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C.7 PROGRAM PLANS
A partir de los presupuestos de Vico, y gracias tam- bién a las aportaciones de Herder, entre otros, la crítica se abre a nuevas perspectivas que contemplan una con- cepción histórica de la literatura. Ello comporta una aproximación al fenómeno literario no desde la especifici- dad de la obra literaria, sino desde la consideración del autor y su obra dentro de un contexto histórico, sociológi- co, cultural, que integra asimismo el plano personal y bio-
gráfico, y que está sujeto al cambio histórico, el cual deter- mina su evolución en el eje temporal. La crítica superaba, por esta vía, los rígidos esquemas clasicizantes de la pre- ceptiva vigente hasta entonces. En esta nueva concepción, sin duda más orgánica, del fenómeno literario, que lo vin- cula a otros aspectos culturales y sociológicos de una de- terminada época, cabe mencionar otras aportaciones, ade- más de Vico y Herder, como por ejemplo los escritos de
Mme. De Staël, cuya difusión en Italia se empezó a pro-
ducir a principios del siglo XIX, siendo el punto de parti- da del Romanticismo en dicho país.
La crítica romántica desarrolló esta visión evoluti- va y orgánica de la literatura y de la historia literaria, con una reflexión importante que establecía una estre- cha vinculación entre la historia general, la filología, la psicología de los autores considerados, y el plano socio- lógico. Tales planteamientos se desarrollan a partir, fun- damentalmente, de las aportaciones críticas del francés
Sainte-Beuve, el cual puso el énfasis especialmente en
los estudios de carácter biográfico para analizar las es- pecificidades de cada autor (en los aspectos externos, pero también incluso en los más íntimos de su personalidad, su estructura psicológica y moral...). Sainte-Beuve colo- có en primer lugar dichos elementos en la exégesis lite- raria de las obras que eran objeto de estudio, siguiendo unos criterios que son, muy evidentemente, de carácter genético, es decir, orientados al análisis del momento de la génesis de la obra literaria, no tanto a sus realizacio- nes textuales.
Paralelamente se difundirá durante el Romanticis- mo un tipo de crítica no llevada a cabo por profesores o eruditos, sino por personas de otros ámbitos menos aca- démicos, con mayor o menor sensibilidad estética. Es una crítica en la mayoría de los casos heredera de los presu- puestos de Sainte-Beuve, orientada al estudio del autor,
para llegar a comprender con profundidad al escritor, más que a su obra.
A mediados del siglo XIX, empieza a cuajar en el ám- bito de la crítica literaria la influencia del Positivismo, par- tiendo de la aplicación a los estudios literarios y artísticos de criterios propios de las ciencias naturales. La actitud racionalista, los planteamientos científicos, la idea de un imperante determinismo social, el rechazo frontal a posi- ciones subjetivistas, y en general a todo lo romántico, se imponen paulatinamente en la segunda mitad del siglo XIX.
Hippolyte Taine se consolida como gran figura de la críti-
ca en este período, como ya dijimos con anterioridad. Su teoría de la tríada que regula y explica la obra literaria: «raza», «medio» y «momento histórico», se impone como eje básico de interpretación. Partiendo de dichas coordenadas, Taine se centrará en el estudio de las causas que explican el origen, el desarrollo y la especificidad de una obra litera- ria. Con tales presupuestos, el crítico literario se sitúa en una posición muy próxima a la del científico que estudia las leyes de la conducta humana y social. De este modo, el es- tudio biográfico y psicológico, aunque con otros planteamien- tos ideológicos, seguirá siendo fundamental en la interpre- tación de la obra literaria, convirtiéndose en una de las cons- tantes de la crítica del s. XIX. El Positivismo filosófico, sin embargo, dará lugar también a otro tipo de estudios litera- rios por entonces, orientados al análisis del contexto socio- lógico, cultural e histórico de una obra.
Taine fue una figura relevante no sólo como crítico literario, sino como historiador de la literatura. Sus obras más destacables son los Essais, publicados en varios volú- menes entre 1854 y 1894, junto con la fundamental His-
toire de la littérature anglaise (1863), que le dio un gran
prestigio en la época.
