3.3 EXAMPLES OF ANALOGOUS PATTERNS OF STUDENT
3.3.4 Inappropriate or negative transfer
Simone es una joven mujer de veintitrés años, de espíritu muy vivo y de muy buena salud física. Ha estado casada durante tres años con un hombre tan joven como ella, con quien no se ha entendido y del que ella se ha separado.
Ha venido a verme por consejo de un amigo.
Simone no se presenta como enferma. Ella me informa de sus inquietudes religiosas que comenzaron a la edad de los diecisiete años. En esa época practicó con el espiritismo, después de haber hecho escritura automática. Ella me explica, que pronto se dio cuenta de que realmente todo eso venía de sí misma y de que se había metido por un camino equivocado; después se puso a estudiar las religiones de la India. Ahora, ella se siente desorientada y me pide que la ayude.
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de inmediato, ninguna cuestión sobre su vida sexual. Sólo después de la tercera sesión es cuando me enteraré de que es frígida y que fue educada por una madre, seguramente frígida también, que le ha inculcado la idea de que la sensualidad es una cosa vergonzosa. Su madre ha sufrido mucho con su padre y Simone detesta y desprecia a este último.
Cuando viene a verme, aunque no posee fortuna, está sin ocupación.
1ª sesión (24 de julio de 19…)
Ruego a Simone llenar de trapos un saco vacío explicándole el significado de esta imagen (*). El saco está perforado y los trapos se salen por el boquete. Le indico que haga un nudo en el saco de tal modo que cierre la rotura.
____ (*) [En la 1ª obra de Robert Desoille: Exploración de la afectividad…, en la traducción del año 2011, está explicado en las págs. 26\16 y 287\176. -N. del que t.-.].
(P. 248) Sugiero luego a Simone la imagen de un jarrón. Se lo representa de grueso
cristal, a cuatro caras, ensanchándose por arriba. Está lleno de agua cuya superficie perturbada parece en ebullición; ella inmediatamente dice: <<lo que perturba a esta agua, es lo que tengo que retirar; por consiguiente el jarrón me representa>>.
Ruego a Simone llevar este jarrón con ella y le pregunto que dónde se encuentra. Me informa que está en el hueco de un ascensor que sube, pero ella no está en el ascensor. El hueco es muy alto; éste se ilumina. La ruego intentar alcanzar la parte superior y, como Simone se siente demasiado pesada para eso, le sugiero que se le lanza una cuerda desde arriba. Simone la agarra y ve dos pies, por encima de ella, que se elevan lentamente. Piensa que no son sus propios pies, ya que están calzados con pesados zapatos de esquí.
Hago que Simone se detenga sobre un rellano, con el personaje de los pies calzados con zapatos de esquí, para identificarlo. Simone tiene la visión fugaz de una máscara humana, sin cuerpo; piensa que se trata del primer chico por el que ella ha sentido inclinación pero sin que haya tenido continuación estos sentimientos.
Ruego a Simone hallar una ventana en el descansillo en el que está situada. Descubre una y, preguntada sobre el tiempo que hace afuera, me dice que no es muy bueno, pero que está claro. Ella divisa el muro de un cementerio que está cubierto de hiedra; esta imagen no le recuerda nada. La invito a salir por la ventana imaginándose que puede volar planeando. Simone percibe una inmensa cruz, cubierta de hiedra, en el centro de la cual se encuentra una pequeña cruz luminosa y dice: <<Tengo ante mí el ejemplo de Jesús>>.
Pido a Simone echar a volar velozmente hasta el pie de los Alpes; ella me anuncia: <<Tengo una cruz muy blanca que se va… ella brilla; he dejado de subir; es necesario que me desplace suavemente; la cruz retrocede lentamente ante mí. Es esta cruz la que me obliga a desembarazarme de cosas que me perturban, pero es preciso que vaya muy, muy lentamente>>. La ruego detenerse y describirme el paisaje en el que se desarrolla esta escena. Simone se encuentra en una zanja cuya pendiente es ascendente y cuyas paredes van disminuyendo de altura conforme se asciende. Su cabeza no sobrepasa las paredes que todavía le ocultan el paisaje. Sin embargo, Simone no puede llegar al sitio en que pasaría a ser visible el paisaje. La ruego hacer descender hasta donde está ella la imagen de mi mujer. Simone la ve acercándose de espalda, pero
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una misionera; está designada para ayudar a las otras almas>>.
