Percent of Household Durable Goods Women Decide to Buy
3.4 Data and Summary Statistics
3.4.2 Major Measurements
que se prostituya mejor a las transna- cionales, es más atractivo para las inversiones, que, insisto, sigue todavía siendo una práctica vigente en la negociación, en el momento de entrar acuerdos para la explotación o para el ingreso de una multinacional a nuestros países” (entrevista a Vladimir Mendoza, de la Federación Departamental de Trabajadores en Educación Secundaria). “Las ETNs denominan a ésto de otra manera, le llaman “ventajas competiti- vas”; es decir el dumping social (D.S). es parte de la deslocalización, aunque ni mucho menos es la única ni la más importante” (entrevista a Igor Urrut- ikoetxea, del sindicato LAB).
3.3. La subcontratación laboral y
las ETNs en la práctica
De la mano de la subcontratación laboral y sus fenómenos conexos, las prácticas de las ETNs a su llegada a un país representan a la perfección la quiebra de las teorías que vinculan éstas con el desarrollo, la transfe- rencia de tecnología y la mejora de la calidad de vida en los países de destino. En un primer nivel del discurso se intuye que los funda- mentos que mueven a las empresas hacia prácticas de subcontratación y deslocali- zación productiva, resultan del todo incohe- rentes con un interés que no sea otro que el de su propio beneficio económico:
“Las estrategias de deslocalización de las empresas vascas (o españolas o de otros lugares) tratan de aprovechar las
condiciones más favorables para
aumentar sus beneficios. No creemos que su impacto sea el de mejorar las condiciones de trabajo de otras empre- sas” (entrevista a Mikel Noval, del sindicato ELA).
“Crean trabajo de similares carac- terísticas al existente en cada país ya que los costes laborales son precisa- mente uno de los argumentos utilizados para la deslocalización” (entrevista a Igor Urrutikoetxea, del sindicato LAB). Sin embargo, la experiencia demuestra una realidad mucho más contundente: la llegada de las ETNs no solo no mejora las condiciones de trabajo y la calidad de vida de los habitantes del espacio en el que operan, sino que contribuye a su empeoramiento, sobre el apoyo de un terreno normativo abonado por los Estados, pero también por el Derecho Comercial Global (Hernández Zubizarreta, 2009).
“Desde el punto de vista social, la llegada de la banca española, tanto del BBVA como del Banco Santander, implicó una desmejora sustancial en las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores del sector financiero: 1, porque empezaron a desregular la
actividad, empezaron a contratar
muchas de las operaciones que son propias del sector a través de terceros; 2, porque se desató una persecución contra las organizaciones sindicales; y 3, porque impusieron una lógica de mercado que implicó una nueva forma de elaboración del trabajo al interior de los bancos que tuvo como primer efecto la salida masiva del sector financiero. Entonces, para concluir, podemos decir sin lugar a equivocarnos, que la llegada de las ETNs españolas del sector finan- ciero, tanto del BBVA como del Banco Santander, ha tenido efectos bastante nefastos en la calidad de vida de nuestros asociados y ha implicado obviamente la salida masiva de traba- jadores del sector; despidos masivos fundamentalmente, contratación con terceros y negociaciones disfrazadas”
(entrevista a Hildelbrando León Cortes y otros, del sindicato UNEB).
“Por ejemplo, la Philip Morris llegó hace 5 ó 6 años al país y se dijo que generaría desarrollo y empleo; pero ésta no vino y montó un fábrica para la producción de cigarrillos, sino que compró una empre- sa nacional que ya estaba instalada y tenía todas las infraestructuras, trabaja- dores, empleados… invierte o compra esa empresa que queda como una empresa de la ETN Philip Morris, pero con el ingreso de la Philip Morris no se contrató un trabajador más, todo lo contrario: a medida que la empresa comenzó con sus mediciones internacio- nales en términos de eficiencia, (…) tecnificó unas áreas, pero ello conllevó a la reducción del personal. Mejoró sus niveles productividad y calidad, pero no contrató personal. Por el contrario, hay una denuncia de las organizaciones sindicales de que en estos 7 años se han despedido a más de 500 trabajadores a nivel nacional, todo lo contrario de generar empleo. Y además, paulatina- mente eso ha ido mermando la cantidad de sindicalizados, porque generalmente los trabajadores despedidos hacían parte de las organizaciones sindicales. Lo mismo sucedió con la Kaltex, una multinacional americana que vino y
compró Coltejer, pero para ello les exigió a sus dueños (…):
1. Despedir a todos los trabajadores
2. Garantizar, mediante este despi-
do, que todos los trabajadores sindicalizados salieran para que desapareciera la convención co- lectiva del trabajo.
3. Los trabajadores que después
contrató la Kaltex fueron trabaja- dores a término fijo o tercerizados a CTAs, o por otros medios de tercerización de la mano de obra” (entrevista a Jesús -Chucho- Ruiz, del sindicato CUT).
Los datos cuantitativos ilustran bien las afirmaciones vertidas. La subcontratación laboral permite trasformaciones en las plantillas de las empresas privatizadas y adquiridas impensables por otra vía. La Escuela Nacional Sindical y la ICEM de Colombia describen cómo “los procesos de privatización de Electricaribe y EPSA y la llegada de UNIÓN FENOSA a Colombia trajeron consigo una reducción de personal
que podría ser denominada una masacre
laboral sin llegar a exageraciones; las empresas se deshicieron de unos 2.300 trabajadores, o aproximadamente la mitad de la planta de personal, a través del ofrecimiento de planes de retiro voluntario durante los años 1998-2000” (Farfán,
2009:24)12; desde 2007, de 9.500
trabajadores y trabajadoras, aproximada- mente 7.000 son subcontratados por filiales, CTA y agencias de servicios de empleo. Los movimientos sociales y sindicales llevan bien esta cuenta y pueden señalar algunas otras experiencias:
12
Para más cifras al respecto, ver págs. 25 al 29 de la
Guía de la ICEM sobre subcontratación laboral y contratación por agencias, ICEM- Colombia, Bogotá, 2009.