La influencia de Taine fue absoluta y determinante en algunos países, como por ejemplo Rusia, a partir de
1870, con el resultado de reforzar la tendencia realista que se hacía ya patente en dicho país a partir de Belinskij. Con todo, los años 70 verán en Rusia una evolución, de carácter político, de las posiciones artísticas realistas, orientadas a la defensa de una claro radicalismo social, precedente inmediato de la revolución bolchevique. Des- tacarán figuras como Cernysenskij (1828-1889), Dobrol-
julov (1836-1861) y Pisarev (1840-1868), junto con la re-
vista «El Contemporáneo», verdadera plataforma de ex- presión de esta corriente, promovida por Cernysenskij, que fue, entre otras cosas, autor asimismo de la novela-ensayo titulada ¿Qué hacer? (1862).
La corriente filosófica positivista dará lugar a la apa- rición de estudios historiográficos prácticamente en toda Europa, siguiendo las huellas del maestro Taine, y apli- cando las leyes válidas para las ciencias naturales al estu- dio de los fenómenos literarios. Una de las principales aportaciones de Taine al campo de la historiografía fue
Les origines de la France contemporaine, en tres volúme-
nes: L’Ancien Régime, La Révolution y Le Régime moderne. En la misma tónica, destaca en Francia otra figura importante del momento, Ernest Renan (1823-1872). Re- nan, por su parte, mostrará una cierta continuidad con la crítica romántica desarrollada por Michelet, e incluso con algunas posiciones de Quinet, por ejemplo en sus estudios sobre el Cristianismo recogidos en Histoire des origines
du Christianisme (1863-1972).
En Alemania, los estudios historiográficos presenta- ron un carácter más marcadamente filológico, con figuras clave en su época como Theodor Mommsen (1817-1903), quien obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1902 en reconocimiento por su importante Römische Geschichte («historia romana»), publicada entre 1854 y 1856, así como
por sus estudios sobre derecho romano (1887-1888). Otra figura relevante de esta corriente fue Jacob Burckhart (1818-1897), quien inició unos estudios historiográficos orientados a hallar la especificidad de una determinada época histórica. Tal especificidad estaba concebida de tal modo que había de dar cuenta sintéticamente del espíritu de dicho período histórico en concreto. En ese sentido, destacan sus estudios sobre el Renacimiento italiano (1860), fundamentales en la historia de la crítica del siglo XIX, y aún hoy un verdadero clásico.
Por su lado, la historiografía inglesa tomará un ca- rácter más científico y rigurosamente determinista en esos años, a partir de la obra de Henry Thomas Buckle (1857- 1861), o de James Anthony Froude (1818-1894).
Los primeros años de este periodo histórico, que se prolonga a grandes trazos hasta 1885, se verán dominados por posiciones básicamente realistas en la crítica litera- ria. Las figuras fundamentales de entonces son obviamen- te Taine, junto con el ruso Cernysenskij, y el italiano De Sanctis. En los últimos 15 años del siglo XIX, sin embargo, dominarán las posiciones esteticistas afines a la corriente finisecular y contrarias al realismo artístico. En este con- texto, destacarán otros nombres en el panorama europeo, como son: Walter Pater (1839-1894), y John Ruskin (1819- 1900), conocido asimismo por sus estudios sobre los me- dievales, llamados también «primitivos», determinantes en el surgimiento de una moda medievalizante que se alimen- tó del mito de una cierta Edad Media y un ideal gótico. Dicho ideal pretendía regresar al mundo primitivo y ori- ginario, en contraposición a la fealdad y la degradación del mundo industrial y de la vida moderna.
La influencia de Pater en la crítica literaria de fina- les del siglo XIX fue enorme, y se concentra fundamental-
mente en sus dos obras: The Renaissance (1873) y Appre-
ciations (1889), además de sus estudios sobre poesía ingle-
sa, desarrollados a partir de la obra de Wordsworth y Co- leridge. En el primer ensayo que mencionamos, Pater hace apología de un Esteticismo de carácter más bien hedonis- ta, que comporta una verdadera condena de la moral vic- toriana en la Inglaterra de la época. La traducción al pla- no artístico de tales posiciones se refleja en su valoración del valor estético de una obra en función de la intensidad de las sensaciones que es capaz de suscitar. En el segundo ensayo, en cambio, emprende la condena de la corriente Naturalista, pues entiende que la literatura no debe per- seguir la Verdad de los hechos —y, por tanto, no se debe basar en la mimesis artística—, sino la «Verdad de la ex- presión». Dicho concepto de la «Verdad de la expresión» se asimila en Pater a la intensidad poética y a la musicali- dad, consideradas el grado máximo de la literatura preci- samente en la medida que posibilitan la fusión de la anti- gua dicotomía forma/contenido, formulada ahora como tema/expresión. La crítica de Pater abandona definitiva- mente el estudio de la personalidad del autor, y se orien- ta, muy al contrario, a los criterios formales, rasgo que será determinante en la evolución de las ideas y plantea- mientos críticos en el siglo XX. Así, privilegia aspectos como el ritmo, los matices, la delicadeza de las sensacio- nes suscitadas... Como podemos constatar, esta nueva ten- dencia crítica se inserta perfectamente en las tendencias artísticas y literarias finiseculares y apunta a una revalo- rización del plano formal de la obra.
