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SECTION 1 JAR-OPS 1 Subpart E Appendix 1 to JAR-OPS 1.450 (continued)

INFANTIL

Los padres y las madres hacen infinidad de co- sas por sus hijos e hijas, en multitud de contextos y situaciones, para perseguir el bienestar de éstos y éstas. Según Hoghughi (2004), podemos destacar tres grupos de actividades o tareas necesarias para considerar como buena la crianza de los hijos e hi- jas. El primer grupo se refiere a aquellas tareas di- rigidas al cuidado, tanto físico como emocional; el segundo, a aquellas que tienen que ver con el control o la supervisión del comportamiento de los hijos e hijas, y el tercero, a las que van dirigidas a la promoción del desarrollo en el sentido más am- plio (físico, social, cognitivo, etc.).

En todas ellas están presentes dos aspectos: 1) la prevención de la adversidad y de cualquier cosa que

pueda perjudicar a los niños y las niñas, y 2) la pro- moción de lo positivo y de todo aquello que pueda favorecer a los niños y las niñas.

Así, el autor destaca dos variables clave a te- ner en cuenta en la crianza y educación de niños y niñas: la edad y la cultura, pues lo que puede ser útil y bueno para un niño pequeño puede no serlo para otro más mayor y lo que es aceptable en una cultura no necesariamente lo es en otra diferente.

Dicho de otro modo, podemos decir que ser pa- dres y madres, además de querer a los hijos e hijas, es enseñar y guiar su comportamiento asegurándo- se de que no actúan de una determinada manera, estableciendo límites a sus deseos, controlando y supervisando su comportamiento, procurándoles satisfacciones y haciéndoles soportar frustraciones. Las estrategias de socialización parental consisten en moldear a través de la práctica educativa las con- ductas que los padres y las madres consideran como RECUERDA

El proceso de influencia familiar es dinámico y complejo.

El contexto familiar ejerce un papel clave y fundamental para el desarrollo tanto de los adultos como de los niños y las niñas.

apropiadas y deseables para sus hijos e hijas tanto para su desarrollo personal como para su integración social. Los estudios clásicos sobre los estilos edu- cativos parentales coinciden en señalar dos dimen- siones básicas del comportamiento de padres y ma- dres (Maccoby y Martin, 1983):

— Afecto-comunicación: esta dimensión hace referencia al tono emocional de la relación (aceptación/rechazo; calor/frialdad; afecto/ hostilidad; proximidad/distanciamiento). — Control-exigencias: esta dimensión hace re-

ferencia al grado de exigencia y tipo de dis- ciplina empleada y si los padres controlan en mayor o menor medida la conducta de sus hijos e hijas, si establecen o no normas y si exigen su cumplimiento de forma firme y coherente (autonomía/control; flexibili- dad/rigidez; permisividad/restrictividad). La combinación de estas dos dimensiones da lu- gar a cuatro estilos educativos diferentes: demo- crático, autoritario, permisivo y negligente o indi- ferente. Obsérvese la tabla 2.1.

A continuación se describen las diferentes ti- pologías de estilos educativos:

— Padres y madres democráticos: se caracte- rizan por mostrar niveles altos de afecto-co- municación y control-exigencias. Se trata de padres que mantienen una relación cálida, afectuosa y comunicativa con sus hijos e hi- jas, pero que al mismo tiempo son firmes y exigentes con ellos. Estos padres

explican a sus hijos las razones del estable- cimiento de las normas, reconocen y respe- tan su individualidad, les animan a negociar mediante intercambios verbales y toman de- cisiones conjuntamente con sus hijos. Así, prefieren usar técnicas inductivas, basadas en el razonamiento y la explicación. También presentan más tendencia a promover los com- portamientos positivos de los niños y niñas que a inhibir los negativos, aunque controlan y restringen el comportamiento con normas y límites claros que mantienen de modo cohe- rente, exigiendo su cumplimiento. Estas nor- mas están adecuadas a las necesidades y po- sibilidades de los hijos e hijas (control que guía el cumplimiento de normas).

