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SECTION 1 JAR-OPS 1 Subpart E Appendix 1 to JAR-OPS 1.440 (continued)

La familia tiene un papel muy importante en el desarrollo de los menores que crecen en su seno. Basándonos en los estudios de riesgo y resiliencia, esta influencia puede ir desde la transmisión ge- nética de los padres a sus hijos e hijas a la origi- nada por factores de corte más ambiental o con- textual. De este modo, cabe destacar que esta influencia puede ser ejercida de un modo más o menos directo (figura 2.1). Como bien nos cuen- tan Masten y Shaffer (2006), la familia puede ejer- cer una influencia directa sobre el ajuste infantil y ésta puede ser tanto positiva como negativa. Cuando es positiva, este efecto es entendido como promotor del desarrollo o como factor de protec- ción de él. Sin embargo, si ejerce una influencia negativa sobre el ajuste infantil, ésta es conside- rada como un factor de riesgo para el mismo. No obstante, la influencia positiva de la familia so- bre el desarrollo infantil puede contrarrestar los efectos negativos de otros factores de riesgo (por ejemplo, vecindario, amistades, conflictos, etc.).

Explicado así, y observando los tres prime- ros modelos representados en la figura 2.1, que implican modelos acumulativos sobre cómo la fa- milia llega a influir en el desarrollo de niños y ni- ñas, parece que dicha influencia es muy simple.

Sin embargo, el proceso de influencia es diná- mico y puede llegar a ser muy complejo con el paso del tiempo (modelo D) donde las interac- ciones bidireccionales de la familia con el niño influyen en la familia, en el niño y en sus futu- ras interacciones y, por tanto, dichas relaciones se conciben interconectadas entre sí en múltiples ni- veles (genes, compañeros, familia, escuela, ve- cindario, cultura, etc.). Por esta razón, en el aná- lisis de la familia como contexto de desarrollo debemos partir de una concepción sistémica y ecológica en la que se entiende a la familia como un sistema de relaciones interpersonales recípro- cas. Este sistema no está aislado del entorno que le rodea, sino que mantiene relaciones con otros contextos influyentes en el desarrollo de sus miembros (el trabajo de los padres y las madres, las experiencias con los iguales, en la escue- la, etc.), al tiempo que unos y otros se encuentran inmersos en contextos de influencia superiores ta- les como la cultura, así como sometidos a cambios sociales e históricos (Palacios y Rodrigo, 1998). Desde este modelo sistémico, la intervención o el trabajo con las familias, ya sea desde el ámbito edu- cativo o desde cualquier otro, debe tener en cuen- ta a los diferentes agentes y contextos, pudiendo di- rigirse, entre otros, al niño o la niña, a los padres, a las interacciones entre ambos, al profesorado, etc. RECUERDA

En la actualidad confluyen diferentes tipos de familias, todas ellas igualmente válidas a priori, pues lo importante para el buen desarrollo psicológico no es la estructura familiar, sino las dinámicas de relaciones que en ella se dan.

El contexto familiar tiene, sin duda, un papel clave y fundamental para el desarrollo tanto de los adultos como de los niños y niñas que crecen en él. Con respecto a los adultos, no sólo como agen- tes educativos sino también como sujetos en cre- cimiento y desarrollo, la familia tiene, según Palacios y Rodrigo (1999), fundamentalmente cua- tro funciones:

— Es un escenario donde se construyen perso- nas adultas sanas, con buena autoestima y donde se experimenta cierto nivel de bien-

estar psicológico frente al estrés o los con- flictos que acontecen en la vida cotidiana. — Es un espacio donde se aprende a afrontar

retos y a asumir responsabilidades y com- promisos.

— Es un escenario de encuentro intergene- racional: abuelos, padres, nietos, etc. Y, por tanto, donde se construye a través del afecto y los valores un nexo de unión en- tre el pasado (la generación de los abue- los) y el futuro (la generación de los hi- jos e hijas).

A. Influencia directa de la familia

B. Efectos de la familia mediados por otros factores

C. La familia como mediadora

D. Modelo de interacción familia-niño-niña

Figura 2.1.—Modelos de influencia familiar. Adaptada de Masten y Shaffer (2006).

NOTA: El modelo D está basado en la teoría de los sistemas, en la que se entiende que los cambios en un sistema

pueden llegar a influir en el resto de los sistemas conectados directa o indirectamente con la familia (por ejemplo, Bronfenbrenner, 1979). Ajuste infantil Familia Factor de riesgo Factores de riesgo Familia Familia Ajuste infantil Ajuste infantil Familia momento 1 Ajuste infantil 1 Familia momento 2 Ajuste infantil 2 Familia momento 3 Ajuste infantil 3 F. mediadores (genéticos o ambientales)

— Es una red de apoyo ante las diversas tran- siciones vitales de los adultos, tales como la incorporación en el mercado laboral, la vida en pareja, la llegada de los hijos e hijas, la vejez, etc.

