Bassnett ha sido una de las primeras teóricas a expresar la necesidad de adoptar un enfoque diferente para los estudios sobre traducción, moviendo la atención desde los conceptos de fidelidad y equivalencia hacia cuestiones más amplias, como la de contexto, historia y convenciones, y, más en general, haciendo hincapié sobre los factores extratextuales. Hoy, los estudios sobre traducción representan uno de los campos de investigación más importantes, y en el centro de la investigación se encuentran precisamente cuestiones como ideología, ética y cultura.
Junto con Bassnett eran muchos los teóricos que pedían el «giro cultural», es decir, un paso hacia la ampliación del objeto de estudio de la traducción hacia la cultura, dejando atrás el marco específico del texto. Según estos estudiosos, el acto de la traducción implica la transferencia en la lengua de llegada del marco cultural dentro del que está insertado el texto de partida. La tarea del traductor es, entonces, la de crear un producto que no incluya solo el aspecto textual, sino también la faceta cultural dentro de la que el texto se encuentra. Para cumplir esta tarea, será necesario considerar no solo el ámbito lingüístico, sino también los demás ámbitos que están relacionados con la traducción, como la antropología o la sociología. De esta manera, las traducciones podrán permitir el acceso a otras culturas, y los traductores podrán producir constructos de otras culturas convirtiendo todo lo que no es familiar en un producto que los usuarios de las traducciones puedan comprender. En concreto, se hace que todo lo desconocido sea accesible mediante una serie de técnicas que permiten transferir el aspecto cultural en el texto traducido. En este sentido, se puede afirmar que los traductores se mueven dentro de espacios híbridos, es decir, dentro del espacio de más idiomas, estableciendo un diálogo entre lenguas y culturas diferentes.
En suma, si el trabajo de traducción se quiere realizar correctamente, los traductores no tienen que enfocarse solo en la lengua, sino también en la transferencia de un texto procedente de una cultura a otra; separar la lengua de la cultura quiere decir cometer un error, ya que la lengua está insertada en la cultura, y los textos forman parte de un contexto que está determinado por la cultura (Bassnett, 2007: 23). Así, por efecto del «giro cultural», la traducción se ha abierto a posibilidades más grandes, y nuevas
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disciplinas se han aplicado a la traducción tratando los problemas de esta materia adoptando perspectivas diferentes. Además, los estudios del aspecto cultural ofrecen la posibilidad de una mejor comprensión de la complejidad del proceso de traducción, y de lo que pasa en los textos que se transfieren a otros contextos interaccionando con otras culturas.
En general, el ‘giro cultural’ en la traducción refleja la tendencia que se ha verificado también en otras disciplinas de acercarse a las culturas, lo cual representa una prueba de la voluntad y de la necesidad de un conocimiento más grande del mundo que se está verificando en la sociedad actual.
4.1.1 Los elementos culturales y la traducción
La traducción es un proceso complejo de reescritura que va de la mano con la noción de lengua y cultura de cada comunidad. El hecho de que la traducción mezcle diferentes culturas implica la creación de un equilibrio que dependerá de las decisiones del traductor y más en general de cómo se realizará el proceso de traducción.
Cada lengua o comunidad está caracterizada por una serie de costumbres, valores, ideologías que a menudo son diferentes con respeto a las de otras comunidades. A la hora de emprender un trabajo de traducción es fundamental tener en cuenta y transferir esta enorme variedad que existe entre y dentro de las diferentes comunidades que no es más que el producto de las culturas. En concreto, resulta necesario reconocer el papel fundamental que desempeña la transferencia de la cultura dentro de la traducción, ya que si la asimetría que existe entre dos culturas se refleja en el texto puede producir problemas en términos de comprensión para el espectador de la lengua de llegada. A este propósito, como veremos más adelante, la traducción proporciona toda una serie de técnicas para enfrentarse con la diferencia del otro, y más en particular, con las referencias culturales procedentes de otra comunidad.
