Chapter 4 Implementation
4.4 Augmented reality environment
4.4.5 Post testing with internal experts
El género cinematográfico orienta y brinda un preconocimiento sobre la película sobre la cual se realiza la lectura. Hay una relación en la cual el género ordena ciertas características que el film debe tener para pertencer a un género específico y a su vez, informa de cómo acceder a un texto para comprenderlo dentro de una estructura que lo ubica en un horizonte de significación
específico (Gadamer, 1960/1996).
Las películas forman parte de un género igual que las personas
pertenecen a una familia o grupo étnico. Basta con nombrar uno de los grandes géneros clásicos – el western, la comedia, el musical, el género
19 Se hace referencia a los conceptos básicos de la dialéctica hegeliana, en la cual se presentan dos elementos antagónicos (opuestos) que están en lucha, en tensión y en equilibrio, donde uno es por el otro y viceversa y donde, al final del proceso se obtiene otro elemento (síntesis) producto de esa relación. Ese otro elemento es el texto coherente, armónico, racional, etc., compuesto de significados dominantes y alternativos (Hegel, 1807/1996).
bélico, las películas de gánsters, la ciencia – ficción, el terror – y hasta el espectador más ocasional demostrará tener una imagen mental de éste, mitad visual mitad conceptual. (Altman, 2000, p. 33)
Altman cita un fragmento de They Went Thataway donde el autor,
Richard T. Jameson plantea que los géneros forman las estructuras que definen a cada una de las películas (textos). Hay una relación entre los géneros cinematográficos y la economía global del cine (necesidad de producir
mensajes, industria, tecnología y prácticas significativas). El género involucra todos estos aspectos como esquema que configura la producción industrial, como entramado formal en el cual se construyen las películas, género como etiqueta para decisiones de los distribuidores y los exhibidores y género también como contrato o posición espectatorial que toda película exige a su público (Altman, 2000).
Normalmente los textos que pertenecen a un género comparten cierta cantidad de rasgos que, justamente los hacen pertenecer a ese género y no a otro. Esas características o normas que los textos deben tener es lo que Van Dijk (1993) llama macroestructura de los textos. El lector al enfrentarse con los textos reinterpreta mensajes, exigiéndoles sentido, unidad temática y
coherencia lógico-semántica.
El cine de acción-ciencia ficción, es un género cinematográfico en el que prima la espectacularidad de las imágenes por medio de efectos especiales, los relatos presentan el impacto de avances científicos y tecnológicos, presentes o futuros, sobre la sociedad o los individuos, generalmente, dejando al margen cualquier otra consideración. Los elementos más frecuentes de una película de
acción son las persecuciones, los tiroteos, las peleas, las explosiones, los robos y los asaltos.
La trama suele estar basada en un conjunto reducido de clichés en los que se suele incluir: un héroe, un villano, una joven desvalida (preferentemente con ciertos rasgos físicos y étnicos, que suele ser rescatada por el
protagonista), un actor secundario cómico y un final feliz que incluye la unión o boda del protagonista con la chica (McQuail, 2001). Si se piensa en las
películas de la muestra, podremos identificar estas estructuras en prácticamente todas.
Siempre se maneja un concepto de realidad que está dado en diferentes elementos según sea el género y que contribuye a las exigencias de
racionalidad y coherencia interna del texto, transmitiendo un sentido de lo real que tiende a ser el socialmente aceptado (Fiske, 1987).
Desde este punto de vista, el texto como plasmación de un género es también un modelo convencional (Raible, 1988). Las normas genéricas son por tanto una convención constituyéndose en modelos aceptados para construir los textos de acuerdo a esas formas que, lejos de ser estáticas, van evolucionando diacrónicamente y en relación al resto de las áreas de influencia como las sociales, tecnológicas, científicas, políticas, económicas y culturales.
El género condiciona las formas de ver en las audiencias. Que un texto sea catalogado como ficción (opuesto a real), sugiere que lo que ocurre en la trama es proveniente de la imaginación y por tanto, inofensivo. Esto contribuye a bajar los niveles de censura en las audiencias y favorece la internalización de modelos, conductas e ideas transmitidas en la película, sin someterlos a crítica ya que la narrativa estaría en el plano de la ficción no de la realidad.
