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4) Long Logical and Long Physical Sector Format Example: 524 Bytes Per LBA Address, 2096 Bytes Per Physical Sector
4.18 Security feature set
4.18.10 Security states
Cualquier m ujer que salga un sábado a la noche a un bar con un par de am igas sabe que es un mito aquello de que los hom bres sólo piensan en sexo. Pueden ser Miss Mundo, pero ellos ni las m iran. De hecho, los únicos que se les acercan son los borrachos perdidos, y para pedir dinero para el taxi.
Pero lo que no es mito es que a todos los hom bres los enloquece el sexo oral. Tanta debilidad tienen por el sexo oral que son capaces de poner en riesgo su carrera, exponiéndose ante la prensa internacional por contratar a una prostituta para que les practique sexo oral en la vía
¿Por qué no saben hacer el amor?
pública, com o sucedió con el actor británico Hugh Grant. Tán increíble resultó el incidente que Hugh Grant siguió haciendo el papel de galán rom ántico aristocrático, com o si aquello jam ás hubiera sucedido, pese a que quedó fichado por la policía de Los Ángeles por tal motivo. Esto prueba, adem ás, que si sólo cuentan con Grant para el papel de galán, es porque en Hollywood están convencidos de que “ya no hay h o m b res”.
Volviendo al deporte de Hugh Grant: ¿Qué tiene de irresistible el sexo oral? Sólo cuatro cositas:
1) El placer físico. En prim er lugar, el innegable placer físico del roce húm edo y rítmico. Esto es algo difícil de explicar, porque si eso fuera el
quid del placer, bailar bajo la lluvia debería ser orgàsmico y en verdad
es bastante incóm odo y hasta riesgoso. Pero a ellos les gusta, porque se parece al sexo. Y les gusta m ás que el sexo, porque no requiere esfuerzo alguno de su parte.
2) El placer psicológico. Además de sentir un placer físico, él siente el placer psicológico de tener una mujer haciendo lo que socialm ente se espera que hagan todas las mujeres: que bajen la cabeza y se olviden de sí m ism as con tal de darle placer al otro. En ese acto, ella está íntegra m ente dedicada a su función ancestral de mujer: la de satisfacerlo sin pedir nada a cam bio, del m ism o modo com o lo trató su m am i en los mejores años de su vida, los de su más tierna infancia. Así que en todo sexo oral, hay un im portante com ponente edipico que sólo se lo debes m encionar a tu hom bre si ya te cansa esta práctica.
3) El placer de la pasividad. A esto se le sum a el placer de que m ientras él recibe sexo oral, no se espera de él que haga ninguna otra cosa m ás que gozar pasivam ente. Y eso de “No tienes que hacer nada más que relajarte y gozar” es una excelente noticia para cualquier h o m bre preocupado por su desem peño sexual y porque esta noche no hay fútbol en la tele.
4) El placer del silencio. Y com o si esto fuera poco, la mujer que lo hace, no habla. Y para todo hom bre poco afecto a escuchar que ella diga: “H ablem os de lo n u estro ”, encontrar una práctica que a ella la m antenga m uda es una ventaja enorme.
Como vem os, entonces, para el hom bre el sexo oral es un placer cuadruplicado en lo físico, em ocional y psíquico.
La mujer, en cam bio, no disfruta tanto com o los hom bres del sexo oral, porque vive pendiente de cóm o está el otro —si está a gusto, si se
Ana von Rebeur
com e un pelo, si le m olesta nuestra rodilla...— y estar tan p endiente del otro y de sacrificarse por los dem ás le quita capacidad de en tre garse al placer. O sea que la odiosa costum bre fem enina de com er el pan quem ado, la fruta m archita, la galleta rota y la carcaza de pollo acaba quitándole a la m ujer el placer en la cam a. ¿No nos vendría bien em p ezar a com ernos la pechuga del pollo y la parte m ás roja de la sandía?
Para pasarla bien en la cama, la mujer tiene que perm itirse buscar el placer activam ente, ser m uy clara y explicarle a él con paciencia qué debe hacer para que ella no prefiera ir a regar las plantas o jugar al solitario en la com putadora. Hay mujeres que dicen: “Para qué, no tiene caso, si no entiende n a d a ...”, y antes que explicarle nada de los placeres carnales a él, prefieren otros placeres carnales: ir a un Burger King a explicarle al cajero cóm o quiere el Whopper.
¿Por qué no saben hacer eí amor?
La verdad es que el sexo hay que hacerlo a la m anera de la Madre Teresa de Calcuta: de m anera solidaria, pensando que todo lo que con vierte a un hom bre en buen am ante es lo que le han enseñado otras
mujeres. Así que si tú no disfrutas nada con él, piensa que todo lo que le enseñes, en un futuro él podrá practicarlo con otra mujer a la que hará m ás feliz que a ti.
CONCLUSIÓN
En resum en, esto es com o el huevo y la gallina: los hom bres no saben hacer el am or porque las m ujeres no les en señan , y las m uje res no les en señ an porque ellos no saben hacerlo. Lo ideal sería que cada m ujer le ponga una pegatina en el pecho a su novio, o un cartel al cuello, indicando qué es lo que le ha en señ ad o , qué sabe y qué no, así las futuras novias sab en qué esp erar de él. Pero en verdad, com o resultado de esto, hay sólo cinco hom b res en el m undo que saben hacer el amor, que tienen tanto éxito entre las m ujeres que no paran de circular entre miles de am an tes y no se casan nunca porque están súper divertidos y solicitados. M m m m ... ¿te preguntas dónde están? Yo tam bién. Pero mejor, piénsalo así: no te conviene conocer a ninguno de ellos. Te m orirías de celos y no lograrías que se quedara contigo. Más vale entonces uno m enos ducho en las artes am atorias, que puedas en tre n ar a tu gusto hasta d onde se lo perm ita el orgullo, pero que esté contigo to m án d o te de la m ano cuando te operen del apéndice. Es preferible un am a n te regular pero tuyo, a un ardiente