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Problems You May Encounter

3 What Are We Trying to Compress?

3.5 Problems You May Encounter

En el escenario post 2002, modificados los indicadores más críti- cos de pobreza y desocupación, pero aún con situaciones compara- bles a las de 1997 en varias mediciones, volvieron a plantearse una serie de críticas sobre las políticas asistenciales como dispositivos y hacia los pobres como sujetos.

El eje del Ministerio de Desarrollo Social del gobierno posterior al 2003 se presentó bajo el slogan «La mejor política social es el empleo». Esta consigna marcaba diferencias con el modelo asistencial anteriormente descripto y reconocía en la modificación del sistema productivo, de corte industrialista, la herramienta de la mejora de las situaciones sociales a partir del aumento en la generación de empleo y en la vuelta a las negociaciones salariales.

En cuanto a la política asistencial, gran parte de las propuestas de cambio se dirigieron a modificar las operatorias anteriores, como ve- remos más adelante.

Ni bien comenzaron a percibirse síntomas de estabilidad del nue- vo modelo productivo, comenzaron a presentarse críticas al modelo de políticas sociales asistenciales que tan funcional había resultado en la crisis. Una de las primeras críticas provino de sectores vincula- dos a la Unión Industrial Argentina (UIA) y a la Iglesia Católica so- bre el programa Jefes y Jefas de Hogar Desocupados. Una serie de declaraciones públicas sobre la capacidad de «generar vagos» que tenía el programa, vinculado a la dificultad de conseguir empleados

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con salarios cercanos al subsidio otorgado, se instalaron públicamen- te y se combinaron de manera compleja, o mejor dicho de manera demasiado simplista, con los reclamos de «trabajo decente».

En los primeros años del gobierno de Néstor Kirchner se impulsa- ron varias líneas de política social vinculadas a lo que se denominaba economía social y que pretendían reconvertir el programa Jefes y Jefas de Hogar por medio de la generación de emprendimientos producti- vos. Esas propuestas fueron altamente recepcionadas por las organi- zaciones, que vieron en ellas la posibilidad de articular la respuesta «asistencial de emergencia» en la que estaban tan entrenados, con la oportunidad de una opción superadora y estable que les permitiera salir de la situación de pobreza en la que además tenían protagonismo. Esta línea de trabajo a poco de andar demostró las dificultades de la propuesta y, salvo honrosas excepciones, no pudo presentar impac- tos significativos en la disminución de la pobreza.

El Programa Jefes y Jefas y otros de corte similar, terminaron per- diendo importancia por efecto de la pérdida del poder adquisitivo del subsidio, ya que no fueron actualizados los montos y la inflación de- preció su valor.

Una segunda línea de crítica que logró instalarse con fuerza se relaciona con las denuncias, repetidas hasta el hartazgo, del clientelismo político presentado como situación inherente a los pro- gramas asistenciales y a los intermediarios locales. Esta situación se identificaba territorialmente en el Conurbano Bonaerense.

Desde las ciencias sociales los estudios sobre clientelismo políti- co cobraron relevancia pública convirtiéndose en literatura de divul- gación. Especialmente las investigaciones de corte etnográfico sobre la situación de clientelismo (Auyero, 2001) parecieron poder expli- car un conjunto importante de prácticas de los sectores populares.

Estas líneas de crítica identificaban que las medidas que se toma- ron en respuesta a la situación de pobreza terminaran generando más pobreza. Situaban la necesidad de modificar las operatorias estables asistenciales sobre la incidencia en el problema social y, en conse- cuencia, el objetivo de terminar con el clientelismo político fue colo- cado en el mismo nivel que el de atender a las situaciones de carencia de recursos sociales básicos.

MIRADAS SOBRE LA POBREZA

Este giro hacia la identificación de las características «negativas» de los pobres ha modificado la idea benevolente que primaba respec- to de las organizaciones territoriales en el momento de emergencia.

