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En el apartado anterior se expone sobre la concordancia entre lo que el acto conyugal217 significa objetivamente y el significado que los esposos le atribuyen con su actitud, con su acción subjetiva y con su cooperación intima.

Consideramos pues que el acto conyugal y la donación de los esposos están revestidos de humanidad y no son ajenos al instinto218. Existe pues un vínculo entre el impulso primario del varón y la mujer con el acto conyugal vivido humanamente. Como dice Lorda, “el sexo es una realidad muy rica: además del placer, entran en juego bienes y deberes muy altos de la persona y de la sociedad”. Sin embargo, el placer, como bien individual, está ordenado al bien del hombre y de la mujer.

La vivencia del instinto humanamente219 se da cuando entendemos el placer como medio y no como fin, de esta manera se orienta a la totalidad del otro. Entendiendo el impulso sexual como un impulso natural que invita a la

216 Sobre este aspecto, Juan Manuel Burgos considera que institución natural es un término reduccionista y prefiere el término familia conforme a la naturaleza humana. “La familia del hombre, la familia humana no es una institución natural en el sentido de simple, espontánea, cercana a la naturaleza, no influenciada por el artificio, etc. No existen familias humanas de estas características. No existen, ante todo, por una cuestión de principio. La familia es una instancia humana y, por tanto, voluntaria, libre, racional y cultural. Las familias no surgen como las setas o los árboles, son el producto de decisiones que se toman en contextos sociológicos determinados y, por tanto, están mediadas siempre por la inteligencia y la voluntad individuales y por la cultura”. BURGOS, Juan Manuel. Personalismo.org, 2005. Publicado en “Cuadernos de bioética”, XVI, 2005/3ª, pp. 359-374, [ubicado el 25.VI.2016]. Obtenido en

http://www.personalismo.org/burgos-juan-manuel-es-la-familia-una-institucion-natural

217 “El acto conyugal es una relación, relación no solo en sentido sexual, sino también en sentido ontológico. Como cualquier relación, la relación conyugal se realiza con un aspecto dual; se realiza en una persona con relación a otra y se realiza también entre los dos”. WOJTYLA, El don

del amor, Op. Cit., p. 172.

218 Al respecto Lorda dice que “tanto en el hombre como en los animales el instinto sexual es una inclinación fuerte y que este instinto se refuerza porque el ejercicio de las facultades sexuales produce un placer específico”. LORDA, Op. Cit., p. 159.

unión con el otro y con una apertura a la procreación. Ambos, varón y mujer, manifiestan una tendencia a construir algo nuevo en cuya plenitud son cooperadores con el plan de Dios220. Los padres son co-creadores de una nueva vida.

El impulso sexual primario garantiza la sexualidad, este impulso entendido como necesidad del amor personal del cónyuge, corporal y espiritual a la vez; y también como la capacidad de complementarnos con el otro, de dar y acoger, de regalarse mutuamente.

La preparación de los novios para una formación integral, bio–psico- espiritual, juega un rol preponderante para el matrimonio, para la vida conyugal y para la formación de sus futuras familias. Es oportuno citar a Wojtyla cuando se refiere al ser humano como compuesto:

“Ya que el ser humano es un compuesto, que forma una unidad espiritual y corporal, resulta que los sentimientos de carácter afectivo, tienen también un carácter compuesto. Por eso, aunque sean sentidos de modo particularmente fuerte en el cuerpo, sin embargo sus resonancias psíquicas y espirituales no son menos intensas. La fisiología no puede reclamar para sí en exclusiva la pretensión de aclarar sin más el amor sexual entre personas, entre un hombre y una mujer”221.

En ese sentido, en la persona humana, como una integridad que no se puede separar; el espíritu está unido al cuerpo que es hombre o mujer, cuerpo que tiene una sexualidad definida. La persona tiene un carácter sexuado que sale al encuentro del otro en busca de la complementariedad.

Las personas tenemos necesidad de “completarnos”222. Tal como refiere Karol Wojtyla en Amor y Responsabilidad, “en las relaciones entre personas de 220 “El instinto sexual, por su propia naturaleza, sirve al bien más fundamental de la especie humana, que no es otro que la existencia misma de la especie. Es un instinto que busca transmitir la vida.”. WOJTYLA, Op. Cit., p. 53.

221 WOJTYLA, El don del amor, Op. Cit., p. 111.

222 “El hombre es de algún modo incompleto, constitutivamente en camino para encontrar en el otro la parte complementaria para su integridad, es decir, la idea de que sólo en la comunión con el otro sexo puede considerarse « completo »”. En Enchiridion familiae: textos del

distinto sexo, y sobre todo en la vida sexual, la mujer es constantemente el objeto de algunos actos del hombre y el hombre, objeto de actos análogos por parte de la mujer”223. En el encuentro íntimo, los cónyuges tienen una dimensión unitiva relacional orientada a expresar la vocación al amor, de esta manera ambos tienen la posibilidad de completarse mutuamente. En palabras de san Juan Pablo II, no se puede separar el significado unitivo – la unión de los esposos, del significado procreativo – la transmisión de la vida.

