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1. INTRODUCTION

1.19 Hypothesis

representaciones del mundo y de nuestro ´yo que construimos permanentemente. La sensibilidad, por medio del marco instaurado por el cuerpo que siente, delimita en consecuencia el mundo tal como lo

percibimos”(Surrallés , 2005:8). Articulado con esta idea, el cuerpo adquiere la entidad de sujeto, que nos permite reconocernos y reconocer a otros, siendo por lo tanto, fuente de subjetividad y de intersubjetividad. Ahora bien, este estatuto otorgado al cuerpo, como posibilidad de reconocimiento de sí y de otros y anclaje de emociones, no está por fuera de las modulaciones sociales y culturales, sino que éste y éstas se viven socialmente. ¿Qué queremos decir? Las emociones, como componentes de las

interacciones con los otros, son tal como plantea Leavitt (1996), “experiencias aprendidas y expresadas

en el cuerpo en interacciones sociales y a través de la mediación de sistemas de signos, verbales y no verbales, son fundamentalmente sociales antes que simplemente individuales en naturaleza, como expresadas en forma general antes que generalmente indescriptibles, y tanto culturales como situacionales (Leavitt (1996:526)

Encuadradas socialmente y encarnadas corporalmente, las emociones y la posibilidad de abrirse a la emoción de encontrarse con el otro, también se entrelaza nuevamente en tramas morales. La condición de estar sola pareciera que es un requisito; caso contrario, se instalaría una fisura a la fidelidad de la pareja, representada y garantizada en la obturación de la emoción en la relación clientelar. Es decir, tanto para comenzar una relación amorosa en términos de pareja en este contexto, como para continuarla sin discontinuar el trabajo en la calle, implica recombinar y redefinir nuevamente las emociones permitidas para una y otra situación, así como nuevos arreglos morales, para resolver las tensiones resultantes de una situación que pareciera paradojal y no exenta de malestares y padecimientos.

Veamos lo planteado en el caso de Violeta.

–¿ Qué pasó ahí?

–Yo cuando lo vi la primera vez a mi me gustó, te voy a ser sincera a mi me gustó y yo he salido con él la primera vez le cobré 20 y o sea vine a un hotel hice todo con él, le entregué todo como la cola todo eso y después empezó a venir todos los fines de semana venía viernes, sábado, viernes, sábado y según él se enganchó conmigo. Ya de entrada dice que ya le gusté y que le calentaba a él en la semana pensar en mí y ya venir el fin de semana, tener que venir si o si él por querer estar conmigo. Y así.

–Y a él ¿por qué le diste todo?

–Porque ya te digo ya me gustó, me calentó yo venía de estar sin pareja. Yo me separé cuando mi nena tenía un año, mi nena hoy tiene 11.

Encauzada la relación, Violeta y su pareja redefinen y califican lo permitido para una relación con otros y aquello que es para sí.

–Y acá él dice que yo soy su mujer, con muchas pibas también ha discutido él y dice que yo soy su puta, que él dice que yo soy su puta, su puta para él, para la calle no, para la calle soy prostituta. Y con muchas pibas acá con mucha gente ha discutido ese tema, para mí es mi puta porque conmigo, nosotros hacemos cosas que ella con sus clientes no las hace, y prostituta para los demás porque los demás pagan para poder acostarse con ella pero no hace las cosas que nosotros hacemos dice, en eso se refiere a su puta no prostituta. Y conmigo, hacemos todo dice y para los demás no es así hacer todo.

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–No.

–¿Por qué?

–Porque no, es como que yo hablé con él y como que respeto eso no, o sea tengo 20, tengo clientes que me pagan 30 que me pagan 40 porque ya me conocen, tienen confianza en que yo no les voy a robar pero yo no hago la cola, yo hago bucal, vaginal, me baño, me baño después de hacerlo y no es hacer todo, hacer posiciones con los clientes y esas cosas.

Que la pareja haya devenido de una situación clientelar o que conozca la situación de trabajo en la calle de la mujer, por haberse conocido en ese contexto11, convoca a reflexiones y decisiones en torno a la permanencia o no, de la mujer en el mundo de la calle. En éstas, se ponen en juego representaciones sociales acerca de lo que se espera de un varón y una mujer en situaciones de pareja. El varón como proveedor, o asociado a ´una buena moral´, debería posibilitar que la mujer se retire de la calle. En otros casos, son ellas que por respeto a la situación de pareja, deberían pensar cómo hacerlo (Eunice, Tatiana). En la situación de campo, la designación de marido a las parejas de las mujeres era recurrente. No obstante, esta designación no refiere exactamente al hombre que hace trabajar a la mujer, sino alude al que permite que lo haga, y ésta se constituya en parte del sostén de la pareja. Tanto Nencel (2000), como Fonseca (1996) y Soto (1988), describen situaciones similares para sus contextos de análisis. En esa dirección, Fonseca, del mismo modo que Nencel, a través de la idea de claustros de género – refiriéndose a cómo el género impone constricciones a partir de sus esquemas normativos–, señalan lo paradojal de esta situación. Ambas muestran cómo el alto porcentaje de desempleo y lo errático de la situación laboral de los hombres de sectores populares, hace que este empeño sea prácticamente imposible para estas mujeres. Sin embargo, esto es pensado, en algunos casos, como un valor que debe tener la pareja en esa configuración. No obstante esta aclaración, muchas mujeres valoran y se refieren a su parejas con mucho cariño (Alfonsa, Rufina, Marta, Violeta). En estos casos, el habla, la escucha y la delimitación del espacio de la calle, como una esfera diferente del de la pareja, ha sido un recurso relatado por ellas, para preservar sus relaciones.

11 En este caso no aludo a la figura de pareja conocida como marido, en el sentido ya descripto en el capítulo I, que

refiere al hombre que se sostiene económicamente a partir del trabajo de su mujer, y que obliga a ésta a seguir haciéndolo. En esta investigación, conocí solamente una mujer, ya viuda, encuadrada en este tipo de vínculo. Su marido, en su momento, disponía de otras mujeres (con las cuales estaba también involucrado emocionalmente) que trabajaban para él. Esta idea de marido, asociada a la idea de proxeneta o cafishio o fiolo (en el lenguaje local), es prácticamente inexistente, o al menos, no encontré referencias de esta modalidad en ninguna entrevistada, salvo la mencionada, para otro momento de su vida.

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Capítulo IV.