6.2 Leasing and Programming Languages: A Proposal
6.2.1 Lease Term Management
Satanás no se aproveche de nosotros, pues no ignoramos sus planes.
a. «Al que vosotros perdonáis, yo perdono». Pablo habla como padre de sus hijos espirituales de la familia de Dios. Cuando los hijos de esta familia están dispuestos a perdonar al pecador, Pablo también perdona. Quiere que los corintios sean los primeros en perdonar a la persona en cuestión. Cuando estén [p 95] listos y dispuestos a perdonar al transgresor, Pablo también lo estará y lo hará de todo corazón.
b. «Porque lo que he perdonado, si había algo que perdonar, lo hice por consideración a vosotros en presencia de Cristo». Pablo no le guarda rencor al ofensor. El tiempo del verbo perdonar indica que Pablo se había ocupado del tema antes de escribir esta carta. Con respecto a la ofensa cometida, pone a la iglesia en primer lugar, y luego se pone él. Al absorberlo de su culpa, Pablo muestra un espíritu magnánimo de amor hacia el ofensor. Cuando Pablo dice «si había algo que perdonar», desea calificar la afrenta como insignificante. El que ofende, a veces no llega a admitir que ha obrado mal y, en esos casos, nunca pide excusas a la parte injuriada. La persona ofendida, ¿debe guardarse el resentimiento mientras espera una excusa que no llega? Pablo tiene una respuesta para esta pregunta, con la
aclaración adicional de que a él no le alcanzaba la afrenta y que dudaba de si tenía algo que perdonar. Hay otro aspecto sobre el asunto de perdonarse entre sí. Si se hubiera dado el caso de que hubiera habido algún resentimiento de los corintios contra él, Pablo, desde lo más hondo de su corazón, los hubiera exonerado en la presencia de Cristo. Como pastor suyo, está presto a perdonar a la congregación, para que nada estorbara a la causa de Cristo. Sirviendo a los miembros de la iglesia, Pablo ha puesto el tema ante el Señor Jesucristo y ahora muestra un espíritu perdonador.
Los rencores en la congregación son rápidamente explotados por Satán para socavar la salud espiritual de la iglesia. El Maligno capitaliza los insultos que no se han sido resueltos ni perdonados; defraudar a la gente hace que se produzca en ella un espíritu de animosidad, de división y de dispersión. Jesús dijo: «El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce» (Mt. 12:30). El propósito de Satán es frustrar la obra de Cristo en su iglesia sobre la tierra. Con la dispersión del pueblo de Dios, Satanás puede bloquear el progreso de la iglesia y el reino de Cristo.
Pablo señala que ni él ni los corintios ignoran el propósito de Satán de zarandear a los siervos de Dios como a trigo (Lc. 22:31), y de causar su ruina espiritual. Abrigar mala
voluntad hacia un pecador arrepentido, en vez de mostrarle amor, misericordia y gracia, son herramientas que el Maligno sabe manejar. El Diablo aborrece el perdón y el amor cristiano; lo que a él le gusta ver es abatimiento, desesperación y tinieblas. En esa atmósfera, Satanás es capaz de recuperar un pecador perdonado. En consecuencia, Pablo les enseña a los corintios a perdonarse unos a otros, en amor, tal como Dios los ha perdonado a ellos (Ef. 4:32). Comentarios adicionales sobre 2:5–11
Hay al menos tres puntos de vista en la identificación del ofensor mencionado en este pasaje. Primero relacionaré estas tres opiniones, luego examinaré cada una de ellas a la luz de las pruebas disponibles y, por último, intentaré evitar toda especulación.
[p 96] Los eruditos que consideran 1 Corintios como una carta severa (2 Co. 2:3), han identificado a un hombre que cometió incesto (1 Co. 5:1–5) como la persona que causó la pena, recibió el castigo, se arrepintió y pidió perdón (2 Co. 2:5–11). Cuando los miembros de una iglesia expulsan a alguien por un pecado flagrante, abren la puerta de la readmisión de tal persona una vez que él o ella, muestra un genuino arrepentimiento.
Otros eruditos opinan que la carta severa fue la que escribió Pablo entre 1 y 2 Corintios. Creen que alguien ofendió a Pablo cuando el apóstol hizo su segunda visita a Corinto. No están seguros de cuál pudo ser la ofensa; pero sí de que afectó a la iglesia y, de tal manera, que la mayoría de los miembros de la iglesia habían actuado para castigarlo (v. 6). Cuando esa persona se arrepintió, Pablo lo perdonó y le encareció a los corintios que lo perdonaran también y lo reafirmaran.
