La VCM es un problema que a pesar de que se habla de él y se tienen diversas campañas en el distrito para su erradicación, sigue siendo una práctica normalizada en el pensamiento común, lo cual impide que cuando se habla de la vida en la urbe y la disposición del espacio para ser habitado, se reconozca la violencia basada en género (en este caso contra las mujeres) como un problema de la ciudad y más aún, como una violación del derecho a habitarla. No obstante, la VCM tanto en el ámbito público como privado, ha sido tema de producción académica y acuerdos legales, en tanto se entiende que limita el derecho a la ciudad para las mujeres puesto que no solo afecta directamente su integridad, sino que en sus consecuencias está el hecho de que afecta otro tipo de prácticas de la vida, como la participación política, el goce del espacio público sin miedo, movilizarse de un lugar a otro tranquilamente, desempeñar una actividad productiva sin tener sobre carga de jornadas debido a las obligaciones del cuidado y el sometimiento a una violencia económica, entre otros aspectos que han sido señalados en diferentes comunicados como la Carta por el derecho de las mujeres a la ciudad (2012). Aun así, desde la lectura cotidiana que se hace
de la violencia, no se hacen visibles elementos que la conecten de manera directa con el ejercicio del derecho a la ciudad.
Si bien está claro que las noticias que se abordaron tuvieron como tema principal casos de violencia contra las mujeres en el escenario público y privado, en el desarrollo de estas se identificaron elementos que mostraron resistencias frente a la nominalización de la violencia contra las mujeres y en vez de ello, se dio el uso de eufemismos y otro tipo de expresiones que incluso, en sí mismos, no denotan la existencia de un delito como por ejemplo “este tipo de actos”
o “actos sexuales”, término que en sí, no implica la existencia de un delito, pero al ponerlo en el contexto de la noticia, daría a entender, que el realizar un acto sexual se entiende como un acto
“inapropiado” o “ilegal” a esto se suma el uso de la palabra “presunto” cada vez que se alude al agresor, lo cual conserva la posibilidad de desmentir el hecho. Otro ejemplo de ello, sucede en la noticia de ámbito privado, en el que se aborda el problema como un caso de violencia intrafamiliar
e incluso se utiliza el término “riña” o “tragedia”, y a pesar de que en el abordaje de la noticia se entiende que, dentro del múltiple delito, hubo un feminicidio, éste no se menciona en ningún momento, condicionando en este caso, las reacciones de los usuarios de la plataforma pues en éstas
se evidencia el uso reiterativo de la palabra “tragedia” y las lamentaciones frente a este hecho como un episodio espontáneo sin un responsable.
Así mismo, un elemento que llama la atención es que a pesar de la evolución de los medios informativos frente a la forma de narrar la violencia contra las mujeres, es recurrente que se siga encontrando la representación sobre el agresor como enfermo mental. Tal como lo muestra Myriam Jimeno (2015) en su análisis de los crímenes de pareja en la prensa colombiana, la idea del hombre apasionado que pierde los estribos sigue reinando en el discurso sobre la violencia, ya
deambula el espacio público buscando mujeres para acechar, como la del hombre “enfermo” que
propina violencia contra su propia familia a falta de atención psicológica. A pesar de las diferencias en los escenarios, las formas de relacionar a los agresores con sus víctimas y el tipo de violencia que propinan, sigue tratándose de prácticas violentas cotidianas en la vida en la ciudad y que en su mayoría son ejercidas contra las mujeres, es decir, no se trata de casos aislados sino de una práctica que hace parte de las “costumbres” un contexto social. Si bien sería posible encontrar aspectos relacionados con la salud mental que conllevan a que una persona realice actos violentos contra otros, es importante entender que la violencia contra las mujeres ha sido un hecho legítimo dentro de las normas morales de la sociedad tradicional, sin embargo, en la narrativa de los medios informativos se perciben resistencias a visibilizar el tema como un problema social y más aún, como un problema que hace parte de la cotidianidad y afecta el ejercicio de la ciudadanía de las mujeres no solo en las calles y el espacio público en general, sino en el espacio propio de la intimidad y la vida familiar.
Cabe mencionar que, a partir del abordaje de los medios informativos, de la violencia contra las mujeres como un hecho aislado del orden social, se evidencia en las reacciones de las personas frente a las noticias, la justificación de la violencia, en tanto se entiende esta, entre otras causas, como producto del mal uso del espacio en la ciudad, acompañado de la espectacularización que hace el medio sobre el tema, en la que influye la edición que se realiza de la noticia, por medio de elementos semióticos como la dramatización de casos de violencia en el espacio público o la exaltación de elementos de la narrativa como cuando se habla del uso de armas. Así mismo, en el ámbito privado, la razón de la violencia, es asimilada como la acción equívoca de la mujer al entablar una relación con una persona “tóxica” pero no se interpela la organización de la vida
permanezcan en el marco de la intimidad familiar, a pesar de las afectaciones sociales que generan. Lo cual, de alguna forma, denota la percepción de que lo privado se sigue entendiendo como un espacio al margen de la vida en la ciudad, asociado a la idea de que en este ámbito no se ejerce la ciudadanía, tal como ha sido formulado en un modelo primario de ciudad en el que las mujeres, siendo relegadas al espacio privado, no eran consideradas como ciudadanas.
Otra perspectiva, que aleja el hecho de ver la violencia en espacio privado como la negación del derecho a la ciudad, tiene que ver con la relación constante que se identifica en las reacciones a la noticia, a los valores de la familia tradicional asociados a la religión católica y cristiana, en donde se percibe como causa de la violencia las transformaciones de las relaciones familiares surgidas con el tiempo, la pérdida de ciertos valores propios de las sociedades conservadoras o la falta de compromiso frente a una creencia religiosa, ignorando el hecho de que la violencia ha sido un problema histórico, que además se ha venido problematizando en tanto, se han dado transformaciones en los valores y creencias propias de la religión católica y cristiana, los cuales en muchas ocasiones, se prestan como argumento para legitimar diferentes tipos de violencia al interior de la familia y principalmente contra las mujeres, y que han estado acompañados de leyes que también se han transformado con el tiempo, que en su momento, impedían el ejercicio de derechos como el divorcio, la autonomía económica para las mujeres, entre otros.
4.3 La violencia contra las mujeres en espacio público es comprendida como un problema