Con respecto a los hijos e hijas, la familia debe: — Facilitar el desarrollo de lazos afectivos y emocionales entre los cuidadores y los niños y niñas, en definitiva, los vínculos de apego (de este indicador del desarrollo hablaremos más detenidamente en el capítulo 7). — Ofrecer un clima de afecto y apoyo que fa-

vorezca su estabilidad emocional.

— Brindar estimulación cognitiva a través de la implicación de los progenitores en las ta- reas de los hijos e hijas llegando a conseguir que éstas les resulten más atractivas y enri- quecedoras.

— Dotar de estrategias de socialización, fo- mentando el aprendizaje de conductas apro- piadas y deseables para su desarrollo y su integración social que les haga ser personas competentes para relacionarse con el mun- do que les rodea.

— Facilitar un crecimiento sano y ajustado. — Potenciar y facilitar el desarrollo de los hi-

jos e hijas en otros contextos o entornos educativos como, por ejemplo, la escuela, la relación con otros adultos y con los iguales, facilitar el acceso y el uso adecuado de las nuevas tecnologías y de Internet.

Hasta ahora, hemos indicado las funciones que debe cumplir una familia, sin embargo, sabemos que no todas las familias cumplen con ellas por igual. Incluso, en algunos casos, afortunadamente no muchos, los niños y niñas crecen sin tener cu- biertas sus necesidades básicas.

Llegados a este punto, podemos preguntarnos por los factores que favorecen el buen desarrollo de los niños y niñas. Destacaremos fundamentalmen- te tres:

— El clima de relaciones familiares. Son nu- merosos los estudios que muestran los efec-

tos negativos que tienen los conflictos fa- miliares sobre el ajuste psicológico infan- til (por ejemplo, Amato y Booth, 1996); sin embargo, cuando las relaciones paterno-fi- liales se caracterizan por ser cálidas, con muestras de afecto, alto grado de comuni- cación, supervisión e implicación paterna, los hijos e hijas presentarán mejor autoes- tima, competencia social, motivación, auto- control y empatía.

— Las creencias parentales sobre el desarro- llo y la educación infantil. Los padres y las madres no suelen actuar al azar con sus hi- jos e hijas, sino que su comportamiento par- te de una serie de concepciones sobre la crianza, el desarrollo y la educación de los menores. Los padres co-construyen las creen- cias ya construidas por otras generaciones, a partir de sus experiencias socioculturales vividas mientras ejercen como padres y ma- dres. La interpretación que hace el padre o la madre de la situación y de la conducta del niño guía su comportamiento; es por ello por lo que podemos decir que estas creen- cias actúan como guía de la conducta de pa- dres y madres. Pero se sabe que estas cre- encias no son estáticas y permanentes, sino que pueden modificarse con la experiencia educativa, al ser fruto de los intercambios con otros niños y adultos y de la experien- cia de paternidad y maternidad. Así, la ex- periencia de crianza y educación de los ni- ños y niñas modifica las ideas que padres y madres tienen sobre la infancia, reforzán- dolas o modulándolas, según el caso. No obstante, no existe una correspondencia perfecta entre cognición y acción, sino que las creencias guían de modo flexible las conductas de los padres y las madres según sea el contexto de la situación educativa, pues si fuera de otro modo no serían adap- tativas. Dichas creencias permiten interpre- tar los sucesos que acontecen en la vida fa- miliar, explicarlos, predecirlos, planificar el comportamiento y diseñar la actuación o in- tervención. De todo lo anterior, derivan una

serie de implicaciones prácticas que debe- mos tener en cuenta para el trabajo con pa- dres y madres:

• Hacer a padres y madres conscientes de sus concepciones es el primer paso para que estén dispuestos a cambiarlas cuan- do sea necesario.

• Los cambios conductuales duraderos de- ben ir acompañados de cambios en las in- terpretaciones que madres y padres reali- zan en multitud de episodios de la vida cotidiana.

— El entorno educativo familiar. El contexto familiar es de suma importancia porque en él acontecen muchos episodios de interac- ción educativa a través de los cuales se van

construyendo nuevos aprendizajes y el de- sarrollo infantil. En la medida en que el contexto familiar ofrezca variedad de estí- mulos y objetos que resulten de interés a los menores y que se ajusten a sus competen- cias, habilidades e intereses, el desarrollo de los pequeños se verá beneficiado. De ahí, la especial importancia que tienen las rutinas de la vida cotidiana familiar para el desa- rrollo infantil. En el marco de los aprendi- zajes que tienen lugar en las interacciones con los otros miembros familiares, los niños y las niñas asumen valores que guiarán en un futuro su conducta social. En concreto, lo bueno y lo malo, lo aceptable y lo recha- zable, lo adecuado y lo inadecuado se aprende desde edades muy tempranas en las interacciones con los otros.

3. LOS ESTILOS DE SOCIALIZACIÓN

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