— Padres y madres autoritarios: se caracterizan por presentar un alto grado de control-exi- gencias, pero bajo de afecto-comunicación. Son padres y madres que suelen mantener un control restrictivo y severo y con frecuencia hacen uso de castigos físicos, amenazas ver- bales y continuas prohibiciones (dicho con- trol impone el cumplimiento de las normas). Son padres y madres que ofrecen pocas muestras de afecto y comunicación y son exigentes. Tienden a usar en mayor medida las prácticas coercitivas (basadas en el cas- tigo o la amenaza) para eliminar las con- ductas que no toleran en sus hijos o hijas. Al establecer las normas no tienen en cuenta el punto de vista del niño o la niña ni sus po- sibilidades.

— Padres y madres permisivos/indulgentes: muestran altos niveles de afecto-comunica- ción y una inexistente demanda de control- exigencias de madurez. Estos padres y estas madres evitan hacer uso del control, utilizan pocos castigos, realizan pocas demandas al niño o la niña y les permiten que regulen sus propias actividades. Se muestran toleran- tes y suelen aceptar positivamente el im- pulso de los niños y niñas.

— Padres y madres negligentes o indiferentes: son quienes muestran los niveles más ba- jos de afecto-comunicación y control-exi- Control-exigencias

Afecto-comunicación

Alto Bajo

Alto E. democrático E. autoritario

Bajo E. permisivo E. negligente

TABLA 2.1

gencias, lo que les lleva a ser quienes se im- plican en menor medida en la crianza de sus hijos e hijas. Las relaciones con éstos y és- tas son frías, distantes y poco sensibles in- cluso a las necesidades más básicas. Aunque muestran una ausencia de normas y exigen- cias, en ocasiones pueden ejercer un control excesivo, poco justificado e incoherente. Estudios más recientes vienen a confirmar que el estilo parental es un concepto multidimensional, que va más allá del afecto y el control y donde entran en juego otras dimensiones que deben ser tenidas en cuenta para analizarlo. En este sentido, Oliva, Parra y Arranz (2008) realizaron un estudio en el que analizaron la percepción de 848 adolescentes sobre el estilo parental de sus madres y padres, con el ob- jeto de profundizar en el conocimiento de los esti- los parentales y poder clasificar los diferentes ti- pos. Para ello, tuvieron en cuenta seis dimensiones: afecto y comunicación, promoción de la autonomía, control conductual, control psicológico (estrategias manipuladoras por parte de padres y madres tales como la inducción de la culpa y la retirada de afec- to ante conductas que no aceptan en sus hijos e hi- jas), revelación (el hijo o la hija comparte de forma espontánea con su madre y su padre lo que hace fue- ra de casa, habla de sus amistades o de su relación de pareja) y el humor. Los resultados les llevaron a di- ferenciar entre tres tipologías de padres y madres se- gún su estilo parental:

— Padres y madres estrictos: se caracterizan por mostrar un alto grado de control con- ductual y psicológico y en un grado medio las muestras de afecto, promoción de la au- tonomía, revelación y humor.

— Padres y madres indiferentes: son padres y madres que presentan los niveles más bajos en todas las dimensiones analizadas, con la excepción del control psicológico, donde al- canzan puntuaciones ligeramente inferiores a las de padres y madres estrictos.

— Padres y madres democráticos: estos padres y estas madres son los que ofrecen más muestras de afecto, promoción de la auto-

nomía, revelación y humor, mientras pre- sentan un nivel medio en control conductual y muy bajo en control psicológico.

Como bien nos explican Oliva et al. (2008), la consideración de dimensiones como la revelación en- fatiza el carácter bidireccional que caracteriza las re- laciones paterno-filiales, pues es cierto que los com- portamientos de padres y madres influyen en el ajuste de hijos e hijas, pero también lo es que las conductas y actitudes de éstos y éstas influyen en el modo en que padres y madres actúan con ellos y ellas. Esta bidi- reccionalidad nos pone de manifiesto que el proceso de socialización es recíproco, es decir, que los niños y niñas socializan a padres y madres de la misma forma que éstos y éstas socializan a sus hijos e hijas.

La mayoría de los estudios recientes coinciden en señalar la superioridad del estilo educativo de- mocrático en las diferentes culturas y en poblacio- nes de riesgo.

