• No results found

7 Command Descriptions 7.1 Overview

7.17 IDENTIFY PACKET DEVICE A1h, PIO Data-in

7.17.6 Input Data 1 Overview

Los hom bres ponen toda su voluntad para hacer las cosas lo m e­ jor posible dentro de los cánones que les han enseñado. Ese esfuerzo produce en ti una ternura que se convierte en gratitud. Y la gratitud de regreso es amor. Habrá más cosas para agradecerle a un hom bre si eres clara con él.

Aquí van algunos consejos para hacerlas cosas bien.

1) Pídele ayuda. Ellos adoran ayudar, pero ellas no piden ayuda... por lo cual ellas se enfadan porque ellos no hacen nada. A las mujeres nos irrita, por ejemplo, que el mayor trabajo doméstico recae en la persona a quien más le fastidia el desorden... que siempre es la mujer, porque a la mayoría de los hom bres no les molesta vivir en un basural. Si por ellos fuera, la m u­ gre podría acum ularse hasta que él diga: “Oye, hay una cucaracha en mi bife”. A lo que ella contesta: “Es lógico: están cam inando sobre tu cara!.. ” Esto se resuelve pidiéndole claram ente: “Necesito que ayudes en la limpieza. No puedo con todo sola”. Si les haces un pedido claro, ellos responden. Fíjate que ellos se quejan de que “Ella pretende que yo

Cómo seguir enam orados para siempre

adivine lo que quiere”. Tú piensas que en la frase “Hay una araña en la cocina” no hay nada que adivinar. Pero es que una mujer no io dice a título informativo, sino pidiendo solución activa: que él la mate, o que al m enos la lleve detenida. Pero com o él no lo entiende, ío que debes decirle debe ser más claro: “Juan Ernesto, ya no podem os seguir así. Debes elegir: la araña o yo”.

2) Explícale por qué eres com o eres. Los hom bres no com prenden ciertas m anías fem eninas, y nos consideran extrañas, locas o capricho­ sas. Una pareja am iga pensó en separarse porque ella no toleraba que él m irara el partido cuando ella hablaba, y él no toleraba que ella hablara m ientras él m iraba el partido. Pero las m ujeres no explican por qué son com o son. No les explican a los hom bres que no es que ellas siem pre quieran “ir de com pras”, sino que para una mujer el m ayor placer de mirar vidrieras es ver una cantidad de cosas que ya están limpias, plan­ chadas y correctam ente dobladas... ¡por otro que acom odó, limpió y ordenóí También puedes explicarle que le usas su m áquina de afeitar porque es la que siem pre tiene filo, que le robas papas fritas porque pedirte una porción para ti sería rom per oficialmente la dieta y que pre­ fieres ver películas románticas para entender lo que te estás perdiendo en una relación, así com o quien mira postales de Shangai porque es bueno saber que existe, aunque sepas que nunca la conocerás. Los hom bres son racionales: si les explicas, lo com prenden todo.

3) No le hagas visitas sorpresa. Las llegadas sorpresa o visitas sor­ presa a su casa, su trabajo o su ciudad no son rom ánticas. Por m ás que te tiente ver su expresión de sorpresa al verte donde no te esperaba, no lo hagas. Ningún hom bre estará encantando con esa llegada súbita. En prim er lugar, porque m ás que sorpresa es una invasión. Si quieres ir a verlo, llámalo, avísale y haz com o le dice el Zorro al Principito en el libro de Antoine de Saint Exupery: "Si me avisas que vienes a las

cuatro, yo desde las tres comenzaré a ser feliz. Al llegar a las cuatro, me agitaré e inquietaré: descubriré el precio de la felicidad. Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón “ La

sorpresa podría sorprenderte m ás a ti que a él, créem e. Y no sería una sorpresa grata.

4) No quieras ponerlo celoso. Los hom bres son territoriales y celosos por naturaleza. Darle celos por deporte es un error: se pondrá nervioso y luego no servirá ni para m atar una cucaracha.

