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4.3.7 System Hazard Analysis

La concepción de la literatura como instrumento cien- tífico para el análisis de la realidad social y del comporta- miento humano se afianza en Francia de la mano del Posi- tivismo, partiendo de las posiciones filosóficas y científi- cas de Comte, Spencer y Darwin, como anticipamos en el capítulo 1. En el terreno literario y de la crítica, Hippo-

1858, al aplicar los criterios científicos vigentes al estudio de las obras literarias, y al identificar los conceptos de «raza», «ambiente» («milieu») y «momento histórico» como tríada fundamental que determina en todos los casos el comportamiento humano, constituyendo las directrices de la investigación desarrollada desde el ámbito de la narra- tiva. En este sentido, resulta fundamental su Historia de

la literatura inglesa (1863), que muestra la aplicación de

tales conceptos.

La concepción del narrador como científico que se orienta al análisis imparcial de la realidad abandona defi- nitivamente los presupuestos románticos de la expresión del yo del artista, pero también toma distancias respecto a la narración entendida como ficción. El objetivo en la narrativa naturalista se propone, al contrario, analizar con objetividad científica un fragmento de vida («tranche de

vie») que explique las razones del comportamiento huma-

no y de la evolución social, al margen de conceptos mora- les, como vicio o virtud, y negando el libre albedrío del individuo.

Los presupuestos críticos de Taine hallarán confir- mación y su mejor exposición en la narrativa de Émile Zola (1840-1902), quien pone en práctica dichas teorías de modo radical a partir de su novela Thérèse Raquin (1867) y, muy especialmente, en su gran ciclo narrativo titulado de los Rougon-Macquart (1871-1893), que el mismo autor de- finió como: «la historia natural y social de una familia bajo el II Imperio». Sus planteamientos narrativos se expon- drán, en el plano crítico, en Le Roman expérimental (1880). El año 1877 resulta clave en la consolidación de estos pre- supuestos que dan lugar a esta nueva corriente literaria, pues corresponde al momento de creación en Médan, por parte de un grupo de escritores cercanos a las teorías de Zola, de «La escuela naturalista» , compuesta por Guy de

mans, Léon Hénnique, Henry Céard, Paul Alexis, el

mismo Émile Zola, y los hermanos Jules y Edmond de

Goncourt. Ese mismo año aparece publicada la célebre

novela naturalista de Zola L’Assommoir, característica de dicha escuela.

Precisamente la publicación de L’Assommoir abre un importante debate en Italia, con varias intervenciones en la prensa periódica del país. Destaca, muy especialmente, la toma de posición del crítico literario Francesco De

Sanctis a favor de la nueva corriente, en un artículo que a

la vez exponía sintéticamente los elementos clave de la narrativa de Zola y de la escuela naturalista en general – es decir, el principio de objetividad y la impersonalidad del punto de vista narrativo—, imprescindibles en la su- peración definitiva de las posiciones románticas.

En la misma línea se sitúa a partir de entonces una parte de la producción narrativa italiana, especialmente de dos escritores sicilianos en los años 70: Luigi Capua-

na y Giovanni Verga. La correspondencia entre ambos

pone muy de manifiesto la recepción del Naturalismo fran- cés en Italia, y la progresiva introducción y realización de dichos postulados narrativos. Tal recepción se conocerá en Italia, en un primer momento, como tendencia «realis- ta», para concretarse posteriormente como «Verismo». Esta evolución en la narrativa de los últimos años dará lugar a obras decisivas, como la narración breve de Verga, Rosso

Malpelo (1878), y en general todos sus relatos del volumen Vita dei campi (1880), para culminar en la novela I Mala- voglia (1881). A tales experimentos habrá que añadir la

obra de De Roberto, que continúa el camino abierto por Capuana y Verga unos años antes, del mismo modo que habrá que inscribir en esta línea otras experiencias ya más proclives al Decadentismo literario, como las del joven D’Annunzio de sus primeros relatos, o las de los exponen- tes de la narrativa regional, como Grazia Deledda o Matil-

de Serao, entre otros. En tales experiencias narrativas se observa predominantemente el tratamiento del mundo rural (herencia del Verismo de Verga), y en Serao un aná- lisis del subproletariado urbano de Nápoles, muy dentro de la línea del estudio de la vida degradada de la ciudad moderna que se observa también en la obra de Zola.