La imagen de mi mujer desaparece y ruego a Simone hacer llegar ahora mi propia imagen; me anuncia inmediatamente: <<Dos brazos han tirado de mí, pero a usted no lo he visto. Veo una cara deslumbrada por la luz; es fea, fea, pero pide indulgencia ante esta luz; no puedo darme cuenta si se trata de la cara de un hombre o de una mujer. Eso, todo el tiempo está modificándose y yo permanezco distante, ajena a este espectáculo>>.
Pregunto a Simone si ve ahora, a izquierda y derecha, el horizonte; ella responde: <<Sí, por supuesto. La cruz se ha ennegrecido, conserva un centro luminoso. La estructura es luminosa, pero el contorno es negro, a pesar de un hilo de luz muy ligero. Esta cruz representa a la verdad>>.
Ruego a Simone intentar aún evocar la imagen de mi mujer y la mía. <<Estáis allí, pero no sé si es su mujer. La expresión de usted es serena>>, explica Simone. La ruego que me dé el jarrón de cristal del principio de la sesión. Simone observa que está lleno, ahora, de flores. Son lilas, pero lo verde está de más. La ruego que observe lo que hago. <<Usted retira las hojas, todas las hojas que están debajo>>.
Planteo entonces esta cuestión: ¿Puede usted preguntarse cuál es el primer escollo a evitar en su búsqueda de la espiritualidad? <<Veo -responde Simone- unas cosas muy, muy largas, como las barras de pan… es muy puntiagudo>>. Pongo entonces a Simone en guardia, muy discretamente, contra determinados errores, diciéndole: <<Creo que para dar un verdadero paso en la vida espiritual, primero es necesario aceptar la ley de la vida, con sus penas y sus alegrías. Puede haber aquí, en su deseo de ver la cruz, una tentación>>. Simone divisa entonces un cuerpo de hombre sobre la cruz y este cuerpo, dice ella, tapa la luz de la cruz. Le digo que Jesús aceptó la condición terrenal y emito la hipótesis de que quizá ella tiene tendencia a hacer de su ascesis algo demasiado rígido y que es posible que haciendo eso ella así huye inconscientemente de los deberes elementales. Le aconsejo no huir de la vida normal.
Diciendo esto, mi imagen desaparece y es sustituida por unas doradas cruces que aparecen en todas direcciones. Cada una lleva el cuerpo de un hombre que las obscurece en parte.
(P. 250) Prescribo a Simone, hacer que vuelva mi imagen. Ve <<a alguien>> armado
con una lanza. <<es por ello, dice ella, una rígida fuerza, pero buena>>. Hago que este guerrero trace un círculo alrededor de nosotros. Nos vemos entonces rodeados de soldados armados con lanzas. Ruego a Simone hacer que caiga la luz sobre nosotros. El círculo en el que estamos se eleva y nos sube, y la multitud de soldados desaparece. Pido a Simone imaginar que llegamos así a un jardín de rosas.
Sigue la imagen de una nueva aglomeración de soldados, de un mapa de Francia y toda una visión simbólica de la guerra que me es algo dificultoso conseguir que la descarte. Sin embargo Simone logra aquí, por la sugerencia de girar rápidamente sobre sí misma, ascender y reunirse conmigo en un jardín de rosas. La invito a abandonarse a la dulzura que emana de las rosas. Las flores desaparecen y Simone no ve más que el cuerpo de una serpiente sin cola ni cabeza.
La primera sesión termina aquí.
Análisis. –Desde esta primera sesión, cuando evoco la idea de un escollo en su búsqueda
espiritual, vemos aparecer la imagen de los rechazos de Simone: las cosas muy largas, puntiagudas. El miedo a la penetración, de la que Simone trata de huir refugiándose en una falsa idea de la pureza. Podemos ya sospecharla de frigidez. El cuerpo [mutilado] de la
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serpiente, del final de la sesión, es también característico del sentimiento de castración tan frecuente en las mujeres.
El símbolo de la cruz reaparece a cada instante, casi tomando un carácter obsesivo, sin que todavía podamos encontrarle significado más que como signo de rígida imposición. La imagen del cementerio expresa la privación y el sentimiento de abandono que es natural en una joven mujer que vive sin hogar. Finalmente la muchedumbre de los soldados armados, así como las cruces, nos muestra que Simone vive en desacuerdo consigo misma.
2ª sesión (3 de agosto de 19…)
Simone ha hecho el informe de su sesión. Ella de su primera experiencia saca esta conclusión: <<Me había puesto en un pedestal y me veo caída por tierra (sic) [La frase es traducción de la textual en francés]. Era un orgullo, quizá inconsciente, pero que venía para hacerme
desviar. Es magnífico
(P. 251) como resultado. Veo claramente. Usted no puede imaginar lo que eso me ha
aportado como conocimiento>>.
