Desde el punto de vista de la traducción audiovisual, el documental es uno de los géneros que abarca mayor dificultad por las características que presenta y por las dificultades específicas que plantea que lo diferencian de cualquier otro producto audiovisual que sea objeto de traducción. A este respecto, a continuación, intentaremos
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presentar algunas de estas dificultades con el objetivo de arrojar más luz sobre la traducción de estos productos.
Una de las problemáticas más grandes del género documental es la necesidad de respetar los plazos de entrega. El hecho de que los traductores deben correr contra el tiempo no es una característica específica de este género, pero representa un aspecto relevante dado que la traducción de los documentales normalmente requiere tiempos más largos (Matamala, 2009: 110). Efectivamente, a diferencia de otros productos audiovisuales, como, por ejemplo, series televisivas o dibujos animados, la traducción de documentales necesita un proceso de documentación más minucioso que ejerce una fuerte presión sobre el trabajo del traductor. En concreto, el proceso de traducción de estos productos requiere un tiempo de dedicación muy amplio, dado que contienen una gran cantidad de términos especializados para cuya traducción resulta necesario documentarse adecuadamente.
De acuerdo con Matamala (2009: 111), otra gran dificultad concierne a la falta de un guion de postproducción o a la presencia de una transcripción que no ha sido revisada. En efecto, a menudo, los traductores trabajan sin un guion escrito sobre un producto que presenta una abundancia de unidades terminológicas específicas que resulta difícil detectar sin un texto de referencia. Por supuesto, como la falta de un guion dificulta el proceso de traducción, se debería siempre facilitar un guion de postproducción a los profesionales que intervienen en el trabajo de traducción. Por otro lado, cuando el traductor recibe una transcripción, esta es de baja calidad y su precisión no está garantizada, con múltiples términos seguidos por signos de interrogación que indican un posible error. De la misma manera, en este caso, se podrán encontrar con frecuencia transcripciones erradas de un término general o de un nombre propio sin ningún tipo de indicación. Por estas razones, entendemos que los traductores no deben confiar en las transcripciones y, por el contrario, deben ser críticos y utilizar estos textos solamente como material de referencia.
Entre las problemáticas principales de la traducción de documentales encontramos la alta frecuencia de terminología. Aunque la presencia de vocabulario especializado no representa un aspecto exclusivo del género documental, ya que también series y películas pueden contener una gran cantidad de términos especializados, este es un rasgo que se
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encuentra siempre en los documentales (Ogea Pozo, 2015: 93-95). Además, la densidad terminológica en estos productos procede de distintos ámbitos lo cual requerirá una documentación multidisciplinaria obligando al traductor a emprender específicas búsquedas terminológicas dentro de cada una de las áreas especializadas que se tratan en el documental. Por ello, será necesario el recurso a textos paralelos, bases de datos y obras de referencia que pueden servir para identificar el uso de determinadas expresiones dentro del habla profesional. De la misma manera, puede resultar particularmente útil la consulta de expertos en los ámbitos específicos, que pueden ayudar a comprender no solo el significado del término sino también el concepto que encierra y su funcionamiento dentro del producto. Además, dado que los términos adquieren un valor especializado dentro del contexto en el que están insertados, para una correcta transferencia los traductores deben ser particularmente meticulosos y entender todos los valores asociados con cada unidad terminológica sin aislarlas de su contexto. Por último, en la traducción de vocabulario especializado en los documentales, además de los diálogos, también hará falta considerar la imagen que puede jugar un papel muy decisivo en el proceso de transferencia de un término.
Una característica fundamental de la traducción de documentales concierne a la presencia de intervenciones en campo y fuera de campo. Según Ogea Pozo (2015: 95-97), se trata de un elemento muy importante porque los rasgos que definen estos dos tipos de exposiciones son claramente diferentes y, en consecuencia, hacen que el discurso del documental presente distintos grados de formalidad, distintos ritmos y una distinta oralidad. Para poner un ejemplo, a menudo, en los documentales, está presente la figura del narrador fuera de campo cuyas intervenciones presentan un estilo típico de un texto previamente elaborado hecho de enunciados largos y complejos. Por el contrario, cuando el narrador pasa a ser en campo, es decir, que es uno de los hablantes que vemos en la pantalla, como en el caso del presentador del documental, sus intervenciones presentan estructuras simplificadas y explicaciones que facilitan la comprensión con un registro propio del discurso coloquial. De todo esto entendemos que, normalmente, en la traducción de los documentales, para las intervenciones en campo y fuera de campo se empleará respectivamente un registro típico del discurso oral espontáneo y un registro propio del discurso escrito.
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Directamente conectada con la presencia de intervenciones en campo y fuera de campo es la confluencia de diferentes modalidades de traducción, que representa otra característica de la traducción de documentales. Efectivamente, si en el producto audiovisual se encuentran los dos tipos de intervenciones, entonces el traductor se servirá de modalidades de traducción diferentes para su transferencia. En concreto, dependiendo de si se trata de intervenciones en campo o fuera de campo, en el documental se empleará una u otra modalidad de traducción (Matamala, 2009: 115-117). Así, por ejemplo, para las intervenciones del narrador fuera de campo se recurre normalmente al doblaje, tratando de proporcionar una sincronía entre imagen y sonido, mientras que para las intervenciones de los hablantes en campo se suele emplear el voice-over, intentado crear una ilusión de encontrarse ante una traducción en directo al fin de transmitir autenticidad. Por supuesto, como acabamos de ver, se trata de dos tipos de discurso totalmente diferentes, con un estilo formal típico de un registro escrito que se contrapone a diálogos espontáneos que presentan todas las características propias del discurso coloquial.
Por último, un aspecto fundamental en la traducción de los documentales está representado por el público, con el presunto espectador, televisivo o cinematográfico, que puede ser tan heterogéneo que, a veces, los traductores deben dirigirse a todos los espectadores. De hecho, de acuerdo con Espasa (2004: 192-193), en el género documental, resulta particularmente difícil identificar al público al que destinar el trabajo de traducción, ya que es imposible saber con antelación cuántos expertos y no expertos verán el programa. Por consiguiente, en la traducción de estos productos, el traductor tendrá que enfrentarse con la compleja tarea de dirigirse a un público muy amplio. En este contexto, el traductor tendrá que construir un destinatario potencial, de acuerdo con el que seleccionará determinadas soluciones en la traducción, tomando en consideración factores como, por ejemplo, el tipo de documental y la hora de emisión.
De la descripción de todas estas características entendemos que la traducción de los documentales presenta dificultades específicas que diferencian esta práctica de la traducción de otros productos audiovisuales. Efectivamente, dentro del género documental se encuentran determinadas problemáticas que hacen que el proceso de traducción de estos productos sea más complejo con respecto a la traducción de cualquier otro producto audiovisual.
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