6.1 Challenges in Cryptography and PKI
6.1.1 Private Key Secrecy
tercer mundo.
La funcionalidad de los tipos de cambio flotantes llevó a los gobiernos de los países desarrollados a aceptarlos oficialmente, y en abril de 1976, los directores del FMI reunidos en Kingston, Jamaica, aprobaron una revisión del cuarto artículo del Convenio Constitucional del FMI, que prodría resumirse en los siguientes puntos:
• Abolición del precio oficial del oro.
• Prohibición de utilizar oro para fijar paridades dentro de cualquiera regímenes cambiarios futuros.
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• Evitar el manipuleo del precio del oro en cualquier transacción con él. • Los países miembros quedan eximidos de hacer pagos en oro al
FMI.
• Los DEG sustituyen al oro en las operaciones con el FMI como principal activo de reserva.
• Se legalizan los nuevos regímenes cambiarios y se permite que cada país elija el régimen que más le convenga.
• Firme vigilancia sobre políticas y actuaciones de los países miembros que influyan en particular sobre los tipos de cambio.
Aunque las monedas de muchos de los
principales países están el flotación, el sistema no puede considerarse como de libre flotación, ...”la mayoría de los países han vinculado sus monedas de alguna manera a otras monedas, o bien a determinadas composiciones de monedas tales como los DEG o cestas ponderadas”
(WITTEVEN J. 1976 p. 9). Es natural que se haga énfasis en la vigilancia de los tipos de cambio flotantes para evitar en lo posible la política de empobrecer al vecino, como lo expresa Witteveen:....”dos “capas” de competencia para el Fondo: las políticas generales de los miembros y las actuaciones que tengan influencia particular sobre los tipos de cambio”...”Análogamente, los miembros tendrán dos “capas” de obligaciones. En sus políticas financieras y económicas, deben tratar de fomentar el crecimiento económico ordenado con estabilidad razonable de los precios, y en un sistema monetario que no tienda a producir fluctuaciones erráticas” ...”así como evitar el manipular los tipos de cambio para impedir el ajuste efectivo de la balanza de pagos, u obtener una ventaja competitiva injusta” (WITTEVEN J. 1976 p. 9).
La primera crisis del petróleo, la estanflación, las políticas inflacionistas de los gobiernos de los EUA y la reforma del Sistema Monetario Internacional, fueron el caldo de cultivo de las
subsecuentes crisis recurrentes del peso mexicano. El 31 de agosto de 1976, el presidente Luis Echeverría decreta la flotación del peso, después de veintiún años de mantener un tipo de cambio fijo. El peso mexicano se dispara de 12.50 por dólar US, hasta 22.00, una depreciación del 76%. La segunda crisis del petróleo, con su respectiva estanflación domeñada por la política recesiva de Paul A. Vocker de octubre de 1979, que logró tasas de interés primarias del orden del 20%, y el fundamentalismo del mercado de Reagan mezclado con políticas de gasto militar, son los fenómenos coyunturales que modelan una etapa de movimientos erráticos para el dólar US y que preparan el escenario de la década perdida para Iberoamérica. Países como Mexico, Brasil y Argentina, requerían muchos recursos para su desarrollo, porque debían cubrir las necesidades de una población numerosa y creciente que había despertado velozmente al consumismo. El sector público sería el motor del crecimiento. Las estrategias más eficaces: emitir dinero o endeudarse en el exterior vía préstamos. México utilizó ampliamente ambas. La primera le pasó la factura de la inflación, al no lograr estimular suficientemente la producción interna de bienes y servicios; y la segunda, la del enorme endeudamiento externo que no pudo compensar por la vía del comercio, endeudamiento magnificado por las estratosféricas tasas de interés de los créditos contratados. En febrero de 1982 el peso pierde el 80% de su valor y el 6 de agosto del mismo año, el gobierno crea un sistema dual de tipo de cambio: el libre a $70.00 por dólar US y el preferencial a $50.00, exclusivo para operaciones de comercio exterior. Seis días más tarde, el Gobierno mexicano comunica al Departamento del Tesoro de los EUA la imposibilidad de cubrir el servicio de la deuda por el agotamiento de las reservas. El 15 de agosto los EUA hacen un préstamo puente a México por 2,000 millones de dólares US para que liquide pagos, pero no es suficiente. El 19 de agosto se cambia a un sistema de tipos de cambio
múltiples: el libre a $114.77 por dólar US, el preferente a $ 50.00 y el especial a $69.50. No obstante el nuevo sistema, los ataques especulativos continúan y el 22 de agosto, México anuncia una moratoria de noventa días para el pago del servicio de la deuda (FUENTES-BERAIN R. 1992). Aunque el 29 de agosto México recibe la ayuda del Banco de Pagos Internacionales por 1,850 millones de dólares US., convencido de que el sistema bancario mexicano ha sido el culpable de los ataques especulativos, el presidente José López Portillo, en su último informe de gobierno del 1º de septiembre, anuncia el control de cambios y la nacionalización de la banca. Pero, la amplia frontera con los EUA no fue muy favorable para el control de cambios. Tres meses más tarde, el 1º de diciembre de 1982, tomaría posesión del gobierno el presidente en turno: Miguel de la Madrid Hurtado, que dispone veinte días después un nuevo sistema de flotación para el peso: el tipo de cambio libre a $150.00 por dólar US, el especial a $70.00 y el controlado a $95.00. La moratoria de México impacta al resto de los países deudores del tercer mundo y se perfila un club de deudores. Solo había dos alternativas: pagar el servicio de la deuda o hacer frente a las necesidades imperiosas de su población, que de no cubrirlas desembocarían en peligrosas crisis sociales y políticas. El fantasma del no pago rondaba por el mundo. Se gestaba un nuevo paradigma en las relaciones de pagos internacionales. “Los acreedores sabían que los deudores repudiarían sus compromisos si el valor de la deuda repudiada excedía el valor presente de los costos de repudiación bajo la forma de un acceso negado al crédito futuro” (LEVI M. 2001 p. 237). En otras palabras, los acredores tendrían que lidiar con las moratorias de los deudores porque tarde o temprano habrían de prestarles de nuevo. Algunos bancos, como el City Bank perdonaron deudas consideradas como impagables. En abril de 1983, México recibe apoyo financiero de
más de 500 bancos por 9,000 millones de dólares US, con plazos de gracia entre tres y cinco años y pagaderos a diez años.