Pregunto a Simone sobre su infancia. Está marcada por las desavenencias de sus padres y la prohibición maternal acentuada ésta sobre todo en lo que afecta a la sexualidad. La relación sexual es considerada como moralmente fea. Ella se identifica con su madre en la lucha de ésta contra su padre.
Simone interpreta la imagen de la cruz, que aparece en su primer sueño despierto con una frecuencia obsesiva, como símbolo de un antagonismo dirigido contra sí misma. Querría, dice ella, precipitar, acelerar su ascensión espiritual; siempre es severa consigo misma. La cruz representa el ejemplo de Jesús: un apetito de perfección superando a sus instintos.
Hago comenzar esta segunda experiencia en primer lugar preguntándole a Simone si le gusta entrar en las iglesias. Me responde negativamente precisándome: <<La iglesia se me representa como algo que se ha afeado; eso no se corresponde con el espíritu que en sí debería tener>>. Sugiero a Simone descender al sótano de su casa. Ella ve una cinta transportadora que desciende. No está muy oscuro. Una puerta se presenta. La invito a abrirla y a mirar del otro lado, Simone ve <<unas cosas que vienen>>, pero que ella no las distingue.
Sugiero a Simone que yo mismo desciendo, junto a ella, muy rápido, para cubrirla con un manto blanco, después nos alumbramos con una linterna. Simone se ve conmigo por una especie de pasillo formado por espigas de trigo que se juntan por sus extremidades. Invitada a llegar hasta el final de este pasillo, ella se ve al aire libre y toma conciencia de su aprensión a descender.
La ruego buscar una gruta; ella encuentra un pozo por donde desciende, a lo largo de una cuerda, en compañía de mi imagen; las paredes, móviles, del pozo están animadas de un movimiento de rotación; estas paredes se llenan de espigas que giran también.
Simone encuentra agua en el fondo del pozo. Después de revestirnos con escafandras, dejamos que nuestros cuerpos se hundan en esta agua. Ve algas, después un pez sujetado por una mano. Este pez tiene una cola muy larga como sucede en el ratón. Luego aparece una tortuga que la deja indiferente, me dice. Ruego a Simone capturar a la tortuga y remontar con ella. Esta tortuga se transforma en un abejorro que abre las alas. Este abejorro a su vez pasa a ser,
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(P. 252) un hombre alado. El hombre tiene cabeza de pájaro equipada con un pico; la
impresión que da es desagradable. Subiendo aún, el hombre da paso a un avión cuyo piloto aparece haciendo muecas. Sugiero a Simone que ahuyentemos al piloto y que prosigamos nuestra ascensión. Ella ve entonces una máscara de hombre muy fea con una gran boca que ríe. Ruego a Simone hacerla subir teniéndola ante nosotros y de observar sus transformaciones. Ella me dice ver una lámpara y una mano que sujeta a esta lámpara encendida, después ve una mano sosteniendo un palo con una lámpara encendida en cada punta.
Pregunto a Simone si la cara de este hombre ha cambiado. La visión aún se modifica y me dice que ve a una persona sentada ante una mesa; es una mujer. El hombre se va; anuncio a Simone que yo lo llamo. Él se da la vuelta y regresa. Pregunto cómo es su cara. Simone cree que es su padre; la mujer sentada junto a la mesa es su madre.
Prescribo a Simone dejar allí las imágenes de sus padres y subir más arriba, sola conmigo, en una actitud de recogimiento.
Simone se ve sobre una escalera mecánica cuyo final no se distingue. Sin embargo, muy rápido, ella llega a un nivel horizontal. Está rodeada de árboles, pero no tienen una apariencia terrenal; ella precisa: <<… esto es nebuloso, esto no se apoya sobre nada; es muy agradable>>.
Anuncio a Simone que llamo a un habitante de este lugar y le pregunto que quién responde a esta llamada. Es un monje con una antorcha. Su cabeza está cubierta, en eso eleva las manos para descubrirse. Ella añade: <<Tiende el brazo y me muestra algo. No tengo una mala impresión, pero no me acoge; me dice de ir allá abajo>>. Invito a Simone a seguir este consejo y me describe la siguiente visión: <<Veo un chorro de luz dirigido de arriba abajo… un gancho con las puntas abiertas, es un tipo de suspensión, de lugar donde sujetarse… está claro, pero no muy luminoso>>. Habiendo subido un poco más arriba, debido a mi invitación, Simone continua: <<La suspensión, el gancho está sujeto a una cadena a lo largo de la cual subo. Es divertido, me parece que estoy en una iglesia; eso me sorprende, me causa extrañeza… diviso un confesionario>>. Ruego a Simone atravesar, traspasar la bóveda de esta iglesia. Ella está ahora sobre el techo y abajo ve agua en movimiento; es un río y sobre este río aparece una cruz. Pido a Simone verse bordear el río en busca de un vado; localiza un entablado por encima del río
(P. 253) y por allí ella lo cruza. En la otra orilla Simone encuentra a un hombre con barba
que tiene aspecto de autoritario; su cara no es ni simpática, ni desagradable. Parece una persona mayor de unos cincuenta años y que ha llegado a la sensatez, a la sabiduría.