Cuando hablamos de tipos de estilos educativos parentales debemos tener en cuenta que:

— Las características de comportamiento de padres y madres no es una cuestión de todo o nada, sino que se presentan más en for- ma de un continuo.

— Nos estamos refiriendo a tendencias gene- rales, pues la variabilidad de situaciones educativas y la diversidad entre hijos e hijas hace que las prácticas educativas que padres y madres ponen en marcha sean flexibles y estén adaptadas a la situación y a las carac- terísticas del niño o de la niña.

¿Cómo influyen los diferentes estilos educati- vos en el desarrollo de los niños y las niñas?

Partiendo de la clasificación clásica de estilos pa- rentales, Palacios y Moreno (1994) señalan que los hijos e hijas de padres y madres democráticos son quienes presentan las características que nuestra cul- tura considera más deseables: mostrar una alta autoestima, afrontar las situaciones nuevas con con- fianza, ser constantes en las tareas que emprenden, presentar una buena competencia social, autocontrol e interiorizar los valores sociales y morales.

Los hijos e hijas de padres y madres autorita- rios suelen tener baja autoestima y escaso auto- control, aunque responden de forma obediente y su- misa ante el control extremo, suelen tener pocas habilidades sociales y pueden llegar a presentar conductas agresivas ante el control extremo.

Los hijos e hijas de padres y madres permisivos aparentemente suelen ser vitales y alegres; sin em- bargo, son también inmaduros, impulsivos, deso- bedientes, rebeldes ante las normas que entran en conflicto con sus deseos, poco persistentes ante las tareas y más dependientes de los adultos.

Los hijos e hijas de padres y madres negligen- tes suelen presentar problemas de identidad y baja autoestima, no suelen obedecer a las normas y son poco sensibles a las necesidades de los demás. Son niños y niñas vulnerables y más propensos a ex- perimentar conflictos personales y con los demás. A modo de conclusión, podemos afirmar que el estilo democrático es el que ofrece más ventajas para el desarrollo de niños y niñas. Sin embargo, no po- demos olvidar que no se trata de una relación lineal entre el estilo educativo parental y el ajuste infantil, sino que responden a relaciones bidireccionales y que atienden a las características contextuales de la rea- lidad de cada familia, a las individuales de cada uno de sus miembros y del momento evolutivo en que se encuentra el niño o la niña.

Los resultados del estudio realizado por Oliva et al. (2008) reafirman que los hijos e hijas de padres y madres democráticos son quienes presentan un me- jor ajuste psicológico (comportamental, emocional, mayor satisfacción vital y autoestima), seguidos de quienes tenían padres y madres estrictos, siendo los que tenían padres y madres indiferentes los que pre- sentaban un peor ajuste psicológico.

¿Cuándo es adecuada una práctica educativa?

Según Ceballos y Rodrigo (1998), para que una práctica educativa sea eficaz es preciso tener en cuenta algunas cuestiones:

— El mensaje educativo debe ser claro, redun- dante y coherente, de esta manera hay mayor garantía de que el niño o la niña perciban el

mensaje (esto implica, entre otras cosas, tener en cuenta el desarrollo cognitivo del niño). — Niños y niñas deben aceptar el mensaje edu- cativo, es decir, deben percibir que es apro- piado y justo teniendo en cuenta su com- portamiento y la situación y que estén motivados para aceptarlo.

— Una buena práctica permite el diálogo a tra- vés del cual los hijos e hijas exponen sus puntos de vista, sus razones para no obede- cer a la vez que tratan de entender a sus pro- genitores. La comprensión mutua facilita la cooperación recíproca entre padres/madres e hijos/hijas en innumerables situaciones y tareas cotidianas, lo que potencia de forma clara el desarrollo de niños y niñas. — La aplicación flexible de las estrategias edu-

cativas de acuerdo a ciertas características del niño o la niña tales como la edad, el es- tilo comportamental o la situación concre- ta en la que se aplica la estrategia educativa. Así, unas estrategias pueden resultar efica- ces con niños y niñas más pequeños, no re- sultándolo con los más mayores.

