3.3 EXAMPLES OF ANALOGOUS PATTERNS OF STUDENT
3.3.5 Lack of transfer
Odet es un joven estudiante de veintidós años, muy inteligente, culto, de excelente familia y de una salud física normal. Tiene hecho buenos estudios superiores, pero a punto de terminarlos, pierde el gusto por el trabajo y se hace abúlico.
Por consejo de uno de sus profesores, él viene a verme. Le aconsejo ir a consultar a un médico psicoanalista amigo mío. Éste, de acuerdo con el médico de su familia, no le encuentra ningún desorden orgánico que justifique su estado. Le aconsejo, con mi amigo psicoanalista, someterse a un tratamiento psicoanalítico, pero la familia, muy piadosa, está violentamente prevenida contra este método y se opone a esta clase de tratamiento.
Habiéndome sido muy encarecidamente recomendado Odet, acepto tratarlo por el sueño despierto.
Desde las primeras visitas, Odet me confía sus preocupaciones sexuales. Está virgen y muy reprimido. Tiene una gran piedad.
Para que sepa un poco lo que es la técnica del sueño despierto y que comprenda lo que se puede esperar, le doy a leer [mi libro] Exploración de la afectividad subconsciente. Esta lectura, me dice, <<ha demolido completamente mi religión>>. Me sorprende bastante, pero lo tranquilizo señalándole que su fe no debía ser muy firme y que una religión tan frágil debía ser sustituida por una construcción más sólida, ésta la encontraría por sí mismo en el sueño despierto.
Las primeras sesiones revelan una considerable fijación a la madre que, por su actitud
castrante y su odio inconsciente hacia la virilidad, es la causa del intenso miedo a las
responsabilidades que atenazan a Odet. La abulia de este último es uno de los aspectos del mecanismo de fracaso que lo impide lanzarse a la vida acabando sus estudios.
Entre las imágenes que me da [durante la sesión], la siguiente es caracterís-
(P. 269) tica: él sube –por cierto fácilmente- flotando por el espacio y, cuando le pido
mirarse, que preste atención hacia sí mismo, Odet se sorprende mucho verse con el <<pelo largo como una mujer>>. Preguntado, al final de la sesión, me dice que su madre le había dejado el pelo largo ¡hasta tener los seis años!
Deseando preparar a Odet para la interpretación de los símbolos y revelarle poco a poco su mecanismo de fracaso, le doy a leer Psicopatología del fracaso [(Psychopathologie de l’échec)]
de R. Laforgue rogándole además que pase por alto el contenido que pueda herir su sensibilidad y sus convicciones, para intentar, por encima de eso, encontrar algo de interesante para sí mismo.
Odet está bastante conmocionado por esta lectura; pero, por sí mismo, reconoce su propio caso a través de los ejemplos de este libro. Gracias a eso, podré, muy pronto, hablarle abiertamente de su neurosis.
Durante una sesión típica, Odet desciende, en barco, por un río subterráneo. Pasa por delante de un anciano que está sentado en la orilla y que lo observa con hostilidad. Un poco
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más adelante, surge una figura de la Virgen que él la sobrepasa sin detenerse. Por último llega ante una asamblea de demonios que hacen muecas en torno a un fuego. Uno ellos tiene una estatura de gigante y le da miedo. Ruego a Odet conservar su sangre fría y encender un cigarrillo en la hoguera que está en el centro de la asamblea. Odet después de eso, remonta hasta la imagen del Virgen.
Señalaré, de paso, que es el único ejemplo que tengo de una figura de la Virgen encontrada en el descenso y a un nivel tan bajo.
Odet vuelve a ver pues a la Virgen que tiene el cuerpo de Cristo entre sus brazos. Está muy sorprendido de experimentar un violento odio hacia Cristo y su madre. No insisto y ruego a Odet que remonte más arriba. Vuelve a pasar así por delante del anciano hostil que le ruego de interrogar. Este anciano está resentido con él. Pido a Odet que lo derribe, él lo hace después de una corta lucha.
Tras la sesión, advierto a Odet que llegará seguramente a manifestar mal humor con su familia. Le explico que es una consecuencia posible del tratamiento, que llegará también quizás a experimentar sentimientos hostiles hacia mí. No hay que asustarse ni, sobre todo, intentar encubrir, enmascarar los sentimientos que le inspiraré, ya que su manifestación me ayudará a curarlo.
(P. 270) Muy pronto, Odet hace una transferencia positiva hacia mí y me manifiesta
confianza. Su abulia disminuye y supera un examen bastante fácilmente. Llegaba, entre otros síntomas, a perder una mañana entera delante de su mesa de trabajo preguntándose si se pondría su jersey encima o debajo de su chaleco. Estos síntomas desaparecen.
Las vacaciones llegan y Odet, tomado por el Servicio del Trabajo, entra en una fábrica. Está satisfecho de las ocupaciones que allí encuentra. A principios del otoño, marcha al campo únicamente con una de sus hermanas tras una gripe por la cual obtiene un permiso.
A partir de ese momento, hay una regresión considerable en la marcha del tratamiento. Odet había permanecido solo en París durante el verano. La vuelta de los padres, un cambio de puesto en la fábrica que lo emplea, trastornan su existencia; vuelve a estar triste y abúlico.
Odet toma hacia mí una actitud ambivalente y me entero que busca que le aconsejen que no venga a verme más. Me reprocha, en cada sesión y en sus cartas, de haber arruinado su fe religiosa. Puedo mostrarle, apoyándome en las imágenes de sus sesiones, todo lo que había allí de infantil en su religión. Odet lo reconoce de bastante de mala gana y objeta que eso era, sin embargo, un punto de apoyo para él, para él solo, y que yo lo he privado de eso.