Antes de hablar específicamente del proceso de traducción, nos parece necesario facilitar una definición de lo que es un elemento cultural, lo cual representa una tarea complicada porque en la lengua todo está producido por la cultura, a partir de la propia lengua (Aixelá, 1996: 56-57). Tendencialmente, los elementos culturales se identifican con aquellos aspectos que están relacionados con instituciones, nombres de lugares, personas, calles, que representan un problema durante el proceso de traducción. Más
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concretamente, los elementos culturales son la expresión de objetos y conceptos específicos de la lengua de partida, así como de costumbres y descripciones que son igualmente ajenas a la cultura de llegada. En otras palabras, en la traducción, los elementos culturales son el resultado de un conflicto que se presenta a causa de una referencia en el texto de partida que si se transfiere en la lengua de llegada plantea problemas por su inexistencia o por el diferente valor de dicha referencia dentro de la cultura de llegada.
Those textually actualized items whose function and connotations in a source text involve a translation problem in their transference to a target text, whenever this problem is a product of the nonexistence of the referred item or of its different intertextual status in the cultural system of the readers of the target text. (Aixelá, 1996: 58)
De esta definición entendemos que puede considerarse una referencia cultural cualquier elemento lingüístico que no depende solo de sí, sino también de la función del texto y de cómo está recibido por el espectador, y que plantea un problema en términos de ideología y de aceptabilidad para el público de la lengua de llegada.
Igualmente interesante resulta la posición de Mailhac (1996: 133-134, cito a través de Ranzato, 2010: 39) quien afirma que los elementos culturales se refieren a una determinada entidad cultural cuya distancia de la cultura de llegada es tal que se produce un nivel de opacidad para el público de llegada que constituye un problema para la comprensión.
[…] by cultural reference we mean any reference to a cultural entity which, due to its distance from the target culture, is characterized by a sufficient degree of opacity for the target reader to constitute a problem. (Mailhac, 1996: 133-134, cito a través de Ranzato, 2010: 39)
El teórico francés utiliza el elemento de la opacidad para subrayar el carácter subjetivo del problema de traducción y la distancia de la cultura de partida. En este sentido, las referencias culturales se pueden identificar con todos aquellos elementos cuya función y connotación es tan subjetiva en el texto de partida que implica un problema para su transferencia en la cultura de llegada, donde concretamente el problema es el resultado de la inexistencia de la referencia original dentro del sistema cultural del espectador.
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A este propósito, entendemos que es fundamental también subrayar el carácter subjetivo, dinámico y relativo de los elementos culturales que crean asociaciones específicas con la cultura a la que están ligados y, de la misma manera, el hecho de que las decisiones de los traductores se basan sobre interpretaciones subjetivas de estas asociaciones. Así, lo que se traduce no es solo una palabra sino una amplia red de imágenes, y por eso no siempre se puede transferir en el texto traducido esa misma red de asociaciones o suscitar las mismas sensaciones que el elemento cultural original. Por otra parte, como las culturas son dinámicas, es necesario también considerar que el proceso de traducción de las referencias culturales será más complejo por el hecho de que estas redes de asociaciones están en constante evolución y sobre todo pueden entrar en contacto entre ellas, lo cual, como veremos, puede realizarse tanto dentro de una misma cultura como con otras.
Por todos los aspectos que hemos ido viendo en este apartado, la traducción de los elementos culturales debe considerarse un problema típico de la disciplina de la traducción y al mismo tiempo una tarea particularmente complicada que obliga a los traductores a tomar decisiones difíciles.
Además, cabe señalar que el tipo de perspectiva que hemos introducido para hablar de las referencias culturales implica una enorme flexibilidad que resulta fundamental si se quiere mantener una noción de elemento cultural abierta a las evoluciones interculturales entre las diferentes comunidades lingüísticas. De hecho, por efecto de la globalización, objetos, costumbres, ideologías y valores que antes estaban restringidos a una comunidad ahora son conocidos también dentro de otras, es decir, que están universalmente compartidos. Por ello, en la traducción de los elementos culturales será necesario tener en cuenta también estas características de estos elementos y adoptar una perspectiva igualmente flexible si se quiere realizar la transferencia de la referencia cultural de manera adecuada.
En definitiva, durante el proceso de traducción no solo hará falta mediar entre dos sistemas lingüísticos, sino también entre dos sistemas culturales (moralidad, ideologías, estructuras socioculturales), tratando de superar las incongruencias que se interponen a estos niveles en la transferencia del significado (Hatim & Mason, 1990: 223, cito a través de Pettit, 2009: 44). Solo si se tendrán en cuenta todos los aspectos que concurren en la
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traducción de los elementos culturales y lo que implica dentro del proceso de traducción, se podrá llevar a cabo la transferencia de una referencia cultural de una lengua a otra con éxito.