Otro aspecto sin duda relevante de la segunda mitad del s. XIX es la abundante producción de ensayos, espe- cialmente sobre temas científicos. Esta producción deriva en gran medida del afianzamiento del Positivismo, y del auge de las ciencias naturales, siendo el máximo exponen- te de esta tendencia, una vez más, Taine. Asistimos a la
publicación de tratados políticos, médicos, antropológicos, folklóricos... en una progresión que aumenta a medida que avanza el siglo XIX. En Italia, y con relación al tratado político, destacarán varios nombres, como Vilfredo Pa-
reto (1848-1923) y Gaetano Mosca (1858-1941), autor de
Elementi di scienza politica (1896). En el terreno médico
tendrá mucha influencia la obra de Cesare Lombroso (1835-1909), fundador de una especie de antropología cri- minal con L’uomo delinquente (1876) y sobre todo Genio e
follia (1872), que tanta influencia tuvo a finales del siglo
XIX en una cierta concepción «patológica» de la geniali- dad y, por extensión, del escritor y el artista en general. Por su parte, los estudios sobre antropología y folklore dieron lugar a una nueva rama de la ciencia en esos años: la «demología» o estudio del pueblo. Desarrollados a par- tir de las investigaciones del inglés William J. Thoms, partiendo en gran medida del evolucionismo del también inglés Edward Tylor. Gozaron de mucha aceptación en Italia, desarrollándose en los estudios de la canción popu- lar (Costantino Nigra, 1828-1907), o de la poesía popular (Alessandro D’Ancona, 1835-1914, especialmente en La
poesia popolare italiana, 1878-1906), como también en la
demología, con una innegable importancia en la produc- ción literaria del Verismo, y de Verga en particular, gra- cias al siciliano Giuseppe Pitrè (1841-1916), fundador, por otra parte, de la importante revista «Archivio per lo stu- dio delle tradizioni popolari» (1882-1909).
Sin embargo, a pesar de la innegable difusión del tra- tado científico por entonces, a finales de siglo empieza a cuestionarse la validez del método científico de las cien- cias naturales en su aplicación a las ciencias sociales y humanas. En este sentido, destaca una figura como Wil-
helm Dilthey (1833-1911), fundador del historicismo ale-
mán, corriente que se vincula a la crítica de De Sanctis en Italia, siendo el origen de la corriente idealista que más
tarde desarrollaría Benedetto Croce, lejos de los plantea- mientos positivistas y, en consecuencia, también de la for- ma del tratado científico. En dicho distanciamiento no hay que olvidar el papel desempeñado por el Irracionalismo finisecular. En efecto, el pensamiento irracionalista y ne- gativo hallará en Nietzsche una figura que propone una forma completamente nueva de ensayo, basada en el re- chazo de toda argumentación lógica y de la acumulación, tan común en la época, de datos factuales, y orientado, en cambio, al aforismo, con una clara vocación de persuasión. La segunda mitad del siglo XIX se caracteriza, por otra parte, por un afianzamiento del nuevo concepto de crítica, que empieza a concebirse como mediadora entre el autor y el público, de extracción burguesa. Es la llamada crítica «militante», alejada de los círculos eruditos o académicos, y dirigida al gran público, pagada por las grandes publicacio- nes periódicas de la época. Es una crítica a menudo sujeta a la polémica, que apoyará a ciertos autores y condenará a otros, pero donde los criterios son muy subjetivos o incluso poco fidedignos; crítica muy viva, con todo, que se orienta a la creación del gusto entre los lectores.