Pregunto a Simone si este hombre puede ayudarla. Piensa que sí a condición de que ella se despoje de todas sus vestimentas, precisa ella. Le aconsejo que lo haga y que sustituya su ropa corriente, la que lleva en su ensoñación, por una túnica blanca. El personaje indica entonces con el dedo un sendero que sube y al final del cual hay un bonito refugio de montaña muy iluminado cuyo aspecto encanta a Simone.
Interrogo y la ruego a Simone que me diga si cree poder alcanzar hoy ese iluminado lugar. Responde ella: <<Él me hace respirar algo…, pero el perfume es demasiado fuerte>>. Es un desconocido perfume, cuya violencia, sobre todo, es lo que llama la atención.
Vuelvo a preguntarle: Simone ¿puedes alcanzar la guarida? <<No hoy, me dice ella, ya que es necesario subir. ¡Qué magnífico refugio! Pero, antes de llegar allí, hay todo un
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camino… el guía me dice ¡paciencia!>>
Tras la sesión, pido a Simone, que me ha informado de su gusto por el dibujo, de intentar reproducir en color la imagen del Sabio y la del refugio de montaña.
Análisis. –Simone está muy afectada debido a su primera sesión. Ella siente que comete
un error y por sí misma nos da el significado de la cruz, expresión de un superyó demasiado rígido.
El miedo a afrontar las exigencias de su instinto se manifiesta, desde el principio de la segunda sesión, por la resistencia que Simone opone, inconscientemente, a la idea del descenso. Insistiéndole, Simone logra descender y remontándonos hacia la luz la tortuga nos conduce a la idea del padre y, en general, hacia el temido hombre, como podíamos aquí esperarnos. Al proseguir la ascensión [(*)], llegamos a la imagen del río que es necesario
cruzar, símbolo del cambio de actitud ante la vida que se impone. Simone consigue así una nueva imagen, la del Sabio, que indica que ella transfiera sobre mí (él tiene mi edad) la imagen del padre ideal que busca inconscientemente.
La imagen de las vestimentas que debe ella eliminar es aún simbólica de las inhibiciones de carácter sexual de las que Simone debe desembarazarse.
El agradable sitio donde guarecerse mucho se nos aparece como el símbolo del seno
____ (*) [Aquí Desoille ha considerado no comentar ni la mano con la lámpara encendida, ni la mano con el palo con
luz en ambas extremidades, ni el agradable lugar donde los árboles existen, de por sí, sin necesidad de apoyarse, sustentarse sobre algo; todas estas imágenes creo que están indicándoles a Simone que la atracción hacia el sexo
masculino no es malo sino luminoso sin necesidad de justificación alguna. El gancho –sitio donde suspenderse- en donde luego ha descendido, después de ver tan luminosos mensajes, considero que es un lugar donde asumir las verdades que les son propias y necesarias para ella. Estas verdades pueden ser, aquí en este caso, positivas pero, igualmente, podrían ser las más dolorosas de asimilar. Por ello el gancho –interpreto yo- es lugar de protección y sinónimo de la cruz. El gancho como símbolo, no está recogido ni en el Diccionario de Símbolos de Cirlot, ni tampoco en el de Chevalier. Las carnes –
sacrificadas- para la venta, antes de la época de los frigoríficos, los carniceros las exponían colgadas en los ganchos. Tuve
un sueño, hace bastantes años, en que encontraba refugio, de un toro que no pude vencer, agarrándome a un gancho de
carnicero; allí no podía alcanzarme el monstruo; es decir: colgando como carne sacrificada quedaba a salvo. Así han
transcurrido bastantes años de mi vida. La finalización de la traducción de Exploración de la afectividad de la…. trajo consigo, como premio, el volver a verme, a través de un sueño, en la plaza en que fui herido pero ahora, ya, totalmente
recuperado y sin enemigo que pudiera dañarme. En dicho libro, en la p. 47\28, sin describirlo como aquí, hago referencia