Es deseable que los novios durante su preparación para el matrimonio, comprendan que la sexualidad no se reduce a los órganos sexuales y a la genitalidad, sino que comprende todas las dimensiones de la persona224. Cuando se entrega el cuerpo, se entrega la totalidad de la misma, ya que cuerpo, alma y espíritu son inseparables.

Los formadores de novios, con sapiencia y experiencia, les harán notar que si están próximos a casarse es porque su estado de noviazgo tuvo necesariamente su origen en un enamoramiento correspondido225.

Posteriormente, cuando los novios se conviertan en padres, serán ellos quienes eduquen la sexualidad y la afectividad de sus hijos; los padres son los primeros educadores y tienen la responsabilidad y el derecho de elegir. En ese sentido, coincidimos con Melendo T. y Martí G.; “el desarrollo coherente y armónico de cualquier persona humana resulta dañado por la ignorancia y, más en particular, por el desconocimiento o la desatención a las cuestiones de más

magisterio pontificio y conciliar sobre el matrimonio y la familia (siglos I a XX), Ediciones

Universidad de Navarra, S.A. (EUNSA), 2004, p. 49.

223 WOJTYLA, Karol. Amor y responsabilidad, Op. Cit., p.31.

224 “Cuando la moral cristiana habla de sexo, está hablando de familia. Son bienes inseparables, porque el sexo tiene su ejercicio natural en el matrimonio y allí surgen nuevas vidas, que se incorporan a la relación íntima de los padres. La sexualidad sin esta referencia, que es su contexto natural, está desordenada y fuera de lugar; pierde su sentido humano y solo puede proporcionar experiencias efímeras, huecas y, en definitiva frustrantes”. LORDA, Op. Cit., p. 175.

225 “El enamoramiento correspondido crea un pacto y cuando ese pacto se formaliza, cuando un hombre y una mujer se comprometen a compartir todo de manera estable, nace una nueva realidad; surge un matrimonio; se crea un hogar, se forma una familia. Así la sexualidad humana se integra en una rica y compleja relación entre personas, y la función biológica de la fecundidad se inserta en una institución natural, con sus leyes propias, que es el matrimonio”. Ibíd, p. 171.

relieve sobre el hombre mismo; su naturaleza, el sentido de la libertad, del amor, de la sexualidad y de la afectividad”226. Los novios, futuros padres, no pueden permitirse esa ignorancia, ni el desconocimiento ni la falta de atención.

No se trata de un asunto puramente carnal, la sexualidad no está reducida al puro instinto; más bien, es la manera como el ser humano, masculino y femenino, se comunica en dos modos diferentes pero complementarios.

En esa entrega total la persona dona al otro toda su intimidad, la misma que abarca la riqueza de su mundo interior, donde esta guardada toda la historia de su vida, la que se ha ido formando desde el momento de la concepción. Esa riqueza intima se la entregan los cónyuges mutuamente, ambos a su vez, para acceder a esa intimidad, requieren de un tiempo, de un esfuerzo; es un proceso de encuentro que se va dando en el amor. Por ello se dice que la intimidad define a cada persona; es su marca personal, es lo más propio de cada una.

Al compartir nuestra intimidad, entregamos al otro todo lo que somos, todo nuestro interior; el otro a su vez, recibe el regalo y lo acoge, lo hace suyo. Así surge otra dimensión común que ahora es la “identidad de la pareja”. La intimidad se entrega a través del cuerpo227, la mirada, los gestos, la comunicación, las caricias, etc. Cada matrimonio desarrolla su propia identidad, los códigos comunes conocidos solo por la pareja son parte de su propia complicidad como esposos.

En el impulso sexual hay una tendencia al cuerpo del otro. En el varón esta tendencia al cuerpo está más acentuada, es de carácter más impulsivo, el hombre se excita con mayor rapidez que la mujer. Ella en cambio, requiere de estímulos, de palabras; requiere de un proceso más íntimo y cariñoso; la mujer 226 MELENDO, Tomás; MARTI, Gabriel. Elogio de la afectividad, Madrid, EIUNSA, 2009, p. 328.

227 Ya lo decía Juan Pablo II, en la Audiencia General del 16 de enero de 1980, hablando sobre el significado nupcial del cuerpo, es "la capacidad del cuerpo para expresar amor: precisamente ese amor donde la persona se entrega como algo valioso y de esta forma cumple el verdadero significado de su ser, descubre realmente quién es, y su existencia descubre su razón de vivir".

requiere sentirse acogida y respetada en ese encuentro; hay un fundamento sensible afectivo; se da más una tendencia al tú personal, más propio del mundo femenino. Es precisamente en y a través de sus cuerpos, mediante su sexualidad, que los cónyuges se dan cuenta del llamado a darse a sí mismos.

En el encuentro varón – mujer, ambos, al vivir su sexualidad ponen de manifiesto también su tendencia co-creadora inscrita en su ser más íntimo, para alcanzar la plenitud y colaborar con el plan de Dios.

En ese sentido, coincidimos con el planteamiento de Lorda228; la familia, la más importante de todas las instituciones sociales, tiene en la base el ejercicio de la función sexual. El ejercicio de la sexualidad en busca de nuevas vidas, ligado a relaciones matrimoniales muy profundas, que en el calor del hogar, ambiente humano apropiado para el crecimiento, la formación y la maduración de los hijos, permite el desarrollo de nuevos hombres, nuevos ciudadanos.