Algunos expertos dicen que, después de que Pablo escribiera 1 Corintios, brevemente visitó dicha ciudad, donde fue desairado y ofendido por una persona. Pablo regresó a Éfeso y escribió la carta que se considera como severa. Estos eruditos sugieren que el incestuoso (1 Co. 5:1–5) es la misma perso- na que se enfrentó y ofendió a Pablo durante su segunda visita a Corinto (2 Co. 2:5).18 Esa persona no
se arrepintió después de que la congregación recibiera las exigencias concretas de Pablo sobre su ex- pulsión (1 Co. 5:13); sino que también agredió verbalmente a Pablo durante la segunda visita del apóstol a Corintio. Entonces fue cuando Pablo escribió su carta severa, que presumiblemente Tito en- tregó a los corintios. Por medio de Tito, el apóstol tuvo noticias de la iglesia de Corinto, de cómo sentían solicitud por él y de cómo estaban apenados (2 Co. 7:6–7, 13–15). Ahora discutamos estas opiniones en detalle:
1. La interpretación tradicional. La primera opinión tiene su raíz en la iglesia cristiana primitiva y es conocida como la interpretación tradicional. Durante aquella segunda visita, Pablo se encontró con la persona que había cometido incesto con la mujer de su padre (1 Co. 5:1). El caso afectó a toda la congregación; pero la confrontación de Pablo con la persona que lo había ofendido (2 Co. 2:5; 10:7– 12), se convirtió en un ataque personal a Pablo.
Muchos comentaristas han rechazado la interpretación tradicional. Dicen que durante la segunda visita de Pablo a Corinto, alguien lo insultó y lo atacó. No es irreal la posibilidad de que el incestuoso hubiera sido la persona que humilló al apóstol.
Aplicamos aquí la acreditada regla bíblica de que sea la propia Escritura la que se interprete; es decir, cuando nos encontramos con un punto oscuro en algún pasaje específico, recurrimos a otro pasaje de la Escritura que aclare dicho punto. Si suponemos que los dos pasajes (2:5–11 y 7:12), se refieren a una misma persona, descubrimos entonces que el ofensor es el mismo que atacó a Pablo. Parece, pues, que la parte injuriada fue el mismo Pablo.
2 Dos casos diferentes. La disciplina que Pablo prescribió para el incestuoso fue que lo entregaran a Satanás, a quien le fue concedida autoridad para castigarlo (1 Co. 5:5). Pero, en la segunda epístola (2:5–11), Pablo encarece a los destinatarios de su carta que perdonen al pecador, a quien ellos casti- garon y él se arrepintió. Los expertos creen que los dos casos difícilmente tienen algo en común.19
Aunque hay algo de cierto en esta observación, la Escritura enseña que Dios siempre deja la puerta abierta para perdonar si hay arrepentimiento. Excepto cuando el pecado de blasfemia es contra el Es- píritu Santo (Mt. 12:32). De la misma manera, la iglesia debe estar siempre dispuesta a aceptar al pe- cador arrepentido y a rehabilitarlo completamente. No tenemos indicación sobre qué daño Satanás
18 Colin G. Kruse, The Second Epistle of Paul to the Corinthians: An Introduction and Commentary, serie
Comentarios al Nuevo Testamento, Tyndale (Leicester: Inter-Varsity; Grand Rapids: Eerdmans, 1987), vol. 8, pp. 41–45.
19 Referirse a C. K. Barrett, «Ὁ ἈΔΙΚΗΣΑΣ (II Co. 7: 12)», en Verborum Veritas, ed. Otto Böcher y Klaus
Haacker (Wupertal: Brockhouse, 1970), pp. 153–155; también en Essays on Paul (Philadelphia:
Westminster, 1982), pp. 111–113. Barrett cree que el ofensor no es corintio, sino extranjero. Véase The
Second Epistle to the Corinthians, serie Harper’s New Testament Commentaries (Nueva York: Harper and
puede causar a una persona, pero el objetivo de Pablo—para salvar el espíritu de la persona—parece que fue alcanzado (1 Co. 5:5). Debemos considerar que de la misma manera que Dios perdonó a Pablo su violencia contra la iglesia, así la iglesia debe [p 97] perdonar al transgresor por su incestuosa con- ducta (Gá. 6:1).20 El argumento para ver la clara diferencia existente entre el transgresor sexual y la
persona que ofendió a Pablo puede ser formidable;21 pero no concluyente. Ambos pasajes, en la co-
rrespondencia corintia de Pablo, puede que se refieran a la misma persona.22
3. Una misma persona que realiza dos actos. La tercera opinión dice que, como el incestuoso no fue expulsado de la congregación corintia, Pablo se vio obligado a hacer su segunda visita a Corinto. Allí, esa persona lo agredió verbalmente poniendo en duda su autoridad apostólica para ejercitar la disci- plina en aquella iglesia. Pablo se sintió profundamente maltratado e, incapaz de resolver el dilema, regresó a Éfeso, desde donde, a su llegada, se puso a escribir una carta tan severa que quizás los corintios se apartaron completamente de él. Probablemente fue Tito quien entregó esta carta a la iglesia de Corinto. Sobre la base de esta carta y la persuasiva influencia de Tito, la congregación cambió de actitud, actuó y castigó al ofensor.23 Y Tito se llenó de gozo y satisfacción (2 Co. 7:7, 13).