La recepción del Naturalismo francés, a pesar de su innegable importancia en Italia, no dará lugar a ningún manifiesto programático. Sin embargo, en las relaciones literarias entre Capuana y Verga se asiste no sólo a una reflexión crítica importante, sino al surgimiento de una verdadera estética verista. Los tres momentos clave de tal recepción son la reseña, en «Il Corriere della Sera» y por parte de Capuana, de la primera edición francesa de

L’Assommoir (1877), reseña que propone a Zola como mo-

delo de la nueva narrativa de la «verdad». En segundo lu- gar, el traslado de Capuana a Milán, y su toma de contacto con las nuevas corrientes francesas. Y en último lugar, la creación, con Verga, Roberto Sacchetti y el crítico Came- roni, de un grupo italiano de inspiración naturalista. En este contexto incidirá de modo muy especial la publica- ción de la Inchiesta in Sicilia sobre el trabajo infantil, rea- lizada por Franchetti y Sonnino, así como la publicación de las Lettere meridionali de Pasquale Villari, que mues- tran las penosas condiciones sociológicas de la Italia me- ridional. Ambos hechos, producidos desde ámbitos dife- rentes, son el punto de partida de la posteriormente tan difundida en el s. XX «cuestión meridional», además de constituir la fuente de gran parte de la innovación temá- tica que tiene lugar en la narrativa verista.

El Verismo nace, pues, como resultado de la influen- cia del Naturalismo francés y se propone llevar a cabo un «estudio científico y positivo» de la sociedad a través de la novela, género fundamental en esta corriente, y desde una posición que sitúa al autor en una «perfecta impersonali-

dad», erigiéndose en simple transcriptor de los hechos que contempla. Con todo, a pesar de ser un heredero claro del Naturalismo tanto en el criterio de impersonalidad de re- presentación como del «eclipsamiento del autor», y en su pretensión de llevar a cabo un estudio científico del hom- bre y la sociedad, sin embargo, el Verismo muestra ciertas diferencias respecto a la corriente dominante en Francia. En primer lugar, el Verismo se orienta mucho más al es- tudio del alma y la psicología humana, con menos insis- tencia en el estudio de la sociedad. Por su parte, la temá- tica naturalista se centra en el mundo del subproletaria- do urbano, mientras que en el Verismo domina la temáti- ca rural y una visión del mundo aún preindustrial. De tal modo que Verga, de hecho, al proponer su ciclo narrativo de clara filiación zoliana, I vinti, fracasará al analizar otros ámbitos sociales más allá del ambiente rural y de la pe- queña ciudad de provincia. De hecho, su ciclo queda inte- rrumpido, como veremos, después de sus dos primeras novelas: I Malavoglia y Mastro-don Gesualdo.

La pretensión de ofrecer un cuadro completo de la sociedad del momento a través de un ciclo narrativo se concreta por igual, como vemos en el famoso ciclo de Zola, los Rougon-Macquart, y de Verga, I vinti («los vencidos», entendiéndose los vencidos en la lucha por la vida, y, por tanto, los marginados por el progreso). Sin embargo, en el análisis de Zola predominarán las leyes del determinismo social, mientras que en Verga prevalece el concepto da- rwiniano de la lucha por la vida y del fracaso de los débi- les, que se convierten en marginados sociales. En ambos, no obstante, se plantea la representación de la realidad desde los criterios de imparcialidad científica a los que aludíamos, y se sigue el criterio de mímesis artística (o «sinceridad en el arte»), que hallará traducción en el ám- bito lingüístico y estilístico en importantes innovaciones, como veremos. El grado de compromiso político de una

corriente u otra es también muy distinto. El resultado es que, en su conjunto, las innovaciones narrativas y estilís- ticas de Verga son notablemente más osadas que las de Zola, pero, por otro lado, su definición política y el alcance intervencionista de su obra es muy inferior. Precisamente ese grado de innovación estilística determinará la fortuna de Verga en el siglo XX.

Una importante influencia naturalista en el Verismo italiano correrá a cargo de la obra de Guy de Maupassant (1850-1893), en sus relatos de los años 80, así como en algu- nas de sus novelas: Bel-ami (1885), Pierre et Jean (1888), o bien Fort comme la mort (1889). Una de las claves de esta influencia es que Maupassant, de formación naturalista, deriva ya hacia el psicologismo finisecular que resultará determinante en el estudio detallado del personaje a partir de la observación y de la representación realista. De ahí la introducción del punto de vista interno del protagonista en Maupassant, que se difunde en buena parte da la narrativa del momento: las narraciones breves y novelas de Verga, Capuana y De Roberto, e incluso del primer D’Annunzio, también escritor de narraciones breves.