SUBPART I – PERFORMANCE CLASS C
SUBPART N – FLIGHT CREW
La ley próximo-distal es la responsable de que el control de la motricidad fina sea posterior al de la motricidad gruesa. Y muestra la secuencia en la prensión o la habilidad para usar las manos.
Inicialmente la prensión es refleja: la mano se cie- rra automáticamente ante el roce de un objeto. A los dos meses, el bebé trata de coger un objeto con toda la mano pero todavía es muy torpe. Lo consigue, en la mayoría de los casos, a los 4 meses. Todavía ne- cesita verse las manos y el objeto para poder alcan-
zarlo. A partir de los 9 meses empieza a utilizar la pinza (índice y pulgar), algo específicamente huma- no, y ya no necesita el control visual, pues el movi- miento se vuelve más preciso (véase tabla 4.3).
Los logros psicomotores finos y gruesos no son independientes (sistema dinámico). La marcha bí- peda, que consigue el niño a partir del año, permite liberar las manos. Esto da nuevas posibilidades de ac- ción y de representación. Para muchos autores, la gé- nesis del lenguaje reside precisamente en esta ca- pacidad manipulativa (Jiménez-Lagares y Muñoz Tinoco, 2005).
Márgenes de edad en los que el
Alcance y manipulación de objetos: ley próximo-distal 90 por 100 de los
niños lo consiguen
1-4 meses Intenta alcanzar un objeto Pasa un objeto de una mano a otra
2-8 meses Coge un objeto usando toda la mano 4-8 meses Al coger un objeto opone el pulgar
el resto de los dedos
7-13 meses Presión en pinza Suelta objetos
10-19 meses Sujeta un lápiz y deja huellas Apila objetos
2-3 años Dibuja líneas y trazos circulares Empieza a usar la
Empieza a colorear dibujos con cotornos cuchara y el tenedor
aún sin mucha precisión
3-4 años Copia formas simples (círculo, cuadrado...) Usa el cepillo Se pone una camisa
Usa el punzón para picar de dientes Se desabrocha los
Empieza a usar las tijeras para recortar papel botones
4-5 años Recorta bien líneas con tijeras Usa la cuchara y el Se abrocha
Dobla papel tenedor con mayor los botones
Primeros intentos con la escritura precisión
5-6 años Recorta mejor figuras más complejas Usa el cuchillo Se ata los cordones
Colorea con bastante precisión Utiliza herramientas
Escribe de forma reconocible algunos que implican giro
números y letras de muñecas (por
ejemplo, destornillador) TABLA 4.3
Principales logros relacionados con la psicomotricidad fina (0-6 años) (Jiménez-Lagares y Muñoz Tinoco, 2005)
2.2.1. Desarrollo de la grafomotricidad El progreso en las habilidades motoras finas junto a otras habilidades, como el control óculo- manual, se muestra en los dibujos y en la escritura de los niños y niñas.
2.2.1.1. El dibujo
La evolución del dibujo refleja la interacción entre diversos factores como la psicomotricidad, la capacidad cognitiva (por la atribución de signi- ficado que se hace), la afectividad y la propia ex- periencia (dibujan lo que les interesa y conocen). La interacción social es fundamental en el desa- rrollo de estas habilidades, pues se aprenden bási- camente a través de la imitación y el modelado ex- plícito. Además, es el adulto el que, en primer lugar, interpreta el dibujo. Vamos a hacer un recorrido es- quemático desde la simple producción motora has- ta la elaboración de auténticos dibujos, esto es, cuando adquieren un contenido simbólico, pues ya son representaciones de personas y objetos:
— A los 18 meses aproximadamente aparecen los primeros trazos. El niño disfruta del mo- vimiento y del descubrimiento de su inter- vención en el ambiente: observa cómo con el lápiz deja unas huellas permanentes en el tiempo, sobre el papel.
— Este movimiento, inicialmente, son líneas rectas, pues parten del hombro. Más ade- lante se convierten en zig zag o barrido al partir el movimiento de la articulación del codo. Y, por último, a partir de los 2 años, aparecen las formas circulares puesto que ya articula la muñeca.