Mientras tanto, Pablo había viajado de Éfeso a Macedonia donde, lleno de ansiedad, esperó a Tito, para que le contara de los efectos que su severa carta había causado (7:5–16). Tito le informó que los corintios habían castigado al pecador quien, como resultado, se arrepintió. Pablo se relajó y se llenó de alegría al ver que la crítica situación de la iglesia de Corinto había pasado. Entonces animó a la congregación a que rehabilitaran y perdonaran al pecador arrepentido (2:6–10). Pablo confiesa su alegría, que puede compararse con la que los ángeles sienten cuando un pecador se arrepiente (Lc. 15:7, 10).
Esta hipótesis merece una consideración. Cuando consideramos las ramificaciones que toman las directrices que Pablo da a la iglesia de Corinto, para expulsar de su seno al inmoral, debemos también reparar en las reacciones del infractor (1 Co. 5:13). Es de notar que Pablo escribe como si él mismo estuviera presente en la reunión de la congregación de Corinto, donde él debe asumir el liderazgo (1 Co. 5:3). Pero cuando la iglesia recibe la carta de Pablo, él no estaba personalmente allí. Sin su firme liderazgo, la iglesia tenía que aplicar su propia disciplina.24 Esta forma de actuar era arriesgada, ya
que los adversarios de Pablo, en Corinto, hubieran considerado su ausencia como una muestra de debilidad (cf. 2 Co. 10:10). La congregación tuvo que hacer frente a la oposición del inmoral, que con- taba con cierto número de amigos para su defensa. La iglesia estaba dividida sobre el tema y fue inca- paz de actuar. Pablo se enteró de esta deteriorada situación por Timoteo, que había regresado de Corinto (2 Co. 1:1).
No fue Timoteo el que dominó la situación, sino Tito el que pudo acabar con el conflicto de Corinto; así que él mismo fue el que les pidió que hicieran una colecta para los santos de Jerusalén (2 Co. 8:6). En medio de la confusión, los miembros de la iglesia no estaban dispuestos a aceptar la petición de donativos por parte de Pablo. Pero cuando volvió la calma, Tito pudo, nuevamente, animar a los creyentes a que, con su ayuda, aliviaran la pobreza de los santos en general.
4. Evaluación. Los detalles que Pablo nos da son escasos, porque alude a una situación que es de sobra conocida en Corinto. Como pastor, intenta proteger a la persona que está más directamente involucrada; por eso ofrece pocos detalles en su correspondencia. Leyendo entre líneas, para intentar tener una buena comprensión de lo que dice la carta, debemos usar la hipótesis y recurrir a las probabilidades.
Sin embargo, unos cuantos hechos significativos, revelan ciertas semejanzas entre el incestuoso (1 Co. 5) y la persona que maltrató a Pablo (2 Co. 2:7).
20 Cf. Hughes, Second Epistle to the Corinthians, p. 63; James Denney, The Second Epistle to the
Corinthians, 2ª ed., serie The Expositor’s Bible (Nueva York: Armstrong, 1900), p. 74.
21 Referirse a la detallada presentación de Furnish, II Corinthians, pp. 163–168.
22 Véase Frances Young y David F. Ford, Meaning and Truth in II Corinthians, BFT (Londres: SPCK, 1987),
p. 53.
23 Consultar Kruse, «Offender and Offence», pp. 132–134. 24 Hall, «Pauline Church Discipline», p. 24.
[p 98] En primer lugar, ambos relatos mencionan que sólo había una persona involucrada. Ade- más, que los corintios se habían sentido avergonzados y entristecidos en los dos casos (1 Co. 5:2, 6 y 2 Co. 2:5). En tercer lugar, en el primer relato, Pablo exige que la iglesia castigue al pecador y, en el segundo, la mayoría de la congregación responde a la petición (1 Co. 5:5, 13 y 2 Co. 2:6).