• La edad: a medida que niños y niñas cre- cen los padres deben ejercer menos con- trol y más explicación de las normas. Pero este cambio en las prácticas educativas debe hacerse de forma progresiva y suave, pues los más pequeños necesitan de ex- plicaciones ajustadas a su edad mientras que los más mayores necesitan un entor- no con normas claras y con exigencia de su cumplimiento.

• Estilo comportamental del niño o la niña: por ejemplo, un niño o una niña tímidos necesitan un ambiente hogareño, poco es- tresante, buenos modelos de relaciones so- ciales, apoyo a su autoestima, ocasiones que incrementen su sentimiento de com- petencia social, que no se centre en ellos toda la atención familiar, etc. Un niño o una niña con comportamiento agresivo ne- cesitan estrategias inductivas basadas en la reflexión sobre lo ocurrido que les ayude

a ponerse en el punto de vista del otro y a pensar en las causas y consecuencias de su conducta.

• La adaptación a la situación: tipo de con- ducta, dónde ocurre y con quién. Por ejemplo, una conducta indeseable en un niño de 3 años no despierta la misma emoción negativa en el padre o la madre que ese mismo comportamiento en un niño de 12 años.

— Las prácticas educativas deben ir siempre acompañadas de una atmósfera afectiva de clara aceptación y de atención al niño o la niña y a sus necesidades.

Hasta ahora hemos analizado las prácticas edu- cativas favorables para el desarrollo infantil, pero se sabe que existen otras que claramente son per- judiciales y tienen consecuencias negativas en los hijos e hijas, tales como problemas de conducta, bajo rendimiento académico, comportamiento an- tisocial, etc. Jiménez-Lagares y Muñoz-Tinoco (2005) destacan las siguientes:

— Disciplina incoherente: padres y madres no mantienen una pauta coherente en sus ac- ciones educativas (falta de sistematicidad o desacuerdo entre progenitores).

— Disciplina colérica y explosiva: uso de estra- tegias como pegar, gritar, amenazar, pudiendo llegar en casos extremos al maltrato infantil. — Baja implicación y supervisión: padres y madres que no están implicados en la vida de sus hijos e hijas, no se preocupan por controlarles, ni se interesan por ellos. — Disciplina rígida e inflexible: los padres y

madres no adaptan sus estrategias de acuer- do a la edad, el estilo comportamental o el

tipo de conducta implicada en la situación de conflicto. Además, no ajustan la inten- sidad de la disciplina en función de la gra- vedad de la infracción y en ninguna ocasión recurren a la negociación de las normas. Las pautas educativas no son comportamientos ais- lados, sino que están relacionadas con el sistema de creencias que padres y madres tienen sobre el desa- rrollo y la educación de los hijos e hijas, sobre cómo son éstos y éstas, sobre su rol como padre o madre, etc. Llegados a este punto, podemos señalar algunas implicaciones prácticas sobre cómo orientar a los padres y las madres:

— Debemos tener en cuenta que la mera reco- mendación de recetas no resulta efectiva para el cambio de las prácticas educativas, pues és- tas se asientan sobre un sistema de creencias. — No debemos desestimar o criticar las estra- tegias de padres y madres: esto sólo produ- ce estériles autojustificaciones que les blo- quean, no facilitando la reflexión.

— Debemos ampliar su conocimiento sobre la variedad de metas y estrategias de socializa- ción e invitarles a reflexionar sobre cuáles son las suyas (cómo les gustaría que fueran sus hi- jos e hijas, qué hacen para conseguirlo y cómo valoran su rol como padre o madre). — Debemos proporcionarles información so- bre las consecuencias psicológicas en los hi- jos e hijas de las distintas prácticas educa- tivas, así como de su eficacia a corto y largo plazo.

— Proporcionar asesoramiento sobre la con- veniencia de utilizar determinadas estrate- gias a determinadas edades y en situaciones concretas.

RECUERDA

Los estilos parentales tienen carácter bidireccional y multidimensional. El comportamiento de padres y madres se presenta en un continuo, no siendo una cuestión de todo o nada. Cuando habla- mos de estilos parentales nos referimos a tendencias generales, pues son flexibles al tener en cuenta la situación concreta en la que se desarrollan y las características de los propios niños y niñas.

4. CRECIENDO Y APRENDIENDO

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