— Entre los 2 y medio y los 3, estos trazos evo- lucionan hacia garabatos: dibujos que, en
la mayoría de los casos, son interpretados a posteriori y cuya atribución de significa- do los niños van cambiando conforme se les pregunta por ello. A veces, incluso, añaden detalles al ver el parecido con la realidad. Por ejemplo, un niño que pinta pico y pa- tas a su dibujo al decir que es un pájaro, o pinta algo parecido a un pájaro al ver que el resultado es una jaula.
— A los 3-4 años ya podemos hablar de dibu- jos propiamente dichos, como representa- ciones intencionadas de objetos y personas. El niño todavía no tiene el control motor su- ficiente, y su atención (como veremos en un capítulo posterior) aún es discontinua y se centra en los aspectos de la realidad que más le llaman la atención. Esto hace que sus representaciones sean esquemáticas: un co- che representado por dos ruedas grandes y una línea horizontal; o los cabezudos, tam- bién llamados renacuajos, como represen- tación de la figura humana (una cabeza muy grande de la que salen directamente rayas que representan brazos y piernas).
— Realismo intelectual (5-8 años). En esta etapa pintan imágenes según lo que saben de ellas y no según lo que ven. Así, por ejemplo, pueden pintar dibujos transparen- tes (los dedos del pie dentro del zapato, el pollito dentro del huevo) o separando deta- lles para mostrar su importancia (los pelos separados unos de otros). También mezclan perspectivas, representando un cuerpo de frente con los pies o la cabeza entera vis- tos de perfil.
— Realismo visual (a partir de los 8 años): los dibujos van incorporando más detalles y ga- nan en complejidad. No se limitan a una fi- gura, sino que añaden otros objetos o per- sonas y detalles del contexto. Por ejemplo, REFLEXIONA
Piensa en condiciones de vida que por razones culturales o sociales sean distintas y, por tanto, pue- dan llevar a diferencias en la aparición o el ritmo de determinados logros.
niña con un perro, junto a un árbol, el cie- lo y la tierra... Poco a poco van dibujando también acciones.
A partir de aquí los dibujos infantiles pierden esa gracia que los caracteriza al in- tentar los niños reproducir la realidad tal cual la ven limitándose al modelo, y algunos niños incluso dejan de pintar al darse cuen- ta de que su capacidad técnica para repro- ducir es limitada.
Debemos tener en cuenta dos cosas. Por un lado, que la evolución del dibujo, como otras, no es lineal sino a saltos debido a la dificultad de la propia tarea. Ante nuevos retos, el niño reorganiza sus habilidades y recurre a procedimientos que ya había desechado. Y, por otro, la gran influencia social que marca una gran variabilidad individual. Una muestra de esto la ve- mos, por ejemplo, en las variaciones con que niños de diferentes culturas pintan una persona o un animal. La interacción social es igual de importante para el desarrollo de la escritura, tal y como vere- mos a continuación.
2.2.1.2. La escritura
La escritura incluye un aspecto motor, la ca- ligrafía, y un aspecto de comunicación, el con-
tenido del mensaje. Antes de ser capaces de es- cribir, los niños y niñas dominan de forma muy básica la funcionalidad de la letra escrita como mecanismo de comunicación.
Al igual que hemos hecho con el dibujo, vamos a describir esquemáticamente la evolución desde los primeros trazos hasta la adquisición plena de la capacidad escritora.
— La fase precaligráfica coincide en nuestro contexto con la educación infantil. Su prin- cipal característica es el trazo tembloroso e irregular producido por la falta de control de los movimientos finos.
— En la fase caligráfica (hasta los 12 años) el trazo tiene mayor precisión y calidad. Las letras se encadenan mejor y las repro- ducciones son más f ieles. Entre los 10 y 12 años el tamaño de las letras se norma- liza y mantienen el espacio interlineal. A medida que escriben mejor, van avan- zando en la funcionalidad de la escritura, aprendiendo a componer textos con sig- nificado.
— Fase poscaligráfica. A partir de los 12 años se suprimen detalles y las letras adoptan for- mas e inclinación personalizadas. La de- manda de rapidez deja en segundo plano la belleza del trazo.
2.3. Independencia y coordinación motriz