Aunque Pablo prescribe la expulsión, no descarta la posibilidad de una restauración (1 Co. 5:5). Cuando esto sucede, Pablo exhorta a los corintios a hacer, también, al pecador, objeto de su amor, consuelo y perdón (2 Co. 2:7–9).25
En cuarto lugar, Pablo se refiere a Jesucristo en ambos pasajes (1 Co. 5:4 y 2 Co. 2:10). El primer texto dice que el poder y el nombre de Jesús están presentes; y el segundo menciona la presencia de Cristo. En los dos pasajes Pablo actúa como representante de Cristo y presenta el problema delante de él, «quien desde lo alto mira con aprobación».26
Finalmente, Satanás avanza en su causa por medio de su fuerza destructiva o con engaño deliberado. Ambos métodos sirven a su propósito, como lo demuestra la entrega del incestuoso a Satanás, para la destrucción de la naturaleza pecaminosa de la persona (1 Co. 5:5), y la fraudulenta obra de secuestrar a un hermano arrepentido (2 Co. 2:11).
Aunque las semejanzas son sorprendentes, no tenemos pruebas de que esas dos personas sean el mismo individuo. Pero tampoco las tenemos para negar que lo sean.
Palabras, frases y construcciones griegas en 2:5–11
Versículo 5
εἰ δέ τις—esta cláusula condicional denota realidad. El perfecto de indicativo, λελύπηκεν (ha entristecido) muestra una acción en el pasado, pero con efectos en el presente. El pronombre indefinido τις no es general, sino específico, pues se refiere a un caso especial.
ὑμᾶς—es de reseñar el énfasis que recae sobre este pronombre al final de una frase, y el contraste con el pronombre indefinido al principio de la misma.
Versículos 6–7
τῶν πλειόνων—el significado de esta particular expresión es «la mayoría», con la implicación de una minoría disentidora.27
ὥστε—la cláusula concluyente, introducida por la conjunción, necesita un infinitivo complementario, δεῖν (es necesario), ante aoristo medio infinitivo χαρίσασθαι (perdonar).
λύπῃ—el dativo expresa medio («por tristeza»), aunque algunos gramáticos lo designan como dativo de causa: «por causa de la tristeza».
Versículo 9
ἔγραψα—no se trata de un aoristo epistolar, sino del aoristo activo regular del verbo escribir (véase vv. 3–4).
εἰ—la lectura de este texto varía, teniendo εἰ un buen apoyo en los manuscritos. Por su parecido fonético, ᾖ (por medio del cual), esta partícula ha ocupado el lugar de εἰ en algunos testimonios; la confusión de los amanuenses es la responsable de la lectura ὡς (como); y la omisión de εἰ es accidental.28
[p 99] Versículos 10–11
ἐν προσώπῳ—la combinación de preposición y nombre significa «en presencia de [Cristo]».
οὐ (…) ἀγνοοῦμεν—la doble negativa de la partícula y el verbo («no ignoramos», significa «lo sabemos bien».
25 Consultar Borse, «Tränenbrief», p. 188. 26 Bauer, p. 721.
27 Cf. Moule, Idiom Book, p. 108.
B. El Nuevo Pacto 2:12–4:6
El libro de los Hechos, relato histórico de Lucas, da pocos detalles de los tres años de mi- nisterio de Pablo en Éfeso. Asumimos que estuvo allí desde el año 52 al 55 a. C., y que en el 56 estuvo en Macedonia y, posiblemente, en Ilírico (Ro. 15:19). Tito había viajado hasta Co- rinto probablemente como portador de la epístola severa (2:3–4), y había hecho los arreglos necesarios para encontrarse con Pablo, en una fecha determinada, en Troas. Mientras Tito llegaba, Pablo proclamaba el evangelio en la ciudad portuaria. De hecho rodeó la parte norte del Mar Egeo y entró en Macedonia, donde se encontró con Tito (7:5–6, 13).
Si colocamos los versículos 5 al 11 entre paréntesis, veremos que Pablo continua, en el versículo 12, con las ideas que dejó en el versículo 4. Existe una indudable conexión entre su ansiedad sobre la carta severa, probablemente entregada por Tito, y el informe que, de la recepción de la carta por los corintios, le trajo éste.
12 Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, y aunque se me había abierto puerta en
el Señor, 13 no tuve reposo en mi alma porque no encontré a mi hermano Tito. Así que, después de
haberme despedido de ellos, partí para Macedonia.
1. La ansiedad de Pablo 2:12–13
12. Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, y aunque se me había