El entrenamiento que tienen las audiencias para ver de determinada manera, hace que se anticipen a lo que va a suceder. Pero al mismo tiempo se mantiene su interés, porque ciertos contenidos funcionan como nexo con un pasado y eso les da trascendencia y los ubica en un lugar presente. El drama en cine o el melodrama en televisión, tienen que ver con el pasado y devienen en un presente específico (Martín Barbero, 1992).
Cualquier lector puede reconocer interrupciones, cambios o discontinuidades en un relato, puede completarlo, resumirlo, nombrarlo, compararlo con otros y clasificarlo. Puede desconocer ciertos códigos y manejando otros, resignificar mensajes apelando a la sustitución y el
desplazamiento, mecanismos que Lacan retomaba de De Saussure y Freud, para plantear que el inconsciente está estructurado como lenguaje (Dor, 1994), por tanto, las construcciones que se hagan serán en estos términos.
Existe una estructura, un orden, una jerarquía interna en los textos que hace que se caractericen como pertenecientes a un género. Esta estructura de ordenación y expectación (Raible, 1988), con las posibilidades de sorpresa o cambios que ofrece, tiene responsabilidad en la selección y construcción de acciones de comunicación (qué y cómo se dirá).
Los diferentes géneros son definidos por la industria cinematográfica y reconocidos por la audiencia. El género es una categoría producto de una relación donde la industria y las audiencias son agentes uno del otro, la
industria certifica y el público comparte. La respuesta colectiva del público crea los géneros y es la industria quien los establece y designa, manifestándose en una relación simbiótica que no da lugar a terceros.
Las diferencias genéricas radican en el “valor de uso” de un discurso más que en su contenido, rasgos formales o normas de producción. (Altman, 2000, p. 143)
Los géneros son transmisores de ideología, ya que hacen una representación que puede considerarse a priori como válida o no, real o ilusoria, cómica o trágica, según el género cinematográfico al que se esté asistiendo, porque se asignan valores de credibilidad hacia lo que se está viendo. Se suspende momentáneamente el juicio20, para conceder o
consensuar con lo que se ve, las asignaciones de verdad que se hacen y las posteriores lecturas del film21. La información adicional que proporciona un texto como representante de un género orienta las posibilidades interpretativas ampliándolas o reduciéndolas (Raible, 1988). Muchas veces la reacción del espectador va de acuerdo al género de que se trate la obra, el cual conoce (en diferentes grados) con anticipación. Los lectores pueden reír con la muerte de un inocente en una obra burlesca o entristecerse por la misma razón en un drama trágico.
La noción de que los géneros tienen cualidades esenciales es justamente lo que posibilita el asimilarlos con arquetipos y mitos y
tratarlos como expresión de mayores y más perdurables preocupaciones humanas. (Altman, 2000, p. 241)
20 No debe confundirse con “epojé” ya que ésta se refiere a una actitud gnoseológica planteada por los escépticos para postular la imposibilidad de hacer juicios afirmativos o negativos sobre las cosas, dada la imposibilidad de tener o llegar al conocimiento sobre ellas. Aristóteles critica esta postura desde dos aspectos: a) que es imposible para el hombre no hacer juicios sobre las cosas y b) que caen, los escépticos, en un absurdo al afirmar la imposibilidad de la afirmación.
21 Goodman (1990) dice que el espectador concede valores de verdad a diferentes mundos a través de los cuales transita, aceptando las normas constitutivas de cada uno de ellos, sin confundirlos y respetando las coherencias internas que cada uno tiene.
Esta noción de reminiscencia arquetípica (Jung, 2003), influye en todas las personas independientemente del rol que jueguen en el escenario social y productivo, ya sea como encodificadores o decodificadores.
La profundidad de los significados, sean manifiestos o latentes y la referencia a mundos reales o imaginarios, guardan estrechas relaciones con la modernidad y con los discursos críticos que se han creado para entender su multidimensionalidad, discursos que tienen que ver con la representación, el realismo, la ideología y la interpretación (Darley, 2002). Significados,
referencias, relaciones con la modernidad y discursos, invocan actividades humanas teóricas y prácticas producidas en un determinado horizonte de significación22. Surgen así (por momentos no tan claramente) las formas en que se construye el mundo y las formas en como estas construcciones se ajustan a concepciones y percepciones del mundo.