Odet hace entonces una intensa transferencia negativa hacia mí. Además se vuelve muy desagradable con su familia, en particular con su madre. Su padre, preocupado, lo lleva a la consulta de uno de nuestros mejores psiquiatras que lo declara psicasténico, le da a entender que no hay mucho que hacer y le aconseja que continúe viéndome a menudo. Le receta, además, algunos medicamentos que por otra parte son prohibidos por el médico de la familia el cual prescribe otro tratamiento.
Odet deja su fábrica y entra en una administración. No hay gran cosa que hacer allí, pero se siente, sin embargo, inferior para su tarea. Se hunde en un modo de delectación sombría que se expresa en largas cartas que me escribe desde su oficina. El tema varía poco: falta de interés por la vida, deseo de huida, <<necesidad de conducta>> para huir de todo tipo de responsabilidad, algunas veleidades de suicidio.
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(P. 271) lo más posible son penosas. No consigue elevarse con sus imágenes. Oriento las
sesiones sobre la imago materna, pero sin lograr hacerle sobrepasar el nivel de la representaciones infantiles: figuras triviales de la Virgen protectora, réplica de las imágenes de su madre y de su abuela que vuelven constantemente en los sueños nocturnos; estos últimos expresan el miedo al padre y a toda clase de lucha.
Odet preocupa cada vez más a su familia y su padre se pregunta si no conviene ingresarlo en una clínica. Lo disuado y explico a Odet que está haciendo todo lo que es necesario para hacerse internar. Él lo reconoce y confiesa, verbalmente y en sus cartas, que no quiere curarse.
Su hostilidad hacia mí se acrecienta; aplaza sus citas y, finalmente, le ruego que decida si quiere o no curarse. Durante una última visita, me acusa todavía de haberle privado de todo apoyo moral arruinando así su religión. Le propongo leer un libro y un manuscrito, que se lo presto, recomendándole tratarlo con esmero y que me lo devuelva lo más pronto posible. En el momento de marcharse olvida el libro y el manuscrito y cuando se lo indico, coge primero el libro, después el manuscrito, con un aire molesto que me hace temer inmediatamente que lo pierda sólo por castigarme. No le comunico mi reparo, pero indefectiblemente, en efecto, perderá el manuscrito.
En total, Odet ha venido a verme una veintena de veces. Tiene hecha una docena de sesiones de sueño despierto. He aconsejado a su padre hacer vivir a Odet fuera de su familia, pero, a pesar del deseo que tenía el padre de seguir este consejo, su hijo simple y llanamente se ha refugiado en casa de su abuela. Allí, se las ha arreglado para hacer que su familia le prohíba venir a verme.
Mi intervención parecía pues tener que terminarse en este fracaso, cuando el amigo, que nos había puesto en relación a ambos, vino a París y dio cita a Odet en mi domicilio.
Este amigo aconsejó vivamente a Odet reanudar sus sesiones de sueño despierto y, después de una larga conversación, este último expresó el deseo de volver a verme. Retomamos la conversación a tres. Pude explicar detenidamente a Odet el mecanismo de su transferencia sobre mí, así como el significado de su abulia, simple rechazo a asumir responsabilidades viriles, debido a su fijación a la madre y a su complejo edípico no liquidado. Odet convino que todo eso era exacto. Le aconsejé, entonces, salir a toda costa
(P. 272) de su medio familiar. Le rogué que no tuviera recelo alguno hacia mí, afirmándole
que me era imposible estar resentido con él por su actitud la cual era una necesidad de la cura. Por último, invité a Odet a volver el día en que sintiera necesidad de verme. Odet me dice que esperaba sentirse mejor con la vuelta de la primavera y que entonces nuevamente volvería. Nuestro amigo y yo mismo le aconsejamos, cuando tome la decisión de seguir su tratamiento, que no lo comunique en absoluto a su familia, lo que sería una manera de emanciparse de la tutela de ésta, adoptando así una actitud de adulto.
Pasaron todavía algunas semanas sin que me propusiera Odet hablar. Luego me llamó por teléfono un día para pedirme una cita. Veo entonces a un muchacho completamente transformado. Me entero que un día alguien le había aconsejado hacerse psicoanalizar y sobre todo le había recomendado alejarse de su familia. Impresionado por este consejo que confirmaba el mío, tomó la decisión de ir a un campamento de juventud y eligió una explotación forestal donde sólo sería estudiante. Su salud física ha mejorado considerablemente por esta estancia en el campo dónde, al mismo tiempo, ha encontrado un equilibrio de espíritu y una alegría de vivir renovada.
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Convinimos, que después de esta estancia, volvería de nuevo para algunas sesiones de sueño despierto con un objetivo puramente psicagógico.
Este ejemplo es típico del resultado que se puede obtener, a veces muy rápidamente, con algunas sesiones, incluso muy superficiales, de sueño despierto. Los materiales son suficientes para hacer, en un caso como el de Odet, un rápido análisis y desencadenar la transferencia necesaria para la abreacción del conflicto. La exitosa acción, que representa el marchar a un campo forestal, garantiza una mejora inmediata incluso antes de que sea preciso asegurar, por la sublimación, la evolución definitiva de los sentimientos mantenidos aún en la fase edípica.
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(P. 273) CAPÍTULO V