La forma de presentación de las prácticas organizativas de los po- bres como expresiones de solidaridad y creatividad fueron reempla- zadas por minuciosas descripciones sobre el componente clientelar de las relaciones territoriales. La idea despectiva de «puntero» empe- zó a utilizarse para definir en general a todos los dirigentes populares, sin reconocerle ningún espacio de crítica seria.

Otra línea de crítica fue dirigida a las políticas alimentarias, y en particular a los comedores comunitarios. Se instaló en el discurso de los técnicos y funcionarios un diagnóstico, bastante discutible, sobre la pérdida de la comensalidad familiar –e inclusive de los saberes culinarios de las mujeres– en los sectores populares generada a partir de la concurrencia sostenida a los comedores comunitarios.

Este diagnóstico, sumado a la anterior crítica sobre la intermediación entendida como clientelar, y al planteo sobre el dere- cho a elegir los alimentos que se consumían, fundamentaron la reformulación de parte de las entregas de alimentos y las propuestas de desarme de comedores.

Una línea de intervención planteada como opción superadora fue la de implementar transferencias monetarias por medio de tar- jetas bancarias.

De manera más que esquemática y asumiendo el riesgo de plan- tear con tan poco espacio la trayectoria de la construcción de la po- breza como problema social, hipotetizamos que luego de los momen- tos anteriormente reseñados de mayor conflictividad social, se ha vuelto a componer la idea de los pobres como sujeto sin capacidades o con capacidades no desarrolladas.

Resulta sumamente significativa la vuelta a las interpretaciones que definen a los pobres a partir de despliegues culturales disfuncionales.

Parece haber una reedición de las conceptualizaciones sobre la pobreza que remiten a los estudios sobre marginalidad del desarrollismo, a las lecturas acerca de la «cultura de la pobreza» de los textos de Oscar Lewis, en donde los escritos de Germani y otros teóricos de la modernización vuelven a cobrar relevancia.

Esta reedición se evidencia en construcciones interpretativas so- bre la pobreza que portan las siguientes cargas valorativas:

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La sociabilidad deficitaria de los pobres

La referencia a que los sujetos en situación de pobreza tienen pro- blemas de sociabilidad o de integración que repercuten en todos los niveles de manera integral, reaparecen con similares planteos a los desarrollados en la década del sesenta, que sustentaron los estudios que definieron esta característica como la radicalidad de la marginalidad (Vekemans, Giusti, Silva, 1970).

Pero en esta vuelta a la lectura de la cultura de la pobreza no se señalan los déficit identificados en la década del sesenta, sino que se identifica como generador de «culturas» disfuncionales o de «falta de cultura» a la dependencia establecida por el sistema asistencial de políticas sociales y por los mecanismos denominados como «asistencialistas o clientelares».

La incapacidad para construir organizaciones

La proliferación de estudios vinculados al clientelismo político ha abonado en el formato moderno la idea de que los sectores popu- lares no tienen capacidad para organizarse colectivamente o para formar dirigentes.

Estas influencias han generado, por ejemplo, la identificación de cual- quier referente o dirigente de sectores populares como «puntero», sin posicionamiento crítico alguno. Esto se ha hecho presente en los discur- sos mediáticos pero llamativamente se ha inscripto en el lenguaje acadé- mico de manera indiscutida. La contrapartida de la idea de puntero es la de que los sujetos pobres son dóciles y fácilmente manipulables. La idea del pobre peligroso

Ha sido notable la proliferación de abordajes mediáticos del pro- blema de los territorios pobres o empobrecidos que asocian la pobre- za urbana con el problema de la inseguridad (Kitzberger y Pérez, 2008). La identificación de los territorios pobres con territorios produc- tores de inseguridad llegó a fundamentar la propuesta de un intenden- te de construir un muro que aísle a un barrio de clase media alta de un barrio empobrecido. Si bien esta absurda obra no llegó a concretarse, demostró un nivel de interpretación de la relación entre pobreza y delincuencia que se encuentra presente en el discurso de importantes sectores sociales y que es muy frecuentemente difundido por los me- dios de comunicación masiva.

MIRADAS SOBRE LA POBREZA

Los énfasis en pautas resocializadoras