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2  Introduction 30 

2.6  MS Pattern Recognition in 1D Image Analysis: Typical Misuse of Spectral Indexes with

Hemos visto a lo largo de estas páginas que existen diversas defi- niciones y propuestas en torno a la Neuroética. He seleccionado las tres que percibo como las más representativas e influyentes (la “cultu- ralista” de Gazzaniga, la “bioeticista” de Glannon y la más “filosófica” de Levy). Tales concepciones se han de tener de fondo para estruc- turar de modo coherente los problemas que, a distinto nivel, se van suscitando en esta joven materia. Sin embargo, a fin de alcanzar con mayor precisión cuáles son los grandes temas que ha de investigar y repensar la Neuroética, no hay nada mejor que recurrir, en primer lugar, a la histórica Conferencia Internacional de San Francisco (26), punto de partida de toda propuesta posterior sobre los contenidos

principales de tal saber. Y en segundo lugar, a alguna obra colectiva y panorámica en la que destacados investigadores presenten enfoques diversos de problemas neuroéticos. Voy a seleccionar, por considerar- lo el más completo, el volumen editado por Judy Illes (17), profesora de la Universidad de Stanford, y una de las promotoras más conspi- cuas de esta nueva área de estudio.

La organización formal del evento académico y social que supuso la Conferencia de 2002, en el que participaron relevantes expertos de este nuevo campo, y la distribución general de los debates, así como los capítulos definitivos de las Actas, nos ofrecen pistas orientadoras de los contenidos imprescindibles de esta nueva materia. El título ya nos señala un panorama general. Es bien expresivo: Neuroethics: Map-

ping the Field. Los temas que voy a enumerar pueden servir como un

posible esquema que ha de tener presente cualquier monografía de Neuroética que aspire a ser más o menos completa. De igual modo, puede ser útil este mapa como pauta general para elaborar de modo sis- temático esta materia, en caso de que se tuviera que impartir en un con- texto académico a alumnos de grado o postgrado en carreras –además de la Filosofía– lindantes con la Neurociencia.

Los numerosos participantes de diversas áreas de conocimiento que en la Conferencia de San Francisco presentaron sus ponencias y comunicaciones lo tuvieron que hacer en una de estas cinco secciones que a continuación paso a enumerar:

I) Brain Science and the Self: diversos expertos tan conocidos como A. Damasio, P.S. Churchland y J. Moreno, entre otros, analiza- ron las bases neurales del comportamiento social, de la toma de deci- siones racionales y emotivas, de la autodeterminación, de la conscien- cia del “yo”, todo ello reflejo de la complejidad del sistema cerebral que se activa cuando los sujetos han de tomar decisiones morales en contextos conflictivos.

II) Brain Science and Social Policy: donde se trataron algunas implicaciones de la Neurociencia en las instituciones sanitarias, edu- cativas y jurídicas, al mostrar las repercusiones sociales de los proble- mas de memoria, las predicciones prenatales y postnatales gracias a nuevos avances neurocientíficos, así como el estudio de algunos tras- tornos mentales y en qué medida estos conocimientos han de generar una revisión o no del sistema judicial y penal al trastocar determina- das concepciones de la responsabilidad.

III) Ethics and the Practice of Brain Science: sección ésta en la que los aspectos clínicos de la neurociencia fueron objeto de estudio, como los avances en la farmacología, en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, la distinción entre tratamiento y mejoramiento de las funciones cognitivas, además de los posibles usos médicos de la neurotecnología.

IV) Brain Science and Public Discourse: contexto en el que científi- cos tan renombrados como C. Blackemore o M.S. Gazzaniga, y algu- nos periodistas, trataron de explicar de qué modo es posible difundir los avances de la Neurociencia en los medios de información y cómo concienciar a la opinión pública de las repercusiones sociales de estos avances.

V) Mapping the Future of Neuroethics: esta última sección se cen- tró en la construcción de cuáles son los desafíos a los que se enfrentará en un futuro próximo esta disciplina, los retos que ha de asumir para desarrollarse con fecundidad científica y ética, sin olvidar la organiza- ción de sistemas de transmisión de conocimientos para formar a los futuros expertos.

Aun admitiendo la validez de la estructura de aquel Congreso para diseñar los contenidos de este nuevo campo, a la hora de la ver- dad varios de los participantes que presentaron públicamente sus reflexiones no se ajustaron propiamente a la sección que se les asignó.

No obstante, tal estructura nos está revelando de modo eficaz el pri- mer mapa organizativo de la Neuroética que, como no podía ser de otro modo, ha condicionado en gran medida la marcha posterior de investigaciones y la publicación de trabajos en revistas especializadas y libros colectivos, que se están multiplicando sin parar cada año, prin- cipalmente en países de habla inglesa.