Ana von Rebeur

5) Hazlo sentir que en ti tien e un refugio de com prensión. Que sepa que si no entiendes algo que hace, al m enos haces el esfuerzo por p onerte en su lugar. Por ejemplo, si no toleras que abra el refrige­ rador “a ver qué h ay ” cuando estás llevando la com ida a la m esa, al m enos trata de ser am able y dile: “Si prefieres lim ones enm ohecidos y aceitunas rancias en lugar del delicioso lomo a la pim ienta que estoy llevando a la m esa, por mí no hay problem a, cariño.... ¡guardo la cena en el refrigerador!”

6) Respeta sus ideas y aprecia sus opiniones. A los hom bres no les im porta tanto que los escuches, sino que les digas que tienen razón. Después puedes hacer lo que quieras, pero a él hazm e el favor de de­ cirle: “Tienes toda la razón del m undo”. Y trata de evitar poner los ojos en blanco y agarrarte la cabeza con am bas m anos m ientras él opina. Recuerda que ya es un milagro que esté hablando. No lo reprim as o callará para siempre.

7) No lo am es demasiado* Las mujeres perdem os perspectiva al enam orarnos. Nos zam bullim os de cabeza en la vida del hom bre y nos olvidamos de nuestra vida personal. Hay mujeres que no entien­ den por qué un hom bre escapa de ella si ella lo llama diez veces al día para decirle que lo am a. “Si dejo de llamarlo, se irá con otra”, dicen. Y no saben que lo peor es sofocarlo. Esmerarse es bueno para preparar

Cómo seguir enam orados para siempre

un guiso, pero en cuestiones de am or siem pre es un desatino. No es bueno que un hom bre sienta que estás 100% pendiente de él, porque si ie haces sentir eso a un hombre, por pedante que sea, dirá: “¡Pero qué vacía está su vida si que esté liena depende de mí!” Lo enam oras mucho m ás m ostrándole que tienes tu propia vida, y que con él pasas solam ente los recreos.

8) Armen un proyecto juntos. Puede ser reparar el techo o plantar un árbol —o rom perle el techo dei vecino y arrancar el árbol del veci­ no—, io im portante es tener un objetivo a largo plazo que ios llenará de complicidad a! saber que pueden concretar sueños en com ún. Uno de los mejores proyectos cotidianos es reservarse un rato para el sexo. Y para eso debes vestirte de modo que éí recuerde que eres una mujer. Si a un hom bre no le falta sexo, quedará pegado a ti para siempre. Si no lo quieres pegado a ti para siem pre, entonces escatím ale eso que le falta...que se hacía acostados... que... ¿qué era?

Los hijos tam bién son un proyecto com ún, que une a la pareja con la expectativa de que crezcan sanos, buenos... ¡y que se vayan cuanto antes, así ustedes pueden volver a tener sexo tranquilos! Pero esa expec­ tativa se dem ora tanto que pareciera que los hijos no acaban de crecer. Cuando tus hijos te enfrentan haciendo lo contrario de lo que esperas de ellos, la única m anera de no volverte loca es contar con la complicidad de tu hom bre para encarrilarlos. Formar con tu m arido un frente de guerra para atrincherarse contra ¡os hijos te da la mayor sensación de unión que habrás sentido jam ás con una persona. A veces m e pregunto si los hijos no nos hacen la vida im posible justam ente para m antener el m atrim onio unido: “[Mira, papá y m am á están discutiendo dem asiado!” “¡Rápido, arroja el celular al retrete, desaparezcam os de casa por el techo y lleguemos m añana a las dos de la tarde, con olor a alcohol y tabaco, sin avisar dónde hem os estado!”

Con hijos que hacen eso, cualquier mujer olvida al instante el plan de divorciarse. ¿Sólita tú enfrentando ese caos? ¡No, señor! El am or es com partir juntos las angustias y los disgustos a ios que te som eten los crios, enfrentar vendavales y, luego de haber capeado torm entas agrade- cidos de haberse tenido e! uno al otro en m om entos de zozobra, festejar haciendo el amor, que para eso no hay com o los hombres.

Ana von Rebeur