 y 1890, las tendencias finiseculares darán lugar a una nueva poética y a un nuevo lenguaje poético, en cam- bio en Italia, la pervivencia de moldes clásicos, del len-

guaje áulico de la tradición poética, serán hegemónicos, obstaculizando los cambios y las nuevas influencias llega- das del exterior. Hasta el punto que se puede hablar de una verdadera reacción clasicista italiana acaecida en esos años. Una reacción, que, por un lado, se orienta a la supe- ración de las tendencias románticas persistentes en escri- tores como Prati o Aleardi, herederos de Manzoni, mien- tras que, por el otro, intenta bloquear la introducción de corrientes poéticas ajenas a la tradición italiana y clara- mente protodecadentistas. El retorno a la más pura tradi- ción italiana, a los maestros de siempre (Parini, Alfieri, Monti, un cierto Foscolo), será la tónica general en este orden de cosas, en el que Carducci se erige como un para- digma del momento.

La cristalización de esta corriente de corte clasicista tiene como centro cultural la ciudad de Florencia, muy li- gada a la tradición canónica italiana desde siempre. Allí, y alrededor de la «Società degli Amici Pedanti» (creada en 1856), que mantendrá, por cierto, una fuerte polémica con- tra el Romanticismo, se repite la antigua querelle entre Clasicismo y Romanticismo, traducción, en la práctica, de la dicotomía Tradición/Modernidad en la época, exacta- mente igual que unas décadas antes («pedanti» es, a decir verdad, como los románticos llamaban a los neoclásicos a principios del siglo XIX). La «Società degli Amici Pedanti» se proponía como objetivo «italianizar» la poesía italiana del momento y depurarla de influencias extranjerizantes consideradas perniciosas, con el propósito de recuperar la antigua dignidad cultural de la gran tradición italiana. Dicho programa fue perdiendo radicalismo con los años, pero su objetivo era muy claro en un principio. La Socie- dad estaba formada por el joven G. Carducci, además de

Giuseppe Chiarini (1833-1908), Giuseppe Torquato Gargani (1834-1862) y Ottaviano Targioni Tozzetti

No resulta casual dicha reacción clasicista en Italia en los años posteriores a la Unificación. A decir verdad, la misma trayectoria política italiana en esos años presenta singularidades que distinguen ese país de la mayor parte de los demás en la evolución política y cultural europea. No se nos oculta que la Unificación italiana remite, por un lado, a los antiguos sueños imperiales, desde una perspectiva nacionalista que resultaba desconocida para un territorio como el italiano, durante siglos sumido en la fragmenta- ción y en la diversidad cultural y lingüística. La nostalgia del antiguo sueño clásico y de la gloria imperial, así como la recuperación de la tradición literaria áulica que a ellos se vincula estrechamente, constituyen, en los años posterio- res a 1861, un verdadero elemento de cohesión nacional para la joven Tercera Italia, como varios críticos han evidencia- do con acierto. Italia deberá esperar, sin embargo, hasta bien entrado el siglo XX para mostrar una verdadera unifi- cación en el terreno cultural y social. Ello no se conseguirá, de hecho, hasta la escolarización obligatoria y la difusión de los medios modernos de comunicación de masas (espe- cialmente la televisión). Así las cosas, el pasado imperial y la grandeza cultural de otros siglos es, durante varias déca- das, el único elemento común en la Italia de la Unificación. No resulta pues sorprendente dicha reacción clasicista en esos momentos, ni tampoco la reticencia a la asimilación de las tendencias innovadoras y las nuevas corrientes llega- das del extranjero y consideradas, por tal motivo, pernicio- sas. G. Carducci fue, sin lugar a dudas, el intérprete por excelencia de esta etapa cultural, con todas sus contradic- ciones y complejidades inherentes.