Sin excesivo esfuerzo puede ser readaptado este esquema de cinco secciones a la estructura tripartita que he esbozado en la introduc- ción. La sección I formaría parte de la Neuroética Filosofíca, al analizar nociones tan fundamentales como, por ejemplo, “yo”, “agente”, “res- ponsabilidad”, a la luz de las investigaciones neurocientíficas. La sec- ción II, en lo referente a las aplicaciones educativas y legales (no las sanitarias) estaría incluida, a mi modo de ver, en la Neuroética Social. Este nivel también abarcaría las secciones IV y V del congreso, referi- das a la presencia pública de los problemas neuroéticos y a la cons- trucción de un proceso formativo de futuros expertos. La sección III, al estudiar las posibilidades de aplicación de la Neurociencia en con- textos clínicos, podría incluirse perfectamente en el nivel que he denominado Neuroética Práctica (junto con el aspecto sanitario de la sección II). En realidad, esta obra colectiva constituye no sólo el naci- miento “oficial” de la Neuroética, la presentación académica y mediá- tica de este nuevo campo, sino igualmente nos presenta todo un pro- yecto global de investigación a realizar por varias generaciones de neurocientíficos, expertos en diversas áreas de las ciencias humanas y de la filosofía.

Y del segundo libro colectivo, editado por la profesora Judy Illes (17), con título significativo (Neuroethics. Defining the Issues in Theory,

Practice, and Policy), quisiera señalar lo siguiente. Parte de la convic-

ción de que, a pesar de las múltiples líneas de investigación que se están incluyendo en la Neuroética, una común misión acompaña a

todas ellas en el ámbito académico y público, ya apuntada por W. Safire: examinar las implicaciones éticas, legales y sociales de la Neu- rociencia. Esta disciplina es capaz en nuestros días, gracias a las inno- vaciones tecnológicas y farmacológicas, de investigar con precisión y manipular con eficacia el cerebro humano. Ello origina desafíos cul- turales que han de tomarse en serio, dado que se están trastocando conceptos éticos y antropológicos relevantes en la historia del pensa- miento filosófico. En el prefacio a esta obra colectiva, la propia Judy Illes reconoce también la validez de los pilares establecidos por aquella conferencia del 2002 para el futuro de la disciplina. Aunque no queda indicado expresamente, en ellos se inspira para estructurar este valioso volumen en tres grandes partes que afectan a cuestiones teóricas, prácticas y políticas.

La primera, la más valiosa, a mi juicio, recoge diversos estudios sobre la utilización de algunas investigaciones neurocientíficas para iluminar problemas filosóficos tan relevantes como la identidad del “yo”, la libertad, la consciencia, la acción moral… Aunque la profeso- ra Judy Illes no se remite en ningún momento a la ya reiterada clasifi- cación de Roskies (29), según mi interpretación esta parte del libro constituiría el contenido fundamental de lo que denominó en su día “la neurociencia de la ética”. Los autores de los capítulos analizan con rigor y originalidad asuntos filosóficos (también bioéticos y legales, lo que provoca cierta confusión en este nivel) a partir de algunos estu- dios neurocientíficos. Muestran desde diversos puntos de vista cuáles son las bases cerebrales que explican nuestro modo de funcionar éti- camente. La segunda parte del libro se centra en destacadas cuestiones morales suscitadas en contextos prácticos (clínicos, biomédicos) a la hora de tratar, investigar e intervenir en el cerebro humano, lo que la conecta con algunos conflictos que de modo similar son tratados en Bioética. Correspondería esta parte del libro, a mi parecer, con el con- tenido genuino de lo que Roskies llamó “la ética de la neurociencia”.

Y por último, en la tercera parte se expone la incidencia de la Neuroé- tica en asuntos institucionales, sociales, jurídicos, educativos, econó- micos, religiosos, comunicativos, que nos reflejan de modo llamativo las graves repercusiones culturales que esta interdisciplinar materia está provocando en ámbitos ajenos tanto a la teoría (filosofía) como a la práctica (bioética). Ello justifica la necesidad de abrir los horizontes de la Neuroética a contextos más amplios y complejos, no estricta- mente morales. No requiere excesiva imaginación comprender que, en realidad, estas tres densas partes del volumen colectivo editado por la profesora Judy Illes el año 2006 constituyen un buen respaldo metodológico a la estructura tripartita de la Neuroética (Práctica, Filosófica, Social) que estoy proponiendo.